<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Hoyaldia.com &#124; Actualidad online de la comarca de los pedroches &#187; Opinión</title>
	<atom:link href="https://www.hoyaldia.com/tag/opinion/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://www.hoyaldia.com</link>
	<description>HOYALDIA.COM es un periódico online de la comarca de Los Pedroches</description>
	<lastBuildDate>Mon, 24 Aug 2026 17:22:23 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-ES</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=4.2.38</generator>
	<item>
		<title>Etiquetas</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/etiquetas/</link>
		<comments>https://www.hoyaldia.com/etiquetas/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 23 Aug 2026 07:55:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Aperador]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://www.hoyaldia.com/?p=96225</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Las etiquetas son consustanciales al ser humano en su relación con la sociedad. De hecho son imprescindibles para manejarnos con el resto de nuestros ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="755" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/08/etiquetas.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="etiquetas" /></p><p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Las etiquetas son consustanciales al ser humano en su relación con la sociedad. De hecho son imprescindibles para manejarnos con el resto de nuestros semejantes y para que nuestro cerebro se desenvuelva con normalidad. Son construcciones sociales utilizadas para clasificar identidades y comportamientos de grupos, reflejando normas de poder y, a menudo, estereotipos o desviaciones de los estándares sociales, deshumanizando al que se las aplicamos al etiquetar negativamente. <strong>Todos y todas las utilizamos, tanto positivas como negativas.</strong></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Y precisamente de esas etiquetas “negativas” quiero hablar hoy. Uno puede ser etiquetado de infinitas maneras. Pongo un ejemplo de mí mismo. Yo puedo ser catalogado de padre, de gordito, de pozoalbense, de historiador, de bético… También de estudiante de Antropología, de irónico, de amante de la cerveza, de republicano, de ateo… de comunista. Y aquí quería llegar. El problema es cuando una etiqueta con las que indefectiblemente nos catalogan, se impone al resto y no deja que se valoren o tengan en cuenta las demás cualidades o su falta de ellas.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;"><strong>Estoy bastante harto</strong>, sobre todo desde que tengo redes sociales, pero también antes de que estas marcasen tan indeleblemente nuestras vidas, de ser etiquetado solo de «comunista» o «de Izquierda Unida». Me adornan otras muchas virtudes y no menos defectos. Y no es que me moleste, al contrario, el que pretenda decírmelo como insulto pincha en hueso. Muy orgulloso estoy de profesar esta ideología, a diferencias de otra gente a la que yo etiqueto a la ligera –sí, yo también lo hago- como fachas o de ultraderecha.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">No veo yo que a nadie, al menos de mi entorno -y os puedo asegurar que tengo amigos o conocidos en (casi) todo el espectro político- a los que se les descalifique tanto de antemano o se les califique peyorativamente cuando inician cualquier discusión como a los que nos consideramos comunistas. Bien es verdad que últimamente también los socialistas, sobre todos los seguidores de Pedro Sánchez, tienen el cielo ganado</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">¿Tienen esas otras opciones ideológicas más derecho que la mía a la hora de prejuzgar positiva o negativamente a una persona? ¿Es que solo se puede ser de centro derecha liberal para pintar algo sin que te lleves un pescozón por opinar? O peor aún, ¿hay que no alinearse políticamente, decir aquello de «yo no soy de derechas ni de izquierdas» o «yo no me meto en política»? Ya sabemos de qué pie cojean quienes opinan así. Si no opinas de política otros lo harán por ti, que es, en el fondo, lo que quieren.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Incluso, los juicios a priori, pueden tacharme, como alguna vez lo han hecho, de “come curas”. Nada más lejano. Soy ateo por convicción pero la religión cristiana católica ha marcado y marca, lo quiera o no, parte de mi vida. De hecho diría incluso que tengo una sólida base cristiana, aunque para mí sea mitología, más aburrida que la griega y romana, pero que también tiene lo suyo.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Tampoco soy un anticlerical <em>quema iglesias</em> por mucho que&nbsp; despotrique contra algunos obispos ultras. Al contrario, me encanta el arte sacro -y mucho- y me pirro por los archivos, sean eclesiásticos o civiles y no precisamente para &nbsp;calentarme. Eso sí, puedo comprender el odio visceral que la clase trabajadora le hemos tenido a la Iglesia en ciertas etapas de la historia de España. Lógico, en la mayoría de las veces ésta ha estado –y sigue estando- con el poder, defendiendo a los ricos y los privilegios de éstos. Precisamente todo lo contrario de lo que Jesucristo –supuestamente- predicó en el Evangelio.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Es curioso pero incluso entre gente que debiera conocerme más, el sambenito de radical izquierdista cuela y sigue patente. Yo no me he puesto nunca una camiseta de la selección española de fútbol, como no me he puesto la de Brasil ni la de &nbsp;Alemania. Mi «<strong>españolidad</strong>» no da para tanto, lo cual no es óbice para que se las haya comprado a mis hijos, también poco futboleros, cuando eran pequeños.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">A pesar de esas etiquetas, yo, como el resto de seres humanos, tenemos nuestras opiniones distintas a las del grupo en el que somos etiquetados. Como dijo el filósofo aquel: yo soy yo y mis circunstancias. Vayamos con otro ejemplo. Últimamente se viene a calificar de Neandertales &nbsp;a aquellos que consideramos toscos, anticuados, bastos. Nada más lejos porque esa especie, de la que conservamos parte en nuestro ADN, no eran para nada unos garrulos: enterraban a sus muertos, pintaban en las cuevas, tallaban huesos y cuernos o se hacían tatuajes y adornos corporales… <strong>No sabemos todavía si, por ejemplo, los Neandertales tenían ideología o no</strong>. Aunque yo apuesto a qué sí. Y a buen seguro que también serían etiquetados. No sería lo mismo uno de estos familiares extintos que repartiera la carne de la caza que se había conseguido en la última expedición, que el que iba a esconderse para atiborrarse de la misma sin darle ni un bocado a nadie. No sería lo mismo aquel neandertal que cuidase de su familiar enfermo, que aquel que lo dejase abandonado a su suerte. Como no es igual aquel que se preocupa por el otro, sea inmigrante o “pata negra” nacional, a esos que piensan que la gente de distinto tono de piel es inferior y no tiene ningún derecho a pisar el suelo de esta “su” patria.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">A lo que vamos, en demasiadas ocasiones todos utilizamos las etiquetas para calificar negativamente a una persona enmarcándola en un estereotipo del que luego cuesta salir. Desde que llegaron las redes sociales todos opinamos de todo y claro así todos conocemos la opinión de los otros sobre cualquier cosa, por más nimia y banal que &nbsp;sea la cuestión, lo que, a priori, ya nos distancia si esta no concuerda con la nuestra.</p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Siguiendo con lo de las etiquetas que tanto gustan, muchas veces me han preguntado si creo que Jesucristo (tópico típico, típico tópico) fue el primer comunista. Obviando lo de presentismo histórico que tiene dicha pregunta&nbsp;</span>(evidentemente el&nbsp; comunismo como doctrina política aún no había nacido), siempre respondo lo mismo: «yo no sé si Jesús era o no comunista, lo que sí sé, viendo sus supuestos hechos –no tengo claro que existiera realmente-, es lo que no era: de derechas y ultraliberal».&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://www.hoyaldia.com/etiquetas/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Fuego sin contención</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/fuego-sin-contencion/</link>
