Aunque la Semana Santa lleve aparejadas numerosas cuestiones que se alejan de lo estrictamente religioso, lo cierto es que si algo es la Semana Santa es eso, es indivisible. Y el Miércoles Santo en Pozoblanco deja la posibilidad de vivir la pasión de Jesús de principio a fin, a través del vía crucis que con solemnidad, respeto y austeridad realiza la Cofradía del Santísimo Cristo de La Caridad en su vía crucis.

Hubo cambios en el recorrido tradicional, pero no en las raíces. El Cristo de la Caridad, obra de Carlos Bravo Nogales, volvió a ser portado por doce hermanos de la cofradía, emulando a los doce apóstoles; los faroles de viático alumbraron el camino; el palio de respeto cerró la comitiva; los símbolos como la corona de espinas y los clavos volvieron a estar presentes; y por encima de todo quedó la invitación a la oración colectiva.

Bajo el sonido de cuatro tamboras roncas se hizo un camino donde hubo caídas, azotes, encuentros, ayudas, dolor, muerte y resurrección. Estación a estación, de altar a altar, dejando en cada paso las señas de identidad de una Cofradía que no necesita más artificios que los que encuentra en la propia raíz de la Semana Mayor, en las entrañas de lo que le conduce a las calles de Pozoblanco.

La Caridad volvió a ser sinónimo de oración, de lo colectivo sobre lo individual, de silencio, de sencillez, de parquedad y profundidad en los sonidos, de autenticidad.