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	<title>Hoyaldia.com &#124; Actualidad online de la comarca de los pedroches &#187; Opinión</title>
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	<description>HOYALDIA.COM es un periódico online de la comarca de Los Pedroches</description>
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		<title>A Luci Naciones &#124; La vida es bella</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Sep 2026 06:00:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Escribano Cabrera]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Querida Luci: Con la distorsión que nos impone la servidumbre de la memoria, guardo en mi cabeza imágenes de la película «La vida es ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="600" height="337" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/09/lavidaesbella.jpeg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Fotograma de la película La vida es bella" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Querida Luci:</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Con la distorsión que nos impone la servidumbre de la memoria, guardo en mi cabeza imágenes de la película «La vida es bella». En especial, las que refieren el subsistir de los protagonistas en el campo de concentración. Inolvidable el ejercicio de valor y creatividad de aquel padre, filtrando para su hijo la interpretación de la realidad que les ha tocado en suerte.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Ante las explicaciones que demandáis las niñas y los niños, los adultos contraemos la responsabilidad, primero, de escuchar vuestras dudas y, después, de armar una respuesta que satisfaga la curiosidad y vuestra necesidad imparable de crecer. Hablo de un espacio cotidiano y coherente, asumible, interpretable, creíble, verosímil… pero, cómo explicar a un niño el maltrato, el hambre, la violencia y la muerte en un campo de extermino, creado y consentido por seres humanos. Cómo demostrarle que <em>la vida </em>-además de un don precioso-<em> es bella. </em></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Cuando lo que nos rodea resulta deplorable. Cuando me dan ganas de salir corriendo mientras pueda… me habla tu manita, buscando un hueco en la mía y recordándome que no nos está permitido huir ni desentendernos de vosotros. En ese momento, solo me queda desempolvar la olvidada armadura y, a lomos del flaco Rocinante, volver a los caminos y plantarme en mitad de ese mundo: el único -nos aseguran- posible. Y vestido de fantoche e investido de una fuerza sobrehumana, leerlo de otra manera y enderezar los entuertos de ese dicho mundo que –también nos los aseguran- no tiene arreglo.&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">No sé dónde la habrás escuchado. Seguro que, como casi todas las que pronunciáis los niños, también es aprendida. «¿Qué es la polarización?», me preguntaste a bocajarro. Me disponía a cambiar de tema, pero contesté: «Es un juego para personas mayores». Ante tu cara de asombro y de querer saber más, me vine arriba: «En primer lugar se divide a esas personas mayores en dos equipos –a lo largo del juego, pueden degenerar en bandos e incluso en ejércitos-. Es obligatorio el uso de un lenguaje empobrecido y manejarse con valores absolutos y opuestos (bueno-malo, leal-traidor, listo-torpe, nosotros-ellos…), que ayude a los jugadores a regodearse en el infantilismo y la mediocridad. Otorga puntos extra poner caritas de asco, buscar referencias despectivas y encontrar –con o sin ingenio- la manera de ridiculizar las propuestas ajenas. No se permite conceder valor alguno a las soluciones que aporte el adversario y, mucho menos, sentarse juntos para buscar salidas. Penaliza escuchar al rival o respetar sus opiniones. Te comes al enemigo más cercano si eliges un portavoz que pregone, sin vergüenza, la propaganda y consignas de tu equipo y se avanzan diez casillas cada vez que -pese a no compartirlos- <em>comulgas con ruedas de molino</em> y aplaudes fervorosamente sus discursos. Te regalan un coche oficial para el resto de la partida, si te grabas en la frente un tatuaje con la frase: <em>¡Y tú más!