		<comments>https://www.hoyaldia.com/fuego-sin-contencion/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 21 Aug 2026 05:30:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://www.hoyaldia.com/?p=96213</guid>
		<description><![CDATA[&#160; El refranero popular dicta muy bien, con toda claridad,&#160;que no hay mayor ciego que el no quiere ver. Eso pasa con el fuego desde ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="675" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2021/08/fuego-calatraveño.png" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Foto: Twitter Plan Infoca" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">El refranero popular dicta muy bien, con toda claridad,&nbsp;que no hay mayor ciego que el no quiere ver. Eso pasa con el fuego desde hace décadas. Más allá de los alarmismos de última hora, que son acuciantes por las evidencias del presente verano en España y Europa, y no dejan de ser una evidencia más de una tendencia arrolladora y bastante elocuente. Nos referimos a los miles de hectáreas calcinadas, cientos de heridos, dolor incontenido y destrucción de diferente naturaleza. Los incendios de los últimos años de alta virulencia no son gestos esporádicos de la naturaleza, ni fortuitos ni fruto de actuaciones caóticas de la tierra. Todo tiene un sentido. Todo está envuelto en una compleja maraña de resortes provocados, la mayor parte de las veces, por el ser humano. La inconmensurable manta de cenizas y espacios quemados de España y en buena parte de Europa resultan elocuentes, desde hace bastantes años, de que existe una inercia imparable del cambio climático. Estamos ante una generación de incendios incontrolables y letales que aparecen de forma reiterada, aunque a veces de forma ingenua nos sorprendamos como si no supiéramos de que va la cosa; por qué se producen esas manifestaciones abrasadoras de calor, de una naturaleza displicente con el hombre. Nuestra simpleza infantil raya con frecuencia la estulticia (con perdón).</p>
<p style="text-align: left;">Resulta evidente que el cambio climático intensifica año tras año los regímenes de incendios acuciantes. Son el fruto de una serie de circunstancias que se retroalimentan, conformando una amalgama de condiciones perfectas para generar la barahúnda de incendios que habitualmente nos acompaña en los países del arco Mediterráneo (España, Portugal, Francia, Italia, Grecia, Turquía…). Los incidentes meteorológicos del verano (elevadas temperaturas) son un pequeño referente causal del gran iceberg que causa estos estragos. La desmesurada actuación humana desde la Revolución Industrial (humos, residuos, temperaturas, vertidos…) ha procurado a la tierra un cambio gigantesco, que de forma natural no se hubiera producido en millones de años. Actualmente hemos multiplicado la destrucción. No es preciso seguir la secuencia de industrialización desmedida y tecnologización de nuestro mundo para entender los desaliños que causamos al medio ambiente con los drásticos cambios socioeconómicos de la Contemporaneidad. Todos los conocemos bien, pero no parece que la cosa vaya con nosotros.</p>
<p style="text-align: left;">Entre las causas determinantes de esta interminable fluorescencia anual, que es cada vez más gravosa, se encuentran los abultados despoblamientos rurales, las díscolas utilizaciones del suelo y su abandono; las gestiones forestales anodinas que basculan casi siempre en conatos de maquillaje político, sin unas verdaderas políticas racionales que comprendan nuestra situación; de otra parte los modelos urbanísticos caóticos de nuestras ciudades y las formas de vida desproporcionadas que todos conocemos. Constituyen un paquete impresionante de motivaciones que favorecen los incendios, en conjunción con el calentamiento global de la tierra. En este polvorín nos movemos, sin mayor preocupación que rasgarnos las vestiduras cuando las llamas llaman a la puerta de nuestra casa; cuando anualmente las brasas asolan regiones enteras en las que tenemos fiada parte de nuestra sustentación por el único saldo del turismo, o la defensa módica que hacemos de nuestro entorno con la boca chica y sin ningún convencimiento. Al dislate de toda esta barahúnda de causas de difícil lectura y comprensión hay que añadir la maldad de algunos, que suman incendios con intencionalidad, con altos porcentajes: a veces de forma inconsciente (quemas de rastrojos; deseo de liberación de espacios para caza, etc.), pero otros con perversidad.</p>
<p style="text-align: left;">Ante un problema tan importante, de dimensiones desbordantes en lo que nos toda de futuro, solamente queda que la conciencia de la ciudadanía se convierta en una verdadera razón de cambio de actitud y comportamiento vital. La tierra y el medio ambiente no son causantes de las debacles de las que nos quejamos. Somos nosotros los únicos culpables y responsables de que exista tal proliferación de fuegos que, como vemos anualmente, no son pitas esporádicas de fiestas con pavesas divertidas. Son drásticas situaciones del medio ambiente, del campo, de la tierra, del clima y de nuestra existencia. Seamos sensatos.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://www.hoyaldia.com/fuego-sin-contencion/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Cines de verano o el sueño de una noche de verano</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/cines-de-verano-o-el-sueno-de-una-noche-de-verano/</link>
		<comments>https://www.hoyaldia.com/cines-de-verano-o-el-sueno-de-una-noche-de-verano/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 16 Aug 2026 05:30:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Aperador]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://www.hoyaldia.com/?p=96146</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Ya avanzada la canícula y debido a las constantes noticias que tenemos desde hace unos meses de la polémica por el cierre de los ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="480" height="270" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/08/cinemoderno.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Cine Moderno de Pozoblanco" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Ya avanzada la canícula y debido a las constantes noticias que tenemos desde hace unos meses de la polémica por el cierre de los cines de verano de Córdoba, situados en pleno casco histórico, me he acordado de nuestro cine de verano en Pozoblanco, el Cine Moderno.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Siempre me hizo sonreír el nombre porque, al menos en el largo tiempo que asistí a sus sesiones, finales de los 70, los 80, los 90 y una corta parte del nuevo milenio, sus instalaciones eran del todo menos “modernas”<strong>. Pero no por ello dejaba de ser entrañable,</strong> sobre todo porque era la única forma de ver cine en nuestro pueblo durante el largo y tórrido estío y porque además, como en todos los cines de verano, era un lugar ideal para socializar y pasar una noche al fresco y con los amigos.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Se puede decir que, al igual que el antiguo y desaparecido cine San Juan, muchos momentos de mi vida y de un alto porcentaje de pozoalbenses no se entienden sin las películas que allí se proyectaban. <strong>Desde las que veíamos en nuestra infancia y primera adolescencia, las que denominábamos de pistoleros con esos inmensos paisajes rodados en cinemascope</strong>, a las de “chinos” –nos tragábamos todas las sagas de Bruce Lee-, los péplum de romanos, mis favoritas, desde historias de la Biblia a las de guerra con los siempre chicos listos de los USA salvando al mundo, las de ciencia ficción, las románticas que nunca soporté…</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Crecimos y cambiaron las modas y nuestros gustos, como es normal. Por un tiempo, sobre todo a raíz de la famosa <em>Tiburón</em>, se pusieron de moda las películas sobre animales peligrosos: <em>Piraña</em>, <em>Tarántula</em>… De pronto multitud de animales se convirtieron en “asesinos” (avispas, hormigas,&nbsp; serpientes…) y nosotros disfrutábamos con nuestros refrescos y bolsas de pipas viendo cómo sembraban el pánico entre los americanos, porque todo en aquel tiempo sucedía en <em>yankilandia</em>.