<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Hoyaldia.com &#124; Actualidad online de la comarca de los pedroches &#187; Juan Andrés Molinero Merchán</title>
	<atom:link href="https://www.hoyaldia.com/author/juan-andres-molinero-merchan/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://www.hoyaldia.com</link>
	<description>HOYALDIA.COM es un periódico online de la comarca de Los Pedroches</description>
	<lastBuildDate>Tue, 28 Jul 2026 09:00:26 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-ES</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=4.2.38</generator>
	<item>
		<title>Polvo de estrellas futboleras</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/polvo-de-estrellas-futboleras/</link>
		<comments>https://www.hoyaldia.com/polvo-de-estrellas-futboleras/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 21 Jul 2026 07:25:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://www.hoyaldia.com/?p=95813</guid>
		<description><![CDATA[&#160; El fulgor de las estrellas muchas veces nos obnubila.&#160;Muy especialmente en el firmamento del fútbol, donde vivimos de forma álgida los encumbramientos de astros, ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="675" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/07/mundial-copa1.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="La selección española celebrando el Mundial conseguido en Estados Unidos" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">El fulgor de las estrellas muchas veces nos obnubila.&nbsp;Muy especialmente en el firmamento del fútbol, donde vivimos de forma álgida los encumbramientos de astros, que no dejan de ser humanos. Cada Mundial vuelve a recordarnos una verdad que el entusiasmo, la publicidad y el ruido mediático se empeñan en ocultar: el fútbol es un deporte colectivo. Sin embargo, con demasiada frecuencia se nos presenta como una sucesión de héroes individuales capaces de decidir, por sí solos, el destino de selecciones enteras. Construimos mitologías alrededor de nombres como <strong>Lamine Yamal, Lionel Messi, Kylian Mbappé, Halaand o Bellingham,</strong> futbolistas extraordinarios, sin duda, cuyo talento merece admiración y reconocimiento. Pero entre la admiración y la idolatría existe una distancia que conviene no perder de vista.</p>
<p style="text-align: left;">En este Mundial <strong>hemos visto caer torres que parecían inexpugnables.</strong> Selecciones históricas, acostumbradas a ocupar el pedestal del fútbol internacional, han comprobado una vez más que la camiseta no gana partidos y que el prestigio acumulado durante décadas no garantiza el éxito presente. Brasil, Francia, Alemania y otras grandes potencias han conocido, como tantas veces ocurre en el deporte, el sabor amargo de la eliminación. Y esa es, precisamente, una de las grandezas del fútbol: nadie tiene asegurada la victoria.</p>
<p style="text-align: left;">Resulta llamativo comprobar cómo, en ocasiones, el relato periodístico convierte a determinadas figuras en el eje absoluto de sus equipos. Se juega para ellas, se interpreta cada acción en función de estos superhombres y se transmite la sensación de que el campeonato entero gira alrededor de sus botas. Cuando triunfan, parecen elevarse por encima del resto; cuando fracasan, se buscan explicaciones imposibles para no cuestionar el mito. La realidad, sin embargo, suele ser bastante más sencilla. <strong>Las estrellas también fallan</strong>. Los grandes figurones yerran penaltis decisivos, atraviesan momentos de escasa inspiración, se ven anuladas por el planteamiento del rival o simplemente tienen un mal día. Son magníficos futbolistas, pero siguen siendo personas. El exceso de expectativas termina convirtiéndose muchas veces en una pesada carga para ellos, empequeñeciendo al mismo tiempo el mérito de sus compañeros, cuyo trabajo silencioso hace posible que el talento individual pueda florecer.</p>
<p style="text-align: left;">Entiendo que el verdadero espectáculo del fútbol nace del esfuerzo compartido, del conjunto entero, de la solidaridad defensiva, del sacrificio de quien corre sin balón, de la inteligencia táctica, de la estrategia bien ejecutada y del convencimiento colectivo (¡Ojalá!) de que un equipo siempre puede superar a otro con mayor presupuesto o mayor número de figuras. Ahí reside la emoción que mantiene vivo este deporte y que permite que se puedan desafiar a los gigantes sin complejos. No se trata de restar importancia a quienes poseen un talento excepcional. Sería injusto. Su calidad inclina muchas veces la balanza y explica por qué los grandes clubes invierten cifras multimillonarias en incorporarlos. Son artistas del balón y constituyen un espectáculo por sí mismos; pero tampoco conviene convertirlos en semidioses cuya sola presencia parece garantizar los títulos. La historia del fútbol demuestra exactamente lo contrario.</p>
<p style="text-align: left;">El firmamento está lleno de estrellas. Algunas brillan con una intensidad extraordinaria; otras comienzan a apagarse mientras nuevas luces aparecen en el horizonte. También existe el polvo de estrellas, ese rastro luminoso que permanece cuando el resplandor inicial ha perdido fuerza. Así ocurre en el fútbol. Las generaciones se suceden, los ídolos cambian y los nombres que ayer parecían eternos terminan cediendo el protagonismo a otros de nuevo cuño. <strong>Quizá la mejor medicina sea la moderación. Ni el elogio desmedido ni la condena precipitada.</strong> Ni la vanagloria tras una victoria ni la frustración absoluta después de una derrota. El fútbol, como la vida, está hecho de ciclos, de incertidumbres y de constantes renovaciones. La belleza de este deporte consiste precisamente en que siempre deja espacio para la sorpresa.</p>
<p style="text-align: left;">En un tiempo dominado por el dinero, los intereses comerciales y la poderosa influencia de los medios de comunicación, conviene recordar que ninguna estrella, por brillante que sea, juega sola (así lo decía Di Stefano: <em>yo nunca jugué solo</em>). El balón sigue perteneciendo al equipo, y el equipo, cuando funciona como con auténtica marcha coral, es capaz de eclipsar incluso al astro más resplandeciente. España lo ha hecho. A fin de cuentas, también en el universo del fútbol el brillo más intenso acaba encontrando su medida. Hasta las estrellas más admiradas, después de iluminar generaciones enteras, terminan formando parte de ese inmenso y fascinante polvo de estrellas futboleras que deja la historia.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://www.hoyaldia.com/polvo-de-estrellas-futboleras/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El gran salto</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/el-gran-salto/</link>
		<comments>https://www.hoyaldia.com/el-gran-salto/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 03 Jul 2026 06:59:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://www.hoyaldia.com/?p=95572</guid>