</em> Se concede un comodín extra por confiar en líderes mezquinos y, el premio especial, si los dejas que piensen por ti. Finalmente, gana quien consigue dividir el mundo en <em>nosotros y ellos&nbsp;</em>y se convence a sí mismo -y a los demás- de que los seres humanos del otro equipo no han sido, son, ni serán jamás, nuestros iguales». &nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Querida Luci, pese a mi esfuerzo de imaginación -tan lejos del Guido de Bernigni-, tu respuesta resultó demoledora: «Me parece un juego estúpido y aburrido». A ella siguieron, un torrente, muchas más preguntas que no sé responder: «¿Cuánto puede durar?, ¿es peligroso?, ¿llegan a hacerse daño de verdad?, ¿te puedes retirar en mitad de la partida?, ¿qué ocurre con los que no quieren jugar?, ¿y si en el otro equipo caen tus amigos o tus hermanos, las reglas son las mismas?&#8230; ¿se abrazan todos al terminar?».</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">No muy convencido, con lo que no pasa de ser una bienintencionada fantasía, contesté solo la última: «¡Por supuesto! y, para redondear con algo de sustancia, añadí: ¡La vida es bella y no es ningún juego!».&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Cada uno con nuestro polo sin polarizar y siempre tuyo.&nbsp;</p>
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		<title>Antonio, «El Jhonny»: un homenaje que llega tarde</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Aug 2026 05:30:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[hoyaldia]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; POR ÁNGEL MORENO&#160; &#160; Hay personas que forman parte de la historia de un pueblo sin necesitar cargos, reconocimientos ni grandes escenarios. Personas que, ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1000" height="689" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/08/partido_memorial.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Cartel del partido" /></p><p>&nbsp;</p>
<p><strong>POR ÁNGEL MORENO&nbsp;</strong></p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Hay personas que forman parte de la historia de un pueblo sin necesitar cargos, reconocimientos ni grandes escenarios. Personas que, simplemente, están. Que dedican su tiempo, que reúnen a los demás, que crean recuerdos y que, con su forma de vivir, dejan una huella que permanece.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Antonio Fernández Gómez, “El Jhonny”</strong>, fue una de esas personas. Durante muchos años, el deporte fue una parte inseparable de su vida. Y lo fue también de la vida de Villaralto.</p>
<p style="text-align: left;">El tradicional partido de Viejas Glorias no era solamente un partido de fútbol. Era mucho más: era volver a encontrarse, recordar a quienes ya no estaban, juntar generaciones y compartir una tarde alrededor de algo tan sencillo y tan grande como el deporte. Antonio consiguió mantener viva esa tradición durante años.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>En 2023 se llegó a plantear que el Pabellón Municipal de Deportes llevara su nombre</strong>. Un reconocimiento que habría tenido un significado especial porque Antonio estaba vivo. Podía escucharlo. Podía sentirlo. Podía compartirlo con su familia y con su pueblo. Pero aquel reconocimiento no llegó.</p>
<p style="text-align: left;">Y hoy, cuando Antonio ya no está, <strong>aparece un partido memorial en su nombre.</strong> Y sí, debemos alegrarnos de que se le recuerde. Porque Antonio merece ser recordado. Pero también podemos sentir cierta tristeza al pensar que quizá algunas cosas se valoran más cuando ya no tenemos la oportunidad de decirlas a quien las merece. Porque un homenaje después de la muerte nunca podrá sustituir un abrazo en vida. Nunca podrá sustituir un “gracias, Antonio”. Nunca podrá sustituir el orgullo de ver a tu pueblo reconocer públicamente tantos años de dedicación.</p>
<p style="text-align: left;">Por eso, más allá de quién haya impulsado este partido y de las decisiones políticas que puedan existir detrás, hay una pregunta que permanece: <strong>¿Por qué no fuimos capaces de reconocer a Antonio como merecía cuando todavía estaba con nosotros?</strong> Y hay otra que duele especialmente: ¿Por qué dejamos desaparecer las Viejas Glorias, una de las tradiciones deportivas que Antonio ayudó a mantener durante tantos años?</p>
<p style="text-align: left;">Quizá ahora, cuando se juega este partido, deberíamos mirar más allá del marcador. Mirar a las gradas. A sus amigos. A quienes compartimos con él tantos partidos. A quienes aprendimos de él. A su familia. Y recordar que detrás de un nombre hay una vida entera. La vida de un hombre que dedicó muchas horas al deporte de su pueblo sin esperar grandes recompensas.</p>
