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	<title>Hoyaldia.com &#124; Actualidad online de la comarca de los pedroches &#187; Juan Andrés Molinero Merchán</title>
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	<description>HOYALDIA.COM es un periódico online de la comarca de Los Pedroches</description>
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		<title>Juana Castro. La poetisa de Los Pedroches</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Apr 2026 05:30:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Juana Castro]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Los Pedroches]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="670" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/04/juana_castro_.jpeg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Juana Castro en su última presentación celebrada en Villanueva de Córdoba. Foto: Ayuntamiento de Villanueva de Córdoba" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Es la gran desconocida. No hablo del nombre ni de la aparición mediática en los círculos del ámbito literario cordobés, o las referencias al uso entre las plumas de la lírica comarcal o provincial. Me refiero a la autora y la obra que la reconoce, en círculos más elevados, como una poeta de referencia literaria. Las palabras mayores que tildan a esta jarota de nacimiento en el espectro de la Literatura nacional, con galardones de empaque y profundidad en sus escritos, <strong>esas, solamente se conocen y comprenden bien por quienes han leído (no mecánicamente), comprendido y disfrutado su obra.</strong> Que, por cierto, tiene reciente obra completa (tal vez) publicada desde hace meses.</p>
<p style="text-align: left;">No creo sinceramente, sin embargo, <strong>que la mayoría de los pedrocheños conozcamos bien, ni siquiera medianamente, la significación de una autora que alcanza cotas altas de reconocimiento</strong>. Juana Castro posee una trayectoria larga, pues su avidez intelectual y su afán por escribir deviene desde bien pequeña, con gusto sin mayor encomienda, por necesidad —como ella dice— con urdimbres de oficio y pasión encendida que derrocha en lo más hondo. Son mimbres a considerar, sin duda, pero creo que los timbres más notorios de su voz poética se encuentran en otros pilares, lejos de esas varetas que contienen los ingredientes de muchos escritores que pululan en el orbe de la farándula literaria.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Juana Castro tiene una personalidad muy definida</strong>; tiene una mirada muy particular; posee un trasfondo conceptual en su relato que la hace distinta y sobresaliente con vigor. A esta escritora no se la puede mirar simplemente desde la rimbombancia sonora de altavoces que la engrandecen, hace falta acercarse a ella con mucho sigilo y tiempo, destripando sus versos y su vida, y mirando con pausa el discurrir de las aguas de su caudal lírico. No es poetisa de aparato, ni de proyección fácil; ni es de verso sonoro ni de ruidos insulsos, porque su quehacer se mueve más en las entrañas de lo profundo, a lo que hay que llegar conociendo bastante de su alma, de su formación y de las motivaciones que la mueven. Desde luego que no es –ni creo que haya querido ser nunca– escritora de relumbrón y veladura de etiqueta insustancial. Sus escritos están en la aureola de lo más personal y sintético de la cultura profunda que posee. Sin duda tiene alma de pueblo, corazón agrietado y mirada profunda de los ancestros más acicalados de la cultura clásica. <strong>Pero ante todo es lectora consumada, conocedora al dedillo de los grandes (Lorca, Machado, Hernández, Góngora y Quevedo, Aleixandre…), y a los cordobeses de relumbrón (García Baena, Núñez&#8230;).</strong> Su letra acicalada traduce la madre naturaleza en la bonanza silvestre y en la belleza embargante.</p>
<p style="text-align: left;">Los viejos parámetros tradicionales de la tierra de Los Pedroches, vividos en las fauces de las entrañas, los tienen metidos en las entrañas: el trabajo y la vida de subsistencia, el dolor y sufrimiento a ultranza. Con especialísimo aprecio y avalúo de la mujer, que se convierte en sus versos en un eje sustancial de su obra. No ahora, en las últimas décadas, cuando templan las aguas de la igualdad en la prédica. <strong>Castro es mucho más temprana en su decir y sentir.</strong> El dolor lo lleva en sus venas, porque sus registros literarios que ama son sentenciosos (Santa Teresa, Sor Juana Inés, Safo…). Las puertas poéticas a las profundidades las abre pronto (Cóncava mujer, 1978), marcando el camino intenso de inquietud por la mujer (<em>Del dolor y las ala</em>, 1982; <em>Paranoia de otoño,</em> 1984; <em>Narcisia,</em> 1986…) como objeto de trabajo y de pasión (no solamente en la poesía, en la política y en la vida). Haciéndolo, desde luego, desde una mirada introspectiva que la nutre. Es una mujer que escribe y vive como mujer; la mujer que se alza con brotes creativos con una interpretación propia a partir de su propia experiencia. No cabe duda que el discurso poético de Castro se mueve en coordenadas de renovación temática, sentimental, y posicionamiento interno.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">En las venas tiene también la autora el afán de la Cultura, la necesidad de saber y entender el mundo, derrochando capacidad de análisis lírico. Es maestra de oficio, pero también de la vida. Sus poemas trascriben <em>a pies juntillas</em> hondos saberes de mujer culta. No son supercherías de artificio. <strong>No son fuegos literarios ni alharacas de bombo y platillo. Los estudios de avezados especialistas resultan elocuentes de la altura poética e intelectual de la jarota</strong>. Su tráfago literario es inmenso, e innombrables sus afanes y quehaceres con grupos literarios (Zubia, Cántico…), con colegas de la pluma e inquietudes de su era. Sin embargo, su mirada elevada y particular es muy personal, contra lo establecido y normatizado, yendo más allá de la tradición. La creación literaria de Castro despliega un trépano intenso y original. Los temas que toca son hondos y complejos (patriarcado; la mirada interna como mujer…), porque hace una mirada al pasado, a la tradición y la familia (el matriarcado, la mujer, la madre…), a la genealogía femenina con la que establece un diálogo, la educación, etc. Con potencia conceptual y lírica, espeleológica, trajina en el origen mítico femenino (<em>Narcisia,</em> 1986) para surcar ideales de libertad haciendo su propio relato de la maternidad. No es fácil encontrar poetas de tanta enjundia en la búsqueda de las inquietudes internas.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">De principio a fin deja Juana de Castro un halo de profundidad brillante, del espacio y del tiempo en lo más hondo, del espíritu fosilizado que nos abre los ojos, como culmina en <em>Antes que el tiempo fuera</em> (2018). En fin, <strong>cuarenta años de literatura <em>castrense</em> que debemos de conocer y leer con ahínco,</strong> <strong>porque muy pocas veces se escuchan voces tan autorizadas en el campo de la literatura de una mujer de Los Pedroches.</strong></p>
