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	<title>Hoyaldia.com &#124; Actualidad online de la comarca de los pedroches &#187; epidemias</title>
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	<description>HOYALDIA.COM es un periódico online de la comarca de Los Pedroches</description>
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		<title>Epidemias y enfermedades en el Pozoblanco del último tercio del XIX (y III)</title>
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		<pubDate>Sat, 30 May 2020 08:43:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Aperador]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[ACTUALIDAD]]></category>
		<category><![CDATA[epidemias]]></category>
		<category><![CDATA[Pozoblanco]]></category>

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<p><em>Por Juan Aperador García</em></p>
<p><em>Finalizamos esta entrega estudiando la última década del ochocientos en Pozoblanco donde dos epidemias causarán estragos en la población: la difteria y el paludismo o malaria, que aún sigue matando a casi medio millón de&nbsp;</em><em>personas en el mundo actualmente.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vamos avanzando ya en la última década del siglo XIX. Corre el año 1895 y, al comienzo del verano, vuelve a reunirse la junta formada para el bienio 1895-1897 y que preside el alcalde de entonces, Domingo Márquez Moreno. Así, “para evitar que se desarrolle cualquier epidemia propia de la estación del verano”, vuelven a plantearse las medidas ya repetidas. Por las actas, nos enteramos que la calle Obispo Pozuelo “que siendo antes la de mejores condiciones higiénicas, ha pasado por desgracia a hacerse casi inhabitable o cuanto menos de notorio perjuicio a sus habitantes”. ¿La causa?, “la mala construcción del caño que corre por todo su largo y que, abierto en unos sitios y casi destruido en otros, forman un perenne depósito de miasmas pútridas”. Además, la calle ha aumentado mucho el paso de transeúntes, “al conducirse por la misma los cadáveres de los individuos que pertenecen a la parroquia de Santa Catalina”. (Recordamos que recientemente se había inaugurado el nuevo cementerio). La junta opina que debe arreglarse ahondando el alcantarillado o si “no pudiese llevarse a cabo por su mucho coste”, desviar las sustancias que por allí pasan por las afueras del pueblo “…por la Cruz del Torilejo, o sea, por donde antes corrían”.</p>
<p>Pero otros problemas mayores acucian a nuestra ciudad ese verano. Por la carta del subdirector de Medicina de la Junta de Sanidad al alcalde de Pozoblanco, nos enteramos que en el mes de junio se están produciendo algunos fallecimientos a consecuencia de la difteria. Para ello se pide se observen con rigor algunas disposiciones, entre ellas, “Tan luego como se tenga noticia de algún fallecimiento por difteria, angina gangrenosa, angina pustácea, difteritis, crujes, garrotillo o cualquier denominación equivalente, nombre la conducción del cadáver al depósito el cementerio”. También se sugiere que los cadáveres afectados por la epidemia no entren en los templos, para evitar el contagio de los fieles y que se impida “que los niños <em>(fallecidos)</em> sean transportados al cementerio por sus amigos y allegados, efectuándose por personas mayores evitando también la costumbre de que las cintas sean llevadas por otros niños”. Estas mismas medidas volverán a tomarse en el año siguiente, 1896, al reproducirse de nuevo un foco de difteria.</p>
<p>También las enfermedades contagiosas del ganado, eran objeto de las reuniones de la Junta de Sanidad Municipal. El 14 de septiembre de 1896 se recibe una carta del Gobernador Civil de Córdoba en la que muestra el conocimiento de que los ganados de varios vecinos de Pozoblanco están afectados de la “epidemia varicosa”. Para combatirla se aíslan los rebaños de las ganaderías colindantes y así evitar su propagación, además de ejercer una “especial vigilancia para que las reses muertas por la epidemia sean quemadas y no se expendan sus carnes”.</p>
