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	<title>Hoyaldia.com &#124; Actualidad online de la comarca de los pedroches &#187; Miguel Ángel Pérez Pimentel</title>
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	<description>HOYALDIA.COM es un periódico online de la comarca de Los Pedroches</description>
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		<title>Recto y verso &#124; Definitivamente, quizás</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Dec 2025 11:01:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Pérez Pimentel]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="750" height="460" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2025/12/oasis.jpeg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="oasis" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Quizás o quizá, aunque a mí me gusta más la primera, es lo más parecido que hay al <em>ojalá</em> y al subjuntivo. <em>Quizás</em> es la posibilidad de que algo pueda o no ocurrir. Es lo que va en contra de la certeza. Y eso es, al fin, lo que hemos hecho aquí los últimos cinco años: emocionarnos ante lo que puede o pudo ocurrir y plantear más preguntas que respuestas. Lecciones, ningunas; pero, si quieres un consejo, desconfía de quien lo tenga todo demasiado claro.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;"><em>Quizás</em> es intentar descubrir qué es vivir y cómo se ha de vivir para aprovechar la vida, que es de lo que va esto; y con quién hacerlo, ojo: quizás la última vez que te dejaron por otra no fueron malas noticias. No fueron malas noticias. Y esa es la cosa del <em>ojalá</em>, del <em>quizás</em> y del subjuntivo: suspiramos demasiado tiempo por lo que pudo ser sin darnos cuenta de que lo que no ocurrió tras ese quizás, tras esa posibilidad, abrió una realidad nueva que construir. Hay que vivir disfrutando de las posibilidades, de lo que quizás pueda ocurrir y de lo que no.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">En esto del <em>quizás</em> hay otra cosa muy presente en todos estos domingos que nos han traído hasta aquí: el pasado, los recuerdos y la nostalgia bien llevada. Porque lo que ocurrió y cómo lo recordamos quizás no tienen por qué coincidir. Quizás las tardes de verano, achicharradas al sol de julio, tirados en las calles del pueblo, no eran tan idílicas; y sobrevivir dentro de la manada de tu adolescencia, que es lo que hacen los adolescentes, era más complicado de lo que pudiera parecer. Sin embargo, el recuerdo que el río de la memoria ha traído a la orilla en la que estás hoy es mucho más agradable; quizás porque, cuando te haces mayor, la jungla se hace más peligrosa y la mirada que tienes hoy de la juventud lo hace ver todo más sencillo y amable. Y es normal, y no está mal: recordarte feliz te hace feliz.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Pero <em>quizás</em> también es mirar hacia delante, hacia lo bueno que quizás está por venir. Quizás este 2026 sea tu año y dejes de fumar (si yo lo hice, tú puedes) y, después del carnaval, sigas en el gimnasio y te des cuenta de que la primavera, que quizás se adelante, hará florecer el rosal y en Semana Santa por fin te salgan bien las torrijas de la abuela. Quizás este verano el viaje que aún no estás planeando salga perfecto y quizás decidas no publicarlo en Instagram (o sí, porque nunca lo haces). Ya veremos. Y quizás las próximas Navidades no falte nadie a la mesa, o quizás, si ya falta, lo recuerdes con la felicidad que te hacía sentir.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Mi deseo para este 2026 es que el lustro que empieza, y que deja atrás el primer cuarto del siglo XXI, no sea tan oscuro como lo pintan y levantemos la cabeza del teléfono para observar, de manera clara y distinta, el milagro de la vida todos los días.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">El título de esta última columna de <em>Recto y Verso</em> lo he copiado, traducido del inglés, <em>Definitely Maybe</em>, el disco con el que en 1994 debutó una de mis bandas favoritas: Oasis. Cuando salió aquel disco yo estaba a punto de cumplir diez años, y tardé seis más en descubrirlo. Y, claro: lo que descubres con dieciséis… pues qué te voy a contar que tú no sepas. Aunque lo que yo no sabía es que ese disco me iba a acompañar tantos días, tantas tardes y noches de sábado, mientras escribía esta columna. El disco tiene dos temas míticos de la banda, como <em>Supersonic</em> o <em>Live Forever</em> (vivir para siempre). Y, claro, dónde se puede vivir para siempre, pues en la memoria: en recordarnos cuando uno era feliz que es como yo quiero recordar esta etapa.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Estos cinco años han sido un viaje impresionante para mí. Nunca imaginé que esto iba a ser tan bonito ni que iba a llegar a emocionar a tanta gente. Ha sido un verdadero placer y quiero daros las gracias a todos y todas los que me habéis acompañado. Y sí, algo saco en claro de todo esto: que en esta vida, y en nuestro paso por ella, todo es, al fin y definitivamente, quizás.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Miguel Ángel Pérez Pimentel</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">28 de diciembre de 2025, día de los inocentes.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Hinojosa del Duque</p>
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		<title>Recto y verso &#124; Una historia de Navidad</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Dec 2025 09:41:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Pérez Pimentel]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Todo lo que voy a contar aquí, y que es absolutamente cierto, y que por otro lado me parece increíble que ocurriera; pasó en ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="768" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2025/12/iluminacion.jpeg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Iluminación navideña en Hinojosa del Duque. Foto: Ayuntamiento de Hinojosa del Duque" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Todo lo que voy a contar aquí, y que es absolutamente cierto, y que por otro lado me parece increíble que ocurriera; pasó en uno de esos momentos navideños o casi navideños que los que vivimos en los pueblos tenemos la suerte de&nbsp;vivir. Y digo en los pueblos porque aquí nos conocemos todos y todas y la cosa es un poco más larga. Y si no te conocen te preguntan que tú de quién eres, que es lo que me pasó a mí en el comercio de Paco González en Hinojosa.