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		<title>Tesoros librarios. El baúl del conocimiento</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Apr 2026 05:30:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="794" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2022/05/libros.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="libros" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Voces altisonantes pueden sonar, quizás,&nbsp;ante un título que contraviene en la actualidad la inercia de los tiempos. Contiene, sin embargo, la mayor verdad. La vorágine tecnológica de la IA nos arrebata, de forma inmisericorde, las esencias más humanas en la anchurosa senda del trabajo mecánico y de la actividad intelectual. Es un hecho<strong>. Cada día apreciamos de forma contundente la sustitución progresiva de tareas y actividades mentales timbradas de cualificación y eficiencia, que sorprenden no solamente por la perfección que poseen, sino porque son simplemente la punta del iceberg de un mundo cada vez más supeditado a las máquinas</strong>. En esta tesitura, caben sin duda reflexiones profundas, análisis intelectuales y debates éticos. Caben planteamientos de rigor entre los horizontes lejanos que nos esperan y los límites imprescindibles que acoten las parcelas existenciales de nuestras vidas.&nbsp; Sobre todo ello emerge una realidad que en absoluto debe olvidarse, de la que tantas veces hemos hablado. La mayor riqueza del ser humano, con esencias grandes diferenciativas de otros seres, son los repositorios culturales en todos los espectros, desde los anchurosos campos del conocimiento científico (en todas las ramas), a la técnica, las artes o las letras. Y ese bagaje, sobra decirlo, está en los libros.</p>
<p style="text-align: left;">Ellos constituyen el mencionado baúl de nuestro conocimiento humano<strong>. La desorbita vorágine de las memorias electrónicas que hoy disfrutamos, como decimos, nos engaña con facilidad: porque son voluminosas y rápidas; porque cada vez son más analíticas y resolutivas en formulaciones creativas</strong>. Sin embargo, aún teniendo los mayores resortes de la memoria humana, les falta un punto grande para superarnos. Son respuestas artificiales. Evidentemente son bagajes impresionantes, y nuestra inteligencia juega precisamente de forma natural con ese factor tan esencial que es la memoria, pero también con otros muchos que se les escapan a las máquinas. La reflexión viene a cuento en un día tan esencial como es la celebración del día del libro. Para su enaltecimiento bastaría con recordar las gigantescas obras que se esconden en nuestras bibliotecas nacionales, que recogen el legado más grande de un colectivo humano en más de treinta mil años de intelectualidad. Cualquier visita a estas instituciones sobrecoge por volúmenes y antigüedad —desde los comienzos de la Historia propiamente dicha, que precisamente la recreamos con estos fondos—, pero muy especialmente por la autenticidad de las obras. Los rollos del Mar Muerto (de hace más de cuatro mil años), los códices y papiros egipcios, la Biblia o la Torá, el I Ching chino, o las palabras de César, Dioscórides, Erasmo o Eistein constituyen voces tan irrepetibles que expresan, con altisonancia, las verdades más acuciantes de los libros y su auténtico valor. <strong>Las nuevas inteligencias artificiales hablan alto y claro de su potencial compendiador, de algoritmos hábiles de construcción mental sobre pilares de pasado</strong>…, e incluso de creatividad endógena, pero no son espontáneas ni pueden ser nunca voces propias, únicas. Bien distinto es el caudal humano de los libros de magisterio universal. Las palabras únicas y personales de Homero, Dante o Cervantes que tienen el crédito existencial de cientos años. En ellos podemos escuchar no solamente nuestra inteligencia más prolífica en pensamientos propios y genuinos, sino las voces más personales, creativas, únicas e irrepetibles de nuestros ancestros.</p>
<p style="text-align: left;">La IA nos da todo lo que queremos sobre lo existente, confabulado en artificios algorítmicos de combinaciones millonarias, pero le faltará siempre la autenticidad humana (aunque parezca paradójico); réplicas y parecidos sí, anchurosos despliegues de lo ya dicho también. Pero voces genuinas y auténticas timbradas de innovación espontánea no. Tal es el valor de nuestros libros y bibliotecas.<strong> Tal es el privilegio de acercarnos a lo mayor y más grande del ser humano, pudiendo leer las palabras y los susurros de los hombres y mujeres de la Historia que hablaron con voz propia, con pensamiento único, con sentimiento genuino</strong>. Tal vez no dijeran mucho, pero lo dijeron bien y sentenciaron con principios humanos. Las voces únicas, las palabras sabias y personales, los pensamientos auténticos son los que recogen los libros. Nada más humano que nuestras obras personales escritas, que recogen nuestros pensamientos y sentimientos, lo más auténtico y genuino de nuestro ser.</p>
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		<title>El Prado en femenino</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Mar 2026 06:30:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="811" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/03/cuadro.png" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="cuadro" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Entre los eventos anuales de relumbrón, que&nbsp;en el presente año son pródigos de naturaleza varia (Galdós, Falla, Josefina Aldecoa…), destaca a nuestro parecer una actividad en el espectro patrimonial del Arte. Nos referimos a la edición de <i>El Prado en femenino</i> (III, 24-5-26), que proyecta como ninguna no solamente un legado pictórico y escultórico extraordinario, sino una vertiente de género descollante. Una exposición sobrecogedora que puede visitarse hasta mayo de 2026, siguiendo la estela de las ediciones anteriores (desde 2022). La protagonista es una mujer de excepción en todos los sentidos: Isabel de Farnesio (1692-1766), segunda esposa de Felipe V (primer Borbón en España; desde 1714), brillante coleccionista y amante singularísima de la Cultura.</p>
