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	<title>Hoyaldia.com &#124; Actualidad online de la comarca de los pedroches &#187; OPINIÓN</title>
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	<description>HOYALDIA.COM es un periódico online de la comarca de Los Pedroches</description>
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		<title>Qué pasa con la vivienda</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Oct 2026 09:01:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Pedro Dueñas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[alquileres]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[vivienda]]></category>

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		<description><![CDATA[Comenzando el rábano por las hojas, digamos que la causa fundamental del problema que hoy representa el acceso a la vivienda, es haberse convertido en ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="480" height="260" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/10/vivienda.png" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="El problema de la vivienda en España" /></p><p style="text-align: left;">Comenzando el rábano por las hojas, digamos que<strong> la causa fundamental del problema que hoy representa el acceso a la vivienda, es haberse convertido en los últimos años en un bien especulativo</strong>.</p>
<p style="text-align: left;">Qué causas han dado origen a la situación, es una pregunta que exige varias respuestas y diversos motivos, que se han producido por <strong>la desatención de los respectivos gobiernos en la protección de derechos constitucionales de los ciudadanos.</strong></p>
<p style="text-align: left;">Una breve exposición histórica nos obliga a remontarnos a los años 60 del pasado siglo, en plena efervescencia de la dictadura franquista. En la época, el sistema de protección de los derechos de inquilinos se mostraba mucho más firme y seguro que en la actualidad. Expongamos a título de ejemplo que la ley franquista de 24 de diciembre de 1964, regula una protección de los derechos de los arrendatarios de viviendas, a quienes entre otros, <strong>les concedía sin posibilidad de renuncia, un contrato inicial de cinco años que podían prorrogarse a voluntad del inquilino durante tres años más.</strong></p>
<p style="text-align: left;">Asimismo controlaba el precio del alquiler y regulaba las subidas que podían practicar los propietarios; posibilidad de que, <strong>a la muerte del arrendatario, pudieran subrogarse en el contrato a familiares y allegados</strong>. Tutelaba algunos derechos del inquilino como irrenunciables y todo ello en base a lo que en su exposición de motivos relataba “El movimiento liberador de la propiedad urbana ha de atemperarse, no solo al ritmo determinado por las circunstancias económicas del país, sino también a las exigencias de la justicia social&#8230;”</p>
<p style="text-align: left;">Resulta significativo que tales derechos se justificaran en base, sobre todo, al principio de justicia social, cuando en esos tiempos la única justicia existente era la del mando único. Qué ha sido de la justicia social. <strong>Pues sencillamente que nuestra cacareada Constitución ha trasladado el principio de justicia social, al interés general</strong>, entendiendo por interés el progreso económico aunque conlleve un muy injusto reparto de la riqueza de la que no participamos todos, sino solo aquellos que controlan el mundo de las finanzas.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Las políticas económicas, so pretexto de buscar el mal llamado bienestar social</strong>, ha invertido los valores supeditando los derechos humanos a los interese económicos. Prueba evidente de ello ha sido la modificación, durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, del art. 135.2 de la Constitución que supedita tales derechos sociales, tras haberse blindado el pago de intereses de la deuda por encima de las atenciones sociales.</p>
<p style="text-align: left;">Pero no solo este es el motivo. Ha habido otras razones encubiertas que se han fraguado desde el aspecto financiero. Con el llamado boom económico de los años 80 del pasado siglo, ante el espejismo de la bonanza, las entidades financieras fijaron sus inversiones en el sector hipotecario.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Todo el mudo tenía derecho y podía adquirir una vivienda financiada incluso por encima de su valor real</strong> ,que le permitía también la adquisición de bienes de consumo. La inversión les resultaba rentable, con unos intereses que nunca se podrían haber imaginado.</p>
<p style="text-align: left;">Se firmaban hipotecas con intereses abusivos de entre el 10 y el 15% que incluso llegaban al 25% en los supuestos de morosidad en el pago de las cuotas Era un negocio redondo. La banca siempre ganaba mientras nuestra Ley Hipotecaria les protegía de una forma totalmente injusta:<strong> o pagas o vas a la calle, pierdes lo pagado y además nos quedamos la vivienda y te reclamamos el resto pendiente entre el importe de la adjudicación en subasta,</strong> y la deuda y si no es suficiente le metemos manos al patrimonio de los avalistas (generalmente de los padres y abuelos).</p>
<p style="text-align: left;">Con el soporte de la Ley Hipotecaria y la colaboración insensible de nuestro sistema judicial, y la no menos apreciable del colectivo notarial y Registradores de la Propiedad, se cometieron barbaridades permitiendo que las leyes injustas del franquismo, como es citada ley, se antepusieran a la justicia social y la realidad del momento, con una complicidad que permitió en las ejecuciones hipotecarias la intromisión de entidades financieras constituidas en países extranjeros ( los llamados fondos buitres) que tomaban parte en la adjudicación directa de las vivienda subastadas, <strong>mientras jueces y letrados de la administración de justicia miraban a otros horizontes.</strong></p>
<p style="text-align: left;">
A través de este procedimiento torticero y con fraude de ley procesal, estas entidades se personaban en los procesos judiciales de ejecuciones hipotecarias sin tener legitimación para ello y con total y absoluta falta de capacidad procesal. <strong>Se adjudicaban viviendas por el 70% del valor de su tasación y las sacaban fuera del mercado nacional</strong>, violentando así la Ley 1/2003 que recogía la creación de un Fondo social de vivienda propiedad de las entidades financieras para su posterior adjudicación a los perjudicados, bajo un arrendamiento asequible.</p>
<p style="text-align: left;">Sacadas así del mercado nacional, a través de su adjudicación a una entidad mercantil radicada fuera de España, podrían disponer libremente de su venta o alquiler, como así se está produciendo.</p>
<p style="text-align: left;">Estos son algunos de los motivos que nos han llevado a la actual situación y hoy nos planteamos la regularización de los alquileres,<strong> tras haber renunciado a la posibilidad de readquisición de esas viviendas perdidas por culpa ajena de los perjudicados.</strong></p>
<p style="text-align: left;">¿Qué está ocurriendo?</p>
<p style="text-align: left;">Como digo, <strong>el sector financiero ha traslado sus inversiones llevándolas de los créditos hipotecarios, que han perdido seguridad</strong> tras las sentencias de los tribunales internacionales (entre ellas, la dictada por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea de fecha 14 de marzo de 2013 que influyó en el criterio de nuestros tribunales), derivando sus inversiones al arrendamiento y la venta del parque inmobiliario de que son titulares.</p>