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Hace unos días me planté allí para arreglarle una cuenta que debía en esa casa en la que todavía se fía a la gente del pueblo y para dejarle una papeleta de la lotería de navidad que yo llevo. Esa tienda, que es un autoservicio de barrio de toda la vida donde la gente compra y cuenta lo que se necesite en ese momento y donde se atiende y se conoce a cada cliente y su circunstancia, está habitada por vecinas de las calles aledañas a la <em>portá</em> de Belalcázar justo frente a la Plaza de España de Hinojosa del Duque. Y quizás porque yo no soy del barrio, pero por allí aparezco de vez en cuando, Luisa no me conocía.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Cuando entré en la tienda Luisa, que tiene unos ochenta u ochenta y tantos años y está estupenda y lúcida, estaba sentada en su andador mientras le pedía a Paco langostinos, jamón y otras compras que yo supuse navideñas por las fechas y además conversaba a la vez con otras clientas de su confianza que allí había antes de que yo entrara. Como estaba sentada de cara al mostrador y yo me quedé un poco más atrás porque mi asunto era bastante sencillo y Paco sabía a lo que yo venía (probablemente es una de las cosas que más gusta de ser de pueblo: que la gente sabe a lo que vienes cuando vienes y te da su sitio) al principio no la reconocí. Pero la oí hablar de su marido que ya no está y de su hijo Luis al que yo conozco de sobra y ya no hacía falta más presentación al menos para mí.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Luisa regentó en Hinojosa del Duque junto a su marido Tomás el <em>Bacalao</em> un local mítico o mitiquísimo de Hinojosa en el que se preparaba el mejor bacalao rebozado del mundo cerca de la casa de mis abuelos maternos. Y así entre dimes y diretes con las clientas y con Paco, y yo callado, Luisa giró la cabeza y me preguntó si tenía prisa a lo que le di las gracias y le dije que no. Al rato entre gambas van, caña de lomo viene y Luisa hablando de lo suyo y de los suyos se volvió a girar y me preguntó: ¿niño tú eres del pueblo? A lo que yo le respondí que de toda la vida y que nacido y criado. «Yo es que a la gente la joven ya no os conozco».&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Y fue entonces ocurrió una de las cosas que ocurren en los pueblos y cuando me ha sucedido uno de los momentos más bonitos que voy a tener estas navidades porque en ese momento le dije «pero a mi abuelo Lázaro y a mi abuela Angelita sí los conoces». Y fue justo ahí, en ese instante cuando me sonríe y me dice que no me digas, que qué guasona era tu abuela, que lo era y mucho, y que cómo se reían juntas y como mis abuelos eran unos fijos de su bar y como en carnaval dejaba la cocina y se iba con ella a la Plaza a bailar y hacer corros y se le iluminó la cara y fue un momento muy bonito porque ambos recordamos a los que ya no están en Navidad y con alegría.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Después de quedar claro quién era cada quién en esta historia entró casualmente por la puerta Antonia, que era la panadera que llevaba el pan a mi abuela y que la conocía bien, y también me conoce a mí y conoce a Luisa y le contamos la casualidad. Y allí estuvimos un rato más hablando mientras Paco terminaba de despachar a Luisa y ella se reía con él al cobrarle. Al despedirse Luisa nos felicitó a todos las pascuas y entonces me dijo algo que yo no me esperaba y que es el germen de toda esta historia y que me emocionó mucho y me pareció muy de verdad; dijo: «niño dame un beso, como si fuera tu abuela». Si el espíritu navideño existe tiene que ser algo muy parecido a esto.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Nadie tiene claro cuando empieza la Navidad más allá del día de la lotería. Sin embargo, hay ciertos momentos previos o quizás no son ciertos momentos si no costumbres que nos traen a este momento del año. Y esto lo digo yo que combatí la Navidad con una fiereza terrible durante años hasta que asumí que nada o casi nada tiene que ver con Dios. Pero sin lugar a dudas tiene que ver con nosotros y nosotras los hombres y mujeres que seguimos el legado que nos enseñaron los que vinieron antes que nosotros: ser amable, tener memoria y recordar a los tuyos con alegría como hicimos Luisa y yo el otro día.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Aquí termina esta historia, pero, el año que viene volveré a llevarle a Paco la lotería, porque la Navidad tiene mucho de eso de volver y de hacer costumbre, a ver si me encuentro a Luisa, que ya si me conoce, y nos felicitamos las fiestas y mientras ella compra los langostinos para los suyos y yo dejo la lotería damos por inaugurada nuestra Navidad.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Felices fiestas a todos y todas.&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Recto y verso &#124; Respirar</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Oct 2025 08:12:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Pérez Pimentel]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; Dormir y despertarte y mirar al techo y mirar al reloj: las dos, las tres… Y otra vez que no sabes si va a ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="801" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2025/10/reloj.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="reloj" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Dormir y despertarte y mirar al techo y mirar al reloj: las dos, las tres… Y otra vez que no sabes si va a funcionar. Y pensar que llegas tarde y al final no hacerlo. O no llegar. Dos minutos más y se acaba; y no se acaba nunca. Nunca se acaba. Y los domingos por la mañana a las diez cuando en realidad no tienes nada que hacer. O hacer tiempo. O esperar y estar de resaca. Y parir. Todo esto es lo mismo, pero respirando a ritmos distintos. La vida corre entre suspirar y jadear. &nbsp;Inspirar y expirar. Dolor, pausa, placer. Y llorar o no llorar y aguantar la respiración.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Correr y pensar. Empezar un nuevo trabajo o enfrentarte a la conversación de tu vida: todo empieza respirando profundo para tomar impulso. Todo cambia cuando resoplas y sueltas aire después de tomar la decisión que ya es inaplazable y de la que vienes huyendo hace demasiado tiempo: díselo. Díselo o continua en ello sabiendo que no te quedan fuerzas y que nadie verá nunca jamás el esfuerzo que has hecho de aguantar todo eso sin fuerzas. Nadie, nunca.