<p style="text-align: left;">Las más de 45 obras expuestas (sobre las quinientas piezas del museo procedentes de las colecciones reales, del millar del acopio de su mano) resultan elocuentes no solamente de su imponente patronazgo artístico e inclinación al coleccionismo, sino del poder político y económico desbordante. Más aún, porque con esos mimbres, que los tuvieron otras féminas de la realeza (algunas también muy destacadas, como María Isabel de Braganza), no se construye un patrimonio tan extraordinario. Isabel de Farnesio fue la primera reina italiana de la monarquía española, pero en su haber se encontraba una formación y cultura excepcionales (con una biblioteca de 8.000 volúmenes); un carácter avasallador, de todos conocido en la vertiente política y de la gobernanza (por la melancolía del rey), que tildaba igualmente sus avatares del ámbito de las artes. Pero especialmente notorio es su dinamismo cultural, azuzado por su inquietud, moviéndose como pez en el agua entre los mejores marchantes de Europa, muy especialmente en los núcleos álgidos del espectro italiano (incontestable siempre) y el consolidado mercado del norte (Países Bajos), donde el imperio flamenco despunta con rotundidad.</p>
<p style="text-align: left;">La Farnesio, por tantos denostada en lides de mando y autoridad, de rompe y rasga, tuvo a sus pies no solo una impresionante red de mercaderes de postín, sino que contó con la herencia, compras sin medida y con los referentes y colecciones de otras imponentes mentoras de no poca rivalidad (Cristina de Suecia, M. Teresa de Austria, Catalina la Grande, etc.). Las bondades de una colección sobrecogedora, acopiada con tiento, sapiencia y economía, nos dejan un legado que va mucho más allá de los gustos personales. La gigantesca colección recopila, sin mengua alguna de diversidad en genialidad y calidades, obras de los gigantes del arte Renacentista y Barroco (Rubens, Reni…); los pinceles extraordinarios de Brueghel, Veronés, Tintoretto, Van Dyck…; las excelsas obras de los españoles más portentosos (Ribera, Velázquez…) de nuestra cultura pictórica, con predilección admirable del genial Murillo (por su estancia en Sevilla). Isabel fue siempre ambiciosa en calidades, en finura y elegancia, requiriendo las obras más notorias del panorama europeo. Hoy día, las obras del Prado conforman la mejor escuela de aprendizaje del Arte de la Modernidad. Los pintores y obras de mayor calidad tuvieron siempre garantizado un puesto en las expectativas de la Reina. Sin embargo, más allá del imponente depósito de obras y calidades, la perspectiva de la reciente exposición, y de las anteriores, no es otra que proyectar las aspiraciones culturales de una mujer (también de otras mujeres, en otras ediciones).</p>
<p style="text-align: left;">Farnesio tenía posibles para acumular obras (pinturas, más de 400 esculturas, dibujos…) que en la exposición son de singular valor, pero resulta innegable que también contaba con una mirada muy particular. Porque ella es excepcional. Es una reina poderosa, italiana, culta y de horizontes anchurosos en todos los espectros de su existencia. Evidentemente, su colección proyecta su forma de entender la vida, la política y la sociedad, el arte y la cultura. Su dominio político excepcional, en <i>loores </i>de esposa y gobernadora en ciernes, puede verse con rotundidad en sus cuadros: sus imponentes retratos personales son bien expresivos de cómo ella entiende la fuerza, la política y la feminidad; los intereses hacia unos u otros pintores resultan elocuentes en su selección, de una mujer muy formada; y la variedad de temáticas por las que se inclina denotan con claridad sus intereses personales. La colección de la portentosa reina italiana —cuya naturaleza es por sí sola una carta de ejecutoria del Arte— es en su conjunto una obra maestra para el deleite de los amantes de la pintura. Es una magnífica oportunidad para disfrutar a lo grande, para conocer maestros y tendencias plurales; para escudriñar contextos políticos y relaciones internacionales; para interpretar la sociedad estamental en sus cuotas de distingo y poder…, y mucho más. El Prado apuesta una vez más, qué decir, definiendo y haciendo visible la contribución de la mujer en el Arte. Sin embargo, la exposición es la síntesis de una persona de notoriedad indiscutible en su contexto histórico; es la sensibilidad y el gusto tan definidos, pero es ante todo la mirada de una mujer. Vale la pena, sin duda, adentrarnos en el espíritu tan selecto de <i>La Parmesana.</i></p>
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		<title>In memoriam de Juan Carbonero</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Feb 2026 18:44:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1590" height="1021" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/02/635d2be4-484a-4893-b145-c57f7d9e561d1.jpeg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="635d2be4-484a-4893-b145-c57f7d9e561d" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Nos ha dejado un hombre bueno. Un hombre sencillo y cariñoso, un referente humano y social. Hay hombres cuya vida discurre sin estridencias, pero cuya huella permanece indeleble en la memoria de sus convecinos. Así fue la de Juan Carbonero, jarote de pro, orgulloso de su tierra natal, pero con firme asentamiento en Pozoblanco, donde sembró durante décadas la semilla fértil de la enseñanza y del ejemplo. Ayer nos dejó un Maestro —con mayúscula— del CEIP Ginés de Sepúlveda (su segunda casa), un magnífico referente como persona, profesional y amigo. Fue, ante todo una grandísima persona y un magnífico docente que entendió el oficio como vocación y servicio. Durante muchos años se entregó con afán, con silencioso empeño, a rescatar a tantos jóvenes de la ignominia del analfabetismo y de la ignorancia. <strong>Maestro de los de antes, de los que enseñaban saberes y valores de vida</strong>; de los que sabían que educar es ante todo mejorar como persona, acompañar a los pequeños, escuchar y orientar en todos los aspectos de nuestra existencia. Sencillo y timbrado de cierta timidez, callado y de reflexión en liza, pero siempre aquiescente, atento y dispuesto a tender la mano y a sumar. Con la sonrisa sempiterna en la boca, de hombre bonachón.</p>