<p>Y llegamos al final del siglo XIX en Pozoblanco con otra enfermedad endémica que afectaba a su población: el paludismo, también conocido como malaria. A instancias del Gobierno Civil, y para responder a la Comisión permanente nombrada por la Real Academia de Medicina, en abril del año 1900, se nombra al subdelegado de Medicina del Partido Judicial, Rafael Bueno Arnalte (el mismo que realizó la Memoria Sanitaria), para realizar un informe sobre la enfermedad palúdica en Pozoblanco. En agosto es presentado un extenso informe que analizamos a continuación.</p>
<p>En primer lugar, y para destacar el problema que representaba el paludismo, en el mismo estudio se indica que de 3.149 fallecimientos ocurridos en Pozoblanco en diez años, 154 son de paludismo, 156 de fiebres tifoideas “o sea, el 4% de una y otra y de viruela, que tanto impresiona y asusta, solo han muerto 77, esto es, la mitad.” Y continúa, “Ahora bien, calculando que de las fiebres intermitentes <em>(paludismo)</em> solamente son el 2% perniciosas y suponiendo que de estas se ha curado doble número de los fallecidos, tendremos 462 casos de <em>perniciosidad</em> <em>(gravedad)</em> y 23.100 de fiebres palúdicas, equivalente a 2.310 enfermos por año, la 6ª parte de la población”.</p>
<p>La picadura de mosquitos procedentes de aguas estancadas, es la forma de transmisión de esta enfermedad infecciosa y endémica en esta época en Los Pedroches y que sigue matando a casi medio millón de personas todos los años en el mundo. Es por ello que el informe señala cinco focos principales de paludismo: el arroyo que atraviesa el pueblo y que no está encañado tras pasar por el centro del casco urbano; una charca o laguna situada en el extremo Oeste, “en la margen izquierda del arroyo mencionado y confluencia de las calles Ancha y Ángel”. Su extensión es aproximadamente de 300 metros y una profundidad de metro y medio. El tercero serían las charcas “que circundan la urbe en sus extremos Sur y Oeste, procedentes de canteras abandonadas en su explotación que dejan su recipiente para las aguas pluviales”. El cuarto los derrames de los lavaderos públicos por falta de encauce y desnivel del terreno: el Chorrito al Noroeste; el Pilar de los Llanos al Sur y el Pilar Nuevo al Noroeste. Y, por último, el agua estancada situada a larga distancia en propiedades particulares, huertas, dehesa y olivares, procedentes de charcas de arroyos o pequeñas lagunas. Las estaciones más propensas para el desarrollo de la enfermedad: verano y otoño.</p>
<p>Tras un análisis pormenorizado de cada posible foco de infección del paludismo, el médico Rafael Bueno, propone los procedimientos que considera más oportunos para el saneamiento de estos focos insalubres.</p>
<p>Para el arroyo propone el completo encauzamiento y alcantarillado, “cuanto menos hasta 100 metros más abajo del Matadero, no solamente salvaría esta medida la cuestión del ornato público, sino que sería altamente higiénica”. Sobre la charca opina que “debería decretarse su desagüe y desecación aprovechando el sitio para la construcción de casas o dependencias”.</p>
<p>Respecto a las canteras abandonadas, la solución estaría en desecarlas, “ordenando a los dueños constructores que arrojen al expresado los escombros de sus obras hasta nivelar el terreno”. También propone en esos lugares hacer plantaciones de árboles “que, a par que saneaban la atmósfera, servirán como adorno permanente”. Además, menciona que “merecen la predilección los eucaliptos glóbulos que, aunque no está demostrada su eficacia contra el paludismo, hay quien defiende su influencia benéfica”. En efecto, el eucalipto blanco, originario de Australia, ha sido utilizado para desecar zonas pantanosas y era, hasta hace poco tiempo, muy común verlo en las salidas de todos los pueblos de Los Pedroches.</p>