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Lo peor de respirar es no hacerlo; o no poder hacerlo cuando quieres sino cuando te dejan. Ahogarte o que te ahoguen. A la gente que no te deja respirar quítatela: ellos siguen y tú, tomas aire. Que no se te olvide y hazte un puto favor a ti misma o a ti mismo. No tomarte un respiro o ese respiro que tienes que tomarte cuando tienes que hacerlo. Todo te pasa una factura tan grande que no te das cuenta de los intereses que pagas: años de dudas y terapia; y eso en el mejor de los casos. No le dejes ganar. No te dejes perder.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Hay aires que son distintos y eso es una cosa de la que te das cuenta cuando llenas los pulmones en el pueblo o en la avenida que sea de la ciudad que sea donde tienes la oficina. La cosa juega entre la seguridad y el desencanto. No me paro a explicarlo, pero sabes qué digo. Hay más aire puro en la conversación con un mayor de tu pueblo sentado al fresco que en el aire enrarecido del pub de moda donde tienes que ir a hacerte la moderna los jueves por la tarde; y pagando cervezas a precio de oro. ¿A que sabes lo que digo? ¿Ves? Lo moderno no siempre es lo nuevo ni lo nuevo lo moderno o mejor que lo anterior.&nbsp; A veces sí, pero no siempre, ojo.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Luego están los aires viciados que llevamos respirando demasiado tiempo o casi una vida entera y que nos llenan los pulmones de prejuicios y que nos llevan a otro tiempo o quizás al tiempo del que nunca quisieron moverse. O algunos o algunas no quisieron moverlo. Humo de tabaco viejo que ya pasó y aún huele: tus ex, tus malos amigos casados o tus malas amigas solteras o gente que te pregunta cuando te vas a unir a la nueva moda de turno y sobre todo te preguntan por qué no lo has hecho ya como ellos o como ellas. Tranquilo respira y piensa: ¿qué hace esa gente aquí? Y es que hay gente que no se merece un suspiro y por la que llevamos suspirando media vida. Insisto, no les dejes ganar.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Los seres humanos respiramos de media unas veintitrés mil veces al día (23.000) desde que nacemos. Y es el entorno donde haces este simple gesto día tras día, año tras año, lustro tras lustro y década tras década lo que te hace ser como eres. Y es impresionante y es apabullante. Y emocionante si tienes el detalle de tener claro de que estar vivo y vivir es un lujo que no todo el mundo se puede permitir. Al menos con decencia.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Lo dije más arriba: Inspirar y expirar. Dolor, pausa, placer. Y llevo contando esta historia mucho tiempo, quizás demasiado; y no es que me guste contarla, que también, es que me veo en la obligación de seguir combatiendo la estupidez. Y no es que todo sea más sencillo así: es que a veces basta con tomar aire donde estés y respirar.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;"><em>A Julia López por su premio y por como es ella.</em></p>
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		<title>Recto y verso&#124; Suerte la tuya</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Aug 2025 08:21:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Pérez Pimentel]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Hay una canción de Sanguijuelas de Guadiana, que se llama Revolá, que tiene un verso que comienza así y que al completo dice: “Suerte ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="700" height="394" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2025/08/sanguijuelas_guadiana.jpeg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Sanguijuelas del Guadiana" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Hay una canción de Sanguijuelas de Guadiana, que se llama <em>Revolá</em>, que tiene un verso que comienza así y que al completo dice: “<em>Suerte la tuya de poder vivir [d]onde naces</em>”. Y me emociono mucho cada vez que lo oigo porque para mi desgracia poder vivir donde has nacido y sobre todo si es en un pueblo y sobre todo si es en un pueblo chico al que te sientes orgullos de pertenecer (hay mucho en esa palabra); no es una decisión. Y si decides hacerlo en muchas o en la mayoría de las veces hay que pagar un precio que no todo el mundo se puede permitir o al menos no se lo quiere permitir. Sé de lo que hablo.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Isabel, que es de aquí, pero no vive aquí, aunque nunca se ha ido; me dijo el otro día: “para mí ser de pueblo es el sitio en el que soy”; y dijo: porque yo aquí no soy Isa, soy Isabel y tengo unos padres, unos hermanos y unos abuelos y me conocen desde chica; y me siento en un sitio en el que se me reconoce como la persona que soy”. Y yo le dije que eso es muy importante y añado que eso en Madrid no pasa, ni pasa en Sevilla, ni en Edimburgo. Pertenecer. Y Rubén que también estaba allí lo sabe también y lo sabe bien.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Las sociedades pequeñas tienen un elemento de valor que no tienen las grandes: sentirte reconocido por la mayoría de tu entorno social y esto forma parte de la calidad de vida de los pueblos (alcahueteos aparte); al igual que poder aparcar en la puerta de tu casa y que te lo respeten. Es decir, en el pueblo no eres un <em>Don Nadie</em>. Suerte la tuya.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Y eso último es clave y ahonda en la parte de bienestar que tiene vivir en el pueblo frente a la capital (porque médico decente ya no hay en ningún <em>lao</em>): el tejido social. Si se sabe quién eres y de dónde vienes y tienes un arraigo personal, social y familiar en el pueblo donde vives, y por alguna circunstancia se deja de saber de ti o caes malo: las vecinas preguntan y van a verte y te mandan todos los bizcochos y <em>tapergüeres</em> del mundo. Y eso es ser de pueblo y yo lo veo todos los días desde mi ventana. Suerte la tuya.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">En aquella mesa estaban también Lourdes que tenía clara y positiva la influencia de que haberse criado en un pueblo era una ayuda para vivir en la capital y nos hacía ser más hábiles: “hay que buscársela más”; y Julio y Julia que confrontaron visiones sobre la cultura que hay en nuestros pueblos y debatieron en torno a lo identitario que hay en la gran mayoría de manifestaciones culturales populares, sobre todo teatrales, y la escasez de otros referentes artísticos que más allá de lo identitario nos hagan avanzar.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Y todo esto es suerte la mía por haberlos tenido sentados a todos y todas en una radio para debatir qué es ser de pueblo y haberlo grabado para que podamos escucharlo <a href="https://open.spotify.com/show/0UIAyBsLMnTsaiYOpBngY6?si=3446179911694e0b">aquí</a> y hacerle una despedida bonita a esta columna.