<p style="text-align: left;">Juan formó junto a su inseparable Mané —también querida persona y maestra— un matrimonio ejemplar, de esos que dignifican la palabra, la obra y el amor de vida. Unidos en la existencia y en la escuela, compartieron desvelos, ilusiones y proyectos. En su hogar han arraigado profundos valores religiosos y humanos que han sabido transmitir a sus hijos —Domingo, Dolores, Pilar y Juan Antonio—, a quienes educaron en la responsabilidad, el respeto y el amor a la familia. Fue un padre ejemplar, discreto en las formas, firme en los principios, generoso siempre en el afecto. Asimismo, en son de aprecio y de trabajo, nuestro vecino amó siempre con hondura la naturaleza. <strong>El encinar de Los Pedroches fue para él más que un paisaje: fue escuela de vida, espacio de disfrute y compromiso de subsistencia</strong>. En sus paseos diarios y en sus sempiternas rutas de senderismo por nuestra tierra halló siempre el placer, el sosiego y la reflexión. Supo inculcar a los suyos (con discípulos aventajados) el respeto por el entorno, la conciencia de pertenecer a una tierra que merece cuidado y gratitud.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">En Juan hay que subrayar, cómo no, la calidad de hombre abierto y dinámico, manteniendo intacta e imperecedera la curiosidad. De inquietud contante. Un seguidor avezado siempre de las motivaciones culturales en impulso irrefrenable de aprendizaje (de todo cuanto se le ponía por delante), en jornadas de la Fundación Ricardo Delgado Vizcaíno, en la Cátedra Intergeneracional, en charlas y conferencias; siempre atento y celoso de cuanto pudiera enriquecerle y a cualquier reivindicación social en beneficio de esta comarca que tanto quiso. Fue ciudadano comprometido, vecino leal, amigo constante. <strong>No son halagos de última hora</strong>. Son verdades que brotan de la vecindad, de la ciudadanía compartida, de la amistad y del compañerismo que tantos podemos rubricar. Juan fue persona complaciente, pacífica, reflexiva y comedida. De trato afable y de palabra prudente, de mirada limpia. En un tiempo necesitado de referentes, él encarna sin aspavientos los valores humanos que quisiéramos ver sembrados en nuestra sociedad. Han querido las Parcas que descanse ya de sus ataduras terrenas. Pero nos deja una herencia imperecedera: una vida colmada de bondad y cariño hacia todos nosotros, de coherencia y servicio, de amistad sincera. Su despedida, tan concurrida y sentida, ha sido la mejor prueba de cuánto se le quiso y respetó. Juan era, sencillamente, un hombre bueno. Y en esa sencillez radica la grandeza de su memoria. Que su ejemplo nos acompañe y que su recuerdo nos haga mejores.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;"><a href="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/02/635d2be4-484a-4893-b145-c57f7d9e561d2.jpeg"><img class="aligncenter size-full wp-image-93309" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/02/635d2be4-484a-4893-b145-c57f7d9e561d2.jpeg" alt="635d2be4-484a-4893-b145-c57f7d9e561d" width="1590" height="1021"></a></p>
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		<title>Solidaridad en la tragedia</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Jan 2026 11:40:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Lástima que tengamos solamente las mejores&#160;respuestas humanas en los peores momentos. Ahí es cuando únicamente el ser humano mira con gran angular el mundo, ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1920" height="1060" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/01/accidente_adamuz.jpeg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="aptura de imágenes de la Guardia Civil del accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba) | Fuente: EFE y Guardia Civil" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Lástima que tengamos solamente las mejores&nbsp;respuestas humanas en los peores momentos. Ahí es cuando únicamente el ser humano mira con gran angular el mundo, especialmente a los otros, y recíprocamente a nosotros mismos. La toma de conciencia de los grandes problemas surge en situaciones de penuria, cuando la realidad nos pone entre las cuerdas; cuando la tragedia está teñida de sangre y observamos los flecos sueltos de la vida con verdad descarnada. Sin embargo, en momentos de bienestar aquiescente ignoramos las realidades más rotundas de la otra cara de la moneda. Así es desgraciadamente la vida. La tragedia ferroviaria de Adamuz nos ha puesto de nuevo ante el espejo. El medio centenar de muertos de la pasada tragedia ferroviaria nos dejó a todos temblando, sumidos en el dolor, porque en esas circunstancias es donde realmente apreciamos con justeza la vulnerabilidad humana: porque ni las vidas con mejores mimbres de cualquier naturaleza (económicos, sociales&#8230;, etc.) se libran de las escaramuzas del destino, que actúa sin miramientos. Eso creo que lo comprendemos todos <em>in extremis.</em></p>
<p style="text-align: left;">Por ello la desazón brotó de nuevo cuando quiso el destino desafinar la tranquilidad de un pueblo, de un país y del mundo con un gravísimo episodio de tragedia. En lo más próximo de la catástrofe, Adamuz brotó rauda en ayuda incontenida de auxilio y solidaridad con apoyos personales, materiales y emocionales. De aquella desgraciada afrenta del destino han aflorado héroes mediáticos loables, que no son más que la viva estampa de un Pueblo entero en la misma lid de ayuda. Gracias, claro, por derrochar dignidad a espuertas. Pero como decimos, es lástima que en el quehacer diario y en lo más doméstico de nuestras vidas no seamos capaces de mostrar conductas similares. Resulta penosa la vida diaria en confrontación constante en todos los órdenes, en continuo desaliño en relaciones personales, sociopolíticas, etc., sin atisbo alguno de respeto, auxilio o empatía. Desgraciadamente comprendemos poco que la convivencia diaria exige mayor y mejor mirada hacia los demás, con amparos que ignoramos habitualmente, o denostando a los demás con el peor hacer. Con cuanta firmeza y asiduidad ignoramos los graves desequilibrios económicos existentes, sin atender a razones, mirando hacia nuestros adentros sin conmiseración alguna hacia los demás; con cuanta dejación despreciamos las desigualdades sociales que asiduamente nos acompañan entre vecindades cercanas, países y civilizaciones, considerándolas normales, y no son más que toques de fortuna en el mundo y sitio que nos ha tocado vivir. &nbsp;De muy poco sirve que centenares de emigrantes fallezcan diariamente en el mar, o que la tragedia se cebe con guerras que son supercherías consentidas de los potentados con aquiescencia de todos, sin querer saber (o ignorar descaradamente) las auténticas motivaciones; de nada sirven las hambrunas de una mayoría (Asia, Africa…), o que las enfermedades mortales nada nos conmuevan ni quiten el apetito.</p>
<p style="text-align: left;">Larga es la lista de dictaduras y regímenes autoritarios (de distinto signo e ideología), algunos muy vistosos y recientes, que ni nos inmutan lo más mínimo, a sabiendas que de ellos dependen las economías del mundo, las precariedades de la tierra y la disciplina y obediencia servil de no pocos gobernantes y pueblos. Todos estos capítulos de nuestras vidas están latentes sin vislumbrar siquiera la solidaridad por ninguna parte. Simplemente migajas. La tragedia de Adamuz nos muestra una vez más con el luto y el dolor descarnado, decimos, que nuestras mejores actitudes en determinados momentos son encomiables, y nos timbran de dignidad y respeto, pero desgraciadamente están sembrados de excepcionalidad. En estos momentos aparecen los mayores y mejores gestos de humanidad y condescendencia con los demás, los más elevados sentimientos, evidenciando la vulnerabilidad constante con la que vivimos. Adamuz ha demostrado y grandeza con creces y merece el mayor reconocimiento social. Por nuestra parte queda el dolor, la tristeza y solidaridad con todas las familias, así como la imprescindible ayuda en todos los extremos. En lo más general, resta la reflexión profunda de aplicar en el cuaderno diario de bitácora, de forma habitual, los principios y actitudes más elevadas con todos los que nos rodean en un mundo globalizado. &nbsp;&nbsp;</p>
