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	<title>Hoyaldia.com &#124; Actualidad online de la comarca de los pedroches &#187; 23-F</title>
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	<description>HOYALDIA.COM es un periódico online de la comarca de Los Pedroches</description>
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		<title>Tejero fue el último en entrar, por Miguel Ángel Pérez Pimentel</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Feb 2017 08:21:45 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
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<p>Más de la mitad de esta columna no la he pensado yo, ni siquiera he tenido el detalle de repensar algunas de la expresiones o el estilo para darle originalidad. Nada. Sólo el título es mío. El 23 de febrero de 1981 en el Congreso de los Diputados a eso de las seis y veinte de la tarde el teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, entró a tiros en el Congreso mientras se producía la votación del nuevo Presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, de aquella recién estrenada democracia y que dejaba defenestrado a Adolfo Suárez.</p>
<p>He dicho que nada de esto es idea mía, de hecho siempre pensé que el protagonista de aquel incidente fue Tejero, junto con Milans del Bosch que sacó a pasear los M-47 por Valencia, y los 200 guardias civiles que tirotearon la cúpula del hemiciclo del Palacio de las Cortes. Pero no. El verdadero protagonista de aquel golpe a la democracia fue Adolfo Suárez, y la actitud de Adolfo Suárez, y la de la oposición en el Parlamento; también los militares, sobre todo los nostálgicos del régimen; los empresarios, sobre todo los nostálgicos del régimen, acuciados por la segunda crisis del petróleo; y la prensa, sobre todo la nostálgica del régimen; y el Vaticano, y los Estados Unidos y el Rey (bueno en esto habrá discusión pero si no lo hizo lo pensó). Quiero decir que toda esta gente entró en el Congreso de los Diputados esa tarde e intentó dar un golpe de Estado. No me olvido del general Armada, que fuera mentor y secretario del rey durante años; ni del absuelto de José Luis Cortina, un jefazo del ejercito; ni del CESID, ni de la AOME (otro servicio de inteligencia mandado por Cortina), ni de Pardo Zancada, que llegara a última hora aquella madrugada con una compañía de la Policía Militar para apoyar a Tejero mientras en el Hotel Palace la policía, la guardia civil, algunos militares y unos pocos políticos no tenían ni puta idea de por donde venían los tiros esa noche ni por donde iban a salir.</p>
<p>Todo este <em>percal</em> entró en el Congreso a las seis y veinte de la tarde de aquel 23 de febrero. No es coña, lo que ocurre es que tardó más de cuatro años en entrar y claro, tuvieron que hacerlo por partes. Primero entró Adolfo Suárez y la democracia o aquello que Suárez pudo montar a base de engatusar, seducir y contar medias verdades a unos y otros; y claro, aquello no gustó a nadie o a casi nadie. Ni a los falangistas, ni a los militares, sobre todo los nostálgicos del régimen; ni a los guerrilleros de Cristo Rey, ni a los tecnócratas del Opus Dei, ni a los monárquicos, ni a la oposición, ni a la UCD (o una parte de ella), ni a los empresarios, sobre todo a los nostálgicos del régimen; ni a la prensa, sobre todo a la nostálgica del régimen. A nadie (o a casi nadie). Luego vinieron los Pactos de la Moncloa y la Constitución que durante un ratito cerraron las puertas de la Carrera de San Jerónimo y casi echan el cerrojo salvo porque entre medias un Sábado Santo y con todo quisqui de vacaciones se legalizó el Partido Comunista de España (que luego aceptó, por cierto y por el bien de España, a la monarquía, la unidad de la Patria y <em>la rojigualda</em>). Esto y el invento del Estado de las Autonomías, que rompía con la unidad de España, abrió las puertas de par en par. Imagínense las editoriales del diario El Alcázar. El acabose. Si a todo sumamos la crisis del petróleo que tenía al país en la ruina o el castigo constante de ETA con asesinatos a diestro y siniestro, la cosa era ya imparable.</p>
<p>Desde luego que fue la cúpula del ejercito, la nostálgica, con Armada al frente la que organizó y estructuró todo lo que pudo ocurrir y no ocurrió la tarde del 23 de febrero de 1981. Pero la gestación del golpe tiene muchos más protagonistas: todos los que creían que España se iba a pique y que la solución era un gobierno de concentración con un mando militar a la cabeza, eso sí, por el bien (o no) de la democracia. Si se han dado cuenta Tejero en realidad fue el último en entrar aunque fuera el primero en pasar.</p>
<p>Todas estas y muchísimas más tramas, conspiraciones y contubernios me los descubrió el monumental ensayo de Javier Cercás <em>Anatomía de un instante </em>que analiza y disecciona minuciosamente el 23-F desde la imagen donde esa tarde se observa a Adolfo Suárez en el hemiciclo del Congreso impertérrito en su escaño “mientras las balas de los golpistas zumbaban a su alrededor ”. Léanlo si no lo han hecho. Ya les dije que nada de esto era idea mía.</p>
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