<p>Para las nuevas canteras que se abran para extracción de materiales, opina que pueden hacerse en condiciones que no se formen depósitos de agua, “bastaría con obligar a los canteros a que dejaran el sitio con el nivel necesario para el libre curso de las aguas”. Por lo que respecta a los lavaderos públicos señala la necesidad de controlar sus derrames para que no se formen charcas y focos insalubres.</p>
<p>Por último, sobre los pantanos existentes en las zonas rurales, indica que “quizás los que producen más mortalidad, se hace sino imposible, muy difícil su extinción”. Por ello propone repartir cartillas sanitarias en hojas sueltas y que se repartan gratuitamente al público “dando a conocer los medios que se aconsejan por la ciencia para este fin”. Como recomendaciones generales pide inculcar a los agricultores y, especialmente a los braceros, “lo perjudicial que es habitar en las márgenes de los ríos y arroyos, en las proximidades de los parajes húmedos, sobre todo en los meses de calor, al exponerse a estas emanaciones después de la puesta de sol, el dormir en el suelo aunque sea en poblado y cuantos consejos sean pertinentes al objeto”. Como vemos aún se desconoce que es la picadura del mosquito la que transmite el paludismo y se sigue creyendo en la teoría miasmática.</p>
<p>Para finalizar el informe anota que poco se ha hecho para controlar el paludismo en Pozoblanco, “Ocasiones hemos conocido que el solo anuncio de la proximidad de una epidemia, se han formado cordones sanitarios y tomado medidas de rigor para evitarla propagación del mal. Si el contagio ha penetrado en la urbe, las autoridades, el personal facultativo y hasta los particulares han rivalizado en actividad y celo para evitar los progresos de la infección. En cambio, para combatir el paludismo parece que todos estamos en brazos del azar sin poner los medios que están a nuestro alcance para evitar tan enorme contingente como nos da esta enfermedad”.</p>
<p>Terminamos con una frase lapidaria sacada del mismo cuestionario remitido a la Real Academia de Medicina: “La higiene de este término municipal se encuentra bastante abandonada. Solamente la observan los particulares en sus personas y domicilios y esto con deficiencias y sin ser general en todo el vecindario”. Aunque hay algo de resquicio para la esperanza, “Las autoridades, aunque poco, han mejorado algo la higiene pública en estos últimos años…”.</p>
<p>Así es, ya en el siglo XX, poco a poco, van aumentando las calles con servicio de alcantarillado y mejorando la higiene pública, lo que no será óbice para que epidemias como la viruela, en 1905; el cólera, en 1909 y 1911; el tifus, en 1916; o la pandemia de la “gripe española” en 1918, nos visiten. Pero eso forma parte ya de otra historia.</p>
<h5><strong>NOTAS:</strong></h5>
<h5><strong>* Todos los datos están sacados del Archivo Municipal de Pozoblanco HC0051.75 y HC0052. </strong></h5>
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		<title>Epidemias y enfermedades en el Pozoblanco del último tercio del XIX (II)</title>
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		<pubDate>Sat, 23 May 2020 08:37:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Aperador]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[epidemias]]></category>
		<category><![CDATA[historia]]></category>
		<category><![CDATA[Pozoblanco]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="600" height="379" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2020/05/callereal-historica.png" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="callereal-historica" /></p><p>&nbsp;</p>
<p>Por Juan Aperador</p>