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		<title>Coronación de la Virgen de Luna</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Dec 2025 06:30:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="800" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2025/11/virgen_deluna.jpeg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Romería de la Virgen de Luna" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Existen eventos sociales que conjunta&nbsp;sobremanera la tradición y religiosidad. La coronación canónica de la Virgen de Luna de Pozoblanco y Villanueva constituyen un ejemplo paradigmático. Este domingo 7 de diciembre, en el Santuario de La Jara, las referidas poblaciones vivirán una de las jornadas más significativas de su historia espiritual y civil, timbrada de grandilocuencia. El acontecimiento, largamente esperado (desde hace décadas), no es solo un acto litúrgico de rango mayor, sino una proclamación solemne del vínculo que une desde siglos a dos pueblos con su Patrona compartida, síntesis perfecta de identidad, memoria y tradición. Pocas devociones en Los Pedroches poseen (aunque las hay en su rico acervo, como las vírgenes de Guía y Alcantarilla) el arraigo ancestral de la Virgen de Luna. Desde la Baja Edad Media, cuando la leyenda sitúa su aparición entre encinas y arroyos de la dehesa de La Jara, la imagen mariana se convierte en estandarte espiritual y símbolo de protección para dos comunidades hermanadas incluso en sus antiguas rivalidades.</p>
<p style="text-align: left;">La devoción se nutre tempranamente de un imaginario de caminos, ritos y paisajes: el santuario, la dehesa, el tamborilero, los ciclos de Traída y Llevada. Todo ello conforma un universo ritual que ha atravesado generaciones enteras hasta fundirse con la vida cotidiana de Pozoblanco y Villanueva. La Coronación es, por tanto, la culminación de un proceso histórico que no empieza ahora. A la declaración de patronazgo y al nombramiento de alcaldesa honoraria —hitos civiles que certificaron el arraigo popular— se suma hoy el reconocimiento eclesial más alto para una advocación que ha sido consuelo en epidemias, amparo en guerras, memoria en tiempos de escasez y esperanza en cada regreso desde la Jara. No se corona solo una imagen: se corona una historia. Pero también se corona una sensibilidad literaria, porque la Virgen de Luna ha sido fuente inagotable de poesía: leyendas, romances, plegarias, himnos, versos anónimos y poemas firmados por sacerdotes cultos, periodistas, maestros, artesanos y gentes del pueblo. La lírica mariana constituye sin duda un archivo sentimental donde quedan grabadas las emociones profundas de dos localidades que encontraron en María no solo un refugio espiritual, sino un modo de retratarse a sí mismas. <strong>Desde las evocaciones legendarias del arcipreste Rafael Rodríguez Blanco hasta el lirismo luminoso de Enrique Gonsálbez Bermejo, pasando por la voz juvenil y estremecida de Bartolomé Blanco, o las prolíficas plumas de Hilario Ángel Calero, Diego Higuera Gómez</strong> y todas las generaciones han querido cantarla para perpetuar su presencia.&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">La dehesa de La Jara, escenario de la ceremonia, es en sí misma un santuario natural. Allí donde la tradición sitúa el hallazgo, donde cada año se renueva el rito de la despedida y el reencuentro, habrá mañana coronas de oro, luz y plegaria. Bajo sus encinas centenarias se hará visible la continuidad de un culto que ha sobrevivido a los siglos, sostenido por un pueblo que nunca dejó de acudir a su Madre. La defensa de los pastos de antaño, sembrada de rivalidades entre las poblaciones, se ha ritualizado de forma consensuada con el ensalzamiento de una imagen e infinidad de protocolos que la Iglesia ha definido en el espectro de la religiosidad. Durante más de cinco centurias las ceremonias y tradiciones se han consolidado de forma indeleble como sello de un pasado fehaciente en la defensa del territorio. En un tiempo en el que las identidades se diluyen y las raíces se tambalean, la coronación de la Virgen de Luna es mucho más que un acto religioso: es la afirmación serena de un legado común. Pozoblanco y Villanueva celebran, juntas, no solo a su patrona y alcaldesa, sino la permanencia de aquello que las une desde siempre: la fe compartida, la memoria transmitida y el latido profundo de la tierra. En La Jara, este domingo, la historia se hace presente. Y la Virgen de Luna será coronada no solo por la Iglesia, sino por el corazón agradecido de dos pueblos que la han llevado siempre en su palabra, en su camino y en su vida.</p>
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		<title>Los Santos &amp; Halloween</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Nov 2025 08:33:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; El pugilato entre las dos fiestas del primero de noviembre está decidido.&#160;Es bien conocido de todas y todos. Hace muchos años que viene ganando ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="800" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2025/11/halloween_1.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="halloween_1" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">El pugilato entre las dos fiestas del primero de noviembre está decidido.&nbsp;Es bien conocido de todas y todos. Hace muchos años que viene ganando por goleada la partida de la fiesta de prosapia celta, de anchura expansión en el orbe occidental. Ambas tienen raíces de profunda significación, pero la victoria de la nórdica se sostiene en el carácter festivo que adquiere en los últimos tiempos. A estas alturas ya no existe contienda, porque la celebración de Los Santos se repliega sencillamente las generaciones mayores, con escuálidos flecos de herencia cultural hacia las jóvenes generaciones.</p>