		<description><![CDATA[&#160; La sabia naturaleza nos da siempre lecciones.&#160;Desde lo más próximo y doméstico de nuestra particular biología, a lo más emocional de otros seres de ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="675" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2025/11/nido.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Nido en la Cruz de la Unidad" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">La sabia naturaleza nos da siempre lecciones.&nbsp;Desde lo más próximo y doméstico de nuestra particular biología, a lo más emocional de otros seres de nuestro entorno en los que apenas reparamos. El gran salto de las cigüeñas me parece un espectáculo conmovedor. Cada día, desde hace semanas, contemplo el nido que corona la Cruz de la Unidad de Pozoblanco (y de otros del contorno). Sobre este elevado y emblemático lugar de la ciudad, tres jóvenes cigüeñas vienen creciendo en vida, casi darnos cuenta, a pesar del volumen <em>in crecendo</em>. Donde antes solo había pequeños polluelos indefensos, hoy se enaltecen tres aves casi adultas que baten las alas con insistencia, ensayando una y otra vez un gesto que no responde al capricho, sino al instinto más perfecto. La naturaleza nunca improvisa. Todo tiene su tiempo, su orden y sentido. Ahora aprenden con aleteos precarios e inconsistentes, pero dentro de muy pocos días llegará el instante decisivo. Desde el borde del nido, muy bien calibrado en no pocas jornadas, una cría abrirá las alas y se lanzará al vacío. A nosotros nos parecerá un salto lleno de incertidumbre; para la cigüeña será, sencillamente, el momento para el que lleva preparándose desde que vino al mundo. Durante unos segundos perderá altura, encontrará el aire bajo sus alas y comenzará a volar. Con el saber infinito del instinto en sus alas. Ese será su gran salto. El que la separa definitivamente de la infancia y la introduce en la vida. Quizá por eso nos emociona tanto contemplarlo. Ese salto que todos hemos tenido que dar alguna vez en la vida, sobrepasando el vértigo del abandono del hogar, de nuestro primer refugio conocido, para descubrir que la auténtica existencia solo avanza cuando nos atrevemos a desplegar las alas.</p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Las cigüeñas nos enseñan mucho más de lo que imaginamos. Nos muestran el valor de la paciencia mientras construyen, rama a rama, un nido que utilizarán durante años. Nos definen con mucha precisión el compromiso de unos padres que comparten la incubación, buscan alimento sin descanso y protegen a sus crías hasta que estas pueden valerse por sí mismas. Nos enseñan también que educar consiste precisamente en preparar para la independencia. Los padres seguirán acompañando a sus hijos durante algunos días después del primer vuelo, pero llegará un momento en que las jóvenes crías emprenderán su propio camino. No volverán a ocupar el nido donde nacieron. Pasarán varios años antes de formar una familia y buscarán un lugar donde levantar su propia casa. Mientras tanto, serán viajeros del cielo, seguirán un rumbo que nadie les ha explicado y que, sin embargo, conocen con una precisión admirable. Tal vez ahí resida una de las mayores lecciones de la naturaleza: todo fluye sin estridencias. Los acontecimientos más trascendentales ocurren casi en silencio. La vida cambia de etapa mientras nosotros pasamos deprisa por la calle, consultamos el móvil o pensando en las preocupaciones del día. Sin embargo, sobre nuestras cabezas, la naturaleza continúa escribiendo su historia con una serenidad que conmueve. </span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Las cigüeñas forman parte del paisaje sentimental de Pozoblanco. Han acompañado la vida de varias generaciones y, de alguna manera, también forman parte de nuestra memoria. Resultan un hito en nuestro calendario vital. Cada primavera regresan los adultos al viejo nido, como quien vuelve al hogar después de un largo viaje, reanudando un ciclo que parece eterno. Nuestra mirada parece escrutadora, pero quizá sean ellas quienes nos recuerdan, año tras año, que la vida siempre camina en procesos de renovación. En estos tiempos en los que medimos con el impass una pantalla, conviene detenerse unos minutos y levantar la vista. Basta observar los nidos de las aves para comprender que las auténticas esencias siguen estando muy cerca de nosotros. Solo necesitan que les prestemos atención. El gran salto de esas tres jóvenes cigüeñas será mucho más que el comienzo de un vuelo. Es sin duda una hermosa metáfora de la vida, de la confianza, de la libertad y&nbsp; la esperanza. Y quizá también una invitación para que nosotros, al menos por un instante, aprendamos de nuevo a mirar.</span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://www.hoyaldia.com/el-gran-salto/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>En tiempo del calor…, la casa tradicional</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/en-tiempo-del-calor-la-casa-tradicional/</link>
		<comments>https://www.hoyaldia.com/en-tiempo-del-calor-la-casa-tradicional/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 26 Jun 2026 07:12:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://www.hoyaldia.com/?p=95480</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Cuanto le debemos a nuestros mayores&#160;de antaño. En estos días en los que el rigor del verano es acuciante, con los calores del infierno, ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="940" height="570" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/06/casa.png" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="casa" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Cuanto le debemos a nuestros mayores&nbsp;de antaño. En estos días en los que el rigor del verano es acuciante, con los calores del infierno, siempre me acuerdo de la arquitectura tradicional. La casa de Los Pedroches es una de esas reliquias del pasado que ejemplifican como nadie el saber popular.&nbsp; Nunca me han gustado los tópicos, porque aún en sus verdades deforman muchas veces la realidad convirtiéndola en mentira de generalidad. No obstante, en asuntos del calor es casi siempre cierto que en Andalucía las temperaturas frisan siempre las máximas del país, con referencias abultadas de Córdoba con el mercurio escandaloso en alza. Cierto es también que los dislates de la alteración climática, en las últimas décadas, han alterado los periodos estacionales, y durante el año son grandísimos los cambios que se advierten sin necesidad de muchas explicaciones. El estío se alarga sobremanera hasta mantener las terrazas de los bares durante el año casi de forma sempiterna. Con todo ello en clave de certeza, también es verdad que el calor fue siempre en esta tierra durante centurias un elemento definidor del clima. Nuestros antepasados vivieron como nosotros los calores del verano sin indulgencias de climatización, ni aparatos tecnológicos de los tiempos que corren.</p>
<p style="text-align: left;">Tenían, sin embargo, como hemos dicho en muchas ocasiones y puede fácilmente comprobarse, el saber de la tradición y la experiencia como maestra de la vida. Los rigores del calor eran también para ellos grandes, en parangón con los fríos continentales del invierno —que tampoco es flojo en estos lares—, pero alcanzaron a templar unos y otros extremos con el firme entendimiento de los materiales de su hábitat natural. Las casas de nuestros antepasados, que desgraciadamente están despareciendo en su esencia, constituyen un magnífico ejemplo de aprovechamiento de los recursos naturales para solventar las problemáticas climáticas. La utilización del granito y la madera, las tierras frescas y la vegetación natural cumplen como nadie con la encomienda de corregir los dislates de la naturaleza. Más aún, porque a los propios materiales impermeables y de control térmico se suma el grandísimo dispendio de recursos técnicos de carácter arquitectónico y habilidosas soluciones constructivas. En términos domésticos de gran simpleza siempre recordamos dichos y hechos graciosos sobre estilos de vida para el invierno y el verano (con aquello de bota, baraja y brasero ante el frío; o parra, pozo y botijo para el verano), pero realmente resultan sorprendentes las soluciones arquitectónicas, estructurales y morfológicas de las casas de nuestros mayores. Claro que el pozo del patio era una exigencia insoslayable en cualquiera casa que se preciara, con el subsiguiente aditamento de la vegetación y la tierra del huerto, pero de mayor enjundia es la composición de los habitáculos interiores, con la vereda central con accesos en los extremos para convertirse en un corredor de corriente fresca en verano, fluyendo el fresco del huerto hacia el interior como regulador de temperatura.