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Volvimos a crecer y empezamos a ser más selectivos a la hora de escoger las &nbsp;películas y también a tener conciencia política. Aunque, por lo general, los largometrajes que se proyectaban en el cine de verano solían ser más livianos, allí recuerdo ver a comienzos de los 80 <em>¡Arriba Hazaña!</em>, <em>La vaquilla</em> o <em>¡Biba la banda!</em> (sic), &nbsp;filmes dónde &nbsp;se abordaba el tema de la Guerra Civil en forma de comedia. Los refrescos pasaron a ser cervezas y las pipas, cigarrillos.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Lo que no cambiaba, o eso nos parecía a nosotros eran las salamanquesas, cada año más gordas del atracón de mosquitos que se pegaban correteando arriba y abajo por la blanca pantalla. O las sillas de chapa, que te dejaban el culo a rayas. Eso sí no llegabas tarde un día de mucho público y te tocaba coger una de las sillas de eneas que, decíamos en broma, tenían chinches de la época en que Manolo Escobar aún no había perdido el carro. O las estrellas fugaces que veías en aquel cielo mucho más limpio que ahora, o incluso los relámpagos y los truenos que oías a lo lejos de alguna tormenta que amenazaba con finalizar por lo tremendo con la proyección cinematográfica. Tampoco podía faltar la <em>‘rebequita’</em> porque de noche, ya a finales de agosto, aunque no lo crean las nuevas generaciones, refrescaba.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">No importaba que la película fuera un pestiño, que a veces lo era, si habías escogido sentarte en una mesa algo apartado de las filas de sillas, –servicio que se añadió en los últimos años- podías entablar una animada tertulia con tus compañeros de pandilla. Era una forma estupenda de socializar y echar la noche en aquellos largos veranos. Tuve la suerte incluso de poder ir alguna que otra vez con el mayor de mis hijos ya que el cine estuvo abierto hasta el año 2002. Recuerdo la primera película con él y con sus amigos de tres y cuatro años: <em>La edad del hielo</em> y la dificultad de mantenerlos a todos en silencio y sentados, eso sí los ojos como platos mirando la gran pantalla.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Podría contar multitud de anécdotas a lo largo de tantos años, de cientos de películas. Me quedo con una. Sería el verano de 1993 o cercano. Era el último día de la programación de ese año. El grupo de amigos y amigas que entonces nos juntábamos no teníamos claro que hacer esa noche. -¡Vamos al cine!-, dijo alguien. -¿Qué ponen?-, dijo otro. &#8211; No sé, pero echamos el rato- respondería algún otro. Nos sentamos en una de las mesas y dio comienzo la proyección. El cine estaba prácticamente vacío. Pasaron algunos minutos y no se oían nada. Será así al principio, pensábamos. De repente se paró la proyección y vimos como uno de los empleados del cine se dirigía con un altavoz en cada mano hacia la pantalla. Cómo era el último día se ve que se les olvidó colocarlos o los retiraron antes de tiempo. Risas generalizadas.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">La película resultó ser una italiana, <em>Mediterráneo</em>, que luego nos enteramos fue Premio Oscar a la mejor película extranjera en 1992. Un peliculón, un alegato antibelicista que transcurre en una isla griega durante la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Como antes he apuntado, en 2002 cerraron el cine. <strong>Estaba en&nbsp; un lugar muy apetecible urbanísticamente y pensamos que se convertiría pronto en un bloque de pisos</strong>, pero no, su lugar lo ocupa ahora un aparcamiento público. Los coches invadieron para siempre un lugar que estuvo ocupado por los sueños de miles de personas que pasaron allí momentos únicos de su vida.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Desde entonces no he ido a ningún cine de verano en otra ciudad. Lo más parecido ha sido cuando han puesto algún largometraje en la plaza de toros algún que otro verano. El cine Moderno murió sin hacer ruido, nadie lo lloró, aunque seamos muchos los que lo echamos de menos.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">En nuestra capital, en Córdoba, los pocos –creo que cinco- que quedan tienen más de cien años, llegando a haber más de una treintena por los diferentes barrios. Allí sí se ha creado una plataforma para que sean declarados Bien de Interés Cultural por la Junta de Andalucía y los adquiera el Ayuntamiento para su gestión.<strong> Están haciendo un estudio antropológico de lo que han sido y son los cines de verano para una ciudad y es que en verdad son como la sangre que corre por las venas de una sociedad cada vez más aislada en si misma, en sus pisos-torres de espaldas al otro</strong>. En la era de Neflix todo queda en casa y vemos películas y series hasta en el móvil. ¿Dónde quedó la socialización, el compartir unas horas con los amigos, con los vecinos? ¿Dónde quedó el compartir unas risas o unos llantos con los héroes de las pantallas? ¿Dónde quedó el aplaudir al final de la película si esta nos ha gustado o han ganado los “buenos”? Nos hemos vuelto tan descreídos que ya no nos creemos nada, ni a nosotros mismos.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Quizá todo esto forme parte de una sociedad que ya no existe, aunque me resisto a creerlo. En Córdoba la sociedad civil, o una parte de esta, ha despertado y ha creado una plataforma que está teniendo una gran repercusión &nbsp;para reivindicar sus cines de verano. Se está volviendo a proyectar cine en las plazas como la Fuenseca o la Magdalena. Los vecinos del casco antiguo se están movilizando. Quizá no todo esté perdido. Aquí, aunque&nbsp; no nos guste mucho “señalarnos” podíamos pedir que vuelva la pantalla grande a la plaza de toros, por ejemplo, lugar que a lo largo de la historia ha sido escenario de proyecciones.<strong> O crear -¿por qué no?- al igual que hay una Noche de la Cultura, una Noche del Cine</strong> y proyectar películas en alguna plaza del casco histórico de Pozoblanco. Películas mudas estilo <em>Metrópoli</em>, <em>El acorazado Potemkin</em>, <em>El gabinete del doctor Caligari</em>… joyas que en gran parte nuestros jóvenes desconocen. También cortos de nuestros jóvenes creativos, que tenemos muchos en Los Pedroches. En fin, una cultura viva y en la calle, participativa.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">En una sociedad que va, para mí, demasiado rápido y predica el individualismo y la insolidaridad, igual es tiempo de poner de moda lo tranquilo, lo sosegado, lo participativo, lo comunitario. <strong>Y los cines de verano eran todo eso y mucho más.</strong></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://www.hoyaldia.com/cines-de-verano-o-el-sueno-de-una-noche-de-verano/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Vestidos de domingo</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/vestidos-de-domingo/</link>
		<comments>https://www.hoyaldia.com/vestidos-de-domingo/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 09 Aug 2026 08:33:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Aperador]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://www.hoyaldia.com/?p=96048</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Confieso que me gustó siempre esa expresión, si bien es verdad que cada persona la asocia a una vivencia propia. En mi infancia esas ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="900" height="616" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/08/foto_juan.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Vestidos de domingo" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Confieso que me gustó siempre esa expresión, si bien es verdad que cada persona la asocia a una vivencia propia. En mi infancia esas tres palabras significaban la llegada de la ilusión, del color, después de una semana gris con las consabidas obligaciones escolares. Tan gris como podían ser las semanas de un niño de diez o doce años en el Pozoblanco de los años 70. <strong>Como todos los niños teníamos un mundo entero por descubrir, sobre todo los domingos.