<p style="text-align: left;">Entrar a valorar los avatares de la contienda es difícil, y seguramente inútil, porque hoy priman principios de superficie que poco o nada tienen que ver con la verdad genuina de las referidas festividades en tiempos pretéritos. Al día de Los Santos lo hemos conocido, personalmente, con los últimos estertores con timbres tradicionales&nbsp; de religiosidad, hondura espiritual y formas acendradas. Eran los últimos resortes de otro tiempo, en los que se diluían las potentísimas formas de antaño. Seguramente que hoy ya no imaginamos siquiera, aunque lo reflexionemos, cómo eran las celebraciones de hace algunas centurias, cuando la Iglesia católica contaba con el potencial completo de control de la población occidental. Día y noche, semanas previas y posteriores, estaban teñidas de unas formas y unos contenidos profundos en relación con la añeja concepción de la muerte; con un aparato eclesiástico envolvente y poderoso que ejercía el imperio y auxilio no solamente de la espiritualidad durante siglos, sino con formas contumaces en las que eran imposibles otras referencias culturales, porque no existían grietas posibles de otras luces.</p>
<p style="text-align: left;">Hasta nosotros llegaron aún (en el siglo pasado) los toques de campanas continuos en los pueblos, las eternas veladas, rezos, imperiosos lutos de cariz sempiternos. Aquello ya es historia. La otra casa de la moneda, con el afloramiento de Halloween en nuestra cultura, se impuso hace años de la mano de los <em>mass media</em> y la injerencia cultural de las culturas del norte y la imperiosa influencia América a través de Estados Unidos. Las formas dominantes de celebración, con fiestas de disfraces y liturgia al uso, arrasaron en España y el viejo continente las trazas bien enraizadas del cristianismo <em>santosantero.</em> Las formas fueron sin duda, decimos, el caballo de batalla ganador, al que rápidamente nos sumamos con fruición. Hoy día no hay colectivo, ni colegio, ni medio de comunicación que no se vuelque con los avatares de la fiesta de Halloween y sus cuitas de celebración. No existe por supuesto nada del contenido celta de antaño, ni de los orígenes acendrados sembrados de espiritualidad profunda. Hoy es simplemente aparato propagandístico. Disfraces, celebraciones copiosas, ostentación y frivolidad a espuertas. La reflexión más profunda sobre el evento actual tal vez no valga la pena hacerla, porque la realidad de los jóvenes es contundente. Todos vivimos con mayor o menor pasión ese Halloween sembrado de alegría, de festejo y un porte completamente distinto a nuestra festividad tradicional.</p>
<p style="text-align: left;">Con todo ello a la vista, sin embargo, no deja de ser una fiesta de dos caras confrontadas, que definen muy el sendero por el que camina nuestra sociedad y las bases culturales dominantes. La festividad de Los Santos se vive, en el día y semana anterior, como testimonio residual de un tiempo lejano heredado de nuestros mayores: las visitas al cementerio, las flores, el atildamiento de una cierta festividad con alargada sombra, etc. La americana de los disfraces se impone, decimos, con proyección elocuente de la existencia bien rubricada por la gente de a pie, filósofos e intelectuales (en lo teórico). Halloween es un ejemplo palpable de la inclinación de la balanza de nuestras vidas hacia ese ámbito hedonista que tan bien se definió desde la Antigüedad, consistente en mirar la cara bonita de la vida. Y de la muerte. Nuestro mundo asienta sus principios, con toda claridad, en valores superfluos de formas bastante banales. Nuestra sociedad concita intereses diarios de fiesta y disfrute de forma continua, y no entro en absoluto a valorarlo, simplemente centra interés en lo calcáreo de la existencia, con culto al cuerpo a ultranza (con prodiga actividad de salones de belleza, deporte…) y abandono completo de la cara negra o difícil de la vida.</p>
<p style="text-align: left;">Con asiduidad asistimos (o al contrario) a la desaparición de conocidos sin más, porque la muerte se oculta, se ignora y ni se menciona. Ignoramos el dolor, el sufrimiento y las malas horas de la vida, porque no es tiempo de perder la existencia en desaliños de negrura. En esta tesitura de la Historia estamos, sin mayor dicotomía que la Historia pasada y el impactante imperio de un Halloween que dicta nuestro horizonte sin adversario. Con todo ello, la fiesta católica mantiene aún resortes de tradición en un día como hoy, de Los Santos, en el que no faltan para un buen elenco de la población los recuerdos más cargados de sentimiento de nuestros seres queridos. La festividad de Los Santos sigue siendo para muchos un referente, y los cementerios se convierten en jardines paradisiacos de amor por los nuestros.&nbsp;</p>
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		<title>Adiós, adiós, adiós…</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Sep 2025 08:06:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="759" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2025/09/profesor.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Profesor en la pizarra" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Con una despedida sentenciosa y amable,&nbsp;deberíamos tributar respeto a las personas que dejan una actividad vital importante. Con generosidad y condescendencia. Es un adiós templado de emoción, porque se insinúa la vuelta (que no es el caso ahora), o en todo caso porque nadie se marcha definitivamente. Tampoco los docentes, porque siempre se dejan huellas en los discípulos (mejores o peores), que de una u otra manera te recordarán en sus vidas. La grata dedicación profesional a la educación es un privilegio, claro que sí.</p>
<p style="text-align: left;">Quienes hemos estado durante décadas en el ejercicio profesional de la enseñanza gozamos de la inconmensurable prebenda de estar siempre aprendiendo, como decía Séneca (se aprende dos veces). La enseñanza no es simplemente trasmisión de conocimientos —que cada vez menos—, sino un elenco grande de principios y valores sustanciales en los marcos afectivos de las personas. La perspectiva temporal nos hace ver que somos una pieza importante de un engranaje maravilloso. Especialmente cuando se ejerce con vocación y pasión. Las alumnas y alumnos te hacen ver a diario el potencial de abrir ventanas en sus ojos, el descubrimiento de esferas científicas desconocidas, históricas o de otra naturaleza que les hacen crecer. No hay nada más extraordinario y edificante que apreciar, cuando explicas, que las miradas atentas y absortas de los alumnos en momentos determinados. Ese flechazo es sobrecogedor, entre docente-discente. Los descubrimientos constantes son la savia nueva que regenera la especie, que nos mejora y proyecta hacia un futuro mejor y más satisfactorio. Los años largos de docencia nos permiten advertir las evoluciones sociales y económicas, los grandes avatares culturales de nuestro entorno vital…; y con la debida modestia, cabe sentenciar que en todo ello los docentes hemos puesto nuestro granito de arena. Es una satisfacción. Es una alegría coincidir veinte o treinta años después de haber impartido clase y que las alumnas y alumnos te saluden con alegría y agradecimiento.</p>
