POR ÁNGEL MORENO 

 

Hay personas que forman parte de la historia de un pueblo sin necesitar cargos, reconocimientos ni grandes escenarios. Personas que, simplemente, están. Que dedican su tiempo, que reúnen a los demás, que crean recuerdos y que, con su forma de vivir, dejan una huella que permanece.

Antonio Fernández Gómez, “El Jhonny”, fue una de esas personas. Durante muchos años, el deporte fue una parte inseparable de su vida. Y lo fue también de la vida de Villaralto.

El tradicional partido de Viejas Glorias no era solamente un partido de fútbol. Era mucho más: era volver a encontrarse, recordar a quienes ya no estaban, juntar generaciones y compartir una tarde alrededor de algo tan sencillo y tan grande como el deporte. Antonio consiguió mantener viva esa tradición durante años.

En 2023 se llegó a plantear que el Pabellón Municipal de Deportes llevara su nombre. Un reconocimiento que habría tenido un significado especial porque Antonio estaba vivo. Podía escucharlo. Podía sentirlo. Podía compartirlo con su familia y con su pueblo. Pero aquel reconocimiento no llegó.

Y hoy, cuando Antonio ya no está, aparece un partido memorial en su nombre. Y sí, debemos alegrarnos de que se le recuerde. Porque Antonio merece ser recordado. Pero también podemos sentir cierta tristeza al pensar que quizá algunas cosas se valoran más cuando ya no tenemos la oportunidad de decirlas a quien las merece. Porque un homenaje después de la muerte nunca podrá sustituir un abrazo en vida. Nunca podrá sustituir un “gracias, Antonio”. Nunca podrá sustituir el orgullo de ver a tu pueblo reconocer públicamente tantos años de dedicación.

Por eso, más allá de quién haya impulsado este partido y de las decisiones políticas que puedan existir detrás, hay una pregunta que permanece: ¿Por qué no fuimos capaces de reconocer a Antonio como merecía cuando todavía estaba con nosotros? Y hay otra que duele especialmente: ¿Por qué dejamos desaparecer las Viejas Glorias, una de las tradiciones deportivas que Antonio ayudó a mantener durante tantos años?

Quizá ahora, cuando se juega este partido, deberíamos mirar más allá del marcador. Mirar a las gradas. A sus amigos. A quienes compartimos con él tantos partidos. A quienes aprendimos de él. A su familia. Y recordar que detrás de un nombre hay una vida entera. La vida de un hombre que dedicó muchas horas al deporte de su pueblo sin esperar grandes recompensas.

Por eso este sábado, cuando ruede el balón, Antonio volverá a estar presente. Estará en cada recuerdo, en cada conversación, en cada abrazo y en cada persona que lo eche de menos. Y quizá ese sea el homenaje más verdadero. Porque Antonio “El Jhonny” no necesita que Villaralto invente ahora su memoria. Villaralto ya la tiene. La construyó él durante toda una vida.

Gracias, Antonio. Por el fútbol. Por las Viejas Glorias. Por los amigos. Por los recuerdos. Y, sobre todo, por formar parte de la historia de Villaralto.

Hay personas que se van, pero hay recuerdos que el tiempo nunca consigue llevarse.