Querido Juanlu,

Me faltó acordar contigo una necrológica, como esas que firma José Luis Sastre en el Hoy por Hoy de la Cadena SER. Me faltaron muchas otras cosas pero entre tantas conversaciones y silencios, muchos, nos lo dijimos casi todo. Al menos lo más importante, que nos queríamos. Lo demás pasa a un segundo plano. Te has ido como has vivido, como has querido y eso es importante, aunque a veces por el camino queden decisiones complejas de entender. Así eras, así fuiste y así perdurarás en nuestro recuerdo, Juanlu.

La vida te repartió unas cartas nada fáciles, te salieron partidas perdedoras de esas que te hacen tirar la baraja y arrojar la toalla. Pero te levantaste, siempre, con una entereza que voy a recordar y a admirar siempre. La cartas durante tu enfermedad no variaron, todo lo contrario, pero tu actitud fue la misma: mirar a la adversidad cara a cara, con decisión, desafiando al crupier. Hasta el final. Hasta el último aliento. De eso también hablamos, de la injusticia. «Me merezco que por una vez me salgan bien las cosas», me decías. Pero tampoco hubo suerte. Te has ido pronto, muy pronto, demasiado pronto. 

Ahora, tras unas horas de asimilar todo lo ocurrido he tenido la tentación de abrir el WhatsApp y escribirte para contarte. ¡Lo que me gustaría poder comentar tu despedida contigo! Te contaría que las redes sociales se han inundado de mensajes recordándote, ha sido como un boomerang. Ese espacio al que tanto tiempo le dedicaste te ha devuelto esa entrega en forma de cariño. Pero no te creas que todo ha sido virtual, ese cariño se ha transformado en flores, en abrazos y en palabras de reconocimiento para la persona y para ese periodista que se «reinventó» para seguir viviendo de su profesión. Son muchos los compañeros que se han hecho eco de tu fallecimiento, muchos, porque la profesión también te ha rendido homenaje. Y sé que te hubiera henchido de orgullo porque hasta el penúltimo día estuviste trabajando. 

En tu adiós hemos estado tu familia, tus amigos y mucha gente que no ha querido dejarnos solos -como tu equipo de paliativos, que también es el nuestro-. Uno de los momentos más emotivos ha sido la eucaristía, Juanlu. ¡Qué eucaristía! Tu amigo Miguel Canino ha preparado una de esas homilías que te reconcilian con casi todo y lo ha hecho donde querías, en Santa Catalina, con la Virgen de Luna vigilante. Estamos convencidos de que tú no te ibas hasta que ella no llegara. Te hemos llorado Juanlu, lo seguimos haciendo. Pero también nos hemos reído, como durante todos estos meses porque esas fueron nuestras reglas, nuestra forma de afrontar una maldita enfermedad que arrasó como un tsunami. Hasta hemos bromeado con la posibilidad de poner «ha cerrado sesión» en uno de los ramos de flores o incluso en la necrológica, pero ya era demasiado. Nos conformamos con que «la fuerza te acompañe», una forma de que tu otro mundo estuviera presente de alguna forma en tu adiós.

No quiero despedirme de ti sin decirte, eso sí que jamás te lo dije, que estos meses han conllevado un aprendizaje vital de los que se tatúan y que me has permitido formar parte de una comunidad muy bonita, una red de apoyo infinita. Tu marcha es una cicatriz que irá dejando de sangrar pero que siempre dolerá porque te quedaba mucho por vivir, nos quedaba mucho por vivir. Estos meses creo que no te he pedido nada y me debes una: ayúdanos a convivir con el vacío, échanos un cable. Me lo debes. Nos lo debes.