«El 27 de enero de 1945 las tropas soviéticas entraron en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau y descubrieron el horror genocida perpetrado por la Alemania nazi y sus aliados contra los judíos, mayoritariamente, pero también, contra otros grupos sociales debido a sus convicciones políticas, religiosas, orientación sexual, etnia o condiciones físicas.
Desde 2005 la UNESCO conmemora esta fecha declarada día de recuerdo contra las víctimas de la barbarie nazi para recordar a la humanidad las consecuencias fatales que provocan los regímenes políticos basados en el fanatismo y el totalitarismo.
Una fecha que debiera ser recordada desde la distancia que marca el tiempo y la comodidad de habitar un mundo mejor tras las lecciones aprendidas, se ha convertido en una alarma de dimensiones planetarias que apela directamente a la ciudadanía. Asistimos atónitos y sobrecogidos a un creciente auge del fascismo a nivel mundial y a la ruptura del orden internacional por países, hoy gobernados por la extrema derecha, que han roto la compleja fórmula del orden colectivo acordado tras la II Guerra Mundial.
Los recientes acontecimientos que contemplamos diariamente en “el país de las oportunidades” y la estatua de la Libertad recuerdan inevitablemente al ascenso del partido nazi en Alemania. La llegada de Hitler al poder se hizo mediante mecanismos democráticos ya que la sociedad alemana utilizó las urnas para depositar el poder en manos de un líder supremo que utilizó el malestar social producido por las sanciones impuestas a Alemania tras la I Guerra Mundial, unida a los efectos de la crisis de 1929, para concebir un delirante plan megalómano que señalaba como enemigos del pueblo alemán a una serie de colectivos que actuaron como “chivos expiatorios”, a la vez que se emprendía una política territorial imperialista para dominar a otros pueblos “inferiores” apelando a un nacionalismo supremacista.
En esta ideología totalizadora, la razón y los principios ilustrados fueron sustituidos por una explicación del mundo basada en prejuicios y explicaciones pseudocientíficas que utilizaron algunas teorías como el darwinismo social, la eugenesia y el retorno de valores que apoyaban un pasado mítico y romantizado del pueblo alemán para prometer el bienestar social y económico justificando el control social y el recurso a la violencia para garantizar el nuevo orden.
En este sentido, no podemos pasar por alto el auge en nuestro país de discursos alejados de criterios científicos que abocan, de nuevo, al oscurantismo y la superstición con el fin de manipular y confundir a la ciudadanía. Han florecido los discursos negacionistas que alientan el odio y la violencia contra personas pertenecientes al colectivo LGBTIQ+, inmigrantes, feministas, activistas pro-derechos humanos, ecologistas o políticos del espectro progresista que encuentran resonancia en redes sociales, pseudomedios e incluso en prensa considerada “seria”, en muchos casos sufragada por presupuestos de instituciones autonómicas lideradas por partidos afines a la ultraderecha.
No debemos olvidar que el Holocausto supuso la persecución y aniquilación sistemática de los judíos europeos (seis millones fueron asesinados) por parte de la Alemania nazi, sus aliados y colaboradores entre 1933 y 1945, pero también, de otros grupos sociales que no cabían en el demencial ideario nazi. En aquel exterminio encontramos a unos 10.000 españoles que, escapando de las represalias de los ganadores de la guerra iniciada en España en 1936, por un grupo de militares insurgentes, acabaron siendo víctimas del horror en los campos de concentración nazis con el consentimiento del gobierno franquista.
Aproximadamente 1.500 eran andaluces y dos de cada tres perdieron su vida mayoritariamente en el complejo de Mauthausen pero también en toda la red de subcampos de concentración nazis como en Buchenwald, Dachau, Flossenbürg, Struthof-Natzweiler, Neuengamme, Sachsenhausen, Gross-Rosen, Mittelbau-Dora y Ravensbrück, entre otros.
Por esta razón, desde la Asociación Triángulo Azul Stolpersteine de Andalucía queremos rendir homenaje a todas las víctimas del Holocausto y, especialmente, a todos los españoles, hombres, mujeres y niños, que sufrieron un horror inconmensurable y dieron su vida por defender la democracia y un ideario de justicia y dignidad.
Honorables compatriotas, deportados y exiliados a campos nazis, muchos de vosotros nunca pudisteis regresar a vuestro país, y otros perdisteis la vida lejos de vuestros hogares, pero la semilla que os animó a luchar por un mundo mejor sigue viva en cada una de las personas que hoy os recordamos.
Por todos aquellos hombres y mujeres que os precedieron en la lucha por la democracia, por vosotros valientes españoles y españolas deportados/as y exiliados/as y por los que continúan vuestro legado. Nunca más, en ningún lugar, contra nadie«.


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