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	<title>Hoyaldia.com &#124; Actualidad online de la comarca de los pedroches &#187; hilariadas</title>
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	<description>HOYALDIA.COM es un periódico online de la comarca de Los Pedroches</description>
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		<title>Lo que puede dar de sí una hilariada: El extranjero (Un cuento de malos y buenos)</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Oct 2023 09:19:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Escribano Cabrera]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>
		<category><![CDATA[hilariadas]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; “Algunos se creen buenos porque no hacen cosas malas.” Hilario Ángel Calero &#160; Me hallaba, garrafas en mano en la cola del agua y, ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="835" height="625" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2023/10/10.-ALGUNOS-SE-CREEN-BUENOS...1.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="10. ALGUNOS SE CREEN BUENOS..." /></p><p>&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: right;"><em>“Algunos se creen buenos porque no hacen cosas malas.”</em></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: right;"><em>Hilario Ángel Calero</em></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: right;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Me hallaba, garrafas en mano en la cola del agua y, ante tan tristísimo y (por dilatado y más) bochornoso espectáculo, el entendimiento se empezó a nublar y la cabeza a poblarse de malos pensamientos, tan terribles que, para poderlos referir en este cuento, dudé si protagonizarlo en clave de forastero, <em>Métèque-de-Moustaki</em> o viajero del espacio…</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Finalmente, he decidido autoinvestirme <em>extranjero-viajero-imparcial</em>, (por la censura a los iguales) a semejanza de Gerald Brenan, el inglés que nos visitó en los años cuarenta del siglo pasado y, después de saborear los pasteles de la <em>La Primitiva</em>, escribió sin pizca de pudor: …<em>Frente a nosotros se extendía Pozoblanco. Era un lugar feo… </em>Mirando las cosas con distancia –aseguran- se captan matices que, desde muy cerca, se nos escapan. Así pues, <em>yo no soy yo</em>, sino un extranjero desconocido y&#8230;&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Extranjero de paso por Los Pedroches, mi primera sorpresa –levanto acta- es la pachorra y la indolencia y la indiferencia del personal nativo y residente frente a los problemas gravísimos y urgentes que ahogan a los habitantes de un valle, que (como enseñan los que saben) ni valle es. Pareciera que el olvido les resbala o consideran (muy sufridos ellos y ellas) que el aguante aún se puede estirar un poco más o que los del pueblo de al lado lo pasan todavía peor: “¡Que se fastidien!” O, tal vez, que los políticos del único partido bueno (el suyo) o <em>el hada madrina&nbsp;</em>terminarán por aparecer y asumir sus responsabilidades y los sacarán del atolladero. Es un decir, me cuentan que hace años aquí no se atolla ni un carro cargado de piedras… &nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Extranjero y notario sin cualificación, tampoco cabe en mi cabeza cómo se puede ser tan zopenco o tan hipócrita para discursear de paraísos naturales y de un <em>bucólico y pastoril</em> marco para el turismo rural, en una tierra atravesada de ruidos; con el agua envenenada y el personal haciendo colas para que les den –como <em>sopa boba</em>&#8211; agua potable; una tierra donde han abierto un <em>camino de hierro,</em> aniquilando cientos de encinas -monumentos sagrados- de su dehesa, <em>“donde no existe el tiempo”</em> y que, según las altas instancias, no les da derecho, ni tan siquiera, a <em>que pare el tren en Los Pedroches</em>; una tierra, en fin, a la que adivinamos que hemos llegado, no por el aroma de sus campos ni la bondad de sus gentes, sino por <em>la mierda de carreteras</em> (es literal a lo escuchado) que nos introducen en ella.