<p><em>Vamos con el segundo capítulo dedicado a la sanidad en los últimos años del Pozoblanco decimonónico en el que la higiene y la salubridad, como ya hemos visto, brillaban por su ausencia.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero si hay un documento en nuestro archivo municipal que refleje de manera fidedigna la situación sanitaria del Pozoblanco de finales del siglo XIX, ese es la <em>Memoria Sanitaria de la Villa de Pozoblanco</em>, realizada por el médico Rafael Bueno Arnalte y el farmacéutico, Francisco Castro Blanco, en 1894. Este estudio nos muestra una relación pormenorizada de las enfermedades de nuestra ciudad, sus causas y la manera de intentar prevenirlas. Además, nos ofrece un panorama económico y social del Pozoblanco finisecular en el que no nos vamos a detener, centrándonos tan solo en los aspectos sanitarios.</p>
<p>Respecto a las enfermedades más comunes y frecuentes que sufren los pozoalbenses –y por ende los habitantes de Los Pedroches- señala: “fiebres esenciales de todas las formas, predominando las intermitentes; flegmasías (inflamaciones) del aparato digestivo, del respiratorio y cerebro-espinal; las afecciones reumáticas y procesos morbosos comunes. También son frecuentes las afecciones cutáneas”.</p>
<p>Por otra parte, entre las enfermedades infectocontagiosas y que provocaban periódicamente epidemias, encontramos: influenza (gripe), viruela, sarampión, escarlatina, difteria, coqueluche (tosferina) y paperas. Haremos un inciso para explicar que, a finales del siglo XIX, todavía imperaba la teoría miasmática que aseguraba que las enfermedades contagiosas eran producidas por los miasmas, emanaciones fétidas de suelos y aguas impuras. Solo a principios del siglo XX se impondría la teoría microbiana, que señalaba a virus y bacterias como causantes de estas enfermedades.&nbsp;</p>
<p>Para los autores de la memoria, entre las causas que contribuían directa o indirectamente a perjudicar la salud de los pozoalbenses y a la frecuente propagación de epidemias, se encontraban: “pantanos y charcos en los extremos de la población; sumideros y estancamientos de aguas sucias procedentes de lavaderos públicos; proximidad de muladares o estercoleros; falta de alcantarillado total de los arroyos que atraviesan la población y, el estancamiento de aguas inmundas y remoción de las mismas por animales”.</p>
<p>Por otro lado, sobre el origen de la propagación de las enfermedades contagiosas, señalaban que, “la viruela fue importada por personas que la adquirieron de otras poblaciones haciendo un viaje; la gripe por propagación atmosférica”. Del sarampión y el coqueluche reconocen desconocer su origen.</p>
<p>Respecto a las medidas sanitarias a adoptar para evitar los frecuentes contagios, sugieren, entre otras: saneamiento de la población y establecimientos públicos; servicio de alcantarillado adecuado; desecación de pantanos; reformar talleres y fábricas para mejorar su salubridad; inspección sanitaria de tiendas de comestibles; ordenanzas municipales de limpieza de calles y alejamiento de estercoleros. Por otra parte, para atajar la epidemia una vez comenzada, recomiendan “el aislamiento completo de la persona atacada primitivamente, así como el de las que estén con ella en contacto para su asistencia y la desinfección de la casa, ropas y efectos que haya usado”.</p>
<p>Para que veamos la importancia de las estas enfermedades epidémicas y contagiosas en la mortalidad del Pozoblanco de finales de siglo, echamos mano a la clasificación que los autores de la memoria hacen de las causas de los fallecimientos en el quinquenio 1889-1893. De un total de 1.619 fallecidos, 339 lo son por alguna de estas enfermedades, más del 20%. Entre ellas destacan las fiebres tifoideas con 82 fallecidos, la disentería con 71, las infecciones palúdicas con 57, el sarampión con 53 y la difteria con 27 muertos en cinco años.</p>
<p>La memoria sanitaria también nos muestra una imagen más cercana y nítida de nuestra ciudad señalando otros aspectos interesantes. Entre ellos el abastecimiento de aguas, que califica, respecto a la potable, de suficiente para cubrir las necesidades de la población, “con fuentes públicas distribuidas en las afueras de la villa en sus cuatro puntos cardinales”. Igualmente indica que, en la mayoría de las casas, “hay pozos de aguas salobres que se destinan a riego, limpieza y uso doméstico”.</p>