</strong></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Primero, y de manera obligatoria, había que asistir a misa. La misa de doce de los domingos en San Sebastián estaba destinada a que los más pequeños acudiéramos para aprender la fe que practicaban –o no- nuestros padres, abuelos y demás antepasados. La verdadera, la única, la católica, apostólica y romana. No era para nada una tortura y confieso que, de mi vocación lectora, algo he de agradecer a aquellas catequistas que pacientemente nos contaban las truculentas historias del Antiguo Testamento, o las más pedagógicas de la vida de Jesús del Nuevo Testamento.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Antes de la misa estaba la catequesis, a la que acudíamos muchos niños y niñas a pesar de que ya habíamos hecho la Primera Comunión, que entonces se tomaba con solo nueve años. Indefectiblemente, estábamos mucho antes en la puerta de la iglesia de San Sebastián porque había que dar unos pelotazos con nuestros balones de plástico o bien en forma de partidillo, si había niños suficientes, o bien jugar un “rinche”, si estábamos menos. <strong>Las niñas no, claro. Las niñas tenían sus juegos aparte, en este caso o la comba o la “goma”</strong>, a los que nos sumábamos algunas veces también los niños. &nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Había que tener mucho cuidado para no destrozar o manchar la ropa que con gran esmero nos habían puesto nuestras madres, porque se tenía que notar que el domingo era un día especial. Yo iba hecho siempre un pincel. Bien lavado, bien peinado –le gustaba a mi madre ponerme gomina- y bien vestido. De hecho, alguna amiga mía de infancia, adolescencia, juventud y, ahora, edad madura, me lo suele recordar y me llama “pijo” con carácter retroactivo. Si alguien me conoce sabe que, desde que dejé la adolescencia, suelo llevar un “torpe aliño indumentario”.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Después de misa, junto con los amigos de la pandilla, que entonces eran generalmente los vecinos de calle, salíamos de “paseo”. Y es que en realidad eso era lo que hacíamos, pasear.<strong> Bajábamos la calle la Feria y nos llegábamos al quiosco del Bernardino, en la calle Real, para comprar los típicos regalices</strong> –trastos los llamábamos nosotros-, litines, pipas o algún que otro caramelo. Los que tenían más poder adquisitivo –siempre hubo clases- se llegaban hasta la confitería de El Chairo y se compraban un ‘negrito’, mientras el “proletariado infantil” mirábamos con envidia con ojos como platos y salivando más que el perro de Paulov.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">También frecuentábamos el quiosco del Farrago en la calle El Toro, entonces Avenida de José Antonio, o el del Manolito en la Avenida Villanueva de Córdoba donde, si habíamos ahorrado algo, podíamos comprarnos un tebeo del Capitán Trueno o de los repeinados ‘Roberto Alcázar y Pedrín’. Un&nbsp; garbeo por el paseo Marcos Redondo, entonces con mucha más vegetación y frondosidad &nbsp;que ahora o hasta la Cruz de la Unidad, con también mucho más verde, y para casa para comer en familia.&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Poco tiempo después crecimos. Dejamos de ir a misa. Aprendimos a engañar a nuestras familias, sobre todo a la tía de un amigo que siempre nos preguntaba qué cura había dado la homilía –para saber si habíamos ido o no a misa-. Pero nosotros ya nos lo intuíamos y mirábamos al comienzo de la misma, antes de irnos al Polideportivo Municipal -entonces recientemente inaugurado- a ver algún partidillo o a pegar pelotazos. De la catequesis nunca más se supo, aunque incluso fui el eventual presidente de una asociación que hicimos denominada ‘La juventud de la catequesis’ en la parroquia de San Sebastián. Dejé de asistir el día en que comenzaron a interesarme más las piernas de la catequista -solo un puñado de años mayor que yo- que las explicaciones que intentaba darnos sobre la&nbsp; Biblia y la doctrina cristiana.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Pasé de repente de la niñez a la juventud, como tantos otros, abandonando la religión. Ya no me lavaría ni vestiría mi madre, ni utilizaría la gomina, ni aparecería por la iglesia, salvo puntuales eventualidades. <strong>El mundo se abría para un yo adolescente, con todo su misterio e incertidumbres y yo iba a enfrentarme a él</strong>, pero ya nunca más con esa sensación de estar vestido de domingo.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;"><a href="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/08/foto_juan-completa.jpg"><img class="aligncenter wp-image-96050 size-large" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/08/foto_juan-completa-684x1024.jpg" alt="foto_juan-completa" width="684" height="1024"></a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://www.hoyaldia.com/vestidos-de-domingo/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Polvo de estrellas futboleras</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/polvo-de-estrellas-futboleras/</link>
		<comments>https://www.hoyaldia.com/polvo-de-estrellas-futboleras/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 21 Jul 2026 07:25:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://www.hoyaldia.com/?p=95813</guid>
		<description><![CDATA[&#160; El fulgor de las estrellas muchas veces nos obnubila.&#160;Muy especialmente en el firmamento del fútbol, donde vivimos de forma álgida los encumbramientos de astros, ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="675" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/07/mundial-copa1.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="La selección española celebrando el Mundial conseguido en Estados Unidos" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">El fulgor de las estrellas muchas veces nos obnubila.&nbsp;Muy especialmente en el firmamento del fútbol, donde vivimos de forma álgida los encumbramientos de astros, que no dejan de ser humanos. Cada Mundial vuelve a recordarnos una verdad que el entusiasmo, la publicidad y el ruido mediático se empeñan en ocultar: el fútbol es un deporte colectivo. Sin embargo, con demasiada frecuencia se nos presenta como una sucesión de héroes individuales capaces de decidir, por sí solos, el destino de selecciones enteras. Construimos mitologías alrededor de nombres como <strong>Lamine Yamal, Lionel Messi, Kylian Mbappé, Halaand o Bellingham,</strong> futbolistas extraordinarios, sin duda, cuyo talento merece admiración y reconocimiento. Pero entre la admiración y la idolatría existe una distancia que conviene no perder de vista.</p>
<p style="text-align: left;">En este Mundial <strong>hemos visto caer torres que parecían inexpugnables.</strong> Selecciones históricas, acostumbradas a ocupar el pedestal del fútbol internacional, han comprobado una vez más que la camiseta no gana partidos y que el prestigio acumulado durante décadas no garantiza el éxito presente. Brasil, Francia, Alemania y otras grandes potencias han conocido, como tantas veces ocurre en el deporte, el sabor amargo de la eliminación. Y esa es, precisamente, una de las grandezas del fútbol: nadie tiene asegurada la victoria.</p>
<p style="text-align: left;">Resulta llamativo comprobar cómo, en ocasiones, el relato periodístico convierte a determinadas figuras en el eje absoluto de sus equipos. Se juega para ellas, se interpreta cada acción en función de estos superhombres y se transmite la sensación de que el campeonato entero gira alrededor de sus botas. Cuando triunfan, parecen elevarse por encima del resto; cuando fracasan, se buscan explicaciones imposibles para no cuestionar el mito. La realidad, sin embargo, suele ser bastante más sencilla. <strong>Las estrellas también fallan</strong>. Los grandes figurones yerran penaltis decisivos, atraviesan momentos de escasa inspiración, se ven anuladas por el planteamiento del rival o simplemente tienen un mal día. Son magníficos futbolistas, pero siguen siendo personas. El exceso de expectativas termina convirtiéndose muchas veces en una pesada carga para ellos, empequeñeciendo al mismo tiempo el mérito de sus compañeros, cuyo trabajo silencioso hace posible que el talento individual pueda florecer.</p>