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Extranjero ignorante me pregunto: ¿Por dónde y cómo llegarán los turistas? y ¿Qué agua beberán cuando sientan sed, después de pasear por la reseca dehesa o participar en alguna prueba deportiva en su sierra? ¿Deberán acudir, garrafa en mano como yo, a la cola del agua?… Por más brochazos de color que se esfuercen en ponerle, esto se parece, cada día más, a un <em>Bienvenido Míster Marshall</em>, sobrado de ingenio para burlar censuras, pero inmerso en el más lóbrego <em>blanco y negro</em>, que imaginarse pueda.&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Ha caído en mis manos un libro de título <em>“Hilariadas”</em> y, por ser extranjero, no me consta a quién dedicó el autor: <em>“Algunos se creen buenos porque no hacen cosas malas.”</em> Le fastidiaba sufrir a algún santurrón alardeando de bondad, con los únicos méritos de no robar con pistola,&nbsp; no decir <em>mentirijillas</em> y -¡<em>Vade retro</em>!- no cometer actos impuros. Con carencia absoluta de argumentos para <em>autoenmedallarse </em>bueno<em>.</em></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Extranjero<em> en tierra extraña</em> discurrí: La referida Hilariada ofrece una pista de la distancia que separa de ser (<em>en el buen sentido de la palabra</em>) buenos a demasiados vecinos y vecinas (con responsabilidad política o ciudadana) de este rincón que me acoge. Aquí y en el extranjero, ser bueno se gana a pulso y cuesta. ¿Quién dijo que fuese fácil y gratis? En esta dehesa, es posible que <em>no exista el tiempo</em> (voy de paso y no puedo constatarlo) pero, no es menos verdad que muchos plazos se agotan definitivamente. A esta tierra ya no le basta con personas que no sean malas, precisa, con urgencia, gentes buenas. Muy buenas.&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Mientras me voy desprendiendo del disfraz de extranjero, dejo constancia de que el protagonista del relato no imparte ni recibe lecciones en materia de amor a su pueblo y de que, a pesar de lo escrito, hace tiempo dejó de creer en un mundo de <em>malos y buenos</em>.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Y colorín colorado, que nadie se altere. Esto no es más que un cuento: <em>¡El cuento de nunca acabar!</em></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;"><a href="http://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2023/10/10.-ALGUNOS-SE-CREEN-BUENOS....jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-80263" src="http://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2023/10/10.-ALGUNOS-SE-CREEN-BUENOS....jpg" alt="10. ALGUNOS SE CREEN BUENOS..." width="841" height="1190"></a></p>
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		<title>Lo que puede dar de sí una hilariada: Saltos de altura (Un cuento con visualización previa)</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Sep 2023 08:02:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Escribano Cabrera]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[hilariadas]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; “Estoy tan ocupado en engañarme a mí mismo que no tengo tiempo para engañar a los demás.” Hilario Ángel Calero &#160; Me despierto descansado, ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="800" height="591" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2023/09/9.-ESTOY-TAN-OCUPADO-EN-ENGAÑARME...1.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="9. ESTOY TAN OCUPADO EN ENGAÑARME..." /></p><p>&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: right;"><em>“Estoy tan ocupado en engañarme a mí mismo que no tengo tiempo para engañar a los demás.” </em></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: right;"><em>Hilario Ángel Calero</em></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Me despierto descansado, relajado,… feliz. No tengo un motivo especial: ¡La vida, en general, me trata tan bien! Me hago el remolón un par de minutos y, antes de levantarme, ya sonrío de oreja a oreja para mí y para el universo.