&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">De superior importancia es asimismo la cámara superior que, si ciertamente cumple con una función esencial de guarda y custodia de aperos y productos del campo (trigo, melones y sandías…), no menos cierto es que en términos de climatización responde a la función crucial de aislamiento de la parte inferior vividera, impidiendo los rigores del frío invernizo y el acuciante calor de verano. Tampoco resulta en absoluto soez la disposición opaca interior de la vivienda, completamente cerrada en los flancos, que tanto se ha criticado a lo largo de la Historia, y que sin embargo tiene justificación funcional en esto de los calores y los fríos, más allá de pérdida de luces centrales. Todas ellas son soluciones de nuestros antepasados para corregir el calor y regular los espacios vivideros de casa. De sus virtudes no es necesario prodigar medias mentiras o regalías de ficción sobre las capacidades de las viviendas para soportar el tempero. Las verdades se acreditaban entonces, y se siguen verificando ahora, con la simple vida en una de estas casas tradicionales que <em>de facto</em> te enseñan que nuestros antepasados entendieron bien que hace calor, mucho calor, y que la casa es el mejor instrumento de nuestro habitar con elementos y formas reguladoras de carácter natural. Tanto la parra del patio con el pozo y el botijo como el interior permiten no solamente vivir en sintonía con la naturaleza, sino disfrutar de la siesta y de la noche, de la comida y del descanso antes de la jornada de trabajo. No hacemos proselitismo del pasado ni de la tradición más rancia, que en aspectos negativos era también maestra, pero sí que cabe rendir un homenaje sentido con brete de distinción entre el pasado y el presente.&nbsp; La casa tradicional rubrica con primor la calidad de vida ante el soporífero pugilato del verano.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://www.hoyaldia.com/en-tiempo-del-calor-la-casa-tradicional/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La Sagrada Familia de Gaudí</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/la-sagrada-familia-de-gaudi/</link>
		<comments>https://www.hoyaldia.com/la-sagrada-familia-de-gaudi/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 15 Jun 2026 07:16:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://www.hoyaldia.com/?p=95313</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Entre las maravillas universales del arte&#160;hay, incluso, estridencias geniales de belleza. La Sagrada Familia de don Antonio Gaudí (1852-1926) no precisa, siquiera, de los ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1130" height="940" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/06/sagradafamilia.png" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Interior de la Sagrada Familia" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Entre las maravillas universales del arte&nbsp;hay, incluso, estridencias geniales de belleza. La Sagrada Familia de don Antonio Gaudí (1852-1926) no precisa, siquiera, de los impulsos mediáticos de manto blanco. Se trata de una obra tan gigantesca en factura, a todos los niveles (material y espiritual), que sobrecoge el espíritu humano como muy pocas obras lo hacen. Ciertamente la visita del pontífice León XIV, con todos los <em>máss media</em>en liza, la convierten puntualmente en protagonismo de excepción, pero posee el templo en sí mismo tal potencia — en cualquier momento— que obnubila cualquier otra perspectiva. La magnificencia de la catedral barcelonesa solamente se entiende desde parámetros álgidos de exclusividad. Cierto es que responde bien a un tiempo y a un estilo (<em>Modernismo</em>), muy bien definido en formas, que le ofrece cauces en los planteamientos estéticos de su era (fines del s. XIX y comienzos del s. XX), pero no es menos verdad que la autenticidad del templo y su expresividad se debe única y exclusivamente al maestro.</p>
<p style="text-align: left;">Toda su obra (<em>La Pedrera, Casa Batlló, Parque Guell, Capricho de Comillas</em>, etc.) destila los efluvios de una mente creativa sin parangón. Una genialidad universal. Un hombre de imaginación desbordante que, sin embargo, recoge como nadie los réditos del arte más señero del emporio artístico occidental. Claro que Gaudí es conocimiento y técnica, genuino sabor de contemporaneidad y mirada profunda de la naturaleza, pero nadie como él ha sabido dar voz propia a sus obras con tanta personalidad: con sentido de unidad y pluralidad; con univocidad y contextualidad. Nadie maneja como él la dialéctica de la luz y los colores, las deslumbrantes bóvedas ni las formas curvilíneas estructurales que sorprenden y emocionan. En ellas está siempre patente la firma del genio en toda su dimensión, porque todo su ideario camina raudo por los senderos de una inteligencia procaz, de una solidez envidiable, de una álgida imaginación y originalidad incontestable. Nadie habla más alto ni más claro de que el arte tiene a veces en el espacio y en el tiempo una voz inimitable, partiendo como decimos de sintaxis claras de estilo y semánticas de historia. Parece mentira como don Antonio Gaudí hace temblar en técnica, emoción y calidad a los mismísimos pilares del arte clásico universal. Bastaría con recordar que el Vaticano — centro por excelencia del orbe cristiano— posee alarde de grandiosidad con el emporio de San Pedro de los mismísimos Buonarroti (cúpula) y Maderno (fachada), genios incontestados de arte universal de los momentos álgidos del Renacimiento y Barroco, pero timbran sus pedestales de distinción con un edificio que se encumbra en el centro religioso de la tierra, que es un <em>As</em> muy&nbsp; grande en la manga; timbran su elocuencia artística con estilos de marchamo universal y prosapia clásica, que llevan en su seno la savia de la verdad del Arte, que forjaron los hombres de la Antigüedad; y San Pedro representa las magnificencias de dos&nbsp; genios (y muchos más) irrepetibles de la Historia.</p>
<p style="text-align: left;">Con todo ese acopio (sirva de ejemplo), sin embargo, la Sagrada Familia no se achica ni ante el coloso de Roma ni ante las otras maravillas del mundo (pirámides…). Gaudí alza la voz de un genio en unas piedras que se disciplinan con humildad a su espíritu religioso; porque el maestro es también un hombre de creencias. La maravillosa dialéctica de las piedras y sus formas caprichosas rompen como nadie los esquemas del espacio y del tiempo, del estilo y de los magnates de su era. Nada extraña que el edificio esté siempre lleno de visitantes del mundo con miradas absortas al infinito de las piedras, porque infinita es la diversidad de pórticos, torres y ventanales que no solamente conjuntan en un estilo y en una personalidad creativa, sino que cada una de ellas habla con estridencias dialectales arquitectónicas que abruman por la capacidad técnica del genio: porque asombran los arcos y las columnas, las respuestas técnicas y los diálogos exultantes de belleza en cada uno de los rincones. Pero Gaudí no solamente es técnica, arte, creatividad y naturaleza, es a la vez conjunción de piedra y luz, de medida y evanescencia, de firmeza de un estilo y disparidad de criterios estéticos. La obra es fruto de una idea y un momento, sí, pero desde luego que trasciende el espacio y el tiempo.</p>
