Por delante, mi pesar por las personas que han muerto o resultaron heridas, y por sus familias, en el accidente de Adamuz.

 

Querida Luci:

Déjame que te cuente una historia. Quiero –para mí es importante- que la conozcas y no la olvides. Asumo que la IA la expone de otra manera. Nunca seré competidor para con ese monstruo: me faltan datos, precisión, memoria… y mil detalles, que ni sospecho. Hay, sin embargo, un matiz que ella no posee -¿o sí?- y yo te puedo aportar, junto con mis palabras: la pasión. Por eso, pese a mis limitaciones y a lo delicado y triste del momento, no me voy a callar ni me guardaré el relato para mí solo. 

Una vez, en la estación de Renfe de Córdoba capital, junto a la ventanilla donde se dispensan los billetes para viajar en este rapidísimo medio de transporte, aparecieron unos extraños seres. En apariencia eran idénticos a otros hombres y mujeres que, en ese momento, se encontraban, como ellos, en la cola o deambulando por la estación. Pese a su mimetismo con los humanos, se delataban apenas les llegaba el turno. Al abrir la boca, quedaban retratados: «Un billete para Los Pedroches». (*) 

¿De dónde habían salido aquellos marcianos? Acaso ignoran que «esa estación no existe» y, por tanto, «¡no hay billetes!». Y, lo más importante, «el AVE no puede detenerse en Los Pedroches, aquello -no es estación ni es nada- no es rentable y solo admite paradas técnicas». A lo que tan extraños seres respondían: «Es que, sabe usted, hay diecisiete pueblos que precisan esa parada». «Es que, mire usted, en esa tierra se han cortado centenares de encinas, para que se pueda viajar entre Madrid y Andalucía y me va a decir que esa generosidad no merece algo más». «Es que, escúcheme, por favor, unas lanzaderas como las que van y vienen a Puertollano, aunque fuesen menos, nos apañaban…».

Con el transcurrir de los años, aquella estación y aquellos pueblos y aquellos extraños personajes hubieron -suele ser habitual- de contentarse con migajas: pocas, ¡muy pocas! paradas, horarios difíciles de asumir y escasos y carísimos billetes, como penalizando a quién se atreviera a subir o bajar del tren en aquel lugar. 

Un día, una desgracia de colosales dimensiones obligó a que todos los pasajeros –absolutamente todos- de los trenes de Madrid hacia Andalucía y todos los pasajeros –absolutamente todos- procedentes de las capitales andaluzas con destino Madrid –¡absolutamente todos!- hubieran de bajar o subir al tren en la estación –que ni es estación– de Villanueva de Córdoba-Los Pedroches.

Aunque suene a España Cañí, ¡que suena!, ignorando los partos, el sufrimiento y las muertes de decenas de pedrocheños en mitad de la carretera, hubo de morir Paquirri, en el infernal camino de Pozoblanco hasta Córdoba, para provocar uno de los empujoncitos definitivos que echaron a andar un hospital -de nombre parecido al de la estación- que llevaba tiempo terminado. Desde hace demasiados años se ignoran las demandas para visibilizar nuestra estación y ha tenido que acontecer la tragedia de Adamuz para que se reconozca, con paradas obligadas, que ¡sí existe una estación en Los Pedroches! y que aquellos seres que, en la de Córdoba, demandaron su billete, no eran marcianos ni estúpidos ni locos.

Querida Luci, los miles de viajeros, cuyo tren PARA estos días cerca de Villanueva, en mitad de una preciosa dehesa de encinas, no podrán olvidar jamás que bajaron o subieron a su vagón en aquella estación olvidada. 

¡La estación de Los Pedroches existe! ahora lo sabe todo el mundo y esos viajeros lo recordarán mientras vivan. Sin embargo, para mí, las cuestiones son otras: ¿cuándo se nos olvidará a nosotros? ¿Y a nuestras autoridades locales? ¿Y a las autoridades que están por encima de nuestras autoridades? ¿Y a nuestros hijos?… ya lo sabes, era preciso que conocieses y miraras esta otra cara de un cuento recuento que no se acaba nunca.

Con toda mi pasión y siempre tuyo.

 

(*) El día 28 de junio de 2007 la plataforma «Que pare el tren en los Pedroches» organizó una simbólica y singular protesta: convocó a los vecinos y vecinas de nuestra comarca y a cuantos simpatizantes quisieran asistir, a pedir en las taquillas de la estación de Córdoba, «un billete para Los Pedroches», a sabiendas de que, en aquel momento, el AVE no se detenía aquí ni tenía previsto hacerlo en el futuro. A esta, siguieron otras acciones de la plataforma y, finalmente, el AVE paró en Los Pedroches. ¡Gracias!