<p style="text-align: left;">Al mundo de la banca, se les dio un varapalo, pero no por ello ha aprendido la lección. La cabra&nbsp; tira al monte, y como le es propio,<strong> el dinero no tiene cara, ni refleja sufrimientos</strong>, es sencillamente un medio de complacencia para quienes carecen de moral y no tienen hartazgo.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Se han hecho nuevamente los dueños del mercado de la vivienda, saltándose impunemente las normas constitucionales</strong>. Todo no estaría perdido si un gobierno realmente socialista luchara por la garantía de los derechos humanos sociales, laborales y económicos, pero no quieren enterarse de que nuestra prostituida Constitución les conserva el arma que puede minimizar tamaña injusticia, y ello está, entre otros, en el denostado artículo al que hemos hecho alusión: «Toda la riqueza del país -toda, sin exclusión- en sus distintas formas –(debe entenderse que tenga contenido patrimonial o de derechos económicos)-sea cual fuere su titularidad – que esté en manos de personas físicas, jurídicas, entes sin personalidad, etc.- están sujetos al interés general».</p>
<p style="text-align: left;">Solo resta determinar el concepto de interés general, y la pregunta sería, si es general, debe entenderse de la mayoría. Pues sometamos a la mayoría, como debió haberse hecho con la reforma del art. 135, y seguro que de forma aplastante diríamos: <strong>Que se cumpla la Constitución y se derogue el apartado 2 de su art. 135.que fue modificado con premeditación, nocturnidad y alevosía. y de paso, limpiar de debajo de las alfombras.</strong></p>
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		<title>Las suertes de lidia</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Sep 2026 11:27:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[lidia]]></category>
		<category><![CDATA[sorteo toros]]></category>
		<category><![CDATA[toros]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="600" height="324" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2018/09/publico-corrida-.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Público de una corrida de toros de Pozoblanco" /></p><p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">TODO CAMBIA. TAMBIÉN EN LAS CORRIDAS DE TOROS. <strong>La suerte de lidia de los astados se decide, ahora, entre la tradición y la farándula</strong>. En las mañanas de lidias vespertinas se desarrolla, también en Pozoblanco, el protocolo de visionado de toros en los corrales y el correspondiente sorteo. En el coso de Los Llanos se pueden contemplar en los corrales los lotes de los toros y cabestros que aguardan su suerte. También los toreros. Más arriba, los aficionados.</p>
<p style="text-align: left;">Y, en medio, ese pequeño mundo que desde siempre ha rodeado al toro antes de que el toro sea del torero. Porque hay algo que permanece. <strong>Los toros llegan de la dehesa ya escogidos por el ganadero</strong>, después de una larga selección en la que cuentan la genealogía, la edad, las hechuras, el peso y las condiciones que se esperan de cada animal.</p>
<p style="text-align: left;">En los corrales de la plaza se produce después otra mirada:<strong> la del profesional que conoce las exigencias del ruedo y, sobre todo, las particularidades de cada torero.</strong> Se observa el trapío, la armonía de las hechuras, la conformación de la cabeza, la encornadura, el cuello, el lomo, los remos, la viveza de la mirada, la manera de moverse y hasta ese nervio difícil de explicar que un hombre de toros aprende a reconocer con los años. No se trata de elegir un toro —eso sería otra cosa—, sino de conocerlos para formar lotes lo más equilibrados posible. Ahí empieza verdaderamente el sorteo. Primero se hacen los lotes; después interviene el azar.</p>
<p style="text-align: left;">En una corrida de tres matadores y seis toros, al uso, se forman tres lotes de dos reses y posteriormente se decide por sorteo cuál corresponde a cada espada. No es una cuestión menor. <strong>La historia del sorteo nació precisamente de la necesidad de que el ganadero, o la figura dominante de la época, no pudiera favorecer a unos toreros sobre otros</strong>. Durante mucho tiempo, aquel momento tuvo algo de conciliábulo profesional. Apoderados, banderilleros de confianza, representantes de la ganadería y de la empresa se acercaban a los corrales, hablaban bajo, miraban mucho y decían poco. Había conocimiento, cálculo y también superstición.</p>
<p style="text-align: left;">Los toreros, generalmente, dejaban esa delicada operación en manos de quienes conocían sus condiciones y sus preferencias. <strong>Los subalternos de confianza saben qué toro conviene más a un determinado concepto del toreo</strong>, qué encornadura puede resultar más comprometida o qué comportamiento puede favorecer o dificultar el lucimiento. Y después llega el azar. Los papeles de la suerte deciden la tarde de toros.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Más allá de la tradición, se encuentra el arropamiento escenográfico de hoy día.</strong> El movimiento de personas, cámaras, teléfonos y aficionados alrededor de los corrales de Los Llanos, en un viejo ritual transformado en partes sustanciales. No de esencia, quizá, pero sí de escenario. No sé si en otros tiempos había más solemnidad o simplemente había menos cámaras. Probablemente ambas cosas. <strong>Aquellos hombres que durante años hicieron del conocimiento del toro una profesión no necesitaban explicarlo todo</strong>. Miraban. Medían. Comparaban. Se apartaban unos pasos. Volvían a mirar. Había entre ellos contrariedades, intereses, preferencias y pequeñas estrategias, naturalmente.</p>
<p style="text-align: left;">El sorteo nació incluso para equilibrar esas fuerzas. Pero el rito conservaba algo de secreto profesional. Ahora todo se mira, todo se graba y casi todo se cuenta. <strong>Los corrales han dejado de ser únicamente el lugar donde se guarda el toro para convertirse también en un escaparate previo de la corrida.</strong> La televisión, las redes, los teléfonos y la legión de aficionados con cámara han democratizado el acceso a un momento que antes pertenecía mucho más al reducido círculo de quienes tenían algo que hacer allí. Y quizá sea inevitable. La tauromaquia ha cambiado porque ha cambiado el mundo que la contempla.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>La tradición permanece, pero alrededor de ella ha crecido una parafernalia nueva</strong>. El sorteo sigue siendo sorteo; los lotes siguen haciéndose; el azar continúa decidiendo qué toros corresponden a cada espada. Pero aquel silencio espeso de los corrales, aquella mirada detenida sobre el animal y aquella conversación dicha casi al oído parecen tener hoy que compartir espacio con el objetivo de una cámara.</p>
<p style="text-align: left;">No es que la tradición haya desaparecido. <strong>Es que ahora tiene público incluso antes de que comience la corrida.</strong> Y entre los corrales y el ruedo, entre el silencio de quienes conocen al toro y el bullicio de quienes quieren contarlo, se decide una parte pequeña, pero esencial, de la fiesta. La suerte está echada.</p>
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		<title>Maricarmen, la deshumanización de la justicia</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Sep 2026 16:47:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Pedro Dueñas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[desahucio]]></category>
		<category><![CDATA[maricarmen]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Tiempos convulsos donde los mas firmes valores de las sociedades democráticas están perdiendo su esencia humana. La justicia no es solo una norma sino ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1000" height="562" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/09/01790172398639.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Maricarmen aún en su vivienda" /></p><p>&nbsp;</p>