<p style="text-align: left;">La longevidad (desde 1883) en su conclusión definitiva tal vez sirva en tono de curiosidad para aplacar el ideal de perfección en que se estima la obra, pero realmente es fruto de una vida —la del maestro— que entendió el culmen del arte con una personalidad propia y definida. La visita del pontífice para la bendición del templo —en su disparidad de emociones contenidas en el visionado— puede servir también para calibrar cómo una catedral centenaria responde con majestuosidad —contemporizando como nadie— a todas las exigencias técnicas de los tiempos modernos, de la imaginería visual (ópticas, enfoques, zooms impresionantes…) y a una mirada universal que contempla el lenguaje de un genio de nuestra Historia. Gaudí define en la Sagrada Familia no solamente con un lenguaje sobrecogedor, sino con un espíritu infinito de eternidad. Porque eso es su obra, a la que difícilmente pueden llegar las palabras burdas de cualquier mortal, que siempre se quedarán alicortas ante la belleza incontestable del maestro.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://www.hoyaldia.com/la-sagrada-familia-de-gaudi/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La Virgen vuelve a La Jara</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/la-virgen-vuelve-a-la-jara/</link>
		<comments>https://www.hoyaldia.com/la-virgen-vuelve-a-la-jara/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 24 May 2026 13:00:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://www.hoyaldia.com/?p=95009</guid>
		<description><![CDATA[&#160; La Virgen de Luna es siempre noticia.&#160;Especialmente notoria, incluso, cuando no lo es en un mundo de ruidos álgidos de otras muchas naturalezas. No ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="800" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/05/virgendeluna_llevada.jpeg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Virgen de Luna, romería de llevada de Pozoblanco" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">La Virgen de Luna es siempre noticia.&nbsp;Especialmente notoria, incluso, cuando no lo es en un mundo de ruidos álgidos de otras muchas naturalezas. No hablamos de esencias religiosas, aunque las haya, en muchas personas. Nos referimos a la intensidad con que sigue viviéndose una imagen que —como hemos indicado muchas veces— es un baluarte de Historia, tradición y fiesta. En los tiempos que corren de complejidades sociopolíticas, guerras y enfermedades (epidemias sonoras…), que absorben diariamente nuestras vidas en tráfago de inquietud, llama sin embargo la atención cómo los rituales y liturgias se mantienen y reviven con fuerte poso de aquiescencia, que no es nada fácil de comprender en sociedades tan descarnadas de principios y valores.</p>
<p style="text-align: left;">Tal vez sea precisamente eso lo que permite que una tradición centenaria de quinientos años siga rauda por sus fueros. En momentos desconcertantes en orientaciones claras de los pueblos y civilizaciones, la cotidianidad y la tradición rezuman con olores fuertes de incienso; muchas veces se ha dicho que no hay nada en la vida como la bendita rutina, que nos abstrae diariamente y nos protege de las arritmias y alharacas, de los atronadores sobresaltos sobre esto y lo otro, los altibajos y requiebros de las novedades buenas o las desesperaciones. Lo normal y lo cotidiano nos tranquiliza. En este mismo tono funcionan las prebendas de la historia —salvando las distancias, claro, de fondo conceptual (religioso, o de otra naturaleza)—, las tradiciones marianas que desde la Edad Media sentencian normalidad en ritos y liturgias, que con mucho aparato tal vez nos conmuevan y exalten el espíritu, pero en el fondo constituyen reiteraciones que se asumen con agrado. La Virgen de Luna guarda en sus elementos simbólicos (imagen, traídas y llevadas, ermita…) una trascendencia conocida e intensa, en defensa del territorio y la subsistencia (las yerbas y aprovechamientos, defensa…, etc.), pero en lo más doméstico representa una cotidianidad que tranquiliza y deleita. No simplemente por la fiesta y algarabía que arrastra, que también, sino porque está completamente imbricada en la celebración de la vida, del tráfago de la naturaleza, del brotar de las plantas y de revivir el camino.</p>
<p style="text-align: left;">No es la Iglesia, ni las celebraciones que realiza, ingenua en el asiento de valores humanos en el tiempo y en el espacio. &nbsp;La Virgen será más o menos visitada (y rezada) diariamente, pero en las fechas claves de su calendario cíclico es arropada por las multitudes que saben que, desde sus ancestros, se celebran estos hitos con halos de normalidad y advertencia de los ritmos naturales. Llama no obstante la atención, decimos, la intensificación y amplificación de ritos entorno a la imagen, la vivificación profunda de todas las liturgias (con reforzamientos) y la generalización con que se hace. En nuestros contextos (sociales, económicos…) se entiende bastante desde parámetros de identidad, que estuvieron siempre presentes, pero que actualmente se actualizan y reavivan con fruición, porque las sociedades tan díscolas en las que vivimos, con truculencia de contrapuntos culturales, precisa reforzar nexos de unión entre la comunidad; requiere vínculos de tradición y referencias asentadas. Y todo eso lo ofrece la Virgen de Luna con un espectro magnífico de ingredientes. Parece mentira como todos los elementos del ritual tradicional se avienen en remozo de modernidad.</p>
<p style="text-align: left;">Nos referimos al reforzamiento de las cofradías, con el rigor y amplitud de los desfiles, procesiones a las parroquias, liturgias simbólicas, vestimentas, cánticos, etc., así como la remodelación precisa de incorporación de féminas en el tenor de los tiempos en validación de cuestiones de género, como no puede ser de otra manera. Revitalización festera en parámetros sociales, de tradición familiar, reencuentros, disfrute y renovación anual de una tradición que es asazmente civil, y laica para infinidad de personas. También se actualizan con vigor, —queda visto en el presente año— el fervor religioso y clerical de una imagen a la que se le sigue dotando de mayores rangos en el espectro católico de carácter simbólico, como la reciente coronación que ha concitado al orbe creyente de la Virgen, con ensalzamiento canónico que complementa las intitulaciones de alcaldesa perpetua y patrona de las villas que le rinden devoción. Se trata pues de un remozamiento de la tradición con revestimiento de actualidad que permite conjugar lo de antes con lo de ahora sin quebrantamiento alguno, sin rupturas graves de pensamientos, ideologías, contextos económicos o coyunturas álgidas de las nuevas civilizaciones. La Virgen sigue, decimos, por los fueros de la tradición y la Historia. Pozoblanco y comarca se mueven de nuevo por las sendas verdes de la dehesa, disfrutando de olores, sabores y colores de la Jara; promoviendo alardes de convivencia y fiesta grande, revistiendo el acto con loores de solemnidad y liturgia. La Virgen de Luna sigue siendo marchamo de cotidianidad y magnificencia, con traídas y llevadas, aún en sus ingredientes de mayor lustre y relumbrón.&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://www.hoyaldia.com/la-virgen-vuelve-a-la-jara/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Juana Castro. La poetisa de Los Pedroches</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/juana-castro-la-poetisa-de-los-pedroches/</link>