<p style="text-align: left;">Es una satisfacción siempre, en todas las profesiones, el reconocimiento a un trabajo que haces con honestidad y honradez. Desgraciadamente, no es la docencia una de las actividades más valoradas socialmente, pero como dice J. A. Marina, si fuéramos inteligentes les teníamos que tener entre algodones, porque son quienes forman y educan a nuestros hijos; quienes trasladan valores esenciales de la sociedad y sirven de modelo para la vida que deseamos. En fin, la mirada retrospectiva de un docente deja siempre el poso de un sentimiento agridulce. De una parte los desvelos por el trabajo consuetudinario bien hecho (o lo mejor que puedes), que exige formación grande y especialización constante, pero también la encrucijada difícil de padres desorientados (solamente exigentes en derechos…), administración burocratizada sin más (con papeles a espuertas), desconsideración social y desautorización profesional (ni la mínima, que se le otorga a cualquier profesional), falta de reconocimiento, etc.; de otra parte, el tedioso espectro de los ruidos juveniles, las problemáticas grandes actuales de los niños y niñas, la potente influencia de los <em>mass media</em> (redes, <em>influencers</em>…), etc. Ese trabajo diario comprometido y constante de la docencia apenas si se aprecia por nadie.</p>
<p style="text-align: left;">El contrapunto satisfactorio está sobradamente comentado en lo esencial, pero en lo más intrínseco la profesión está repleta de quilates de oro, porque los docente vivimos satisfactoriamente el oficio con materias y disciplinas de las que somos apasionados —Historia, Literatura, Biología…—, en las que nos importa poco dejar la vida, pudiendo proyectarlo con generosidad a los discentes; satisfacción positiva es también la panoplia inmensa de alumnos y alumnas con personalidades distintas, capacidades e intereses diferentes que siempre me sorprenden. Porque el marco de la Educación y la enseñanza constituyen el mejor espejo de nuestro mundo. Los niños son el reflejo social al cien por cien, y en ellos ves a sus personas en formación, pero también conoces a sus padres, familiares y pueblos; descubres sus motivaciones e intereses más profundos, sus afanes y proyecciones de futuro. Una mirada tan cabal y profunda nos permite a los docentes, qué decir, comprender bien —o un poco mejor— el anchuroso sendero de nuestro mundo. Y lo más importante, como decimos, poder intervenir <em>de facto</em> en derroteros de mejoras, cambios y progresos, aunque sean simplemente ideales deseables o utopía. Gracias, pues, a esta maravillosa profesión que tan afortunadamente nos ha tocado. Gracias a todos esos jóvenes que nos han enseñado la vida, porque ellos están aprendiendo, y sin saberlo, han sido nuestros mejores maestros. Nuestros esfuerzos y desvelos no están perdidos. Creo sinceramente, y confío con esperanza, que ellos son la mejor garantía de futuro. Gracias.</p>
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		<title>Educación y cultura</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Sep 2025 08:56:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="800" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2025/09/libros.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="libros" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Resulta imprescindible incidir, una y mil veces,&nbsp;en estas palabras que desgraciadamente están tan manidas y manoseadas, sin que nos detengamos demasiado en su profundidad. Es necesario volver sobre ello, especialmente en estos días en los que comienza el curso escolar, la vuelta a la cotidianidad del estudio, el regreso de los jóvenes a las universidades, e infinidad de personas (mayores, jubilados…) a los avatares de aprender esto y lo otro.&nbsp; La insistencia en esta tarea evidencia la notoriedad del asunto del enseñar y aprender, pues como dice el refrán, algo tendrá el agua cuando la bendicen. Mucho tiene que ver con la Educación y la Cultura, aunque también requiere un punto grave de detenimiento la cuestión en el tenor de la complejidad del mundo actual. Vivimos en unos tiempos de profundas transformaciones que alteran no solamente nuestras vidas en el quehacer diario (cuestiones de estilo de vida, profesión, diversión…), sino en aspectos profundos como son los principios existenciales que nos mueven. Lógicamente la vida cambia a pasos agigantados redefiniéndose continuamente, y las formulas de pasado (pensamientos, estilos de vida, necesidades, aspiraciones…) quedan completamente desfasadas.</p>
<p style="text-align: left;">Los cambios operan también, especialmente en la Cultura y Educación que nos ocupa. Las aspiraciones de hoy nada tienen que ver con las de ayer (en niños, niñas y mayores…), porque como vemos a diario, lo que nos mueve son intereses y motivaciones de distinta naturaleza; nos arrastran actos y profesiones distintos, y los niños proyectan cauces diferentes para sus vidas muy alejados de los de antes. Hoy priman en lo más intenso el mundo tecnológico, los nuevos medios de comunicación (redes, <em>influencers, Facebook, YouTube, WhatsApp, Instagram, TikTok, y WeChat, </em>…), los hábitos intensificados de deporte (forma física, cuerpo…) y forma externa (vestir, aún en ese aparente desaliño…), la vida de vértigo de ver y conocer todo, estar al día en segundos de lo que pasa en el mundo, etc.&nbsp; En definitiva, las motivaciones existenciales han cambiado de la noche al día. Sin embargo, es imposible ignorar que el ser humano es siempre el mismo (en lo esencial, el de las cavernas: amor, lucha), y se mueve con los mismos resortes de siempre (afectos, deseo de conocimiento…), a pesar de los graves cambios de las formas, que son irrefrenables y apenas si nos podemos subir al carro de todo lo que se transforma diariamente.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">En este <em>mare magnum</em> de trueques materiales y espirituales (pensamientos, intereses materiales, expectativas…) la Educación y la Cultura siguen siendo piezas fundamentales. La formación sigue siendo la herramienta fundamental para entender nuestro mundo, para comprender una realidad cada vez más compleja; para definir nuestros intereses y expectativas. El complejo mundo de la tecnología y la comunicación (con los potentes resortes de la Inteligencia Artificial), nos envuelven cada vez más en una realidad llevadera de soluciones fáciles (o complejas, que no entendemos); nos arrastran hacia modelos aparentemente libérrimos y sistemas democráticos donde todo es posible (con el contrapunto de guerras, que no queremos ver; o sistemas autoritarios y manipuladores encubiertos en formulaciones democráticas). Lógicamente, todos estamos encantados. El mundo parece haberse revestido de rosa en avatares de avance y progreso; de amabilidad y disfrute.