&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">El plan para hoy es sencillo: Desayuno familiar relajado, untando las tostadas con calma y saboreando el café a pequeños sorbos. Alguna fruta del tiempo –comida sana- lavada en el agua cristalina que brota de los grifos de mi casa. El agua, un bien escaso que vigilo y disfruto en cada una de sus gotas. Acto seguido: ducha tonificante –que nada ni nadie me enturbie ese momentazo- consumiendo el indispensable <em>bien escaso</em>, mientras canto un aria, que ya quisiera Pavarotti. Me afeito sin prisa y charlo con ese amigo que me contempla desde el otro lado del espejo, observando cómo -pese a los cumpleaños- los años no parecen pasar por mí. Ensayo alguna pose con mueca que pueda resultarme útil y, embriagado por la simbiosis entre la colonia y mi piel, procedo a vestirme. Lo hago con despreocupación: Convencido de que cualquier prenda de mi vestuario ha de sentarme bien.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Concluidas las tareas de puertas adentro, salgo a la calle y me dispongo a comerme el mundo. Y todo el mundo me saluda y yo respondo con agrado y educación exquisita a todo el mundo. La mañana tiene tan buena pinta&#8230; ¿El trabajo? No sé si llamarlo así, aunque suene tópico, más que trabajo he de nombrarlo placer: Las horas vuelan y la tarea que desempeño es tan provechosa para la colectividad, que me colma <em>de orgullo y satisfacción</em>.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Unos minutos para un segundo café, ojear los periódicos en mi celular y ponerme al día,… me resulta más útil alcahuetear en algunas redes sociales. Los ignorantes ignoran el conocimiento que dichos espacios de convivencia atesoran y lo mucho que se aprende en ellas. Total, para perder el tiempo con información política… Me fío ciegamente de nuestros próceres, elegidos en las urnas como la Constitución manda. Igual me sucede con la economía, lo sé: ¡Estamos en buenas manos! Los artículos de opinión no me interesan, si acaso, uno o dos autores consagrados que, por supuesto, opinan como yo. ¡Ahí sí que no me la juego!</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">El almuerzo es relajado, una nutricia comida casera que colma mi esfuerzo generoso. En la sobremesa me emperezo y me dejo llevar: ¡Ah! ¡La siesta! ¡Capricho de dioses!&#8230;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">¡Carajo, qué mal me ha sentado la siesta! Debí de perderme en el Olimpo y hasta he soñado… que era atleta olímpico…&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;"><em>“… y antes de efectuar el salto de altura </em>(son las palabras de mi entrenador)<em> es esencial visualizar de manera optimista todo el proceso que ejecutaremos a continuación: La carrera, el giro, la batida, el tirón de las piernas hacia arriba, la caída sobre la colchoneta, salvado el listón, el aplauso del público y nuestro saludo agradecido.” Además -un tipo con imaginación como yo- me preveo envuelto en la bandera, dando la vuelta de honor al estadio… Sin embargo, pese a mi perfecta visualización previa, algo se ha torcido y he derribado el listón, que me ha golpeado en la cabeza con toda su mala leche</em>…</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Ahí ha terminado la siesta. Para irme despejando, pulso el mando a distancia de la tele: Un cómico (arropado por carcajadas y aplausos en lata) se retuerce de risa con sus propias ocurrencias: “<em>Estoy tan ocupado en engañarme a mí mismo que no tengo tiempo para engañar a los demás” </em>(y más risas de amparo en conserva). Yo, nublado el entendimiento, atascado, soy incapaz de volver a prever mi placentera existencia. Apenas consigo vislumbrar, entre la bruma, una lechera – ¿Veo visiones?- que canturrea por un camino…&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Me rasco la cabeza donde me atizó el listón y, junto al chichón, me brotan reflexiones y serias dudas acerca del valor de la visualización previa, para lograr verdaderos saltos de altura.</p>
<p style="font-weight: 400;"><em><a href="http://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2023/09/9.-ESTOY-TAN-OCUPADO-EN-ENGAÑARME....jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-79727" src="http://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2023/09/9.-ESTOY-TAN-OCUPADO-EN-ENGAÑARME....jpg" alt="9. ESTOY TAN OCUPADO EN ENGAÑARME..." width="841" height="1190"></a>&nbsp;</em></p>