<p>Por lo que respecta al desagüe y alcantarillado, apunta a que, “tanto los particulares y fábricas se verifica a dos arroyos que naciendo en el Noroeste y Este, convergen en el centro de la población, saliendo por Suroeste a desaguar al río Guadarramilla”. Estos arroyos están “alcantarillados desde su origen, excepto el segundo que corre al aire libre dos calles. Pasados ya por el centro siguen en alcantarilla algunos metros y, entre la calle Plaza (actual Plaza de la Constitución) y el Matadero (al final de Muñoz de Sepúlveda) sin alcantarillado&#8230; perjudicando sus emanaciones al vecindario, especialmente en calle Muñoz de Sepúlveda, Fomento, Ancha y Ángel”.</p>
<p>Las aguas estancadas eran, como ya hemos indicado, un problema por la proliferación de mosquitos que transmitían el paludismo. Aquí nuestros expertos señalan a las grandes canteras que circundan Pozoblanco y que son explotadas por los pedreros, “donde hubo extracción quedó un hoyo que recogiendo aguas llovidas y filtradas, sirven de lecho a restos vegetales y animales, siendo un foco poderoso de infección”. Se sugiere acabar con estas lagunas, así como dirigir las aguas de los “derrames de lavaderos públicos para evitar focos insalubres” y apuntan que, sería beneficioso, “la construcción de dos lavaderos cubiertos para las mujeres al estar al abrigo de la intemperie y protegidas de las inclemencias del tiempo”. Solo se construirá uno cubierto, el del Pilar de Los Llanos.</p>
<p>También nos enteramos, gracias a este informe, que el servicio de vacunación se lleva a cabo por medio de médicos, que lo hacen gratuitamente, y también por parte de practicantes. No existe “gabinete bacteriológico” ni “casas o asilos benéficos” y tampoco “casa de socorro”. Aunque “El hospital de la villa (Jesús Nazareno) tiene dos enfermerías”. Por último menciona que “El Ayuntamiento es pródigo para dar asistencia y medicinas gratuitas, teniendo clasificados como pobres a más de mil familias que gozan de aquel beneficio” (Un tercio de la población).</p>
<p>Para finalizar este detallado informe del estado sanitario de Pozoblanco, relataremos brevemente el estado higiénico de algunas infraestructuras de la ciudad. Comenzando por las escuelas. Existen ocho establecimientos oficiales (seis para niños y niñas, uno de párvulos y otro de adultos). Los locales que los acogen son “focos periódicos de mefitismo miasmático”, lo que viene a decir que son locales sin ventilación y con el aire viciado y argumenta, “seis horas hacinados, respiran aire insuficiente, sin oxígeno proporcional, cargado de ácido carbónico. Carecen de ventilación y de la luz necesaria”.</p>
<p>Respecto al mercado, aseguran que “carece la población de un local destinado a esto, se suple por la libre contratación en la plaza principal, en regulares condiciones”. Y hacen una recomendación, “Sería conveniente suprimir en absoluto las exhibiciones y venta del ganado de cerda en la calle Real. La permanencia de esta mercancía viva es un escarnio en toda la población, un insulto a la higiene, un mentís a&nbsp; la limpieza y un abuso intolerable para el vecino que en su puerta ha de sufrir tanta inmundicia tres meses consecutivos”.</p>
<p>Sobre la cárcel incide, “La del partido judicial está situada en el centro de la población en la calle principal, a 25 metros de la Casa Consistorial (en la calle Real)”. Y tiene “aspecto pobre a su entrada”, “mala distribución en sus departamentos”, “humedad en toda la planta baja” y “habitaciones pequeñas, sin luz ni ventilación”, “patio mezquino”, “no tiene enfermería”, “agua de un pozo no potable” y, “el calabozo de los presos de consideración es lóbrego y enfermizo”.</p>