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Gente normal, haciendo cosas extraordinarias donde nadie pensaría que se pueden hacer y no es el centro de una gran ciudad. Grandes ciudades inundadas del talento que aquí no se puede retener porque Madrid es una aspiradora de seres humanos que explotar con la promesa de un sueño que cumplir. Me cago en <em>trabajar de lo tuyo.</em> Quizás exagero, pero la cosa va por aquí o quizás como a cada uno o una le va. Como la feria, pero sin abrazos.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">La canción de los Sanguijuelas del Guadiana seguía diciendo: “Muchas las flores que se mueren al no regarse / Todos los domingos de vuelta a las capitales”. Hay que haberlo vivido para decirlo así: cortito, con cara dura, rock ´n roll y mucha verdad. Y ahí, justo ahí, en vivirlo y en darse cuenta de que algo está pasando con el orgullo de ser de pueblo, donde las cabezas ya no miran al suelo y donde no hay nostalgia, ni romanticismo sino la verdad de quedarse y cuidar lo que hay o de irse y volver constantemente aún con nuestras miserias. Y todo sabiéndonos con la suerte de ser de pueblo, sabiendo que: “suerte la tuya de poder vivir donde naces”.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;"><em>Gracias a Radio Hinojosa Cadena SER y a Pedro Pérez y María Ángeles Aranda</em>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Recto y verso: Una historia de Instagram</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Jul 2025 09:10:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Pérez Pimentel]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Salió mal o eso creo. Y es que no llegar ni a intentarlo es peor que decidir hacerlo y no ganar. Perder es no ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="675" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2025/07/historia_instagram.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="historia_instagram" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Salió mal o eso creo. Y es que no llegar ni a intentarlo es peor que decidir hacerlo y no ganar. Perder es no intentarlo, es quedarte con las ganas, con la incertidumbre de qué hubiera pasado. Sobre todo, cuando has tenido una vida entera llena de oportunidades y nunca, nunca, nunca te atreviste.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Pablo era un tipo cualquiera que podía haber nacido en un pueblo cualquiera en una época cualquiera y podía haber tenido una vida como cualquiera con sus más y sus menos pero no fue así. Nació en este pueblo, nació con el milenio en 2001 el mismo año y en el mismo pueblo que nació Ana Luz. La casualidad hizo que sus madres, en 2002, decidieran llevarlos a la guardería municipal porque la madre de Pablo tenía que volver a trabajar y la madre de Ana Luz tenía que cuidar por las mañanas del abuelo de la niña, su padre, que estaba en cama y se repartía los días y las noches con otra hermana suya. Y allí se conocieron con poco más de un año.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">De los tres a los seis años fueron juntos a la misma clase de la escuela infantil y fue allí donde se hicieron amigos. Siguieron juntos durante toda la primaria e incluso, ya en 2010, el año que nació Instagram, hicieron juntos la comunión. Compartieron cumpleaños propios y ajenos durante aquellos años de la infancia donde de gestan amistades para toda a vida.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">En torno al 2014 la cosa era ya insostenible para Pablo. Adolescentes de pueblo, parque va, plaza viene y la bomba de relojería de tener un <em>smartphone</em> entre las manos cargado de hormonas y con ganas de lucirse y de impresionar. Aquello era como coger un coche sin saber conducir. Y Pablo enamorado de Ana Luz como si no existiese otra mujer en el universo. Claro que su universo era muy pequeño entonces. Nunca se lo confesó y aunque al principio se notaba el decidió darse por derrotado antes de dar la batalla y se convirtieron en buenos amigos. Un amor platónico en la era de Instagram.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">A Pablo el universo se le hizo un poco más ancho porque, primero terminada la ESO, dejó de ir a clase con Ana Luz que quiso estudiar el bachiller y él decidió que iba a estudiar en la Escuela de Hostelería de Málaga y que iba a ser cocinero. Y claro que se abrió el universo. Imagínense tener 17 años y estudiar en la capital de la Costa del Sol un par de años en pleno 2018 cuando la crisis de 2008 tocaba a su fin. No tardó en encontrar trabajo que le daba para compartir piso y pagarse los gastos del coche que había heredado de su abuelo.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Trabajo, coche, casa. Lo tenía todo o casi todo. Y ese casi se lo recordaba el Instagram de Ana Luz que estaba estudiando Trabajo Social en Jaén gracias a las becas que año a año conseguía y a las copas que ponía en el pub de moda del centro de la ciudad que le dio mucha mucha calle. Un día Pablo le respondió a una historia que había subido Ana Luz con sus compañeros de trabajo en el pub con Supersubmarina de fondo con un mensaje que decía: “<em>teníamos que montar un bar, tía. Yo cocino. jajaja</em>”. Esa fue la única declaración de amor que fue capaz de hacerle después de casi veinte&nbsp;años y una pandemia de por medio donde los dos lo pasaron regular. Todos los pasamos regular. Pero hubo mucho WhatsApp: el hombro donde llorar del siglo XXI con un <em>jajaja</em> al final.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Luego la cosa se enfrió, como era de esperar: ni a Ana Luz le gustaba Pablo como a Pablo le hubiese gustado y éste seguía atado su decisión adolescente de haber perdido aquella batalla antes de darla. Y claro, Ana Luz se echó novio y Pablo pues también tenía sus cosas. Y así pasaron estos últimos cinco años, viéndose de verano en verano o coincidiendo en el cumpleaños de algunos amigos en el pueblo, como cuando eran niños; y charlando un ratito para contarse y ver qué tal pero poco más. Todo el mundo tenía alguien ya al otro lado del teléfono.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">A principios de este verano me senté con Pablo en la mesa de una terraza del pueblo que estaba llena y se notaba ya que había ambiente como todos lo veranos y también había salseo como todos los veranos. Pablo me contaba que estaba a pico y pala por Whastapp con una chica que había conocido en Málaga. Y en estas llegó Ana Luz. Entonces vi como Pablo la miró con un descaro increíble. Y mirar con descaro es una ciencia que pocos dominan. Y Pablo la dominaba. El descaro es elegante, algo fino; y no tiene porqué salirte bien dos veces seguidas o en la misma noche. Sin embargo, se nota. Y se nota porque el descaro viste más que un perfume bueno. Es ácido y dulce a la vez; y escaso. Y a Pablo se le daba genial.