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		<title>Lo que puede dar de sí una hilariada: Sin despeinarse (Un cuento de ausencias peliagudas)</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Jul 2023 07:56:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Escribano Cabrera]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[hilariadas]]></category>
		<category><![CDATA[Hilario Ángel Calero]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; “Cuando escucho a ciertas personas me doy cuenta de las tonterías que no estoy diciendo yo.” Hilario Ángel Calero &#160; Los viernes suelo disfrutar ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="836" height="663" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2023/07/7.-CUANDO-ESCUCHO...-copia.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="7. CUANDO ESCUCHO... copia" /></p><p>&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: right;"><em>“Cuando escucho a ciertas personas me doy cuenta de las tonterías que no estoy diciendo yo.” </em></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: right;"><em>Hilario Ángel Calero</em></p>
<p style="font-weight: 400;"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Los viernes suelo disfrutar amena aparcería con un amigo con el que me une, entre otras materias que no vienen al caso, una-alopecia-hija-de-su-madre, responsable de que el límite de mi frente se confunda con los bajos de mi espalda.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Como un ritual, cada viernes, comenzamos nuestra reunión obligados a no tratar ningún otro asunto hasta que ambos hayamos aportado una ventaja (queremos convencernos de que existen muchas) de ser calvo. Mi amigo -yo no atesoro su paciencia- las anota religiosamente y guarda el catálogo, pues asegura que, algún día, todos-los-sin-pelo-del-mundo nos lo agradecerán.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">El pasado viernes, mi aparcero la traía bien repensada y, apenas nos acomodamos en un rincón de la barra, esperó hasta que el camarero nos puso la cervecita y disparó: «Una de las ventajas de ser calvo es… que el calvo es capaz de resolver cualquier problema sin despeinarse».&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">El otro se ríe con ganas y yo caigo en la cuenta de que llevo toda la semana renegando de ser un jodido <em>calvorota</em> y de que, además de hallar mil inconvenientes al asunto, no se me ha ocurrido ni pensar en una sola ventaja para abrir la aparcería. Me escruta esperando que enuncie una-de-las-muchísimas-ventajas-de-ser-calvo y yo lo miro con cara de póker… y de calvo, hasta que mi amigo proclama solemne: “Bueno, pues a pensar se ha dicho. Un compromiso es un compromiso.”</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Y mientras hago como que pienso, él simula ojear un libro que no sé de dónde ha sacado. Lejos de reflexionar, con el silencio impuesto por mi acompañante, sin poder evitarlo, un servidor es arrastrado a escuchar conversaciones ajenas…</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Por aquí, un individuo (raya perfecta y tupé) propone un arreglo del mundo a gran escala y desde todos los puntos de vista: <em>social, político, económico, cultural, etc.</em> y mira con sonrisa de suficiencia a quienes encuentran aquello irresoluble. Tras un somero análisis de la realidad, sugiere <em>una solución tan simple, tan evidente</em>,… que hasta yo me extraño de que no se me haya ocurrido a mí primero. Por allá se aborda el <em>sobredimensionado e insustancial problema del agua en Los Pedroches</em>. El proponente (melena John Lennon. ¡Envidia pura!) enumera las razones por las que <em>no acude ni acudirá ni recomienda acudir a concentración alguna sobre este asunto.</em> <em>¡Con las cosas grandes que tenemos entre manos!</em> Ignoro si se refiere a las garrafas. Por más empeño que pongo, no pillo las razones. Será que me va faltando el oído… y remata la faena adornándose con un: <em>Dejemos las cosas como están, hasta que las aguas vuelvan a su cauce.