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Tal vez todo sea una maraña muy bien urdida donde se esconden escabrosas espinas. Fácilmente se entenderá que esa cinta trasportadora de felicidad constante tiene una dirección y posee un motor que alguien mueve, y no somos nosotros. Poco hay que reflexionar para percatarse de que la inconmensurable realidad es compleja y tiene muchos flecos; poco hay que pensar sobre la indefinición de una materialidad que corre rauda sin saber hacia donde vamos. Por todo ello sigue siendo fundamental la Educación y la Cultura. Claro que sí, entendidos en el sentido tradicional más profundo. Conceptos que hablan de la formación personal en todos los aspectos (cognoscitivos, afectivos, físicos…), del asentamiento de principios y valores fundamentales (Igualad, respeto, solidaridad…), del conocimiento de nuestros resortes históricos y culturales, de la forja del sentido crítico, etc. La Cultura sigue siendo, en sentido amplio y neto de término, un pilar fundamental para entender nuestros mundos y definir nuestro presente y futuro. Son conceptos que nos sirven para construir nuestra personalidad en contextos cambiantes, para convivir con satisfacción con los demás, pero especialmente para forjar sendas personales de libertad en los anchurosos senderos de nuestras vidas. La construcción de nuestras vidas personales satisfactorias está, qué decir, directamente en relación con la Educación y la Cultura.</p>
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		<title>Cuarenta aniversario. Hospital Comarcal de Pozoblanco</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Jul 2025 07:41:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Cuarenta años ya son historia, claro que sí.&#160;Especialmente cuando se trata de un aniversario de una institución sanitaria que constituye un referente la comarca ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="846" height="604" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2025/07/obras_hospital.png" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Obras iniciales del Hospital" /></p><p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Cuarenta años ya son historia, claro que sí.&nbsp;Especialmente cuando se trata de un aniversario de una institución sanitaria que constituye un referente la comarca de Los Pedroches. Tal es el caso de la antigua Residencia Sanitaria de la Seguridad Social (Hospital Comarcal “Valle de Los Pedroches”), con un contexto evidente de transformación. La mirada atrás de organismos tan principales en nuestras vidas nos hace comprender bien la notoriedad que tienen. No son eventualidades de un día de relumbrón, ni de un periplo pequeño de existencia, sino soportes vitales enraizados en contextos políticos precisos, coyunturas económicas determinadas y marcos sociales completamente definitorios.</p>
<p style="text-align: left;">El Hospital del Valle de Los Pedroches nace como necesidad acuciante. Es a partir de la Transición cuando Pozoblanco y comarca empiezan a promover con mayúscula los pilares del Estado de derecho y la sociedad de bienestar, con servicios fundamentales de sanidad, educación, comunicación, etc. Hace cuarenta años nace el Hospital comarcal. Para la consecución de una residencia sanitaria digna, los prolegómenos son largos, y nada fáciles, porque desde 1976 se empiezan a definir los primeros esfuerzos, y exigencias, por parte de las autoridades locales y provinciales. Pozoblanco requería con urgencia una infraestructura digna, a la altura de una capital de comarca, con una población ingente, que tenía servicios sanitarios de notoriedad a prácticamente cien kilómetros de distancia. Los primeros actos constituyen el prólogo moviendo voluntades del viejo régimen (Solís…), pero también con presión social fuerte y eventos de tragedia (Paquirri, septiembre de 1984) que agravan el déficit sanitario existente.</p>
<p style="text-align: left;">Con ese turbio déficit se emprenden las propuestas e inversiones (Plan de Inversiones, 1976), así como las primeras cesiones municipales de terreno al Ministerio de Trabajo de 15.000 m<sup>2</sup>., para que dispusiera del espacio correspondiente. La elección del viejo espacio de la Estación constituye asimismo el desarrollo urbanístico de la ciudad, generando la mayor área de servicios. D. Manuel Alonso Taboada define primeramente un edificio de cuatro plantas y torreón-ático, para albergar 144 camas de hospitalización general, así como los servicios médicos y hospitalarios de la siguiente manera. Las obras comienzan en mayo de 1981. Era la concreción fehaciente del servicio hospitalario más notorio de Los Pedroches, que habría aún de prologarse con no pocos problemas (casi diez años), pues adquiere carta de naturaleza el 9 de julio de 1985.</p>
<p><a href="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2025/07/inauguracion_hospital.png"><img class=" size-full wp-image-89712 alignright" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2025/07/inauguracion_hospital.png" alt="inauguracion_hospital" width="380" height="518"></a></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Hoy día rememoramos la vorágine de fastos de aquella gesta, con la presencia del presidente de Andalucía D. José Rodríguez de la Borbolla, el consejero de salud D. Pablo Recio, el director general de asistencias hospitalarias D. Teodoro Montemayor y autoridades de Pozoblanco (alcalde Blas Garrido Dueñas) y comarca. Pozoblanco vivió un día grande. Grande no por el fasto, que lo hubo, sino porque conseguía con justicia uno de los servicios sanitarios más necesarios de una sociedad moderna. Previamente habían sido asignados los cargos burocráticos (director…), determinándose los primeros servicios sanitarios: maternidad, análisis clínicos y radiografía.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Como decimos, la institución sanitaria se pone en marcha en el verano ochentero, abriendo la sección de urgencias el 19 de agosto de ese año (1985). Los servicios sanitarios iniciales que cubre se realizan a través de dependencias materiales acordes: un centro de anatomía `patológica; de rehabilitación; farmacia; cuatro quirófanos; radiología; laboratorios; consultas externas; 150 camas; horno crematorio e instalación autónoma de energía solar. Era el principio del mayor centro sanitario de la comarca. Un referente esencial en estos cuarenta años que nos han dejado ver la importancia de un Hospital digno e imprescindible, el importante trabajo desarrollado por los profesionales, y también la precariedad de los últimos tiempos que evidencia gravámenes grandes de un servicio que agrieta en buena medida los derechos de los ciudadanos y&nbsp; el estado de bienestar. Enhorabuena por este aniversario, sin duda, tan significativo.</p>
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