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Qué cosas tiene la vida: el WhatsApp se lo mandas a otra, pero la mirada cómplice e imposible y descarada es para quien es. Y la de Pablo era para Ana Luz. Y se nota. Vaya si se nota –y Ana Luz lo notó– y sobre todo se notaba que a Pablo ya le daba igual todo y le daba igual recordar que hacía quince&nbsp;años que había dado la batalla por perdida antes de librarla. Y, quizás, de eso trata un poco la vida: de tenerlo claro y no mentirte demasiado.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Aquella noche, cuando me iba, los vi echándose una foto y por la mañana la vi colgada en una historia de Pablo en <em>Instagram</em> con un corazoncito rojo pequeñito abajo a la izquierda justo debajo de un texto en blanco que ponía “desde 2001”. La canción que sonaba en aquella historia era Ana de Supersubmarina.</p>
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		<title>Recto y verso &#124; Fe</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Jun 2025 07:51:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Pérez Pimentel]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Es algo muy extraño que no todo el mundo tiene en su vida y que no todo el mundo es capaz de aguantar en ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="990" height="484" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2025/06/cristo_dali.jpeg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="El Cristo de San Juan de la Cruz de Dalí" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Es algo muy extraño que no todo el mundo tiene en su vida y que no todo el mundo es capaz de aguantar en su vida siempre. Y vivir sin fe es terriblemente más difícil que hacerlo si la tienes; pero lo que es terriblemente más difícil es vivir siendo coherente tanto si la tienes como si no.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Últimamente hablo mucho de Dios con mucha gente distinta y leo mucho sobre Dios y leo mucho sobre religión y sobre el cristianismo y hablo mucho sobre Jesús y sobre su mensaje. Y creo que no hemos entendido nada o yo por lo menos no entiendo nada o si entendemos preferimos mirar para otro lado.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Nunca he entendido a la gente que sale debajo de un paso o va en una procesión y no tiene fe. La semana pasada salió en el diario ABC una encuesta, que es el detonante de todo esto, y que decía que 66% de los costaleros de Córdoba no va nunca a misa y no recibe los sacramentos y que lo de la afición a la trabajadera viene por otra cosa como la camaradería bajo el paso, es decir, no es fe es formar parte de algo en el que sentirse reconocidos. Sorpresa para nadie o quizás para los promotores de la encuesta, aunque no lo creo. Si esto lo trasladamos a las bandas de semana santa o al mundo cofrade en general, que es por donde la Iglesia sigue respirando, los resultados no serían mucho más favorables para los creyentes o empeorarían mucho.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Ya lo he dicho muchas veces en este periódico; pero insisto: soy un ateo descreído que perdió la fe dos veces y a la segunda fue la vencida y añado que últimamente batallo en este ateísmo mío desde la sencilla afirmación de que no creo que Jesucristo resucitara y le hago esa misma pregunta a la persona con quien hablo. La cosa es que hay mucha de la gente a quien se lo pregunto y que dicen creer en Dios que esto de la resurrección les da igual. Y es ahí donde no entiendo nada. O quizás sí.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Quizás es porque somos tan cultural y socialmente cristianos que sólo tomamos la parte de la fe que nos va bien para asirnos a ella cuando vienen mal dadas y pasar el trago mejor o, la que es peor y la que observo mayoritaria, la que queda bien en <em>Instagram</em> el día que tu padre te deja en altar delante de un crucificado del que no tienes muy claro el porqué está ahí y quizás te daría igual que no lo hubieran crucificado y que la cosa del cristianismo fuera de otra manera o quizás no fuera; pero mira qué mona voy y lo guapa que está mi madre.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">O quizás es porque es imposible separar todas las decisiones que tomas de la forma en la que la fe cristiana tradicional te dice que las tienes que tomar para pasar este <em>valle de lágrimas</em> y acabar llamando a las puertas de San Pedro para ver si te deja entrar porque te da miedo que tu vida eterna sea infernal por si hay algo de verdad. O quizás es porque somos débiles y vivir fuera de la norma, que en España es el cristianismo, es demasiado cansado. Y es demasiado cansado. Ir a contracorriente cansa.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Respeto mucho a los cristianos creyentes y a los que siguen el revolucionario mensaje de Jesús y su ejemplo ante el poder. Y los hay, pero sin embargo la deriva de la empresa que fundó Pedro está lejos de ese mensaje y sólo tenemos que mirar a las jerarquías eclesiásticas o a las diversas formas elitistas y clasistas de entender la fe, que no es fe sino poder o peor, es dinero. Los mercaderes en la casa del Padre otra vez. Quizás nunca se han ido.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">O quizás el problema de la fe es ese: la falta de ejemplo por parte de quién la proclama. A lo mejor el problema no es divino, que no lo es porque Cristo no resucitó; a lo mejor el problema es humano como siempre son todos los problemas y por eso más de la mitad de los costaleros de Córdoba no van a misa y la gente se casa por la iglesia sin creer en Dios para salir guapa en las fotos y muchos participan del mundo de la fe sin tenerla y para encajar o se agarran a ella cuando no queda otra y otros los domingos van a misa y el lunes son peor que satanás que decía Carlos Goñi en <em>Odio</em>. O a lo mejor la fe es eso o todo esto: seguir o no el mensaje de Jesús y no es divina sino humana. Y yo en el Ser humano, con todo, sigo teniendo fe.</p>
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		<title>Recto y verso &#124; El futuro era 1980</title>
