Los bomberos del parque de Pozoblanco que fueron movilizados tras el accidente ferroviario ocurrido en Adamuz se encontraban entre los primeros efectivos en llegar al lugar del siniestro. La alerta fue emitida por el director técnico alrededor de las 20:10 horas, tras conocerse el descarrilamiento de un tren en las proximidades de la localidad, lo que motivó el desplazamiento inmediato de la dotación de guardia, compuesta por tres profesionales. Uno de ellos, Martín Domínguez, explica que durante el trayecto hacia la zona del accidente supieron que la situación era más grave de lo que se había comunicado inicialmente. “Fue entonces cuando nos informaron de que no se trataba de un solo tren, sino de dos convoyes implicados”, señala, aunque en un primer momento solo se hablaba de un descarrilamiento.
A su llegada, los bomberos de Pozoblanco encontraron ya trabajando a los compañeros del parque de Montoro, que habían sido los primeros en intervenir debido a su cercanía. Posteriormente se fueron incorporando efectivos de otros parques. «Había un gran despliegue de ambulancias y el acceso resultó complicado, ya que el accidente se produjo en una zona en mitad del campo, lo que generó cierto colapso», detalla Domínguez. Tras avanzar campo a través y con la colaboración de los propietarios de una finca privada, pudieron llegar al primero de los trenes, donde se encontraron con pasajeros intentando abandonar los vagones con sus pertenencias, así como con víctimas mortales. «Es un escenario horroroso», relata.
Según explica el bombero, al desconcierto inicial le siguió una fase de organización y coordinación en la que predominó la colaboración entre Guardia Civil, bomberos y personal sanitario. «A cada equipo se le asigna un grupo médico encargado de evaluar prioridades; ese es el protocolo», aclara. La intervención se prolongó durante toda la noche y no concluyó hasta las 6:30 horas de la mañana de este lunes. «El primer tren, el Iryo, quedó completamente revisado alrededor de las tres de la madrugada, pero el mayor problema está en el segundo convoy, donde hay víctimas a las que aún no se puede acceder porque es necesario el uso de grúas que deben entrar por las vías», añade.
Domínguez atiende a los medios tras muchas horas de trabajo intenso y con los hechos aún muy recientes, pero no duda al afirmar que se trata del peor siniestro al que se ha enfrentado. «Sin ninguna duda. Son situaciones excepcionales y hay compañeros que quizá nunca se enfrenten a algo así. Es extremadamente duro trabajar entre amasijos de hierro, escuchando gritos y siendo consciente de que hay numerosas víctimas», afirma.
Antes de salir, puntualiza que se recordó a los profesionales que pueden utilizar el apoyo psicológico, algo que valora porque «habrá compañeros que lo puedan necesitar». Por último, el bombero señala que durante el tiempo que permanecieron en la zona del accidente no hubo presencia de efectivos de la UME en el lugar de los hechos.


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