		<comments>https://www.hoyaldia.com/juana-castro-la-poetisa-de-los-pedroches/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 28 Apr 2026 05:30:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Juana Castro]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Los Pedroches]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://www.hoyaldia.com/?p=94575</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Es la gran desconocida. No hablo del nombre ni de la aparición mediática en los círculos del ámbito literario cordobés, o las referencias al ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="670" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/04/juana_castro_.jpeg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Juana Castro en su última presentación celebrada en Villanueva de Córdoba. Foto: Ayuntamiento de Villanueva de Córdoba" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Es la gran desconocida. No hablo del nombre ni de la aparición mediática en los círculos del ámbito literario cordobés, o las referencias al uso entre las plumas de la lírica comarcal o provincial. Me refiero a la autora y la obra que la reconoce, en círculos más elevados, como una poeta de referencia literaria. Las palabras mayores que tildan a esta jarota de nacimiento en el espectro de la Literatura nacional, con galardones de empaque y profundidad en sus escritos, <strong>esas, solamente se conocen y comprenden bien por quienes han leído (no mecánicamente), comprendido y disfrutado su obra.</strong> Que, por cierto, tiene reciente obra completa (tal vez) publicada desde hace meses.</p>
<p style="text-align: left;">No creo sinceramente, sin embargo, <strong>que la mayoría de los pedrocheños conozcamos bien, ni siquiera medianamente, la significación de una autora que alcanza cotas altas de reconocimiento</strong>. Juana Castro posee una trayectoria larga, pues su avidez intelectual y su afán por escribir deviene desde bien pequeña, con gusto sin mayor encomienda, por necesidad —como ella dice— con urdimbres de oficio y pasión encendida que derrocha en lo más hondo. Son mimbres a considerar, sin duda, pero creo que los timbres más notorios de su voz poética se encuentran en otros pilares, lejos de esas varetas que contienen los ingredientes de muchos escritores que pululan en el orbe de la farándula literaria.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Juana Castro tiene una personalidad muy definida</strong>; tiene una mirada muy particular; posee un trasfondo conceptual en su relato que la hace distinta y sobresaliente con vigor. A esta escritora no se la puede mirar simplemente desde la rimbombancia sonora de altavoces que la engrandecen, hace falta acercarse a ella con mucho sigilo y tiempo, destripando sus versos y su vida, y mirando con pausa el discurrir de las aguas de su caudal lírico. No es poetisa de aparato, ni de proyección fácil; ni es de verso sonoro ni de ruidos insulsos, porque su quehacer se mueve más en las entrañas de lo profundo, a lo que hay que llegar conociendo bastante de su alma, de su formación y de las motivaciones que la mueven. Desde luego que no es –ni creo que haya querido ser nunca– escritora de relumbrón y veladura de etiqueta insustancial. Sus escritos están en la aureola de lo más personal y sintético de la cultura profunda que posee. Sin duda tiene alma de pueblo, corazón agrietado y mirada profunda de los ancestros más acicalados de la cultura clásica. <strong>Pero ante todo es lectora consumada, conocedora al dedillo de los grandes (Lorca, Machado, Hernández, Góngora y Quevedo, Aleixandre…), y a los cordobeses de relumbrón (García Baena, Núñez&#8230;).</strong> Su letra acicalada traduce la madre naturaleza en la bonanza silvestre y en la belleza embargante.</p>
<p style="text-align: left;">Los viejos parámetros tradicionales de la tierra de Los Pedroches, vividos en las fauces de las entrañas, los tienen metidos en las entrañas: el trabajo y la vida de subsistencia, el dolor y sufrimiento a ultranza. Con especialísimo aprecio y avalúo de la mujer, que se convierte en sus versos en un eje sustancial de su obra. No ahora, en las últimas décadas, cuando templan las aguas de la igualdad en la prédica. <strong>Castro es mucho más temprana en su decir y sentir.</strong> El dolor lo lleva en sus venas, porque sus registros literarios que ama son sentenciosos (Santa Teresa, Sor Juana Inés, Safo…). Las puertas poéticas a las profundidades las abre pronto (Cóncava mujer, 1978), marcando el camino intenso de inquietud por la mujer (<em>Del dolor y las ala</em>, 1982; <em>Paranoia de otoño,</em> 1984; <em>Narcisia,</em> 1986…) como objeto de trabajo y de pasión (no solamente en la poesía, en la política y en la vida). Haciéndolo, desde luego, desde una mirada introspectiva que la nutre. Es una mujer que escribe y vive como mujer; la mujer que se alza con brotes creativos con una interpretación propia a partir de su propia experiencia. No cabe duda que el discurso poético de Castro se mueve en coordenadas de renovación temática, sentimental, y posicionamiento interno.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">En las venas tiene también la autora el afán de la Cultura, la necesidad de saber y entender el mundo, derrochando capacidad de análisis lírico. Es maestra de oficio, pero también de la vida. Sus poemas trascriben <em>a pies juntillas</em> hondos saberes de mujer culta. No son supercherías de artificio. <strong>No son fuegos literarios ni alharacas de bombo y platillo. Los estudios de avezados especialistas resultan elocuentes de la altura poética e intelectual de la jarota</strong>. Su tráfago literario es inmenso, e innombrables sus afanes y quehaceres con grupos literarios (Zubia, Cántico…), con colegas de la pluma e inquietudes de su era. Sin embargo, su mirada elevada y particular es muy personal, contra lo establecido y normatizado, yendo más allá de la tradición. La creación literaria de Castro despliega un trépano intenso y original. Los temas que toca son hondos y complejos (patriarcado; la mirada interna como mujer…), porque hace una mirada al pasado, a la tradición y la familia (el matriarcado, la mujer, la madre…), a la genealogía femenina con la que establece un diálogo, la educación, etc. Con potencia conceptual y lírica, espeleológica, trajina en el origen mítico femenino (<em>Narcisia,</em> 1986) para surcar ideales de libertad haciendo su propio relato de la maternidad. No es fácil encontrar poetas de tanta enjundia en la búsqueda de las inquietudes internas.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">De principio a fin deja Juana de Castro un halo de profundidad brillante, del espacio y del tiempo en lo más hondo, del espíritu fosilizado que nos abre los ojos, como culmina en <em>Antes que el tiempo fuera</em> (2018). En fin, <strong>cuarenta años de literatura <em>castrense</em> que debemos de conocer y leer con ahínco,</strong> <strong>porque muy pocas veces se escuchan voces tan autorizadas en el campo de la literatura de una mujer de Los Pedroches.</strong></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://www.hoyaldia.com/juana-castro-la-poetisa-de-los-pedroches/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Tesoros librarios. El baúl del conocimiento</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/tesoros-librarios-el-baul-del-conocimiento/</link>