<p style="text-align: left;">Por eso este sábado, cuando ruede el balón, Antonio volverá a estar presente. Estará en cada recuerdo, en cada conversación, en cada abrazo y en cada persona que lo eche de menos. Y quizá ese sea el homenaje más verdadero. Porque Antonio “El Jhonny” no necesita que Villaralto invente ahora su memoria. Villaralto ya la tiene. La construyó él durante toda una vida.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Gracias, Antonio.</strong> Por el fútbol. Por las Viejas Glorias. Por los amigos. Por los recuerdos. Y, sobre todo, por formar parte de la historia de Villaralto.</p>
<p style="text-align: left;">Hay personas que se van, pero hay recuerdos que el tiempo nunca consigue llevarse.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
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		<title>Etiquetas</title>
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		<pubDate>Sun, 23 Aug 2026 07:55:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Aperador]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Las etiquetas son consustanciales al ser humano en su relación con la sociedad. De hecho son imprescindibles para manejarnos con el resto de nuestros ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="755" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/08/etiquetas.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="etiquetas" /></p><p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Las etiquetas son consustanciales al ser humano en su relación con la sociedad. De hecho son imprescindibles para manejarnos con el resto de nuestros semejantes y para que nuestro cerebro se desenvuelva con normalidad. Son construcciones sociales utilizadas para clasificar identidades y comportamientos de grupos, reflejando normas de poder y, a menudo, estereotipos o desviaciones de los estándares sociales, deshumanizando al que se las aplicamos al etiquetar negativamente. <strong>Todos y todas las utilizamos, tanto positivas como negativas.</strong></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Y precisamente de esas etiquetas “negativas” quiero hablar hoy. Uno puede ser etiquetado de infinitas maneras. Pongo un ejemplo de mí mismo. Yo puedo ser catalogado de padre, de gordito, de pozoalbense, de historiador, de bético… También de estudiante de Antropología, de irónico, de amante de la cerveza, de republicano, de ateo… de comunista. Y aquí quería llegar. El problema es cuando una etiqueta con las que indefectiblemente nos catalogan, se impone al resto y no deja que se valoren o tengan en cuenta las demás cualidades o su falta de ellas.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;"><strong>Estoy bastante harto</strong>, sobre todo desde que tengo redes sociales, pero también antes de que estas marcasen tan indeleblemente nuestras vidas, de ser etiquetado solo de «comunista» o «de Izquierda Unida». Me adornan otras muchas virtudes y no menos defectos. Y no es que me moleste, al contrario, el que pretenda decírmelo como insulto pincha en hueso. Muy orgulloso estoy de profesar esta ideología, a diferencias de otra gente a la que yo etiqueto a la ligera –sí, yo también lo hago- como fachas o de ultraderecha.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">No veo yo que a nadie, al menos de mi entorno -y os puedo asegurar que tengo amigos o conocidos en (casi) todo el espectro político- a los que se les descalifique tanto de antemano o se les califique peyorativamente cuando inician cualquier discusión como a los que nos consideramos comunistas. Bien es verdad que últimamente también los socialistas, sobre todos los seguidores de Pedro Sánchez, tienen el cielo ganado</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">¿Tienen esas otras opciones ideológicas más derecho que la mía a la hora de prejuzgar positiva o negativamente a una persona? ¿Es que solo se puede ser de centro derecha liberal para pintar algo sin que te lleves un pescozón por opinar? O peor aún, ¿hay que no alinearse políticamente, decir aquello de «yo no soy de derechas ni de izquierdas» o «yo no me meto en política»? Ya sabemos de qué pie cojean quienes opinan así. Si no opinas de política otros lo harán por ti, que es, en el fondo, lo que quieren.