La cofradía de la Virgen de Luna de Pozoblanco vive unos días intensos previos a la atípica, por las condiciones meteorológicas adversas, romería que se vivirá mañana día 8 de febrero. Hay actos que no se han visto alterados y han podido celebrarse con total normalidad y uno de ellos fue el que tuvo lugar en la noche del viernes: el pregón anunciador de la romería. Un acto que protagonizó José Antonio Rísquez que en su alocución entremezcló las experiencias personales, con elementos comunes a una romería que une a la ciudadanía pozoalbense y dedicó un importante espacio a la coronación canónica de la Virgen de Luna el pasado 7 de diciembre.
Presentado por Antonio Arévalo Santos, José Antonio Rísquez se hizo dueño del escenario para pregonar al que definió como «el pilar religioso, institucional y social más grande de Pozoblanco». El pregonero narró esa llamada que es un espacio común y determinó que «estoy aquí simplemente porque la Virgen de Luna ha querido elegirme y esa es la única licencia que necesito para hablarles hoy» y ahí empezó un «testimonio sincero de un tarugo vinculado a sus raíces».
Esa llamada aludió a la fe, pero también a lo que el pregonero es y ahí aparecieron dos mundos a los que está profundamente ligado: el flamenco y el caballo. Una configuración marcada con el paso de los años y que ve con perspectiva una primera romería donde entendió que «ir a la Jara no era buscar el milagro sino buscar la calma en tu ermita y esa búsqueda se convirtió en mi tradición». Luego llegaron los años de fe, camino, casetas y las épocas de tonteo, momentos previos a una fe que «se pone a prueba» cuando llega la madurez y que conduce a caminos no esperados pero marcados por la experiencia vital.
Durante su pregón, José Antonio Rísquez aludió a otros momentos comunes y ahí dio espacio a un «hito eterno»: la coronación canónica. Un momento que nació de «la historia de una devoción» y que no es «la meta sino el punto de partida». Dio espacio a quienes formaron parte de ese momento, con especial protagonismo para el himno escrito para la ocasión al que pusieron música Diana Rísquez y Gloria Torralbo mientras que Juan Bautista Escribano recitó un himno escrito por él mismo.
La emoción y los elementos más personales volvieron a hacer aparición en la recta final de un pregón que fue el de un «pozoalbense cualquiera» y que nació de una tradición heredera.


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