</em> Pues espera sentado en la cola, me digo para mis adentros… Justo detrás de mí, alguien a quien no puedo ver, pero imagino <em>peli-agudo</em> (con pelo y sagaz), desenmascara a los políticos patrios. Reparte a derecha y a izquierda y, moviéndose en valores absolutos y opuestos: <em>Bueno-malo. Culpable-inocente</em> (Se le olvida responsable). <em>Todo-nada. Nosotros-ellos…</em> Culmina su parlamento sugiriendo que <em>lo de España se arregla de manera</em> <em>muy, pero que muy fácil. </em>Se dispone a explicar cómo, momento en el que alguien propone que pidan otra ronda… Y para cuando terminan de servir las copas, se ha colado –<em>traidol</em>&#8211; el tema del fútbol y yo me quedo sin saber cómo se arregla, de un plumazo, la política nacional…&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Cuando más concentrado me encuentro, mi amigo me saca de mi paseo por donde no debo y me hace prometer que para el próximo viernes aportaré dos ventajas. Asiento y respiro aliviado, al tiempo que me tiende el libro y me señala con el dedo un espacio donde se lee:<em> “Cuando escucho a ciertas personas me doy cuenta de las tonterías que no estoy diciendo yo.” </em>Siento que mi amigo me acaba de leer el pensamiento y comprendo que a los calvos se nos diga:<em>“Se te ven las ideas”. &nbsp;&nbsp;</em></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Cerrado el acuerdo, comenzamos a desvariar y a enunciar nuestras propias tonterías, sin diferenciarnos para nada de aquellos que (si no llegan los indios y los pillan desprevenidos) conservarán durante años su cabellera.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;"><a href="http://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2023/07/7.-CUANDO-ESCUCHO....jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-79126" src="http://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2023/07/7.-CUANDO-ESCUCHO....jpg" alt="7. CUANDO ESCUCHO..." width="841" height="1190"></a></p>
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		<title>Lo que puede dar de sí una hilariada: Alunizaje (Un cuento de ciencia ficción)</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Jun 2023 08:39:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Escribano Cabrera]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[hilariadas]]></category>
		<category><![CDATA[Hilario Ángel Calero]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Lo que no me cabe en la cabeza es que habiendo habido hombres en la Luna, se hayan vuelto otra vez a la Tierra. ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="831" height="621" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2023/06/6.-a-LO-QUE-NO-ME-CABE-EN-LA-CABEZA...1.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="6. a LO QUE NO ME CABE EN LA CABEZA..." /></p><p>&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: right;"><em>Lo que no me cabe en la cabeza es que habiendo habido hombres en la Luna, se hayan vuelto otra vez a la Tierra.</em></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: right;"><em>Hilario Ángel Calero</em></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="font-weight: 400;">Lo conocí sobreviviendo en los años de la escuela. Hilario -lo llamaré así para despistar- era un niño fantasioso. Muchos se metían con él y ridiculizaban su “mirada de <em>alelao”</em>, sin saber que cometían un pecado gravísimo que, entonces, (tiempos de colas ante los confesionarios) no producía ni tan siquiera remordimiento de conciencia y del que ignorábamos incluso el nombre: <em>bullying, </em>que le llaman ahora. O si lo quieres más clarito: acoso cabrón, puro y duro.&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400;">A él, sin embargo, nada de eso parecía afligirlo y, donde otros nos hubiéramos derrumbado, –en apariencia- Hilario continuaba en un mundo de fascinaciones privadas, de pensar sin necesidad de pregonarlo, de su mirar exclusivo,… Creo que aquello derrotó a sus enemigos o, sencillamente, los terminó por aburrir. A partir de ahí, se tornó en un niño solitario, pero nunca asocial.</p>