<p style="text-align: left;">Entiendo que el verdadero espectáculo del fútbol nace del esfuerzo compartido, del conjunto entero, de la solidaridad defensiva, del sacrificio de quien corre sin balón, de la inteligencia táctica, de la estrategia bien ejecutada y del convencimiento colectivo (¡Ojalá!) de que un equipo siempre puede superar a otro con mayor presupuesto o mayor número de figuras. Ahí reside la emoción que mantiene vivo este deporte y que permite que se puedan desafiar a los gigantes sin complejos. No se trata de restar importancia a quienes poseen un talento excepcional. Sería injusto. Su calidad inclina muchas veces la balanza y explica por qué los grandes clubes invierten cifras multimillonarias en incorporarlos. Son artistas del balón y constituyen un espectáculo por sí mismos; pero tampoco conviene convertirlos en semidioses cuya sola presencia parece garantizar los títulos. La historia del fútbol demuestra exactamente lo contrario.</p>
<p style="text-align: left;">El firmamento está lleno de estrellas. Algunas brillan con una intensidad extraordinaria; otras comienzan a apagarse mientras nuevas luces aparecen en el horizonte. También existe el polvo de estrellas, ese rastro luminoso que permanece cuando el resplandor inicial ha perdido fuerza. Así ocurre en el fútbol. Las generaciones se suceden, los ídolos cambian y los nombres que ayer parecían eternos terminan cediendo el protagonismo a otros de nuevo cuño. <strong>Quizá la mejor medicina sea la moderación. Ni el elogio desmedido ni la condena precipitada.</strong> Ni la vanagloria tras una victoria ni la frustración absoluta después de una derrota. El fútbol, como la vida, está hecho de ciclos, de incertidumbres y de constantes renovaciones. La belleza de este deporte consiste precisamente en que siempre deja espacio para la sorpresa.</p>
<p style="text-align: left;">En un tiempo dominado por el dinero, los intereses comerciales y la poderosa influencia de los medios de comunicación, conviene recordar que ninguna estrella, por brillante que sea, juega sola (así lo decía Di Stefano: <em>yo nunca jugué solo</em>). El balón sigue perteneciendo al equipo, y el equipo, cuando funciona como con auténtica marcha coral, es capaz de eclipsar incluso al astro más resplandeciente. España lo ha hecho. A fin de cuentas, también en el universo del fútbol el brillo más intenso acaba encontrando su medida. Hasta las estrellas más admiradas, después de iluminar generaciones enteras, terminan formando parte de ese inmenso y fascinante polvo de estrellas futboleras que deja la historia.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://www.hoyaldia.com/polvo-de-estrellas-futboleras/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La justicia y sus administradores</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/la-justicia-y-sus-administradores/</link>
		<comments>https://www.hoyaldia.com/la-justicia-y-sus-administradores/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 20 Jul 2026 07:34:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Pedro Dueñas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://www.hoyaldia.com/?p=95798</guid>
		<description><![CDATA[&#160; El jurista romano del siglo III&#160; Gneo Domicio Annio Ulpiano, conocido como “Ulpiano”, hizo una definición de la justicia no como misión sino como&#160; ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="600" height="398" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2021/03/justicia.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="justicia" /></p><p>&nbsp;</p>
<p class="Standard" style="text-align: left;">El jurista romano del siglo III&nbsp; Gneo Domicio Annio Ulpiano, conocido como “Ulpiano”, hizo una definición de la justicia no como misión sino como&nbsp; administración:<em><strong> «E</strong></em><b><i>sa continua y perpetua voluntad de dar a cada cual lo que le corresponde».</i></b>&nbsp;En su ejercicio práctico esa función está atribuida a los tribunales de justicia; se trata de un concepto de justicia material, pero por encima de ese concepto está la verdadera justicia como valor sublime que debe presidir permanentemente ese ejercicio profesional que hoy, está en manos de jueces y magistrados en su mayor parte condicionados por la presión social y más aún de carácter político que es el poder que al fin y al cabo los sitúa en su lugar y les condiciona su proyección profesional.</p>
<p class="Standard" style="text-align: left;">Joaquín Bosch (magistrado en activo y ex-portavoz de Jueces y Juezas para la Democracia) en un magnífico libro en colaboración con el periodista Ignacio Escolar,<b>&nbsp;<em>El Secuestro de la Justicia</em>,</b>&nbsp;afirma que en una escalada sin precedentes, las injerencias políticas son muy visibles, se encuentran en la cúpula judicial y son especialmente peligrosas en los casos de corrupción. Es una evidencia por su trascendencia social y conocimiento generalizado del interés de los partidos políticos en situar a magistrados de sus ideologías al frente de los órganos de gobierno de jueces y tribunales y desde la cúpula controlar el sistema judicial amparando a aquellos jueces que comulguen con sus ideales políticos y separar de la instrucción de determinadas causas penales a aquellos otros que libres de ideales o contrarios a su ideología pudieran hacer uso de su libertad para dictar sentencias justas sobre todo en el terreno de la corrupción.</p>
<p class="Standard" style="text-align: left;">Esta realidad social, que cada día más va calando en la opinión pública,&nbsp; genera una desolación por el desamparo real en que se encuentran los ciudadanos tan manida y negada por los representantes de los distintos partidos políticos hoy los de la oposición y ayer los que estuvieron en el poder, y &nbsp;solo exige de una pregunta para afirmar que las cosas están ocurriendo en un ámbito de irregularidades que por intereses propios son negadas tanto por los que les favorece la situación como por parte de la judicatura: <b>¿por qué&nbsp; los grupos políticos parlamentarios son reacios a&nbsp; la obligada renovación de los miembros del Consejo General del Poder Judicial, y luchan por poner en el sillón del trono a los suyos?</b></p>
<p class="Standard" style="text-align: left;">Dice Jean-Jacques&nbsp;Rousseau, en el Contrato Social, que «<em>p</em><i>orque el fin que persigue todo sistema legislativo es la libertad y la igualdad» </i>y esa exigida igualdad en la aplicación de la ley pondría a los poderosos en el mismo escenario con el resto de ciudadanos y así se verían privados de los privilegios de hacer y deshacer con total impunidad aquello que les resulte favorable a sus intereses políticos, económicos y sociales, a cuyo servicio intelectual se encentra la cúpula del poder judicial</p>
<p class="Standard" style="text-align: left;">Si como dice la frase bíblica atribuida a Jesús de Nazaret, en el caso de la mujer adúltera, «<b><i>aquellos de ustedes que estén libres de pecado mortal que tiren la primera piedra». </i></b>Yo, no estoy exento de culpabilidad por mi contribución a la causa de la mala Administración de Justicia, en la que ingresé el día 19 de enero de 1969 y me retiré en jubilación voluntaria en julio del año 2014. Toda una vida durante la que he tenido suficientes vivencias como para plasmarlas en un largo relato con la seguridad que hoy, ante el desprestigio de la propia judicatura que se lame sus propias heridas, no corro el peligro de decir que la justicia es un cachondeo, «es una vergüenza», pero no hoy, lo ha sido siempre, la diferencia es que antes se guardaba el secreto bajo la amenaza de esos señores togados que se creen tocados por la mano divina, seres vulgares, vengativos, irresponsables y fuera de la realidad social.</p>
<p class="Standard" style="text-align: left;">Desde el oscurantismo en que secularmente se ha desenvuelto la Administración de Justicia, reviste mucha dificultad el probar las afirmaciones que se hagan, no por ello perderán virtualidad y verdad conocida por gran parte de los colaboradores de la administración de Justicia (Personal funcionarial, abogados, procuradores, criminólogos, forenses, etc) pero la preservación de sus intereses profesionales y materiales les impiden manifestar o contribuir a demostrar las afirmaciones que hacen en ” petit comité”, con lo cual vaya también su parte como responsables por omisión.</p>