		<comments>https://www.hoyaldia.com/tesoros-librarios-el-baul-del-conocimiento/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 23 Apr 2026 05:30:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://www.hoyaldia.com/?p=94466</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Voces altisonantes pueden sonar, quizás,&#160;ante un título que contraviene en la actualidad la inercia de los tiempos. Contiene, sin embargo, la mayor verdad. La ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="794" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2022/05/libros.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="libros" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Voces altisonantes pueden sonar, quizás,&nbsp;ante un título que contraviene en la actualidad la inercia de los tiempos. Contiene, sin embargo, la mayor verdad. La vorágine tecnológica de la IA nos arrebata, de forma inmisericorde, las esencias más humanas en la anchurosa senda del trabajo mecánico y de la actividad intelectual. Es un hecho<strong>. Cada día apreciamos de forma contundente la sustitución progresiva de tareas y actividades mentales timbradas de cualificación y eficiencia, que sorprenden no solamente por la perfección que poseen, sino porque son simplemente la punta del iceberg de un mundo cada vez más supeditado a las máquinas</strong>. En esta tesitura, caben sin duda reflexiones profundas, análisis intelectuales y debates éticos. Caben planteamientos de rigor entre los horizontes lejanos que nos esperan y los límites imprescindibles que acoten las parcelas existenciales de nuestras vidas.&nbsp; Sobre todo ello emerge una realidad que en absoluto debe olvidarse, de la que tantas veces hemos hablado. La mayor riqueza del ser humano, con esencias grandes diferenciativas de otros seres, son los repositorios culturales en todos los espectros, desde los anchurosos campos del conocimiento científico (en todas las ramas), a la técnica, las artes o las letras. Y ese bagaje, sobra decirlo, está en los libros.</p>
<p style="text-align: left;">Ellos constituyen el mencionado baúl de nuestro conocimiento humano<strong>. La desorbita vorágine de las memorias electrónicas que hoy disfrutamos, como decimos, nos engaña con facilidad: porque son voluminosas y rápidas; porque cada vez son más analíticas y resolutivas en formulaciones creativas</strong>. Sin embargo, aún teniendo los mayores resortes de la memoria humana, les falta un punto grande para superarnos. Son respuestas artificiales. Evidentemente son bagajes impresionantes, y nuestra inteligencia juega precisamente de forma natural con ese factor tan esencial que es la memoria, pero también con otros muchos que se les escapan a las máquinas. La reflexión viene a cuento en un día tan esencial como es la celebración del día del libro. Para su enaltecimiento bastaría con recordar las gigantescas obras que se esconden en nuestras bibliotecas nacionales, que recogen el legado más grande de un colectivo humano en más de treinta mil años de intelectualidad. Cualquier visita a estas instituciones sobrecoge por volúmenes y antigüedad —desde los comienzos de la Historia propiamente dicha, que precisamente la recreamos con estos fondos—, pero muy especialmente por la autenticidad de las obras. Los rollos del Mar Muerto (de hace más de cuatro mil años), los códices y papiros egipcios, la Biblia o la Torá, el I Ching chino, o las palabras de César, Dioscórides, Erasmo o Eistein constituyen voces tan irrepetibles que expresan, con altisonancia, las verdades más acuciantes de los libros y su auténtico valor. <strong>Las nuevas inteligencias artificiales hablan alto y claro de su potencial compendiador, de algoritmos hábiles de construcción mental sobre pilares de pasado</strong>…, e incluso de creatividad endógena, pero no son espontáneas ni pueden ser nunca voces propias, únicas. Bien distinto es el caudal humano de los libros de magisterio universal. Las palabras únicas y personales de Homero, Dante o Cervantes que tienen el crédito existencial de cientos años. En ellos podemos escuchar no solamente nuestra inteligencia más prolífica en pensamientos propios y genuinos, sino las voces más personales, creativas, únicas e irrepetibles de nuestros ancestros.</p>
<p style="text-align: left;">La IA nos da todo lo que queremos sobre lo existente, confabulado en artificios algorítmicos de combinaciones millonarias, pero le faltará siempre la autenticidad humana (aunque parezca paradójico); réplicas y parecidos sí, anchurosos despliegues de lo ya dicho también. Pero voces genuinas y auténticas timbradas de innovación espontánea no. Tal es el valor de nuestros libros y bibliotecas.<strong> Tal es el privilegio de acercarnos a lo mayor y más grande del ser humano, pudiendo leer las palabras y los susurros de los hombres y mujeres de la Historia que hablaron con voz propia, con pensamiento único, con sentimiento genuino</strong>. Tal vez no dijeran mucho, pero lo dijeron bien y sentenciaron con principios humanos. Las voces únicas, las palabras sabias y personales, los pensamientos auténticos son los que recogen los libros. Nada más humano que nuestras obras personales escritas, que recogen nuestros pensamientos y sentimientos, lo más auténtico y genuino de nuestro ser.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://www.hoyaldia.com/tesoros-librarios-el-baul-del-conocimiento/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El Prado en femenino</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/el-prado-en-femenino/</link>
		<comments>https://www.hoyaldia.com/el-prado-en-femenino/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 08 Mar 2026 06:30:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://www.hoyaldia.com/?p=93570</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Entre los eventos anuales de relumbrón, que&#160;en el presente año son pródigos de naturaleza varia (Galdós, Falla, Josefina Aldecoa…), destaca a nuestro parecer una ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="811" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/03/cuadro.png" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="cuadro" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Entre los eventos anuales de relumbrón, que&nbsp;en el presente año son pródigos de naturaleza varia (Galdós, Falla, Josefina Aldecoa…), destaca a nuestro parecer una actividad en el espectro patrimonial del Arte. Nos referimos a la edición de <i>El Prado en femenino</i> (III, 24-5-26), que proyecta como ninguna no solamente un legado pictórico y escultórico extraordinario, sino una vertiente de género descollante. Una exposición sobrecogedora que puede visitarse hasta mayo de 2026, siguiendo la estela de las ediciones anteriores (desde 2022). La protagonista es una mujer de excepción en todos los sentidos: Isabel de Farnesio (1692-1766), segunda esposa de Felipe V (primer Borbón en España; desde 1714), brillante coleccionista y amante singularísima de la Cultura.</p>