<p>Tiempos convulsos donde los mas firmes valores de las sociedades democráticas están perdiendo su esencia humana.<br />
La justicia no es solo una norma sino el arte supremo de ordenar el caos y encontrar el lugar exacto en el gran concierto de la existencia. Como recogía el primer gran sabio de nuestra historia, Platón, <strong>“Tener y hacer lo que es propio</strong>, donde cada parte de un sistema cumple su papel de manera adecuada y coordinada para que la sociedad alcance un estado de equilibrio y eficacia”.<br />
Nuestro amor al prójimo es nuestro amor hacia nosotros mismos, y nuestro amor a nosotros mismos es lo que convierte en prisión nuestra voluntad.<br />
No podemos mantenernos ajenos, sin pecar gravemente con la ley que nos obliga a procurar, en la medida de nuestras capacidades,<strong> el bien general de todas las personas de buen espíritu</strong> y tratar de mejorar la situación desenterrando las injusticias, para que cada cual hago lo que debe hacer y no excitarnos a que “El que pueda hacer, que haga”.<br />
La propia iglesia católica, por boca de León XIII, a través de su encíclica “Rerum Novarum” publicada a finales del siglo XIX, reconocía (no sin gran esfuerzo en el ámbito de la llamada Doctrina Social de la Iglesia) <strong>que la religión cristiana podía unir a los ricos con los proletarios,</strong> llamando a ambos al cumplimiento de sus deberes y, ante todo, a los deberes de justicia.<br />
Mas recientemente, la filósofa y activista francesa, Simone Weil (1909/1943), decía que para comprender la injusticia hay que vivirla, reiterando como forma de amar, la atención al otro, entendiendo que la obligación moral está antes que el derecho individual, arraigada en el ser humano como necesidad básica.<br />
<strong> María del Carmen, esa anciana de 87 años vecina de Madrid</strong>, recientemente lanzada del domicilio donde vivió desde su juventud, ya no tendrá tiempo de comprender la injusticia que ha vivido.<br />
Solo nos queda apelar a los gobernantes a que cumplan y hagan cumplir las leyes fundamentales que nos hemos dado para esa convivencia en paz y armonía, obligando a cada parte del sistema a cumplir con lo que debe hacer y no con lo que pueda hacer.</p>
<p>Existe en nuestro ordenamiento jurídico de un valor esencial, regulando lo que Montesquieu en el siglo XVII-III vino a analizar en su Tratado “El espíritu de las Leyes”, dice así: “<strong>Las normas se interpretarán (…) según la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas, atendiendo fundamentalmente al espíritu y finalidad de aquellas</strong>”.<br />
¿Cómo se debe interpretar este precepto de obligado cumplimiento por los administradores de la Justicia, cuando se trata de derechos y obligaciones constitucionales? Nuestra Constitución, regulando la política social y económica, obliga a los poderes públicos a asegurar la protección social y económica y jurídica de la familia (art. 39.1), a <strong>que todos los españoles tengan derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada</strong> (art. 47), que toda la riqueza del país en sus distintas formas y se cual fuere su titularidad está subordinada al interés general (art.128.1).<br />
Pero como digo, nuestra Constitución se ha convertido en el globo terráqueo al que daba patadas Charles Chaplin, en el film. “El Gran Dictador”, solo sirve como divertimento o instrumento arrojadizo por algunos políticos irresponsables que encuentran en el contrario la<br />
obligación que ellos mismo no fueron capaces de cumplir.<strong> Será porque después de más de XXV siglos no se han leído la “República” de Platón”.</strong><br />
En otros tiempos, las riquezas de lo particulares formaban el tesoro público; ahora es el tesoro público patrimonio de algunos particulares<br />
disimulados bajo forma de sociedades anónimas de todo tiempo y estructura, donde pretenden disipar los reproches de sus conciencias,<br />
quienes no solo no creen en la justicia de los hombres, sino tampoco en la divina.</p>
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		<title>Las divas en residencia</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Sep 2026 07:43:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[divas]]></category>
		<category><![CDATA[gira mundial]]></category>
		<category><![CDATA[música]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; LOS TIEMPOS MARCAN, ahora también, transformaciones profundas en la música. En las formas de hacer y difundir, nos referimos. Por su puesto y esencialmente ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="800" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/09/macondo-park-shakira-1.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Plano de Macondo Park la residencia de Shakira en la que da sus conciertos en Madrid" /></p><p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">LOS TIEMPOS MARCAN, ahora también, transformaciones profundas en la música. En las formas de hacer y difundir, nos referimos. Por su puesto y esencialmente en los géneros, en tecnología y escaparate, recepción, etc. Las divas de mayor notoriedad en el mundo están haciendo virar actualmente sus conciertos con notas sustantivas, y ello obedece a muchas razones, <strong>desde lo más prosaico a lo motivaciones sofisticadas de marketing. </strong></p>
<p style="text-align: left;">Hoy día asistimos de forma explosiva a dos ejemplos de alta alcurnia musical a nivel internacional, como son <strong>Shakira y Celine Dion</strong>, que ejemplifican a la perfección por donde marchan los conciertos en directo. Nos referimos a las denominadas<strong> residencias permanente de las artistas de relumbrón mundial</strong> en determinadas ciudades. La diva colombiana de Barranquilla saca pecho en Madrid, durante doce conciertos en septiembre y octubre (durante cuatro fines de semana consecutivos los días 18, 19, 20, 25, 26 y 27 de septiembre; 2, 3, 4, 9, 10 y 11 de octubre) consolidando su gira de las mujeres ya no lloran (World Tour). La escenificación del Macondo Park (escenario de Iberdrola Music) se erige como el gigantesco emporio musical y empresarial que remueve los formatos de las giras tradicionales.</p>
<p style="text-align: left;">En el mismo sentido hablamos de <strong>La residencia de Céline Dion en el Paris La Défense Arena,</strong> que consta de un total de 26 conciertos repartidos a lo largo de varias semanas (que comenzó el 12 de septiembre). Se trata, como decimos, de novedosos enfoques musicales que encumbran —mucho más de lo que están— a estas estrellas que abren horizontes a nuevas formulaciones de encumbramiento y recepción musical.</p>
<p style="text-align: left;">Queda ya viejuno y alicorto el recorrido por capitales (aunque sean las más grandes) buscando el relumbrón de la fama sin límite. Ahora <strong>ellas se erigen como diosas en gigantescas plataformas a las que hay que acudir ex proceso</strong>, en masa y con graves dificultades para encontrar sitio. Tal es la demanda de espectáculos, que mueven al día más allá del orden de 60.000 espectadores y actuaciones sobrecogedoras.</p>
<p style="text-align: left;">Ya no ruedan ellas alrededor del mundo haciendo girar la bola de la música, sino que es el mundo el que tienen que moverse en torno a<br />