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		<pubDate>Sun, 25 May 2025 08:02:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Pérez Pimentel]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="675" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2025/05/renault.jpeg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="renault" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Hace unos días escuché en la radio que Manolo García y Quimi Portet, lo que fue El último de fila, vuelven a unirse para dar conciertos. Igual que volvió Oasis el año pasado, que puede ser mi grupo extranjero de gente que está viva favorito. <strong>Igual que han vuelto los Renault 5</strong>. Probablemente fue el día que escuché lo del Último de la fila cuando me crucé con uno de esos preciosos y nuevos y futuristas Renault 5 eléctricos. Y me transportó a mi infancia. Y al R5 de mi amigo Ángel y de Mª Carmen llegando al campo para comer arroz con liebre junto a mis padres en fin de semana. Es curioso esto: un coche que te recuerda al pasado y que es extraordinariamente futurista por el hecho de parecerse tanto a un coche de hace 30 o 40 años y hoy sigue siendo tan futurista como aquello que nos imaginábamos en los ´90. <strong>No sé qué ha pasado aquí.</strong></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Sí que lo sé y se lo oí al chileno Federico Sánchez: “<strong>en algún momento cambiamos nuestra manera de habitar el tiempo”</strong>. Esto es: el presente duraba más y, por ejemplo, las estéticas que cambiaban década a década y que evolucionaban hacia la modernidad eran movimientos culturales firmes que perduraban en su tiempo y lo definían. De los coches a la ropa o la arquitectura o la simple decoración de las casas: no hay mueble más moderno hoy que el estilo de la vanguardia de la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Escuela_de_la_Bauhaus">Bauhaus</a> de hace 100 años o la baldosa hidráulica tan popular a mediados del siglo XX en España. Había un sentido incluso en el contacto entre culturas y naciones cuya diferencia era mucho más marcada que ahora. <strong>Ahora todo es igual y en el mismo y aburrido color</strong>. Todo menos el R5 eléctrico, que es amarillo como los Seat León de los 2000; pero aquello era otra época ¿o no?</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Esto de hoy no va sobre la nostalgia, sino que es justamente lo contrario y digo: hoy no vivimos el presente, que es efímero como la <em>stories</em> de <em>Instagram</em><strong>, hoy vivimos mañana </strong>o pensando en mañana y en lo que haremos mañana y en lo que nos compraremos mañana y en el próximo aparato tecnológico que saldrá mañana, pero con aire retro; es decir, comprar las entradas para el último de la fila, un grupo de los 80, a año y medio vista.&nbsp; <strong>Piénsalo o boicotéalo o asúmelo</strong>. Lo que tú quieras.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Y es claro, además, que tiene que ver con lo que decía más arriba: habitamos el tiempo de manera distinta. Puede que el desarrollo tecnológico y la velocidad que sufrimos en esta sociedad hipercapitalista e hipedigitalizada haya provocado que nos hayamos quedado sin presente y esto ocurre porque<strong> el futuro nos alcanzó</strong>. Hoy vivimos en el futuro que se atisbaba a finales de ´80 y principios de los ´90 al menos tecnológicamente y estéticamente y hasta laboralmente y, por ende, nos hemos quedado sin presente. Si nuestro presente es otro R5, no es presente, es el futuro de finales de los ´80 que nos ha alcanzado.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Además de todo esto entendemos que tenemos una vida que creemos hipermoderna por estar hiperconectada e hiperindividualizada e hiperexpuesta. Sinceramente, somos una sociedad en decadencia, en el estertor cultural y moral del futuro que nos planteábamos hace cuarenta años. Mira Gaza. No tenemos vergüenza. Por eso, creo, <strong>nos evadimos viviendo en este futuro hoy extraño y cuasi distópico que anunciaban los ´80 en películas como las de la saga <em>Regreso al futuro</em></strong><em>. </em>De hecho, de la segunda entrega de esta trilogía, la del aerodeslizador y las NIKE que se abrochaban robóticamente, nos queda un diálogo profético en el que Marty MC´Fly le pregunta a Dr Emmett Brown: “Un momento, Doc, de qué estás hablando. ¿Qué nos ocurre en el futuro?, ¿nos volvemos gilipollas, o algo perecido?”. <strong>Nos hemos vuelto gilipollas, Marty</strong>. Y nos hemos vuelto gilipollas porque nos hemos quedado sin presente y sobre todo porque no sabemos exactamente hacia donde vamos como sociedad porque estamos al final de algo, estamos en uno de esos momentos donde surgen los monstruos, y creo que por eso nos hemos quedado viviendo hoy, más cómodos, aunque agotados; en el futuro que planteaba 1980 porque el futuro era 1980.</p>
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		<title>Recto y verso &#124; Todos los pueblos son el mismo pueblo</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Apr 2025 08:36:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Pérez Pimentel]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; Asomarte por la ventilla del coche en mitad de la calle para soltarle a uno, que ya se los espera, el mismo chiste que ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="800" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2022/02/candelaria-dostorres2022.jpeg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="candelaria-dostorres2022" /></p><p>&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Asomarte por la ventilla del coche en mitad de la calle para soltarle a uno, que ya se los espera, el mismo chiste que le llevas soltando desde que os conocisteis en la escuela. Siempre lo mismo y siempre tan esperado. Los pueblos son un poco eso: siempre lo mismo y siempre esperando que vuelva: la Navidad, que vengan los de fuera; y la Candelaria, el Carnaval y la Semana Santa y a ver si este año no llueve; y a ver cuando cae la romería, y la calor en verano y la Feria y septiembre y otra vez se van (o menos mal que se van) y el pueblo vacío y el frío en invierno y otra vez lo mismo y siempre esperando que vuelva. &nbsp;Eso es el pueblo.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Todos creemos que lo que pasa en nuestro pueblo no pasa en otros pueblos. Es mentira. En todos los pueblos se aparca mal porque hay mucho sitio para aparcar menos cuando vienen los forasteros. Y te quejas de que no hay aparcamiento, y te quejas cuando el pueblo está muerto un sábado en octubre. Pasa en todos lados.