<p>De mataderos y otras industrias escriben, sobre el primero, que está emplazado en el extremo Suroeste, dista 200 metros de la última casa y es de nueva construcción, siendo “sus desperdicios vertidos al arroyo que sale de la villa”. Hay seis grandes fábricas de hilados a vapor y la industria lanera con sus tintes y batanes, siendo estos los más insalubres porque “los ingredientes necesarios para el lavado y tupido de la bayeta son altamente perjudiciales para el industrial que permanece entre ellos y para la villa entera que sufren las emanaciones que exhalan, antes de llevarse a la fábrica, durante su aplicación y, por último, al atravesar el pueblo por la deficiente y no terminada alcantarilla”.</p>
<p>El informe también señala que los obreros pobres, operarios de fábricas y labradores, “habitan en casas de regulares condiciones” en las que por cuestiones económicas “crían uno o dos cerdos al año. Esta necesidad les hace tener dentro de casa un foco de infección”. Y finalizando puntualiza que es necesario, “inculcar a los vecinos lo insano que es almacenar los orines en vasijas, para obtener diez céntimos por cada cántara, que llevan a los batanes <em>(se utilizaba para blanquear la ropa y curtir las pieles)</em>. Se desprenden vapores amoniacales y sustancias animales y vegetales putrefactas que perjudican la salud”.</p>
<h5><strong>NOTAS:</strong></h5>
<h5><strong>* Todos los datos están sacados del Archivo Municipal de Pozoblanco HC0051.74. </strong></h5>
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		<title>Epidemias y enfermedades en el Pozoblanco del último tercio del XIX (I)</title>
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		<pubDate>Sun, 17 May 2020 09:18:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Aperador]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[epidemias]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="600" height="406" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2020/05/pilarllanos.png" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="pilarllanos" /></p><p>&nbsp;</p>
<p><em>Por Juan Aperador García</em></p>
<p><em>Comenzamos una nueva entrega sobre la historia de Pozoblanco. En este caso abordamos temas sanitarios, estudiando las epidemias y las enfermedades más importantes que sufrieron los habitantes de Pozoblanco en el último tercio del siglo XIX. La serie constará de tres capítulos. Esperamos sea de su agrado.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si algo llama la atención en la consulta de la documentación del Archivo Municipal de Pozoblanco relativa al siglo XIX, es, sin duda, la referente a la sanidad y la higiene pública. Vivía Pozoblanco en esta época, un tiempo de insalubridad y suciedad endémicas que repercutía en la aparición de epidemias y enfermedades. Según García de Consuegra<sup>1</sup>, “Era el caso, por ejemplo, de los derrames de los tintes y batanes que, a cambio de producir y dar trabajo a la población, derramaban sus aguas sucias y pútridas en cualquier albañal”. Los arroyos que cruzaban la población, sobre todo el denominado de La Condesa, no contribuían a mejorar el panorama, convertidos en lugares de suciedad, “revolcadero de marranos”&nbsp; y festín para los mosquitos. Tampoco hay que olvidar los estercoleros y zahúrdas que existían en las casas, la costumbre de tirar las aguas sucias a la calle, la falta de alcantarillado en la mayor parte de la población y las aguas estancadas de los numerosos <em>chabarcones</em> que circundaban la localidad.</p>