ellas como auténticos iconos del universo. La fórmula de la Residencia tiene, claro está, beneficios a espuertas. Porque la artista remueve a los países enteros (España y Francia) hacia estos epicentros que no son únicamente de música, sino<strong> emporios empresariales de gigantescas proporciones en tamaño y negocio</strong>. Madrid y París se ven obligadas a definir colosales redes de acceso, y eventos variados, hacia los espectáculos mastodónticos, como si fueran —porque realmente lo son— mandatarios mundiales del más alto nivel. Se revolucionan masas ingentes de visitantes que hacen temblar a la capital, pero muy especialmente los resortes de difusión musical y de toda índole de información.</p>
<p style="text-align: left;">Las divas no precisan siquiera ser explosivas con su marketing particular, pues los medios públicos de información le hacen el oficio diariamente con programas específicos e informativos diarios, porque son foco de atención durante semanas y meses. Las divas hacen caja, pero quizás sea lo de menos, porque <strong>lo más significativo de las residencias está en la consolidación de iconos de la música incontestables</strong> con los que difícilmente se puede competir. Efectivamente son artistas de relumbrón, que cantan y actúan sin parangón en el mundo, pero de esta manera cierran el círculo a los magnates de la música, a los más grandes, que empiezan a mover ficha par realizar sus residencias con los resortes de sus casas discográficas, sus poderes en el espectro de la música y la aquiescencia de las mejores capitales del mundo para darle cobertura.</p>
<p style="text-align: left;">En fin,<strong> una nueva etapa de la difusión musical está en marcha</strong>. Las residencias de los más grandes artísticas abre brecha con futuribles de dimensiones incalculables, asistencias gigantescas y promociones inconmensurables. Son claramente movimientos culturales y sociales de alta ingeniería —porque hay que ver como movilizan— y pirotecnia del marketing, acoplados perfectamente a este mundo de la tecnología donde todos tenemos al alcance, paradójicamente, cualquier canción. Pero verlas en persona…, entre la multitud del país, tiene más calado para analizar.</p>
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		<title>A Luci Naciones &#124; La vida es bella</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Sep 2026 06:00:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Escribano Cabrera]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Querida Luci: Con la distorsión que nos impone la servidumbre de la memoria, guardo en mi cabeza imágenes de la película «La vida es ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="600" height="337" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/09/lavidaesbella.jpeg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Fotograma de la película La vida es bella" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Querida Luci:</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Con la distorsión que nos impone la servidumbre de la memoria, guardo en mi cabeza imágenes de la película «La vida es bella». En especial, las que refieren el subsistir de los protagonistas en el campo de concentración. Inolvidable el ejercicio de valor y creatividad de aquel padre, filtrando para su hijo la interpretación de la realidad que les ha tocado en suerte.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Ante las explicaciones que demandáis las niñas y los niños, los adultos contraemos la responsabilidad, primero, de escuchar vuestras dudas y, después, de armar una respuesta que satisfaga la curiosidad y vuestra necesidad imparable de crecer. Hablo de un espacio cotidiano y coherente, asumible, interpretable, creíble, verosímil… pero, cómo explicar a un niño el maltrato, el hambre, la violencia y la muerte en un campo de extermino, creado y consentido por seres humanos. Cómo demostrarle que <em>la vida </em>-además de un don precioso-<em> es bella. </em></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Cuando lo que nos rodea resulta deplorable. Cuando me dan ganas de salir corriendo mientras pueda… me habla tu manita, buscando un hueco en la mía y recordándome que no nos está permitido huir ni desentendernos de vosotros. En ese momento, solo me queda desempolvar la olvidada armadura y, a lomos del flaco Rocinante, volver a los caminos y plantarme en mitad de ese mundo: el único -nos aseguran- posible. Y vestido de fantoche e investido de una fuerza sobrehumana, leerlo de otra manera y enderezar los entuertos de ese dicho mundo que –también nos los aseguran- no tiene arreglo.&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">No sé dónde la habrás escuchado. Seguro que, como casi todas las que pronunciáis los niños, también es aprendida. «¿Qué es la polarización?», me preguntaste a bocajarro. Me disponía a cambiar de tema, pero contesté: «Es un juego para personas mayores». Ante tu cara de asombro y de querer saber más, me vine arriba: «En primer lugar se divide a esas personas mayores en dos equipos –a lo largo del juego, pueden degenerar en bandos e incluso en ejércitos-. Es obligatorio el uso de un lenguaje empobrecido y manejarse con valores absolutos y opuestos (bueno-malo, leal-traidor, listo-torpe, nosotros-ellos…), que ayude a los jugadores a regodearse en el infantilismo y la mediocridad. Otorga puntos extra poner caritas de asco, buscar referencias despectivas y encontrar –con o sin ingenio- la manera de ridiculizar las propuestas ajenas. No se permite conceder valor alguno a las soluciones que aporte el adversario y, mucho menos, sentarse juntos para buscar salidas. Penaliza escuchar al rival o respetar sus opiniones. Te comes al enemigo más cercano si eliges un portavoz que pregone, sin vergüenza, la propaganda y consignas de tu equipo y se avanzan diez casillas cada vez que -pese a no compartirlos- <em>comulgas con ruedas de molino</em> y aplaudes fervorosamente sus discursos. Te regalan un coche oficial para el resto de la partida, si te grabas en la frente un tatuaje con la frase: <em>¡Y tú más!</em> Se concede un comodín extra por confiar en líderes mezquinos y, el premio especial, si los dejas que piensen por ti. Finalmente, gana quien consigue dividir el mundo en <em>nosotros y ellos&nbsp;</em>y se convence a sí mismo -y a los demás- de que los seres humanos del otro equipo no han sido, son, ni serán jamás, nuestros iguales». &nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Querida Luci, pese a mi esfuerzo de imaginación -tan lejos del Guido de Bernigni-, tu respuesta resultó demoledora: «Me parece un juego estúpido y aburrido». A ella siguieron, un torrente, muchas más preguntas que no sé responder: «¿Cuánto puede durar?, ¿es peligroso?, ¿llegan a hacerse daño de verdad?, ¿te puedes retirar en mitad de la partida?, ¿qué ocurre con los que no quieren jugar?, ¿y si en el otro equipo caen tus amigos o tus hermanos, las reglas son las mismas?&#8230; ¿se abrazan todos al terminar?».</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">No muy convencido, con lo que no pasa de ser una bienintencionada fantasía, contesté solo la última: «¡Por supuesto! y, para redondear con algo de sustancia, añadí: ¡La vida es bella y no es ningún juego!».&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Cada uno con nuestro polo sin polarizar y siempre tuyo.&nbsp;</p>
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		<title>La intolerancia. El pecado de lesa humanidad</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Sep 2026 07:33:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Pedro Dueñas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[intolerancia]]></category>