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Incluso, los juicios a priori, pueden tacharme, como alguna vez lo han hecho, de “come curas”. Nada más lejano. Soy ateo por convicción pero la religión cristiana católica ha marcado y marca, lo quiera o no, parte de mi vida. De hecho diría incluso que tengo una sólida base cristiana, aunque para mí sea mitología, más aburrida que la griega y romana, pero que también tiene lo suyo.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Tampoco soy un anticlerical <em>quema iglesias</em> por mucho que&nbsp; despotrique contra algunos obispos ultras. Al contrario, me encanta el arte sacro -y mucho- y me pirro por los archivos, sean eclesiásticos o civiles y no precisamente para &nbsp;calentarme. Eso sí, puedo comprender el odio visceral que la clase trabajadora le hemos tenido a la Iglesia en ciertas etapas de la historia de España. Lógico, en la mayoría de las veces ésta ha estado –y sigue estando- con el poder, defendiendo a los ricos y los privilegios de éstos. Precisamente todo lo contrario de lo que Jesucristo –supuestamente- predicó en el Evangelio.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Es curioso pero incluso entre gente que debiera conocerme más, el sambenito de radical izquierdista cuela y sigue patente. Yo no me he puesto nunca una camiseta de la selección española de fútbol, como no me he puesto la de Brasil ni la de &nbsp;Alemania. Mi «<strong>españolidad</strong>» no da para tanto, lo cual no es óbice para que se las haya comprado a mis hijos, también poco futboleros, cuando eran pequeños.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">A pesar de esas etiquetas, yo, como el resto de seres humanos, tenemos nuestras opiniones distintas a las del grupo en el que somos etiquetados. Como dijo el filósofo aquel: yo soy yo y mis circunstancias. Vayamos con otro ejemplo. Últimamente se viene a calificar de Neandertales &nbsp;a aquellos que consideramos toscos, anticuados, bastos. Nada más lejos porque esa especie, de la que conservamos parte en nuestro ADN, no eran para nada unos garrulos: enterraban a sus muertos, pintaban en las cuevas, tallaban huesos y cuernos o se hacían tatuajes y adornos corporales… <strong>No sabemos todavía si, por ejemplo, los Neandertales tenían ideología o no</strong>. Aunque yo apuesto a qué sí. Y a buen seguro que también serían etiquetados. No sería lo mismo uno de estos familiares extintos que repartiera la carne de la caza que se había conseguido en la última expedición, que el que iba a esconderse para atiborrarse de la misma sin darle ni un bocado a nadie. No sería lo mismo aquel neandertal que cuidase de su familiar enfermo, que aquel que lo dejase abandonado a su suerte. Como no es igual aquel que se preocupa por el otro, sea inmigrante o “pata negra” nacional, a esos que piensan que la gente de distinto tono de piel es inferior y no tiene ningún derecho a pisar el suelo de esta “su” patria.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">A lo que vamos, en demasiadas ocasiones todos utilizamos las etiquetas para calificar negativamente a una persona enmarcándola en un estereotipo del que luego cuesta salir. Desde que llegaron las redes sociales todos opinamos de todo y claro así todos conocemos la opinión de los otros sobre cualquier cosa, por más nimia y banal que &nbsp;sea la cuestión, lo que, a priori, ya nos distancia si esta no concuerda con la nuestra.</p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Siguiendo con lo de las etiquetas que tanto gustan, muchas veces me han preguntado si creo que Jesucristo (tópico típico, típico tópico) fue el primer comunista. Obviando lo de presentismo histórico que tiene dicha pregunta&nbsp;</span>(evidentemente el&nbsp; comunismo como doctrina política aún no había nacido), siempre respondo lo mismo: «yo no sé si Jesús era o no comunista, lo que sí sé, viendo sus supuestos hechos –no tengo claro que existiera realmente-, es lo que no era: de derechas y ultraliberal».&nbsp;</p>
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		<title>Fuego sin contención</title>