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Y en todos lados pasa, porque lo sé y lo veo y lo vivo. Que son los mismos y las mismas o casi los mismos y las mismas los que llevan para adelante todo lo bonito que se hace en los pueblos, que es mucho: el fútbol y los partidos políticos, la chirigota y la banda de semana santa, la charanga y la romería de la calle. O la obra de teatro y echar una mano en Cruz Roja o lo más parecido que haya en tu pueblo para echar una mano. Vender participaciones de lotería de Navidad del santo de turno en agosto para que no se nos adelante los de la peña del Betis. Y todo de balde.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Y también pasa siempre lo mismo malo. Hablar de más de los demás y porfiar y que te porfíen. Que no se te olvide nunca que el habla mal de otra contigo también habla mal de ti con otra o con otro. Esto último pasa también en la capital lo que pasa es que en el pueblo te enteras. Y se entera la gente. En los pueblos se sabe todo o “eso dicen”. Te suena demasiado esto último si has estado alguna vez o más de una en boca de todo el mundo por hacer o ser como te da la gana. Que esto también pasa en los pueblos, en todos.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Pero, sin duda, lo que también nos pasa a todos los que somos de pueblo es que llevábamos incrustado en el corazón el mayor patriotismo que un ser humano puede tener: el orgullo de ser de pueblo y de ser de nuestro pueblo. Sobre todo, si estás fuera y sobre todo con alguien de fuera y le cuentas que la fulanita que sale en Canal Sur es de tu pueblo o que aquella médica o el investigador al que le han dado un premio en Madrid desciende de aquí por la vía tercera y no deja de venir a casa de su madre.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Lo que nos gusta el pueblo a los que nos gusta nuestro pueblo y las vueltas que le damos para hacerlo mejor y soportar lo peor y tratar de seguir viviendo aquí y de aquí y que no se nos muera. Y reconocernos en él sin el romanticismo de la España vacía que nos imponen en las capitales, esas ciudades dónde siempre dicen: “eso está muy lejos”. Y los que están lejos son ellos.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Termino. Sirva esta columna de homenaje a las gentes de todos los pueblos nuestros, de Los Pedroches, que viven y mueven su pueblo, a los que siempre vuelven y nunca se van del todo, a los ausentes y a los que sin ser de aquí vienen se enamoran y ya son de aquí. Sirva también de ejercicio de reconocimiento entre nosotros para que tengamos claro el valor del otro como semejante y no como competidor, para apoyarnos más allá de las diferencias y los matices y hacer fuerza y hacer comarca. Porque lo pasa aquí pasa en todos lados: porque todos los pueblos son el mismo pueblo.</p>
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		<title>Recto y verso&#124; 1993</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Mar 2025 09:58:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Pérez Pimentel]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; Las fotos de carnet en un tablero de corcho con un marco de madera sin pintar encajadas en el estrecho filo de la parte ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1600" height="738" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2025/03/recto_verso_marzo.jpeg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="recto_verso_marzo" /></p><p>&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Las fotos de carnet en un tablero de corcho con un marco de madera sin pintar encajadas en el estrecho filo de la parte de abajo. Porque las chinchetas eran para otra cosa. Y los posters usados y los poster de revistas que hoy serían viejas: el amor en un test de 10 preguntas con 3 respuestas a elegir sabiendo que ninguna era la correcta. Una habitación para ti y tu Walkman. Y comprar revistas en el kiosko o encargarlas. Y el primer amor bajo el reloj de la plaza del Ayuntamiento y llegar tarde un viernes por primera vez.&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">El no de la tipa que venía de Barcelona todos los veranos y tu valor. Oír un disco nuevo, que no habría llegado al pueblo si no es por aquel tío raro de Madrid, que se las llevaba a todas de calle con aquel tatuaje; era Nirvana y crecer. Y al llegar a casa esas navidades José Luis Moreno y Rockefeller recordando aún la teta de Sabrina de cinco años antes. Cóctel de gambas y salsa rosa en copas antiguas de champán. Sabes de sobra cuales son. La vida antes de la cocina moderna. La dignidad. Que de eso en los ´90 había algo más. Ya verán.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Era 1993 cuando España cayó en una crisis que anunciaba una solución que nos llevaría al desastre 15 años después y, casualidad, entró en vigor el tratado de Mastricht&nbsp;y Mario Conde estaba en todo lo suyo. Aquel año se estrenaron <em>Los ladrones van a la oficina</em> y <em>Truhanes</em> de Paco Rabal: los estafadores reyes de <em>prime time</em>; es gracioso comparado con lo que vino después durante la época del pelotazo. Quizás no. Sonaban en los 40 Principales Manolo Tena; y <em>Como un burro amarrado a la puerta del baile</em>, del Último de la fila y <em>Sin Documentos</em> de Los Rodríguez fueron nº 1 antes de ser un clásico en las barras de chapa del verano de los pueblos.&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Aquel año en los carnavales de Cádiz ganaron el Selu y Martínez Ares con aquel mítico pasodoble <em>Ha dicho el Santo padre; punk</em>y transgresión a ritmo de tres por cuatro. Aunque el pasodoble ha envejecido mal. El verso “por qué le niega la comunión a los <em>restrasaos”</em> no aguanta el filtro hoy. Como tantas otras cosas de aquel año y de aquellos años: que le pregunten por el patio del colegio a los maricones de aquella época. Eso sí que no aguanta el filtro.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">En mi colegio la calefacción era una estufa catalítica de chapa que estaba puesta al lado de aquel maestro cabrón de los de la letra con sangre entra. En los pueblos el tardofranquismo se fue más tarde y ese poso nacionalcatólico de antaño aún estaba (y un poco está) en aquellos cardados de las señoras que iban a misa de ocho con un abrigo de visón. Peinados de catequista y golpes en el pecho delante de la patrona del pueblo, que es siempre la misma, porque todos los pueblos son el mismo pueblo y sobre todo eran el mismo pueblo en 1993.