		<category><![CDATA[opinio]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="628" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/09/c9678466-3d47-49c1-b91d-98dc8f31fb54_facebook-aspect-ratio_default_0.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="la tolerancia" /></p><p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;"><em>“No es mas a los hombres a quienes me dirijo, es a ti, Dios de todos los seres, de todos los mundos y de todos los tiempos: si está permitido a unas débiles criaturas perdidas en la inmensidad e imperceptibles al resto del universo para pedirte algo, a ti que lo has concedido todo, a ti cuyos decretos son tan inmutables como eternos, dígnate mirar con piedad los errores inherentes a nuestra naturaleza, para que esos errores no sean causantes de nuestras calamidades Tú que nos has dado un corazón para que nos odiemos y manos para que nos degollemos..”</em> (Voltaire.- Tratado sobre la Tolerancia).</p>
<p style="text-align: left;">El ser humano como sujeto social, marcado desde la creación <strong>por el pecado venial de la soberbia, ha añadido en el ejercicio libre de su conducta social otro pecado mortal imprescriptible: “la intolerancia</strong>” que inocula en la sangre esa loca enfermedad de superioridad frente a los demás seres humanos, sin capacidad&nbsp; de mirarse a sí mismo para advertir la insignificancia de su propio ser, la temporalidad de su existencia y conciencia de humanidad frente a un mundo inestable que deriva hacia su propia destrucción, segregación y desprecio del diferente.</p>
<p style="text-align: left;">La intolerancia del nazismo pretendiendo crear el “superhombre” (la raza aria) a partir de genocidios; el comunismo, con el ideario de crear el “hombre nuevo” sacrificando generaciones y destruyendo Estados. Las religiones monoteístas poniendo a sus Dioses como artífices de la intolerancia religiosa: “o haces lo que te digo o te someteré a los mayores tormentos terrenales y al sufrimiento eterno en el fuego de los infiernos”.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;Cruel principio: ahora tragedia, justicia después.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>&nbsp;¿Cuántas veces se ha violado el derecho universal de igualdad y respeto entre todos los seres humanos recogido en el art. 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos?</strong>: “<em>todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y en derechos”. </em>Apenas un 10% de la humanidad tiene conocimiento de la existencia de estos derechos universales, y aquellos países que lo conocen y suscribieron lo trasgreden sistemáticamente.</p>
<p style="text-align: left;">La unidad, la diversidad y la diferencia no tienen por qué generar conflictos.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>La filosofía aristotélica de la superioridad de unos seres sobre todos, ha sido mal e interesadamente interpretada por los que han ostentado el poder históricamente</strong>, tanto el civil como el eclesiástico, unidos en la causa común de la intolerancia y el predominio, así ocurrió hace siglos, con la teoría dogmático-eclesiástica de “Las Dos espadas”, una en poder de la iglesia para garantizar la eterna salvación de las almas de sus files, y la otra en poder del Estado con obligación civil de garantizar el cumplimiento del dogma religioso. Una lucha permanente contra el más débil que solo causó dolor, desgracia y muertes.</p>
<p style="text-align: left;">Sobre la tierra hay sitio para todos, pero se hace necesario<strong> la aceptación como regla universal</strong> de la fuerza de la razón, frente a la razón de la fuerza.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>La Tolerancia consiste en no censurar ni castigar ninguna acción, omisión u opinión, mientras éstas no tengan como resultado un acto delictivo</strong> y aun así, serán los tribunales de justicia los que pongan remedio al daño causado, la realización arbitraria del propio derecho genera aún un mal mayor que la propia desidia y parcialidad de los administradores de justicia.</p>
<p style="text-align: left;">Ojalá (law sá lláh- Halavái) todos nos acordemos o al menos no olvidemos que somos hermanos.</p>
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		<title>Antonio, «El Jhonny»: un homenaje que llega tarde</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Aug 2026 05:30:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[hoyaldia]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; POR ÁNGEL MORENO&#160; &#160; Hay personas que forman parte de la historia de un pueblo sin necesitar cargos, reconocimientos ni grandes escenarios. Personas que, ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1000" height="689" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/08/partido_memorial.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Cartel del partido" /></p><p>&nbsp;</p>
<p><strong>POR ÁNGEL MORENO&nbsp;</strong></p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Hay personas que forman parte de la historia de un pueblo sin necesitar cargos, reconocimientos ni grandes escenarios. Personas que, simplemente, están. Que dedican su tiempo, que reúnen a los demás, que crean recuerdos y que, con su forma de vivir, dejan una huella que permanece.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Antonio Fernández Gómez, “El Jhonny”</strong>, fue una de esas personas. Durante muchos años, el deporte fue una parte inseparable de su vida. Y lo fue también de la vida de Villaralto.</p>
<p style="text-align: left;">El tradicional partido de Viejas Glorias no era solamente un partido de fútbol. Era mucho más: era volver a encontrarse, recordar a quienes ya no estaban, juntar generaciones y compartir una tarde alrededor de algo tan sencillo y tan grande como el deporte. Antonio consiguió mantener viva esa tradición durante años.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>En 2023 se llegó a plantear que el Pabellón Municipal de Deportes llevara su nombre</strong>. Un reconocimiento que habría tenido un significado especial porque Antonio estaba vivo. Podía escucharlo. Podía sentirlo. Podía compartirlo con su familia y con su pueblo. Pero aquel reconocimiento no llegó.</p>
<p style="text-align: left;">Y hoy, cuando Antonio ya no está, <strong>aparece un partido memorial en su nombre.</strong> Y sí, debemos alegrarnos de que se le recuerde. Porque Antonio merece ser recordado. Pero también podemos sentir cierta tristeza al pensar que quizá algunas cosas se valoran más cuando ya no tenemos la oportunidad de decirlas a quien las merece. Porque un homenaje después de la muerte nunca podrá sustituir un abrazo en vida. Nunca podrá sustituir un “gracias, Antonio”. Nunca podrá sustituir el orgullo de ver a tu pueblo reconocer públicamente tantos años de dedicación.</p>
<p style="text-align: left;">Por eso, más allá de quién haya impulsado este partido y de las decisiones políticas que puedan existir detrás, hay una pregunta que permanece: <strong>¿Por qué no fuimos capaces de reconocer a Antonio como merecía cuando todavía estaba con nosotros?</strong> Y hay otra que duele especialmente: ¿Por qué dejamos desaparecer las Viejas Glorias, una de las tradiciones deportivas que Antonio ayudó a mantener durante tantos años?</p>
<p style="text-align: left;">Quizá ahora, cuando se juega este partido, deberíamos mirar más allá del marcador. Mirar a las gradas. A sus amigos. A quienes compartimos con él tantos partidos. A quienes aprendimos de él. A su familia. Y recordar que detrás de un nombre hay una vida entera. La vida de un hombre que dedicó muchas horas al deporte de su pueblo sin esperar grandes recompensas.</p>