<p style="text-align: left;">Las más de 45 obras expuestas (sobre las quinientas piezas del museo procedentes de las colecciones reales, del millar del acopio de su mano) resultan elocuentes no solamente de su imponente patronazgo artístico e inclinación al coleccionismo, sino del poder político y económico desbordante. Más aún, porque con esos mimbres, que los tuvieron otras féminas de la realeza (algunas también muy destacadas, como María Isabel de Braganza), no se construye un patrimonio tan extraordinario. Isabel de Farnesio fue la primera reina italiana de la monarquía española, pero en su haber se encontraba una formación y cultura excepcionales (con una biblioteca de 8.000 volúmenes); un carácter avasallador, de todos conocido en la vertiente política y de la gobernanza (por la melancolía del rey), que tildaba igualmente sus avatares del ámbito de las artes. Pero especialmente notorio es su dinamismo cultural, azuzado por su inquietud, moviéndose como pez en el agua entre los mejores marchantes de Europa, muy especialmente en los núcleos álgidos del espectro italiano (incontestable siempre) y el consolidado mercado del norte (Países Bajos), donde el imperio flamenco despunta con rotundidad.</p>
<p style="text-align: left;">La Farnesio, por tantos denostada en lides de mando y autoridad, de rompe y rasga, tuvo a sus pies no solo una impresionante red de mercaderes de postín, sino que contó con la herencia, compras sin medida y con los referentes y colecciones de otras imponentes mentoras de no poca rivalidad (Cristina de Suecia, M. Teresa de Austria, Catalina la Grande, etc.). Las bondades de una colección sobrecogedora, acopiada con tiento, sapiencia y economía, nos dejan un legado que va mucho más allá de los gustos personales. La gigantesca colección recopila, sin mengua alguna de diversidad en genialidad y calidades, obras de los gigantes del arte Renacentista y Barroco (Rubens, Reni…); los pinceles extraordinarios de Brueghel, Veronés, Tintoretto, Van Dyck…; las excelsas obras de los españoles más portentosos (Ribera, Velázquez…) de nuestra cultura pictórica, con predilección admirable del genial Murillo (por su estancia en Sevilla). Isabel fue siempre ambiciosa en calidades, en finura y elegancia, requiriendo las obras más notorias del panorama europeo. Hoy día, las obras del Prado conforman la mejor escuela de aprendizaje del Arte de la Modernidad. Los pintores y obras de mayor calidad tuvieron siempre garantizado un puesto en las expectativas de la Reina. Sin embargo, más allá del imponente depósito de obras y calidades, la perspectiva de la reciente exposición, y de las anteriores, no es otra que proyectar las aspiraciones culturales de una mujer (también de otras mujeres, en otras ediciones).</p>
<p style="text-align: left;">Farnesio tenía posibles para acumular obras (pinturas, más de 400 esculturas, dibujos…) que en la exposición son de singular valor, pero resulta innegable que también contaba con una mirada muy particular. Porque ella es excepcional. Es una reina poderosa, italiana, culta y de horizontes anchurosos en todos los espectros de su existencia. Evidentemente, su colección proyecta su forma de entender la vida, la política y la sociedad, el arte y la cultura. Su dominio político excepcional, en <i>loores </i>de esposa y gobernadora en ciernes, puede verse con rotundidad en sus cuadros: sus imponentes retratos personales son bien expresivos de cómo ella entiende la fuerza, la política y la feminidad; los intereses hacia unos u otros pintores resultan elocuentes en su selección, de una mujer muy formada; y la variedad de temáticas por las que se inclina denotan con claridad sus intereses personales. La colección de la portentosa reina italiana —cuya naturaleza es por sí sola una carta de ejecutoria del Arte— es en su conjunto una obra maestra para el deleite de los amantes de la pintura. Es una magnífica oportunidad para disfrutar a lo grande, para conocer maestros y tendencias plurales; para escudriñar contextos políticos y relaciones internacionales; para interpretar la sociedad estamental en sus cuotas de distingo y poder…, y mucho más. El Prado apuesta una vez más, qué decir, definiendo y haciendo visible la contribución de la mujer en el Arte. Sin embargo, la exposición es la síntesis de una persona de notoriedad indiscutible en su contexto histórico; es la sensibilidad y el gusto tan definidos, pero es ante todo la mirada de una mujer. Vale la pena, sin duda, adentrarnos en el espíritu tan selecto de <i>La Parmesana.</i></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://www.hoyaldia.com/el-prado-en-femenino/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>In memoriam de Juan Carbonero</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/in-memoriam-de-juan-carbonero/</link>
		<comments>https://www.hoyaldia.com/in-memoriam-de-juan-carbonero/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 20 Feb 2026 18:44:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://www.hoyaldia.com/?p=93302</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Nos ha dejado un hombre bueno. Un hombre sencillo y cariñoso, un referente humano y social. Hay hombres cuya vida discurre sin estridencias, pero ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1590" height="1021" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/02/635d2be4-484a-4893-b145-c57f7d9e561d1.jpeg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="635d2be4-484a-4893-b145-c57f7d9e561d" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Nos ha dejado un hombre bueno. Un hombre sencillo y cariñoso, un referente humano y social. Hay hombres cuya vida discurre sin estridencias, pero cuya huella permanece indeleble en la memoria de sus convecinos. Así fue la de Juan Carbonero, jarote de pro, orgulloso de su tierra natal, pero con firme asentamiento en Pozoblanco, donde sembró durante décadas la semilla fértil de la enseñanza y del ejemplo. Ayer nos dejó un Maestro —con mayúscula— del CEIP Ginés de Sepúlveda (su segunda casa), un magnífico referente como persona, profesional y amigo. Fue, ante todo una grandísima persona y un magnífico docente que entendió el oficio como vocación y servicio. Durante muchos años se entregó con afán, con silencioso empeño, a rescatar a tantos jóvenes de la ignominia del analfabetismo y de la ignorancia. <strong>Maestro de los de antes, de los que enseñaban saberes y valores de vida</strong>; de los que sabían que educar es ante todo mejorar como persona, acompañar a los pequeños, escuchar y orientar en todos los aspectos de nuestra existencia. Sencillo y timbrado de cierta timidez, callado y de reflexión en liza, pero siempre aquiescente, atento y dispuesto a tender la mano y a sumar. Con la sonrisa sempiterna en la boca, de hombre bonachón.</p>
<p style="text-align: left;">Juan formó junto a su inseparable Mané —también querida persona y maestra— un matrimonio ejemplar, de esos que dignifican la palabra, la obra y el amor de vida. Unidos en la existencia y en la escuela, compartieron desvelos, ilusiones y proyectos. En su hogar han arraigado profundos valores religiosos y humanos que han sabido transmitir a sus hijos —Domingo, Dolores, Pilar y Juan Antonio—, a quienes educaron en la responsabilidad, el respeto y el amor a la familia. Fue un padre ejemplar, discreto en las formas, firme en los principios, generoso siempre en el afecto. Asimismo, en son de aprecio y de trabajo, nuestro vecino amó siempre con hondura la naturaleza. <strong>El encinar de Los Pedroches fue para él más que un paisaje: fue escuela de vida, espacio de disfrute y compromiso de subsistencia</strong>. En sus paseos diarios y en sus sempiternas rutas de senderismo por nuestra tierra halló siempre el placer, el sosiego y la reflexión. Supo inculcar a los suyos (con discípulos aventajados) el respeto por el entorno, la conciencia de pertenecer a una tierra que merece cuidado y gratitud.