<p>Unos años antes del objeto de nuestro estudio, en 1867, Antonio Félix Muñoz<sup>2</sup> (que entre otros cargos ostentó el de alcalde de la ciudad), en un ensayo inédito sobre Pozoblanco, apuntaba que: “Las enfermedades más comunes en esta población son las fiebres intermitentes, pulmonías y reúmas, atribuidas a la irregularidad del clima. El cólera se desarrolló con alguna intensidad en 1834; amenazó en 1855 y fue conjurado oportunamente con saludables medidas higiénicas adoptadas por el Ayuntamiento de aquella época; pero en 1860 se reprodujo de una manera desastrosa por falta de autoridades locales y perniciosas exhalaciones de una laguna hecha al Sur de la población”. Y continúa, “El endémico y los tumores carbuncosos y enfermedades cutáneas son debidas a los malos abastos de carnes”. Para finalizar el apartado sanitario añade que, “Cuenta la población unas 1.400 casas, en general de dos pisos, el bajo habitable y el superior para graneros y otros usos. Están unidas entre sí formando 50 calles y plazuelas de figuras irregulares; sin soportales en ningún punto, empedradas pero sin nivelar y sin losas en las aceras”.</p>
<p>Para tratar de atajar las periódicas epidemias que sacudían a todo el país, se crean las Juntas Municipales de Sanidad, reguladas por la Ley de Sanidad de 28 de diciembre de 1855, aunque habían sido fundadas por disposiciones anteriores. La de Pozoblanco se constituía para dos años y estaba formada, generalmente, por un cirujano, un farmacéutico, un médico, un veterinario, el alcalde y vecinos relevantes del municipio.</p>
<p style="text-align: left;">La primera Junta Municipal de Sanidad de la que tenemos noticias, la encontramos en enero de 1871, fecha en la que se constituye. En verano acecha el cólera (enfermedad infecto-contagiosa transmitida por una bacteria que se encuentra en el agua y alimentos contaminados) y tiene lugar una primera sesión en la que se acuerdan tomar una serie de medidas:</p>
<p style="text-align: left;">“Que los cadáveres, a pesar de que la ley dice que han de sepultarse pasadas 24 horas, que lo sean a las 18 y esto si antes no hay signos de putrefacción. Se toma esta medida por el excesivo calor que hace y por las malas condiciones higiénicas para el depósito de los cadáveres”.&nbsp; Otras medidas, que se adoptaban comúnmente, eran la limpieza de las calles y el intentar que los depósitos de aguas inmundas, estercoleros y todas aquellas sustancias nocivas, se trasladasen fuera del casco urbano. Igualmente se dispone que los pilares de las fuentes públicas sean limpiados con frecuencia y se prohíbe el tránsito de cerdos por la ciudad. También, que las mesas del despacho ordinario de carne sean lavadas diariamente al terminar la venta pública y, se prohibía, la venta de carnes, pescados o frutas si no estaban en perfectas condiciones higiénico sanitarias.</p>
<p style="text-align: left;">El año siguiente, además de ratificar todas las disposiciones anteriores, se acuerda “Que los tintes, batanes y demás establecimientos análogos tengan depositadas sus aguas hasta pasadas las 12 de la noche de forma provisional, hasta la realización del encañe o alcantarillado”. Además, se urge al Ayuntamiento a “hacer el alcantarillado” y se propone la “construcción de baños en el sitio denominado ‘Los Llanos del Pilar’ o en el que crea oportuno”.</p>
<p style="text-align: left;">En 1885, de nuevo, acecha el cólera y la Junta de Sanidad, en su sesión del 18 de junio, propone colocar “un guardia municipal para vigilar día y noche todas las entradas de la población, para vigilar géneros procedentes de puntos infectados y que éstos sean fumigados y desinsectados”. También insta al Ayuntamiento al “establecimiento de lazaretos para viajeros que procedan de puntos infectados y que presenten síntomas coléricos”. Estos lazaretos suponemos que serían las ermitas de San Gregorio y San Antonio, habitualmente habilitadas para ello cuando las epidemias hacían estragos en la población. Otra medida adoptada es la de “limpieza de los arroyos de la población con frecuencia” y la reiterada de “prohibir la circulación de cerdos por el pueblo y, a ser posible, fuera de los domicilios a un kilómetro de distancia”, prohibición que, ya adelantamos, no se va a cumplir.</p>
