El Lunes Santo pozoalbense es sinónimo de muchas cosas, entre otras, de San Gregorio. Y la barriada volvió a esperar ansiosa la salida de Nuestro Padre Jesús del Silencio Amarrado a la Columna y María Santísima de la Salud. Con el día cayendo, pero con un cielo abierto aún se fue formando una estación de penitencia para la que los preparativos se iniciaron en la glorieta de la ermita hasta donde fueron llegando los nazarenos y nazarenas que fueron haciendo suya la ermita, donde costaleros y costaleras ultiaron los detalles para otro Lunes Santo. Siempre diferente. 

La expectación fue creciendo con el paso de los minutos hasta que la apertura de las puertas de la ermita dejaron paso al silencio roto con la música de la Agrupación Musical Ntro. Padre Jesús de la Fuensanta de Morón de la Frontera, este año la encargada del acompañamiento del primero de los titulares. Y Jesús Amarrado a la Columna fue poquito a poco siendo del pueblo al que miró transmitiendo el sufrimiento que deja ver su rostro. A pesar de ello, no dejó de vislumbrarse la belleza de la imagen y el paso y que crece con el ondear de una túnica roja como la sangre provocada por los azotes. 

Las puertas de San Gregorio siguieron abiertas hasta ver los primeros pasos de María Santísima de la Salud, con la que se volvieron a contener las respiraciones en una salida que siempre inspira. La Banda de Música de Santa Cecilia de Pedroche volvió al Lunes Santo pozoalbense, que ya en la calle por completo, dejó estampas para quienes viven la Semana Santa desde la fe, pero también como elemento cultural. Volvieron a impresionar las imágenes que se pueden captar en la calle Hilario Ángel Calero donde la estación de penitencia se engrandece y ya con la noche encima El Silencio fue caminando a su propio encuentro. 

Y hubo encuentro entre el gentío que esperó de nuevo una de las citas imprescindibles de la Semana Santa pozoalbense, el Risquillo en Lunes Santo, pero también en las partes menos concurridas y más íntimas de la noche. Hubo reencuentro, de nuevo, al cobijo del hogar cuando las lágrimas de alegría y de emoción volvieron a aflorar porque el Lunes Santo se vivió en todo su esplendor.