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">En 1993 aún quedaban muchas cosas por hacer en aquella Andalucía que había maravillado al mundo con la EXPO´92. Y aquí el progreso llegó más tarde y con menos alegría. Sigue llegando con menos alegría porque después de las grandes migraciones de los 70 los pueblos se vaciaron y el dinero también se fue para siempre. Resistencia y migajas. Y&nbsp; ya lo dije aquí hace exactamente cuatro años el día que se estrenó esta columna en este periódico: “somos los únicos pueblos de toda la provincia identificados con lo rural y asumimos incluso ese fariseísmo bucólico de la España vacía: porque no tenemos otra cosa”. Y seguimos sin tenerla. Y peor, ya no peleamos.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">En los ´90 el ejercicio de dignidad de los pueblos de aquí era ejemplar e induscutible. De esto me acuerdo siempre que paso por la puerta verde de una nave que hay en Belalcázar que tiene pintado lo siguiente en letras mayúsculas: “BELALCÁZAR NUCLEAR NO. VIDA SÍ” y que recuerda la lucha de nuestros pueblos contra la implantación de aquel cementerio nuclear que se quería poner en esta zona de malas carreteras, escondida y que se estaba despoblando. Y esas luchas ya no existen ni de lejos ni para nada. Ni siquiera cuando te quedas un año sin agua potable. La vergüenza y la dejadez y la culpa no sólo es de las redes sociales. La decadencia.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">1993 y los años que vinieron, que luego harían que todos nos creyeramos que íbamos a ser ministros; no eran un mundo ideal, eso está claro y ya lo hemos dicho; aunque a mí me gusta recordar lo bueno del tiempo en que crecí con cariño y emoción – vivir también es revivir – ; pero el coraje y la digninidad del espíritu de aquella época eso sí que era mejor. Sin duda. Y lo demás, todo lo demás: es todo literatura.&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400;">&nbsp;</p>
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		<title>Recto y verso &#124; Enero</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Jan 2025 09:22:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Pérez Pimentel]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1140" height="641" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2025/01/candela.jpeg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="candela" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Es el septiembre de los amores de verano; lo más parecido a las ferias no son las verbenas: es la navidad; y también le quedan luces de adorno en las calles amarradas a los balcones. Es el final de la fiesta, también como septiembre; y es el momento en el que todo empieza de nuevo, también como septiembre. Es decir, hay una extraña relación entre el final del verano y el momento final en el que la Tierra termina de dar la vuelta al Sol, que ocurre al final del otoño, pocos días después del solsticio de invierno: terminar para volver a empezar otra vez; también como septiembre.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Puede ser, entonces, que enero sea el epílogo invernal de septiembre. Un lugar al que se llega al fin (o por fin) después de una fiesta eterna dónde todo el mundo vuelve al pueblo. Y las calles se llenan de una alegría impostada pero necesaria, que nos ayuda a sobrellevar la travesía en del desierto que supone el invierno, Carnaval y Cuaresma incluidos; hasta la ansiada llegada de la primavera. Coger aire para lo que viene. La cuesta.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">En enero todo es menos emocionante. En enero no hay <em>canción del invierno</em>. Y tiene que ser así. Sin embargo, la paz de la candela, en la compañía exacta (o sin ella), te permite, por un instante, la reflexión necesaria para darte cuenta del exceso de velocidad en la que vives y lo dificil que es frenar. Y eso sólo pasa en enero o casi. Ten en cuenta esto la próxima vez que estés frente a la chimenea, sentado en una silla de enea con las patas cortadas, y azuces el fuego para hacer hogar. Y eso no se puede pedir por Amazon.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">La siesta en enero es una cabezada en la mesa camilla con el brasero encendido y las enaguillas hasta el cuello a media tarde. Muerte a las mesas bajas y a IKEA ¿Qué somos Alemania? Aún recuerdo el brasero de picón en casa de mi abuela y el “niño mueve el brasero con la paleta”; no era candela pero casi. Y sentarte en el brasero era escuchar siempre las mismas historias de siempre. Cine de barrio y poco más. Inviernos y eneros más lentos de lo que hoy son. Y hay cierta paz en recordar aquella tranquilad: la panacea del mundo después de Internet.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Enero te da un poco de esa tranquilad. Duchas largas de agua caliente y platos de cuchara de todas las formas y maneras. Quizás la comida de este mes y de esta estación es la mejor de todas porque más allá de todo lo culinario reconforta. Sentirte bien después de comer es una suerte que va más allá de los ingredientes y más hoy que este hecho se ha convertido en algo extraordinario y ya lo dije en este periódico: <a href="http://www.hoyaldia.com/recto-y-verso-el-triunfo-de-la-thermomix/">el triunfo de la Termomix</a>.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">A estas alturas me cuesta entender lo de los buenos propósitos de primeros de año. Hazlo cuando te venga bien. A lo mejor tu enero para dejar de fumar es julio. Piénsalo. Y a lo mejor, tenemos que dejar de hacer planes tan a largo plazo este mes, que es cuando el capital nos enseña la carta de sugerencias del año próximo: si no son los <em>Rolling Stone</em> no se van a morir este año; y tampoco es la primera vez que revendes las entradas de un concierto, que iba a ser la hostia, pero que has cambiado por la boda de tu mejor amiga o de tu hermano; que eso sí que es la hostia.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Lo que más me gusta de enero es que, salvando los Reyes Magos (y ni eso), no hay formalidades a las que acudir – nadie se casa en enero – ni mensajes que mandar, todo si no quieres; y esto es algo que te permite pasar casi de puntillas por un mes que algunos llevábamos esperando desde el día de la Lotería y que nos sirve para tomar impulso en el año que nos queda por delante. Toma aire y vívelo.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;"><em>Este es el primero de los últimos 13 textos de la columna Recto y Verso publicada por hoyaldía.com desde 2021. Publicaremos una columna cada final de mes de este año, salvo el mes de agosto en que se publicarán dos. Todo va a sonar un poco a despedida pero es que es una despedida. Y en esta hay que saber irse. Pero aún queda todo el 2025 por delante. Gracias a todos y todas.</em></p>
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