<p style="font-weight: 400;">Vivía en una calle que a mí me pillaba de camino a la escuela y, más de una mañana y de una tarde, compartimos el trecho común hasta la sacrosanta institución. En nuestro sendero juntos, de irregulares adoquines de granito y olor a candela de encina, me dejaba hablar y hablar desde un silencio respetuoso y referirle los asuntos que -así lo creía yo- nos preocupaban y los temas de máximo interés para un escolar de diez años… Ahora que lo pienso, en más de una ocasión, no abrió la boca –no lo dejé ni meter baza- en todo el trayecto. Hoy, que me preocupan más otras incontinencias, lamento mi incontinencia verbal de entonces, pero ya no tiene remedio.</p>
<p style="font-weight: 400;">Una mañana de escarcha y carámbanos me esperaba aterido –botas, bufanda y guantes de lana- en el <em>“batior”</em> de la puerta de su casa y antes de que yo me apropiara del uso de la palabra, me alargó un papelito doblado, al tiempo que decía: “Míralo cuando puedas, a ver qué piensas.”<em>&nbsp;</em></p>
<p style="font-weight: 400;">Don Ramón explica geografía y yo, desde mi pupitre, no pierdo de vista a una mosca que pasea arriba y abajo, pegada a un cristal de la ventana. El runrún del maestro me adormece y el paseo y los vuelos cortos de la mosca absorben por completo mi atención. Súbitamente, la música de fondo ha cambiado su registro, pero yo aún tardo un rato en percatarme de que don Ramón repite, cada vez más cerca de mí: <em>“Señooooor</em>…” (Demasiado tarde, aquel “señor” emborrizado de recochineo iba seguido de mi apellido). “Señor (y mi apellido), ¿Puede decirme cómo se llamaba el primer hombre que puso un pie en la luna?”. Mi cara de asombro responde por sí misma y entonces el preguntador se viene arriba: “¿Y el de sus compañeros de expedición? ¿Cuál era el nombre de la nave espacial? ¿Fecha del lanzamiento? ¿Y del alunizaje?&#8230;” Y, cuando más concentrado me hallo en encontrar alguna respuesta que silencie al monstruo de las preguntas, me sobreviene un colosal coscorrón en mitad del cráneo y otro y un tercero que casi no me roza -¡No es plan de quedarse quieto!- al tiempo que se enuncia la última cuestión: “¿Qué, de alunizaje? ¿Dónde se encontraba el señor (y otra vez mi apellido con retintín de graciosillo de audiencia entregada), en la luna de Valencia?”. Esa sí me suena de algo pero, a estas alturas, considero más prudente guardar silencio.&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400;">Durante el recreo, castigado de cara a la pared bajo el cuadro de un santo o profeta que –así lo pensaba- me mira con gesto de desaprobación, mis manos se enfundan en los bolsillos del pantalón, buscando refugio del frío glacial que ataca, sin compasión, la soledad y la quietud de los castigados y allí, como una broma macabra del destino, encuentro el papelito que unas horas antes me entregó Hilario. “<em>Lo que no me cabe en la cabeza es que habiendo habido hombres en la Luna, se hayan vuelto otra vez a la Tierra.” </em>había escrito con su letra pequeña e insegura.</p>
<p style="font-weight: 400;">De vuelta a casa, Hilario se me coloca al lado y se interesa por los chichones que, lo sabe por experiencia propia, hacen brotar las caricias del <em>puño y letra </em>de don Ramón. Compongo un gesto de suficiencia y aparento quitarle importancia… Incontinente verbal, me dispongo a tomar la palabra y referirle los asuntos de máximo interés para un escolar de diez años… pero, en su lugar, salen de mi boca otras palabras: “En el recreo leí el papelito que me entregaste esta mañana.” Ambos caminamos y guardamos silencio el resto del camino.&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400;">En el último momento, cuando se dispone a cruzar el umbral de su casa, vuelvo a sorprenderme a mí mismo –soy una caja de sorpresas- diciéndole: “¡A mí tampoco me cabe en la cabeza!”. Y él sabe que no hablo de chichones.</p>
<p style="font-weight: 400;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400;"><a href="http://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2023/06/6.-a-LO-QUE-NO-ME-CABE-EN-LA-CABEZA....jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-78566" src="http://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2023/06/6.-a-LO-QUE-NO-ME-CABE-EN-LA-CABEZA....jpg" alt="6. a LO QUE NO ME CABE EN LA CABEZA..." width="841" height="1190"></a></p>
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