<p style="text-align: left;">La situación no debía ser muy halagüeña porque, 15 días después, vuelve a reunirse la Junta para continuar decretando medidas, como la de crear “comisiones de vecinos para visitar las casas de la población y especialmente las casas de los barrios pobres, obligando a retirar estiércoles y demás focos de infección, recomendando mayor aseo”. También se propone “proporcionar gratis la cal a las familias pobres para blanquear fachadas y patios”. Vemos como la cal es el desinfectante más utilizado desde hace siglos contra las epidemias.</p>
<p style="text-align: left;">Estas dan una tregua a Pozoblanco porque la siguiente sesión de la Junta es cinco años después, en noviembre de 1889, siendo alcalde León Herrero. Aquella sesión se limitó a amonestar a varios vecinos ordenándoles, “no derramen a la vía pública las aguas sucias de sus fábricas situadas en el casco de la población”. Tampoco se podían hacer depósitos en los patios de las fábricas. Solo se autorizaba “mediantes cauces subterráneos o esparcidos a una distancia de más de dos kilómetros”.</p>
<p style="text-align: left;">En el verano del año 1890, la situación se complica y el cólera vuelve a rondar la población, por lo que se vuelve a recomendar la retahíla de medidas ya conocidas: sacar basureros y estercoleros fuera del pueblo; limpiar albañales y desagües; prohibición de la circulación de ganado de cerda; no arrojar a la calle inmundicias ni aguas sucias; vigilancia escrupulosa del mercado público y tiendas de comestibles; y otras novedosas como la recomendación a los vecinos “que tengan pozo negro sin desagüe a la alcantarilla, que se eche semanalmente una espuerta de cal viva”; obligar a los vecinos a barrer semanalmente la parte de la calle que le toque y, que las tierras procedentes de excavaciones en el casco urbano, se retiren a más de 200 metros.</p>
<p style="text-align: left;">Una semana después, el 30 de junio, vuelve a reunirse la Junta y a endurecer las medidas: se prohíben los cerdos en las casas y fuera han de estar a más de 200 metros. Cada tres días se deben visitar los establecimientos públicos de comestibles y bebidas. Además, las aguas destinadas al consumo del vecindario han de examinarse cada ocho días. También se insiste en revisar las boticas para ver las existencias de medicinas; visitar el hospital (de Jesús Nazareno) revisando ropas, camas y alimentos; reconocimiento del matadero público para ver sus condiciones higiénicas y, la última, “Disponer de locales por si llega el cólera, sobre todo la ermita de San Antonio. Pidiendo permiso a las autoridades eclesiásticas para habilitar al menos dos”.</p>
<p style="text-align: left;">No encontramos otra reunión de la Junta Municipal de Sanidad hasta dos años después, en 1892, cuando en verano vuelven a solicitar que se adopten las medidas ya conocidas, a las que se unen dos nuevas: “Que el Ayuntamiento, por todos los medios que estén a su alcance, ordene el inmediato encañe del arroyo de la Condesa a espaldas de la casa de Don Martín Muñoz” (suponemos que al pasar la actual Plaza de la Constitución); y otra, que se refiere al nuevo cementerio (el actual de Ntra. Sra. De los Dolores)&nbsp;inaugurado en 1888, “no siendo apropiado el suelo del cementerio para la descomposición de cadáveres, construya el Ayuntamiento galerías de suelos suficientes por ser esta una medida que contribuye muy eficazmente en favor de la salud pública”.</p>
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<h5 style="text-align: left;"><strong>NOTAS:</strong></h5>
<h5 style="text-align: left;"><strong>(1) García de Consuegra Muñoz, Gabriel. Apuntes de Pozoblanco: la otra cara de la Historia, Ayuntamiento de Pozoblanco, 2002.</strong></h5>
<h5 style="text-align: left;"><strong>(2) Muñoz, Antonio Félix, Ensayo topográfico, estadístico e histórico de Pozoblanco. Inédito.</strong></h5>
<h5 style="text-align: left;"><strong>* Todos los datos están sacados del Archivo Municipal de Pozoblanco HC0051.70, HC0051.71, HC0051.72 y HC0051.73.</strong></h5>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
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