<p class="Standard" style="text-align: left;">Son dignos de reconocimiento público, aunque solo fuere por el pesar que se les ha infligido, algunos jueces que quizás con algo de exceso de celo, han sido expulsados por su osadía marcando diferencia con el resto amancebado, a quienes la historia próxima les dará la razón devolviéndoles su prestigio y su reconocimiento público, aunque dudo que quieran volver a formar parte de este ejército pretoriano que cumple a raja tabla las órdenes o insinuaciones de sus jerarcas.</p>
<p class="Standard" style="text-align: left;">Les sorprenderá si les digo que celebro lo que está ocurriendo. Como dijo el apóstol Juan <strong>«</strong><b><i>la verdad os hará libres»</i></b>&nbsp;y en los últimos tiempos gracias al arrojo y valentía de algunos políticos que han accedido al gobierno, esas verdades ocultas están aflorando al conocimiento de los ciudadanos, de los que dogmáticamente se dice que son los manantiales del poder, un poder que les ha sido usurpado precisamente por los obligados a garantizar el derecho individual y colectivo de los ciudadanos soberanos de la desilusión y el desencanto.</p>
<p class="Standard" style="text-align: left;">Ser juez hoy día no es un honor, ser un buen juez es un riesgo peligroso.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://www.hoyaldia.com/la-justicia-y-sus-administradores/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Prioridades</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/prioridades/</link>
		<comments>https://www.hoyaldia.com/prioridades/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 08 Jul 2026 08:33:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Julia López]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://www.hoyaldia.com/?p=95633</guid>
		<description><![CDATA[&#160; La prioridad, la nacional, se ha colado en el debate político desde hace unos meses, también en la Andalucía de la moderación; &#160;para sorpresa ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="772" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/07/pleno_junio.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Imagen del pleno de mes de junio" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">La prioridad, la nacional, se ha colado en el debate político desde hace unos meses, también en la Andalucía de la moderación; &nbsp;para sorpresa de nadie. Una de las prioridades de los políticos es pactar con quien sea necesario para acceder al lugar más soñado y ahí los principios se cambian si es necesario. A la derecha y a la izquierda. Pero una que no tiene ínfulas de analizar una realidad a la que no se dedica se atañe a lo comarcal. Estos días eso me pregunto, ¿qué prioridades tienen los gestores de nuestros ayuntamientos? <strong>Y qué prioridades tenemos los medios de comunicación.&nbsp;</strong></p>
<p style="text-align: left;">Digo esto porque se ha hablado muy poco de la cantidad de dinero -más de 8 millones de euros- que van a llegar a la comarca de Los Pedroches en forma de ayudas por el tren de borrascas.&nbsp;<strong>Siempre nos han dicho que las comparaciones son odiosas, pero son, como los vaivenes de la vida, inevitables.</strong> Es curioso que de esos 8 millones el municipio de mayor población, es decir, Pozoblanco vaya a recibir la friolera de cero euros y aquí la prioridad de los responsables políticos de este desaguisado ha sido la confusión. Primero mezclando ayudas de diferentes administraciones, para justificar que algo se ha recibido, luego responsabilizando a errores de la convocatoria, curiosamente inexistentes para otros ayuntamientos y, posteriormente, con un aluvión de anuncios en forma de conciertos, planes que se limitan a cambios de alumbrado y asfaltado y cuestiones que no pueden tapar la realidad.&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Y esa&nbsp;realidad es que la prioridad para un municipio como <strong>Añora</strong> es haber trabajado para conseguir más de 3 millones de euros, mientras que municipios como<strong> Villanueva de Córdoba y El Viso</strong> superan con creces el millón de euros. Mientras tanto, Dos Torres sigue con la construcción de su nueva residencia de mayores -también con fondos de otras administraciones- y Pozoblanco ha visto <strong>la enésima prórroga</strong> a la única obra que mantiene fuera de lo normal, la cubierta del Club Hípico. Eso, entre anuncios de reformas de calles, muchas de ellas con fondos procedentes del Programa PFEA, presentaciones del nuevo polígono, planes de asfaltado que se caen porque las licitaciones se quedan desiertas, una piscina que promete convertirse en una atracción sin igual pero que no llega y estudio, mucho estudio.&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">La prioridad, da la sensación, que es el marketing, el ocio, no dejar atrás lo estrictamente obligatorio y a marchar. Y nada de ello es incompatible, pero cuando una de las partes falla las lagunas se hacen más evidentes. Pero no pasa nada porque seguimos dándonos baños de masas en las clausuras de los lunes saludables, de las actividades del Activa, en los campamentos deportivos y en las galas de teatro. Fotografías para seguir engrosando el álbum. Al fin y al cabo eso basta y cumple con el objetivo.&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Igualdad</strong></p>
<p style="text-align: left;">Tampoco es una prioridad para este gobierno cumplir con los principios de igualdad que se le presumen a la Administración. La concejala <strong>Anastasia Calero</strong>, de esto también se ha hablado poco porque los medios tenemos otras prioridades, ha vuelto de su baja de maternidad y se ha encontrado con dos situaciones. La primera es la de haber estado días trabajando sin delegaciones; la segunda verse despojada de algunas de sus responsabilidades tras incorporarse. No ha sido una prioridad explicar esos cambios como lo fueron en otras ocasiones, <a href="https://pozoblanco.es/el-alcalde-de-pozoblanco-anuncia-una-reorganizacion-de-su-equipo-de-gobierno/" target="_blank">véase el cese de Gerardo Arévalo</a>, <a href="https://pozoblanco.es/el-ayuntamiento-de-pozoblanco-reestructura-el-equipo-de-gobierno-para-afrontar-los-importantes-retos-de-la-segunda-mitad-del-mandato/" target="_blank">la entrada de Manuel Fernández como concejal de Personal </a>o la propia marcha de Calero por su baja de maternidad. Ante los nuevos cambios, silencio.&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">¿Por qué? Porque aquí la prioridad es que nadie hable de una nueva pérdida de confianza del primer edil, <strong>Santiago Cabello</strong>, con otro de sus concejales. Se puede callar ante la evidencia, pero negarla es otra cuestión. En los prolegómenos del último pleno no hubo dudas, pero ahí no había cámaras. Otra pérdida de confianza más y van ya&#8230; algunas. ¿En lo que derivará? Pues el tiempo lo dirá. Mientras tanto, silencio, porque esa es otra prioridad, que nada negativo salga ante una gestión que <strong>por algunas aristas, en mi humilde opinión, hace aguas.&nbsp;</strong></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://www.hoyaldia.com/prioridades/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El gran salto</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/el-gran-salto/</link>
		<comments>https://www.hoyaldia.com/el-gran-salto/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 03 Jul 2026 06:59:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://www.hoyaldia.com/?p=95572</guid>