<p style="text-align: left;">Por eso este sábado, cuando ruede el balón, Antonio volverá a estar presente. Estará en cada recuerdo, en cada conversación, en cada abrazo y en cada persona que lo eche de menos. Y quizá ese sea el homenaje más verdadero. Porque Antonio “El Jhonny” no necesita que Villaralto invente ahora su memoria. Villaralto ya la tiene. La construyó él durante toda una vida.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Gracias, Antonio.</strong> Por el fútbol. Por las Viejas Glorias. Por los amigos. Por los recuerdos. Y, sobre todo, por formar parte de la historia de Villaralto.</p>
<p style="text-align: left;">Hay personas que se van, pero hay recuerdos que el tiempo nunca consigue llevarse.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
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		<title>Etiquetas</title>
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		<pubDate>Sun, 23 Aug 2026 07:55:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Aperador]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="755" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/08/etiquetas.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="etiquetas" /></p><p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Las etiquetas son consustanciales al ser humano en su relación con la sociedad. De hecho son imprescindibles para manejarnos con el resto de nuestros semejantes y para que nuestro cerebro se desenvuelva con normalidad. Son construcciones sociales utilizadas para clasificar identidades y comportamientos de grupos, reflejando normas de poder y, a menudo, estereotipos o desviaciones de los estándares sociales, deshumanizando al que se las aplicamos al etiquetar negativamente. <strong>Todos y todas las utilizamos, tanto positivas como negativas.</strong></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Y precisamente de esas etiquetas “negativas” quiero hablar hoy. Uno puede ser etiquetado de infinitas maneras. Pongo un ejemplo de mí mismo. Yo puedo ser catalogado de padre, de gordito, de pozoalbense, de historiador, de bético… También de estudiante de Antropología, de irónico, de amante de la cerveza, de republicano, de ateo… de comunista. Y aquí quería llegar. El problema es cuando una etiqueta con las que indefectiblemente nos catalogan, se impone al resto y no deja que se valoren o tengan en cuenta las demás cualidades o su falta de ellas.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;"><strong>Estoy bastante harto</strong>, sobre todo desde que tengo redes sociales, pero también antes de que estas marcasen tan indeleblemente nuestras vidas, de ser etiquetado solo de «comunista» o «de Izquierda Unida». Me adornan otras muchas virtudes y no menos defectos. Y no es que me moleste, al contrario, el que pretenda decírmelo como insulto pincha en hueso. Muy orgulloso estoy de profesar esta ideología, a diferencias de otra gente a la que yo etiqueto a la ligera –sí, yo también lo hago- como fachas o de ultraderecha.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">No veo yo que a nadie, al menos de mi entorno -y os puedo asegurar que tengo amigos o conocidos en (casi) todo el espectro político- a los que se les descalifique tanto de antemano o se les califique peyorativamente cuando inician cualquier discusión como a los que nos consideramos comunistas. Bien es verdad que últimamente también los socialistas, sobre todos los seguidores de Pedro Sánchez, tienen el cielo ganado</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">¿Tienen esas otras opciones ideológicas más derecho que la mía a la hora de prejuzgar positiva o negativamente a una persona? ¿Es que solo se puede ser de centro derecha liberal para pintar algo sin que te lleves un pescozón por opinar? O peor aún, ¿hay que no alinearse políticamente, decir aquello de «yo no soy de derechas ni de izquierdas» o «yo no me meto en política»? Ya sabemos de qué pie cojean quienes opinan así. Si no opinas de política otros lo harán por ti, que es, en el fondo, lo que quieren.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Incluso, los juicios a priori, pueden tacharme, como alguna vez lo han hecho, de “come curas”. Nada más lejano. Soy ateo por convicción pero la religión cristiana católica ha marcado y marca, lo quiera o no, parte de mi vida. De hecho diría incluso que tengo una sólida base cristiana, aunque para mí sea mitología, más aburrida que la griega y romana, pero que también tiene lo suyo.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Tampoco soy un anticlerical <em>quema iglesias</em> por mucho que&nbsp; despotrique contra algunos obispos ultras. Al contrario, me encanta el arte sacro -y mucho- y me pirro por los archivos, sean eclesiásticos o civiles y no precisamente para &nbsp;calentarme. Eso sí, puedo comprender el odio visceral que la clase trabajadora le hemos tenido a la Iglesia en ciertas etapas de la historia de España. Lógico, en la mayoría de las veces ésta ha estado –y sigue estando- con el poder, defendiendo a los ricos y los privilegios de éstos. Precisamente todo lo contrario de lo que Jesucristo –supuestamente- predicó en el Evangelio.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Es curioso pero incluso entre gente que debiera conocerme más, el sambenito de radical izquierdista cuela y sigue patente. Yo no me he puesto nunca una camiseta de la selección española de fútbol, como no me he puesto la de Brasil ni la de &nbsp;Alemania. Mi «<strong>españolidad</strong>» no da para tanto, lo cual no es óbice para que se las haya comprado a mis hijos, también poco futboleros, cuando eran pequeños.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">A pesar de esas etiquetas, yo, como el resto de seres humanos, tenemos nuestras opiniones distintas a las del grupo en el que somos etiquetados. Como dijo el filósofo aquel: yo soy yo y mis circunstancias. Vayamos con otro ejemplo. Últimamente se viene a calificar de Neandertales &nbsp;a aquellos que consideramos toscos, anticuados, bastos. Nada más lejos porque esa especie, de la que conservamos parte en nuestro ADN, no eran para nada unos garrulos: enterraban a sus muertos, pintaban en las cuevas, tallaban huesos y cuernos o se hacían tatuajes y adornos corporales… <strong>No sabemos todavía si, por ejemplo, los Neandertales tenían ideología o no</strong>. Aunque yo apuesto a qué sí. Y a buen seguro que también serían etiquetados. No sería lo mismo uno de estos familiares extintos que repartiera la carne de la caza que se había conseguido en la última expedición, que el que iba a esconderse para atiborrarse de la misma sin darle ni un bocado a nadie. No sería lo mismo aquel neandertal que cuidase de su familiar enfermo, que aquel que lo dejase abandonado a su suerte. Como no es igual aquel que se preocupa por el otro, sea inmigrante o “pata negra” nacional, a esos que piensan que la gente de distinto tono de piel es inferior y no tiene ningún derecho a pisar el suelo de esta “su” patria.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">A lo que vamos, en demasiadas ocasiones todos utilizamos las etiquetas para calificar negativamente a una persona enmarcándola en un estereotipo del que luego cuesta salir. Desde que llegaron las redes sociales todos opinamos de todo y claro así todos conocemos la opinión de los otros sobre cualquier cosa, por más nimia y banal que &nbsp;sea la cuestión, lo que, a priori, ya nos distancia si esta no concuerda con la nuestra.</p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Siguiendo con lo de las etiquetas que tanto gustan, muchas veces me han preguntado si creo que Jesucristo (tópico típico, típico tópico) fue el primer comunista. Obviando lo de presentismo histórico que tiene dicha pregunta&nbsp;</span>(evidentemente el&nbsp; comunismo como doctrina política aún no había nacido), siempre respondo lo mismo: «yo no sé si Jesús era o no comunista, lo que sí sé, viendo sus supuestos hechos –no tengo claro que existiera realmente-, es lo que no era: de derechas y ultraliberal».&nbsp;</p>
