Al horizonte gris del invierno, con sus fríos y sus fecundas lluvias, han sucedido unos días templados de radiante primavera. Esta mañana salía el sol por La Jara y el cielo, con algún cirro disperso, anunciaba un nuevo tiempo. Es el tiempo sin Juanlu. Se ha ido. Ya no coge el móvil. En su reloj inteligente no suenan los mensajes. Los post, en un limbo difícil de definir, se han quedado atascados en la bandeja de salida, en una especie de borrador infinito. Sin emisor se quiebra la regla básica de la comunicación. Después de un invierno malo, que diría Fito, una mala primavera… Y aunque su marcha quizá ha sido una liberación tras una travesía dura y oscura, nos deja con una pena insondable. Dolorosa. Plena de incertidumbre y de rabia. Tan elevado ha sido el trauma de la partida que sólo nos puede consolar la presencia mental y constante de su recuerdo.
Juanlu caminaba hace algo más de 15 años hacia lo que solemos considerar la élite del periodismo cuando se empeñó en demostrarnos que no hay más honra para un comunicador que defender y hacer mejor su entorno. Y qué espacio más idóneo que su comarca, Los Pedroches. Y por eso dejó Madrid, la supuesta vanguardia. El (supuesto) éxito de los grandes medios, de los grandes gabinetes. Y retornó para decirnos que es posible construir un mundo mejor desde el territorio propio. Paradigma del lema que reza: Piensa en global, actúa desde lo local. Sus renuncias y las mías caminaron paralelas casi desde el principio de esa nueva etapa y hoy puedo decir que encontré –cómo cuesta el pretérito- en él uno de mis mejores pares, de ahí su imposible reemplazo por lo distinto y a la vez complementario de nuestros estilos. Generoso, de principios, comprometido, legal, implicado, confiable, siempre fue valiente como para impulsar nuevos formatos de comunicación, idear estrategias, difundir lo de los suyos, mostrar su carácter cuando se torcían las cosas…
Comentábamos estos días lo que hubiera sentido Juanlu ante tal despliegue de cariño, tal homenaje, tal duelo, sentido hasta por quienes no lo conocían y aun así han experimentado el desgarro que ha producido su marcha. No tengo la respuesta pero sí soy consciente de que ha conseguido que su mensaje, ese que llegaba a través de redes o en persona, haya calado para hacernos mejores ante la adversidad hoy y siempre. Ante las noticias, que caían en forma de informes médicos imposibles, Juanlu trasladó su constante comunicación positiva cada día de los últimos meses. Sin dejar el timón de su trabajo hasta horas antes de su partida, sin ceder ante los que le recomendábamos parar, sin valorar si quiera nuestros ofrecimientos… Juanlu sostuvo la bandera del compromiso con sus objetivos. Ejemplo y ejemplo. El mismo que debemos reconocer a quienes han conseguido que nunca haya estado solo. Como supo cultivar el aprecio de amigas y amigos, su círculo más cercano ha dado una lección difícil de encontrar en estos tiempos líquidos y superficiales. Ese círculo ha ligado su vida a la suya en los últimos meses. Sin condiciones, pero con la mejor de las recompensas que es la conciencia. Una conciencia sobre quién fue Juanlu que seguro que asume igualmente su hija, Luna, cuando llegue el momento. “Qué lección la de tu padre”, le diremos como testimonio de su testamento vital.
Eligió vivir y vive, porque su mensaje y su memoria están escritos. Es el legado de Juanlu. Gracias por todo amigo. Te recordaré siempre.



No hay comentarios