		<description><![CDATA[&#160; La sabia naturaleza nos da siempre lecciones.&#160;Desde lo más próximo y doméstico de nuestra particular biología, a lo más emocional de otros seres de ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="675" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2025/11/nido.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Nido en la Cruz de la Unidad" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">La sabia naturaleza nos da siempre lecciones.&nbsp;Desde lo más próximo y doméstico de nuestra particular biología, a lo más emocional de otros seres de nuestro entorno en los que apenas reparamos. El gran salto de las cigüeñas me parece un espectáculo conmovedor. Cada día, desde hace semanas, contemplo el nido que corona la Cruz de la Unidad de Pozoblanco (y de otros del contorno). Sobre este elevado y emblemático lugar de la ciudad, tres jóvenes cigüeñas vienen creciendo en vida, casi darnos cuenta, a pesar del volumen <em>in crecendo</em>. Donde antes solo había pequeños polluelos indefensos, hoy se enaltecen tres aves casi adultas que baten las alas con insistencia, ensayando una y otra vez un gesto que no responde al capricho, sino al instinto más perfecto. La naturaleza nunca improvisa. Todo tiene su tiempo, su orden y sentido. Ahora aprenden con aleteos precarios e inconsistentes, pero dentro de muy pocos días llegará el instante decisivo. Desde el borde del nido, muy bien calibrado en no pocas jornadas, una cría abrirá las alas y se lanzará al vacío. A nosotros nos parecerá un salto lleno de incertidumbre; para la cigüeña será, sencillamente, el momento para el que lleva preparándose desde que vino al mundo. Durante unos segundos perderá altura, encontrará el aire bajo sus alas y comenzará a volar. Con el saber infinito del instinto en sus alas. Ese será su gran salto. El que la separa definitivamente de la infancia y la introduce en la vida. Quizá por eso nos emociona tanto contemplarlo. Ese salto que todos hemos tenido que dar alguna vez en la vida, sobrepasando el vértigo del abandono del hogar, de nuestro primer refugio conocido, para descubrir que la auténtica existencia solo avanza cuando nos atrevemos a desplegar las alas.</p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Las cigüeñas nos enseñan mucho más de lo que imaginamos. Nos muestran el valor de la paciencia mientras construyen, rama a rama, un nido que utilizarán durante años. Nos definen con mucha precisión el compromiso de unos padres que comparten la incubación, buscan alimento sin descanso y protegen a sus crías hasta que estas pueden valerse por sí mismas. Nos enseñan también que educar consiste precisamente en preparar para la independencia. Los padres seguirán acompañando a sus hijos durante algunos días después del primer vuelo, pero llegará un momento en que las jóvenes crías emprenderán su propio camino. No volverán a ocupar el nido donde nacieron. Pasarán varios años antes de formar una familia y buscarán un lugar donde levantar su propia casa. Mientras tanto, serán viajeros del cielo, seguirán un rumbo que nadie les ha explicado y que, sin embargo, conocen con una precisión admirable. Tal vez ahí resida una de las mayores lecciones de la naturaleza: todo fluye sin estridencias. Los acontecimientos más trascendentales ocurren casi en silencio. La vida cambia de etapa mientras nosotros pasamos deprisa por la calle, consultamos el móvil o pensando en las preocupaciones del día. Sin embargo, sobre nuestras cabezas, la naturaleza continúa escribiendo su historia con una serenidad que conmueve. </span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Las cigüeñas forman parte del paisaje sentimental de Pozoblanco. Han acompañado la vida de varias generaciones y, de alguna manera, también forman parte de nuestra memoria. Resultan un hito en nuestro calendario vital. Cada primavera regresan los adultos al viejo nido, como quien vuelve al hogar después de un largo viaje, reanudando un ciclo que parece eterno. Nuestra mirada parece escrutadora, pero quizá sean ellas quienes nos recuerdan, año tras año, que la vida siempre camina en procesos de renovación. En estos tiempos en los que medimos con el impass una pantalla, conviene detenerse unos minutos y levantar la vista. Basta observar los nidos de las aves para comprender que las auténticas esencias siguen estando muy cerca de nosotros. Solo necesitan que les prestemos atención. El gran salto de esas tres jóvenes cigüeñas será mucho más que el comienzo de un vuelo. Es sin duda una hermosa metáfora de la vida, de la confianza, de la libertad y&nbsp; la esperanza. Y quizá también una invitación para que nosotros, al menos por un instante, aprendamos de nuevo a mirar.</span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://www.hoyaldia.com/el-gran-salto/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>En tiempo del calor…, la casa tradicional</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/en-tiempo-del-calor-la-casa-tradicional/</link>
		<comments>https://www.hoyaldia.com/en-tiempo-del-calor-la-casa-tradicional/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 26 Jun 2026 07:12:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://www.hoyaldia.com/?p=95480</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Cuanto le debemos a nuestros mayores&#160;de antaño. En estos días en los que el rigor del verano es acuciante, con los calores del infierno, ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="940" height="570" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/06/casa.png" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="casa" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Cuanto le debemos a nuestros mayores&nbsp;de antaño. En estos días en los que el rigor del verano es acuciante, con los calores del infierno, siempre me acuerdo de la arquitectura tradicional. La casa de Los Pedroches es una de esas reliquias del pasado que ejemplifican como nadie el saber popular.&nbsp; Nunca me han gustado los tópicos, porque aún en sus verdades deforman muchas veces la realidad convirtiéndola en mentira de generalidad. No obstante, en asuntos del calor es casi siempre cierto que en Andalucía las temperaturas frisan siempre las máximas del país, con referencias abultadas de Córdoba con el mercurio escandaloso en alza. Cierto es también que los dislates de la alteración climática, en las últimas décadas, han alterado los periodos estacionales, y durante el año son grandísimos los cambios que se advierten sin necesidad de muchas explicaciones. El estío se alarga sobremanera hasta mantener las terrazas de los bares durante el año casi de forma sempiterna. Con todo ello en clave de certeza, también es verdad que el calor fue siempre en esta tierra durante centurias un elemento definidor del clima. Nuestros antepasados vivieron como nosotros los calores del verano sin indulgencias de climatización, ni aparatos tecnológicos de los tiempos que corren.</p>
<p style="text-align: left;">Tenían, sin embargo, como hemos dicho en muchas ocasiones y puede fácilmente comprobarse, el saber de la tradición y la experiencia como maestra de la vida. Los rigores del calor eran también para ellos grandes, en parangón con los fríos continentales del invierno —que tampoco es flojo en estos lares—, pero alcanzaron a templar unos y otros extremos con el firme entendimiento de los materiales de su hábitat natural. Las casas de nuestros antepasados, que desgraciadamente están despareciendo en su esencia, constituyen un magnífico ejemplo de aprovechamiento de los recursos naturales para solventar las problemáticas climáticas. La utilización del granito y la madera, las tierras frescas y la vegetación natural cumplen como nadie con la encomienda de corregir los dislates de la naturaleza. Más aún, porque a los propios materiales impermeables y de control térmico se suma el grandísimo dispendio de recursos técnicos de carácter arquitectónico y habilidosas soluciones constructivas. En términos domésticos de gran simpleza siempre recordamos dichos y hechos graciosos sobre estilos de vida para el invierno y el verano (con aquello de bota, baraja y brasero ante el frío; o parra, pozo y botijo para el verano), pero realmente resultan sorprendentes las soluciones arquitectónicas, estructurales y morfológicas de las casas de nuestros mayores. Claro que el pozo del patio era una exigencia insoslayable en cualquiera casa que se preciara, con el subsiguiente aditamento de la vegetación y la tierra del huerto, pero de mayor enjundia es la composición de los habitáculos interiores, con la vereda central con accesos en los extremos para convertirse en un corredor de corriente fresca en verano, fluyendo el fresco del huerto hacia el interior como regulador de temperatura.