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">En Juan hay que subrayar, cómo no, la calidad de hombre abierto y dinámico, manteniendo intacta e imperecedera la curiosidad. De inquietud contante. Un seguidor avezado siempre de las motivaciones culturales en impulso irrefrenable de aprendizaje (de todo cuanto se le ponía por delante), en jornadas de la Fundación Ricardo Delgado Vizcaíno, en la Cátedra Intergeneracional, en charlas y conferencias; siempre atento y celoso de cuanto pudiera enriquecerle y a cualquier reivindicación social en beneficio de esta comarca que tanto quiso. Fue ciudadano comprometido, vecino leal, amigo constante. <strong>No son halagos de última hora</strong>. Son verdades que brotan de la vecindad, de la ciudadanía compartida, de la amistad y del compañerismo que tantos podemos rubricar. Juan fue persona complaciente, pacífica, reflexiva y comedida. De trato afable y de palabra prudente, de mirada limpia. En un tiempo necesitado de referentes, él encarna sin aspavientos los valores humanos que quisiéramos ver sembrados en nuestra sociedad. Han querido las Parcas que descanse ya de sus ataduras terrenas. Pero nos deja una herencia imperecedera: una vida colmada de bondad y cariño hacia todos nosotros, de coherencia y servicio, de amistad sincera. Su despedida, tan concurrida y sentida, ha sido la mejor prueba de cuánto se le quiso y respetó. Juan era, sencillamente, un hombre bueno. Y en esa sencillez radica la grandeza de su memoria. Que su ejemplo nos acompañe y que su recuerdo nos haga mejores.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;"><a href="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/02/635d2be4-484a-4893-b145-c57f7d9e561d2.jpeg"><img class="aligncenter size-full wp-image-93309" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/02/635d2be4-484a-4893-b145-c57f7d9e561d2.jpeg" alt="635d2be4-484a-4893-b145-c57f7d9e561d" width="1590" height="1021"></a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://www.hoyaldia.com/in-memoriam-de-juan-carbonero/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Solidaridad en la tragedia</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/solidaridad-en-la-tragedia/</link>
		<comments>https://www.hoyaldia.com/solidaridad-en-la-tragedia/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 26 Jan 2026 11:40:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://www.hoyaldia.com/?p=92865</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Lástima que tengamos solamente las mejores&#160;respuestas humanas en los peores momentos. Ahí es cuando únicamente el ser humano mira con gran angular el mundo, ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1920" height="1060" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/01/accidente_adamuz.jpeg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="aptura de imágenes de la Guardia Civil del accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba) | Fuente: EFE y Guardia Civil" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Lástima que tengamos solamente las mejores&nbsp;respuestas humanas en los peores momentos. Ahí es cuando únicamente el ser humano mira con gran angular el mundo, especialmente a los otros, y recíprocamente a nosotros mismos. La toma de conciencia de los grandes problemas surge en situaciones de penuria, cuando la realidad nos pone entre las cuerdas; cuando la tragedia está teñida de sangre y observamos los flecos sueltos de la vida con verdad descarnada. Sin embargo, en momentos de bienestar aquiescente ignoramos las realidades más rotundas de la otra cara de la moneda. Así es desgraciadamente la vida. La tragedia ferroviaria de Adamuz nos ha puesto de nuevo ante el espejo. El medio centenar de muertos de la pasada tragedia ferroviaria nos dejó a todos temblando, sumidos en el dolor, porque en esas circunstancias es donde realmente apreciamos con justeza la vulnerabilidad humana: porque ni las vidas con mejores mimbres de cualquier naturaleza (económicos, sociales&#8230;, etc.) se libran de las escaramuzas del destino, que actúa sin miramientos. Eso creo que lo comprendemos todos <em>in extremis.</em></p>
<p style="text-align: left;">Por ello la desazón brotó de nuevo cuando quiso el destino desafinar la tranquilidad de un pueblo, de un país y del mundo con un gravísimo episodio de tragedia. En lo más próximo de la catástrofe, Adamuz brotó rauda en ayuda incontenida de auxilio y solidaridad con apoyos personales, materiales y emocionales. De aquella desgraciada afrenta del destino han aflorado héroes mediáticos loables, que no son más que la viva estampa de un Pueblo entero en la misma lid de ayuda. Gracias, claro, por derrochar dignidad a espuertas. Pero como decimos, es lástima que en el quehacer diario y en lo más doméstico de nuestras vidas no seamos capaces de mostrar conductas similares. Resulta penosa la vida diaria en confrontación constante en todos los órdenes, en continuo desaliño en relaciones personales, sociopolíticas, etc., sin atisbo alguno de respeto, auxilio o empatía. Desgraciadamente comprendemos poco que la convivencia diaria exige mayor y mejor mirada hacia los demás, con amparos que ignoramos habitualmente, o denostando a los demás con el peor hacer. Con cuanta firmeza y asiduidad ignoramos los graves desequilibrios económicos existentes, sin atender a razones, mirando hacia nuestros adentros sin conmiseración alguna hacia los demás; con cuanta dejación despreciamos las desigualdades sociales que asiduamente nos acompañan entre vecindades cercanas, países y civilizaciones, considerándolas normales, y no son más que toques de fortuna en el mundo y sitio que nos ha tocado vivir. &nbsp;De muy poco sirve que centenares de emigrantes fallezcan diariamente en el mar, o que la tragedia se cebe con guerras que son supercherías consentidas de los potentados con aquiescencia de todos, sin querer saber (o ignorar descaradamente) las auténticas motivaciones; de nada sirven las hambrunas de una mayoría (Asia, Africa…), o que las enfermedades mortales nada nos conmuevan ni quiten el apetito.</p>
<p style="text-align: left;">Larga es la lista de dictaduras y regímenes autoritarios (de distinto signo e ideología), algunos muy vistosos y recientes, que ni nos inmutan lo más mínimo, a sabiendas que de ellos dependen las economías del mundo, las precariedades de la tierra y la disciplina y obediencia servil de no pocos gobernantes y pueblos. Todos estos capítulos de nuestras vidas están latentes sin vislumbrar siquiera la solidaridad por ninguna parte. Simplemente migajas. La tragedia de Adamuz nos muestra una vez más con el luto y el dolor descarnado, decimos, que nuestras mejores actitudes en determinados momentos son encomiables, y nos timbran de dignidad y respeto, pero desgraciadamente están sembrados de excepcionalidad. En estos momentos aparecen los mayores y mejores gestos de humanidad y condescendencia con los demás, los más elevados sentimientos, evidenciando la vulnerabilidad constante con la que vivimos. Adamuz ha demostrado y grandeza con creces y merece el mayor reconocimiento social. Por nuestra parte queda el dolor, la tristeza y solidaridad con todas las familias, así como la imprescindible ayuda en todos los extremos. En lo más general, resta la reflexión profunda de aplicar en el cuaderno diario de bitácora, de forma habitual, los principios y actitudes más elevadas con todos los que nos rodean en un mundo globalizado. &nbsp;&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://www.hoyaldia.com/solidaridad-en-la-tragedia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