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		<title>Cines de verano o el sueño de una noche de verano</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/cines-de-verano-o-el-sueno-de-una-noche-de-verano/</link>
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		<pubDate>Sun, 16 Aug 2026 05:30:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Aperador]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Ya avanzada la canícula y debido a las constantes noticias que tenemos desde hace unos meses de la polémica por el cierre de los ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="480" height="270" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/08/cinemoderno.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Cine Moderno de Pozoblanco" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Ya avanzada la canícula y debido a las constantes noticias que tenemos desde hace unos meses de la polémica por el cierre de los cines de verano de Córdoba, situados en pleno casco histórico, me he acordado de nuestro cine de verano en Pozoblanco, el Cine Moderno.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Siempre me hizo sonreír el nombre porque, al menos en el largo tiempo que asistí a sus sesiones, finales de los 70, los 80, los 90 y una corta parte del nuevo milenio, sus instalaciones eran del todo menos “modernas”<strong>. Pero no por ello dejaba de ser entrañable,</strong> sobre todo porque era la única forma de ver cine en nuestro pueblo durante el largo y tórrido estío y porque además, como en todos los cines de verano, era un lugar ideal para socializar y pasar una noche al fresco y con los amigos.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Se puede decir que, al igual que el antiguo y desaparecido cine San Juan, muchos momentos de mi vida y de un alto porcentaje de pozoalbenses no se entienden sin las películas que allí se proyectaban. <strong>Desde las que veíamos en nuestra infancia y primera adolescencia, las que denominábamos de pistoleros con esos inmensos paisajes rodados en cinemascope</strong>, a las de “chinos” –nos tragábamos todas las sagas de Bruce Lee-, los péplum de romanos, mis favoritas, desde historias de la Biblia a las de guerra con los siempre chicos listos de los USA salvando al mundo, las de ciencia ficción, las románticas que nunca soporté…</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Crecimos y cambiaron las modas y nuestros gustos, como es normal. Por un tiempo, sobre todo a raíz de la famosa <em>Tiburón</em>, se pusieron de moda las películas sobre animales peligrosos: <em>Piraña</em>, <em>Tarántula</em>… De pronto multitud de animales se convirtieron en “asesinos” (avispas, hormigas,&nbsp; serpientes…) y nosotros disfrutábamos con nuestros refrescos y bolsas de pipas viendo cómo sembraban el pánico entre los americanos, porque todo en aquel tiempo sucedía en <em>yankilandia</em>.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Volvimos a crecer y empezamos a ser más selectivos a la hora de escoger las &nbsp;películas y también a tener conciencia política. Aunque, por lo general, los largometrajes que se proyectaban en el cine de verano solían ser más livianos, allí recuerdo ver a comienzos de los 80 <em>¡Arriba Hazaña!</em>, <em>La vaquilla</em> o <em>¡Biba la banda!</em> (sic), &nbsp;filmes dónde &nbsp;se abordaba el tema de la Guerra Civil en forma de comedia. Los refrescos pasaron a ser cervezas y las pipas, cigarrillos.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Lo que no cambiaba, o eso nos parecía a nosotros eran las salamanquesas, cada año más gordas del atracón de mosquitos que se pegaban correteando arriba y abajo por la blanca pantalla. O las sillas de chapa, que te dejaban el culo a rayas. Eso sí no llegabas tarde un día de mucho público y te tocaba coger una de las sillas de eneas que, decíamos en broma, tenían chinches de la época en que Manolo Escobar aún no había perdido el carro. O las estrellas fugaces que veías en aquel cielo mucho más limpio que ahora, o incluso los relámpagos y los truenos que oías a lo lejos de alguna tormenta que amenazaba con finalizar por lo tremendo con la proyección cinematográfica. Tampoco podía faltar la <em>‘rebequita’</em> porque de noche, ya a finales de agosto, aunque no lo crean las nuevas generaciones, refrescaba.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">No importaba que la película fuera un pestiño, que a veces lo era, si habías escogido sentarte en una mesa algo apartado de las filas de sillas, –servicio que se añadió en los últimos años- podías entablar una animada tertulia con tus compañeros de pandilla. Era una forma estupenda de socializar y echar la noche en aquellos largos veranos. Tuve la suerte incluso de poder ir alguna que otra vez con el mayor de mis hijos ya que el cine estuvo abierto hasta el año 2002. Recuerdo la primera película con él y con sus amigos de tres y cuatro años: <em>La edad del hielo</em> y la dificultad de mantenerlos a todos en silencio y sentados, eso sí los ojos como platos mirando la gran pantalla.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Podría contar multitud de anécdotas a lo largo de tantos años, de cientos de películas. Me quedo con una. Sería el verano de 1993 o cercano. Era el último día de la programación de ese año. El grupo de amigos y amigas que entonces nos juntábamos no teníamos claro que hacer esa noche. -¡Vamos al cine!-, dijo alguien. -¿Qué ponen?-, dijo otro. &#8211; No sé, pero echamos el rato- respondería algún otro. Nos sentamos en una de las mesas y dio comienzo la proyección. El cine estaba prácticamente vacío. Pasaron algunos minutos y no se oían nada. Será así al principio, pensábamos. De repente se paró la proyección y vimos como uno de los empleados del cine se dirigía con un altavoz en cada mano hacia la pantalla. Cómo era el último día se ve que se les olvidó colocarlos o los retiraron antes de tiempo. Risas generalizadas.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">La película resultó ser una italiana, <em>Mediterráneo</em>, que luego nos enteramos fue Premio Oscar a la mejor película extranjera en 1992. Un peliculón, un alegato antibelicista que transcurre en una isla griega durante la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Como antes he apuntado, en 2002 cerraron el cine. <strong>Estaba en&nbsp; un lugar muy apetecible urbanísticamente y pensamos que se convertiría pronto en un bloque de pisos</strong>, pero no, su lugar lo ocupa ahora un aparcamiento público. Los coches invadieron para siempre un lugar que estuvo ocupado por los sueños de miles de personas que pasaron allí momentos únicos de su vida.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Desde entonces no he ido a ningún cine de verano en otra ciudad. Lo más parecido ha sido cuando han puesto algún largometraje en la plaza de toros algún que otro verano. El cine Moderno murió sin hacer ruido, nadie lo lloró, aunque seamos muchos los que lo echamos de menos.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">En nuestra capital, en Córdoba, los pocos –creo que cinco- que quedan tienen más de cien años, llegando a haber más de una treintena por los diferentes barrios. Allí sí se ha creado una plataforma para que sean declarados Bien de Interés Cultural por la Junta de Andalucía y los adquiera el Ayuntamiento para su gestión.