&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">De superior importancia es asimismo la cámara superior que, si ciertamente cumple con una función esencial de guarda y custodia de aperos y productos del campo (trigo, melones y sandías…), no menos cierto es que en términos de climatización responde a la función crucial de aislamiento de la parte inferior vividera, impidiendo los rigores del frío invernizo y el acuciante calor de verano. Tampoco resulta en absoluto soez la disposición opaca interior de la vivienda, completamente cerrada en los flancos, que tanto se ha criticado a lo largo de la Historia, y que sin embargo tiene justificación funcional en esto de los calores y los fríos, más allá de pérdida de luces centrales. Todas ellas son soluciones de nuestros antepasados para corregir el calor y regular los espacios vivideros de casa. De sus virtudes no es necesario prodigar medias mentiras o regalías de ficción sobre las capacidades de las viviendas para soportar el tempero. Las verdades se acreditaban entonces, y se siguen verificando ahora, con la simple vida en una de estas casas tradicionales que <em>de facto</em> te enseñan que nuestros antepasados entendieron bien que hace calor, mucho calor, y que la casa es el mejor instrumento de nuestro habitar con elementos y formas reguladoras de carácter natural. Tanto la parra del patio con el pozo y el botijo como el interior permiten no solamente vivir en sintonía con la naturaleza, sino disfrutar de la siesta y de la noche, de la comida y del descanso antes de la jornada de trabajo. No hacemos proselitismo del pasado ni de la tradición más rancia, que en aspectos negativos era también maestra, pero sí que cabe rendir un homenaje sentido con brete de distinción entre el pasado y el presente.&nbsp; La casa tradicional rubrica con primor la calidad de vida ante el soporífero pugilato del verano.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://www.hoyaldia.com/en-tiempo-del-calor-la-casa-tradicional/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La Sagrada Familia de Gaudí</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/la-sagrada-familia-de-gaudi/</link>
		<comments>https://www.hoyaldia.com/la-sagrada-familia-de-gaudi/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 15 Jun 2026 07:16:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://www.hoyaldia.com/?p=95313</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Entre las maravillas universales del arte&#160;hay, incluso, estridencias geniales de belleza. La Sagrada Familia de don Antonio Gaudí (1852-1926) no precisa, siquiera, de los ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1130" height="940" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/06/sagradafamilia.png" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Interior de la Sagrada Familia" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Entre las maravillas universales del arte&nbsp;hay, incluso, estridencias geniales de belleza. La Sagrada Familia de don Antonio Gaudí (1852-1926) no precisa, siquiera, de los impulsos mediáticos de manto blanco. Se trata de una obra tan gigantesca en factura, a todos los niveles (material y espiritual), que sobrecoge el espíritu humano como muy pocas obras lo hacen. Ciertamente la visita del pontífice León XIV, con todos los <em>máss media</em>en liza, la convierten puntualmente en protagonismo de excepción, pero posee el templo en sí mismo tal potencia — en cualquier momento— que obnubila cualquier otra perspectiva. La magnificencia de la catedral barcelonesa solamente se entiende desde parámetros álgidos de exclusividad. Cierto es que responde bien a un tiempo y a un estilo (<em>Modernismo</em>), muy bien definido en formas, que le ofrece cauces en los planteamientos estéticos de su era (fines del s. XIX y comienzos del s. XX), pero no es menos verdad que la autenticidad del templo y su expresividad se debe única y exclusivamente al maestro.</p>
<p style="text-align: left;">Toda su obra (<em>La Pedrera, Casa Batlló, Parque Guell, Capricho de Comillas</em>, etc.) destila los efluvios de una mente creativa sin parangón. Una genialidad universal. Un hombre de imaginación desbordante que, sin embargo, recoge como nadie los réditos del arte más señero del emporio artístico occidental. Claro que Gaudí es conocimiento y técnica, genuino sabor de contemporaneidad y mirada profunda de la naturaleza, pero nadie como él ha sabido dar voz propia a sus obras con tanta personalidad: con sentido de unidad y pluralidad; con univocidad y contextualidad. Nadie maneja como él la dialéctica de la luz y los colores, las deslumbrantes bóvedas ni las formas curvilíneas estructurales que sorprenden y emocionan. En ellas está siempre patente la firma del genio en toda su dimensión, porque todo su ideario camina raudo por los senderos de una inteligencia procaz, de una solidez envidiable, de una álgida imaginación y originalidad incontestable. Nadie habla más alto ni más claro de que el arte tiene a veces en el espacio y en el tiempo una voz inimitable, partiendo como decimos de sintaxis claras de estilo y semánticas de historia. Parece mentira como don Antonio Gaudí hace temblar en técnica, emoción y calidad a los mismísimos pilares del arte clásico universal. Bastaría con recordar que el Vaticano — centro por excelencia del orbe cristiano— posee alarde de grandiosidad con el emporio de San Pedro de los mismísimos Buonarroti (cúpula) y Maderno (fachada), genios incontestados de arte universal de los momentos álgidos del Renacimiento y Barroco, pero timbran sus pedestales de distinción con un edificio que se encumbra en el centro religioso de la tierra, que es un <em>As</em> muy&nbsp; grande en la manga; timbran su elocuencia artística con estilos de marchamo universal y prosapia clásica, que llevan en su seno la savia de la verdad del Arte, que forjaron los hombres de la Antigüedad; y San Pedro representa las magnificencias de dos&nbsp; genios (y muchos más) irrepetibles de la Historia.</p>
<p style="text-align: left;">Con todo ese acopio (sirva de ejemplo), sin embargo, la Sagrada Familia no se achica ni ante el coloso de Roma ni ante las otras maravillas del mundo (pirámides…). Gaudí alza la voz de un genio en unas piedras que se disciplinan con humildad a su espíritu religioso; porque el maestro es también un hombre de creencias. La maravillosa dialéctica de las piedras y sus formas caprichosas rompen como nadie los esquemas del espacio y del tiempo, del estilo y de los magnates de su era. Nada extraña que el edificio esté siempre lleno de visitantes del mundo con miradas absortas al infinito de las piedras, porque infinita es la diversidad de pórticos, torres y ventanales que no solamente conjuntan en un estilo y en una personalidad creativa, sino que cada una de ellas habla con estridencias dialectales arquitectónicas que abruman por la capacidad técnica del genio: porque asombran los arcos y las columnas, las respuestas técnicas y los diálogos exultantes de belleza en cada uno de los rincones. Pero Gaudí no solamente es técnica, arte, creatividad y naturaleza, es a la vez conjunción de piedra y luz, de medida y evanescencia, de firmeza de un estilo y disparidad de criterios estéticos. La obra es fruto de una idea y un momento, sí, pero desde luego que trasciende el espacio y el tiempo.</p>
<p style="text-align: left;">La longevidad (desde 1883) en su conclusión definitiva tal vez sirva en tono de curiosidad para aplacar el ideal de perfección en que se estima la obra, pero realmente es fruto de una vida —la del maestro— que entendió el culmen del arte con una personalidad propia y definida. La visita del pontífice para la bendición del templo —en su disparidad de emociones contenidas en el visionado— puede servir también para calibrar cómo una catedral centenaria responde con majestuosidad —contemporizando como nadie— a todas las exigencias técnicas de los tiempos modernos, de la imaginería visual (ópticas, enfoques, zooms impresionantes…) y a una mirada universal que contempla el lenguaje de un genio de nuestra Historia. Gaudí define en la Sagrada Familia no solamente con un lenguaje sobrecogedor, sino con un espíritu infinito de eternidad. Porque eso es su obra, a la que difícilmente pueden llegar las palabras burdas de cualquier mortal, que siempre se quedarán alicortas ante la belleza incontestable del maestro.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://www.hoyaldia.com/la-sagrada-familia-de-gaudi/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
