Ana García Muñoz es una joven ganadera de 33 años que lleva junto con su hermano una explotación de vacuno de leche. Ella la define como «una de las pequeñitas» con poco más de 100 vacas de ordeño, pero que requieren mucho trabajo diario, porque además de las dos sesiones de ordeño cada día, también implica la siembra de pastos, la cosecha de los mismos y el mantener la granja en las mejores condiciones.
La explotación familiar que ya va por su tercera generación no fue en un principio su opción laboral, sin embargo, hoy no valora otra profesión a la que pueda dedicarse con tanta pasión.

Pregunta: ¿Cuándo fue tu primera inmersión en el mundo de la ganadería?
Respuesta. La explotación es familiar, tanto mi padre como mi abuelo llevaban toda la vida trabajando en ella. Aunque cuando yo me estaba formando no tenía pensado continuar con la ganadería. Es más, yo estudió el grado medio y grado superior de Administrativo, y cuando acabé la formación, hasta que me saliera un trabajo, pues me dediqué a ayudar en la ganadería. Y a los pocos meses descubrí que era mi profesión, que quería dedicarme a esto. Y a día de hoy, más de 10 años después, sigo aquí.

Pregunta: ¿Cómo vives el día a día en la ganadería?
Respuesta: Pues hay momentos de todo tipo. Son muchas horas las que se tienen que dedicar a la explotación. Ya de madrugada hay que ir para realizar el primer ordeño, y a primera hora de la tarde se hace el segundo ordeño. Esta es precisamente la tarea que más me gusta, estar en contacto con las vacas cada día e ir viendo cómo se encuentran. Después del ordeño hay que ocuparse de los becerros, darles de comer, limpiar las camas, etc. Pero a mí me apasiona el estar con los animales, el ver cómo crecen los becerrillos en el día a día, cuidarlos y tenerlos en las mejores condiciones. Es cierto que mi trato con las vacas es poco autoritario, me dicen que las tengo muy mansas y por eso me cuesta más meterlas en la sala de ordeño, pero es que vivo este trabajo con mucha vocación y sentido de cuidado hacia los animales.

Pregunta: ¿Cómo afrontas entonces cuando sufren alguna enfermedad?
Respuesta: Lo paso mal, no puedo evitarlo. Incluso me llevo a casa el mal cuerpo y la preocupación, y aunque esté descansando estoy pendiente de las cámaras de la granja para ver la evolución y el estado de la vaca. Esto sirve para comprobar cuando está de parto, si todo va bien o ves que van a necesitar ayuda y tienes que volver a la explotación.

Pregunta: ¿Y cómo se llevan las enfermedades que se están sucediendo estos últimos años?
Respuesta: Pues la palabra que mejor puede definirlo es indignación, porque hace muchos años se hablaba de la lengua azul y más o menos se controlaba la enfermedad, o aparecía de manera más puntual. Lo que no se puede entender es que en los últimos años cada verano tenemos que hacer frente a una nueva enfermedad o a una variante, como por ejemplo la última que hemos pasado con el virus del mosquito, la enfermedad de Shamonda. Que es nueva, pero que afortunadamente ya ha pasado por la zona, porque no hay vacunas que puedan evitarlo. La verdad es que muchas veces nos sentimos desprotegidos por parte de la administración, nos prometen ayudas para pagar las vacunas nuevas y que notifiquemos las bajas que tengamos con estas enfermedades, pero no siempre llegan. Y afrontar estas enfermedades supone un gasto extraordinario muy grande que tenemos que afrontar y nos desestabiliza todo. Para las ganaderías pequeñas como la mía es un golpe muy duro.

Pregunta: ¿Notas algún recelo en el sector por ser mujer?
Respuesta: Ahora mismo no, está todo muy normalizado y es que cada vez somos más las mujeres que nos adentramos en el mundo de la ganadería y la agricultura, y precisamente mujeres jóvenes. Cuando empecé con la explotación al principio si es verdad que me miraban raro cuando llegaban y me veían con el mono de trabajo, pero ya está muy asumido el papel de la mujer en la ganadería, no es nada extraño para nadie. Incluso son muchas las ganaderas que muestran su día a día en las redes sociales, de esta zona y también de toda España. De hecho, las mujeres siempre han estado implicadas con las tareas del campo, pero siempre como apoyo, es ahora cuando están al frente de las explotaciones.

Pregunta: ¿Y cómo compaginas la maternidad con el extenso horario que implica llevar una granja?
Respuesta: Tengo mucha suerte, porque cuento con mucha ayuda. Además, aunque tengo que madrugar mucho, las tardes puedo pasarlas con mi hijo, puedo conciliar mi pasión en el trabajo con el cuidado de mi hijo. Vivo en Pozoblanco, lo que me permite tener más opciones de ocio y descanso que muchas ganaderas del norte que viven en pueblos con apenas 100 habitantes y que tienen menos opciones de ocio.

Pregunta: ¿Cuál es para tí el trabajo más duro en la explotación ganadera?
Respuesta: La época de la siembra y la cosecha, especialmente la recogida de los pastos, porque es un trabajo muy intensivo y que hacemos por la noche. Nosotros recogemos los pastos verdes y hay que dejarlos bien encapsulados y protegidos el mismo día de la cosecha. Prefiero estar en la sala de ordeño antes que recogiendo los pastos, pero en una granja tienes que hacerte a todo tipo de trabajos que son necesarios según la época del año.

Pregunta; ¿Cómo te ves en el futuro?
Respuesta: Pues espero seguir en mi granja con mis vacas, aunque es cierto que las ganaderías más pequeñas van desapareciendo poco a poco, son muchas las inversiones que se tiene que ir haciendo y o eres de las grandes o no sobrevives.