<strong> Están haciendo un estudio antropológico de lo que han sido y son los cines de verano para una ciudad y es que en verdad son como la sangre que corre por las venas de una sociedad cada vez más aislada en si misma, en sus pisos-torres de espaldas al otro</strong>. En la era de Neflix todo queda en casa y vemos películas y series hasta en el móvil. ¿Dónde quedó la socialización, el compartir unas horas con los amigos, con los vecinos? ¿Dónde quedó el compartir unas risas o unos llantos con los héroes de las pantallas? ¿Dónde quedó el aplaudir al final de la película si esta nos ha gustado o han ganado los “buenos”? Nos hemos vuelto tan descreídos que ya no nos creemos nada, ni a nosotros mismos.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Quizá todo esto forme parte de una sociedad que ya no existe, aunque me resisto a creerlo. En Córdoba la sociedad civil, o una parte de esta, ha despertado y ha creado una plataforma que está teniendo una gran repercusión &nbsp;para reivindicar sus cines de verano. Se está volviendo a proyectar cine en las plazas como la Fuenseca o la Magdalena. Los vecinos del casco antiguo se están movilizando. Quizá no todo esté perdido. Aquí, aunque&nbsp; no nos guste mucho “señalarnos” podíamos pedir que vuelva la pantalla grande a la plaza de toros, por ejemplo, lugar que a lo largo de la historia ha sido escenario de proyecciones.<strong> O crear -¿por qué no?- al igual que hay una Noche de la Cultura, una Noche del Cine</strong> y proyectar películas en alguna plaza del casco histórico de Pozoblanco. Películas mudas estilo <em>Metrópoli</em>, <em>El acorazado Potemkin</em>, <em>El gabinete del doctor Caligari</em>… joyas que en gran parte nuestros jóvenes desconocen. También cortos de nuestros jóvenes creativos, que tenemos muchos en Los Pedroches. En fin, una cultura viva y en la calle, participativa.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">En una sociedad que va, para mí, demasiado rápido y predica el individualismo y la insolidaridad, igual es tiempo de poner de moda lo tranquilo, lo sosegado, lo participativo, lo comunitario. <strong>Y los cines de verano eran todo eso y mucho más.</strong></p>
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		<title>Vestidos de domingo</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Aug 2026 08:33:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Aperador]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="900" height="616" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/08/foto_juan.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Vestidos de domingo" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Confieso que me gustó siempre esa expresión, si bien es verdad que cada persona la asocia a una vivencia propia. En mi infancia esas tres palabras significaban la llegada de la ilusión, del color, después de una semana gris con las consabidas obligaciones escolares. Tan gris como podían ser las semanas de un niño de diez o doce años en el Pozoblanco de los años 70. <strong>Como todos los niños teníamos un mundo entero por descubrir, sobre todo los domingos.</strong></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Primero, y de manera obligatoria, había que asistir a misa. La misa de doce de los domingos en San Sebastián estaba destinada a que los más pequeños acudiéramos para aprender la fe que practicaban –o no- nuestros padres, abuelos y demás antepasados. La verdadera, la única, la católica, apostólica y romana. No era para nada una tortura y confieso que, de mi vocación lectora, algo he de agradecer a aquellas catequistas que pacientemente nos contaban las truculentas historias del Antiguo Testamento, o las más pedagógicas de la vida de Jesús del Nuevo Testamento.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Antes de la misa estaba la catequesis, a la que acudíamos muchos niños y niñas a pesar de que ya habíamos hecho la Primera Comunión, que entonces se tomaba con solo nueve años. Indefectiblemente, estábamos mucho antes en la puerta de la iglesia de San Sebastián porque había que dar unos pelotazos con nuestros balones de plástico o bien en forma de partidillo, si había niños suficientes, o bien jugar un “rinche”, si estábamos menos. <strong>Las niñas no, claro. Las niñas tenían sus juegos aparte, en este caso o la comba o la “goma”</strong>, a los que nos sumábamos algunas veces también los niños. &nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Había que tener mucho cuidado para no destrozar o manchar la ropa que con gran esmero nos habían puesto nuestras madres, porque se tenía que notar que el domingo era un día especial. Yo iba hecho siempre un pincel. Bien lavado, bien peinado –le gustaba a mi madre ponerme gomina- y bien vestido. De hecho, alguna amiga mía de infancia, adolescencia, juventud y, ahora, edad madura, me lo suele recordar y me llama “pijo” con carácter retroactivo. Si alguien me conoce sabe que, desde que dejé la adolescencia, suelo llevar un “torpe aliño indumentario”.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Después de misa, junto con los amigos de la pandilla, que entonces eran generalmente los vecinos de calle, salíamos de “paseo”. Y es que en realidad eso era lo que hacíamos, pasear.<strong> Bajábamos la calle la Feria y nos llegábamos al quiosco del Bernardino, en la calle Real, para comprar los típicos regalices</strong> –trastos los llamábamos nosotros-, litines, pipas o algún que otro caramelo. Los que tenían más poder adquisitivo –siempre hubo clases- se llegaban hasta la confitería de El Chairo y se compraban un ‘negrito’, mientras el “proletariado infantil” mirábamos con envidia con ojos como platos y salivando más que el perro de Paulov.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">También frecuentábamos el quiosco del Farrago en la calle El Toro, entonces Avenida de José Antonio, o el del Manolito en la Avenida Villanueva de Córdoba donde, si habíamos ahorrado algo, podíamos comprarnos un tebeo del Capitán Trueno o de los repeinados ‘Roberto Alcázar y Pedrín’. Un&nbsp; garbeo por el paseo Marcos Redondo, entonces con mucha más vegetación y frondosidad &nbsp;que ahora o hasta la Cruz de la Unidad, con también mucho más verde, y para casa para comer en familia.&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Poco tiempo después crecimos. Dejamos de ir a misa. Aprendimos a engañar a nuestras familias, sobre todo a la tía de un amigo que siempre nos preguntaba qué cura había dado la homilía –para saber si habíamos ido o no a misa-. Pero nosotros ya nos lo intuíamos y mirábamos al comienzo de la misma, antes de irnos al Polideportivo Municipal -entonces recientemente inaugurado- a ver algún partidillo o a pegar pelotazos. De la catequesis nunca más se supo, aunque incluso fui el eventual presidente de una asociación que hicimos denominada ‘La juventud de la catequesis’ en la parroquia de San Sebastián. Dejé de asistir el día en que comenzaron a interesarme más las piernas de la catequista -solo un puñado de años mayor que yo- que las explicaciones que intentaba darnos sobre la&nbsp; Biblia y la doctrina cristiana.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Pasé de repente de la niñez a la juventud, como tantos otros, abandonando la religión. Ya no me lavaría ni vestiría mi madre, ni utilizaría la gomina, ni aparecería por la iglesia, salvo puntuales eventualidades. <strong>El mundo se abría para un yo adolescente, con todo su misterio e incertidumbres y yo iba a enfrentarme a él</strong>, pero ya nunca más con esa sensación de estar vestido de domingo.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;"><a href="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/08/foto_juan-completa.jpg"><img class="aligncenter wp-image-96050 size-large" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/08/foto_juan-completa-684x1024.jpg" alt="foto_juan-completa" width="684" height="1024"></a></p>
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