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		<pubDate>Fri, 21 Aug 2026 05:30:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; El refranero popular dicta muy bien, con toda claridad,&#160;que no hay mayor ciego que el no quiere ver. Eso pasa con el fuego desde ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="675" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2021/08/fuego-calatraveño.png" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Foto: Twitter Plan Infoca" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">El refranero popular dicta muy bien, con toda claridad,&nbsp;que no hay mayor ciego que el no quiere ver. Eso pasa con el fuego desde hace décadas. Más allá de los alarmismos de última hora, que son acuciantes por las evidencias del presente verano en España y Europa, y no dejan de ser una evidencia más de una tendencia arrolladora y bastante elocuente. Nos referimos a los miles de hectáreas calcinadas, cientos de heridos, dolor incontenido y destrucción de diferente naturaleza. Los incendios de los últimos años de alta virulencia no son gestos esporádicos de la naturaleza, ni fortuitos ni fruto de actuaciones caóticas de la tierra. Todo tiene un sentido. Todo está envuelto en una compleja maraña de resortes provocados, la mayor parte de las veces, por el ser humano. La inconmensurable manta de cenizas y espacios quemados de España y en buena parte de Europa resultan elocuentes, desde hace bastantes años, de que existe una inercia imparable del cambio climático. Estamos ante una generación de incendios incontrolables y letales que aparecen de forma reiterada, aunque a veces de forma ingenua nos sorprendamos como si no supiéramos de que va la cosa; por qué se producen esas manifestaciones abrasadoras de calor, de una naturaleza displicente con el hombre. Nuestra simpleza infantil raya con frecuencia la estulticia (con perdón).</p>
<p style="text-align: left;">Resulta evidente que el cambio climático intensifica año tras año los regímenes de incendios acuciantes. Son el fruto de una serie de circunstancias que se retroalimentan, conformando una amalgama de condiciones perfectas para generar la barahúnda de incendios que habitualmente nos acompaña en los países del arco Mediterráneo (España, Portugal, Francia, Italia, Grecia, Turquía…). Los incidentes meteorológicos del verano (elevadas temperaturas) son un pequeño referente causal del gran iceberg que causa estos estragos. La desmesurada actuación humana desde la Revolución Industrial (humos, residuos, temperaturas, vertidos…) ha procurado a la tierra un cambio gigantesco, que de forma natural no se hubiera producido en millones de años. Actualmente hemos multiplicado la destrucción. No es preciso seguir la secuencia de industrialización desmedida y tecnologización de nuestro mundo para entender los desaliños que causamos al medio ambiente con los drásticos cambios socioeconómicos de la Contemporaneidad. Todos los conocemos bien, pero no parece que la cosa vaya con nosotros.</p>
<p style="text-align: left;">Entre las causas determinantes de esta interminable fluorescencia anual, que es cada vez más gravosa, se encuentran los abultados despoblamientos rurales, las díscolas utilizaciones del suelo y su abandono; las gestiones forestales anodinas que basculan casi siempre en conatos de maquillaje político, sin unas verdaderas políticas racionales que comprendan nuestra situación; de otra parte los modelos urbanísticos caóticos de nuestras ciudades y las formas de vida desproporcionadas que todos conocemos. Constituyen un paquete impresionante de motivaciones que favorecen los incendios, en conjunción con el calentamiento global de la tierra. En este polvorín nos movemos, sin mayor preocupación que rasgarnos las vestiduras cuando las llamas llaman a la puerta de nuestra casa; cuando anualmente las brasas asolan regiones enteras en las que tenemos fiada parte de nuestra sustentación por el único saldo del turismo, o la defensa módica que hacemos de nuestro entorno con la boca chica y sin ningún convencimiento. Al dislate de toda esta barahúnda de causas de difícil lectura y comprensión hay que añadir la maldad de algunos, que suman incendios con intencionalidad, con altos porcentajes: a veces de forma inconsciente (quemas de rastrojos; deseo de liberación de espacios para caza, etc.), pero otros con perversidad.</p>
<p style="text-align: left;">Ante un problema tan importante, de dimensiones desbordantes en lo que nos toda de futuro, solamente queda que la conciencia de la ciudadanía se convierta en una verdadera razón de cambio de actitud y comportamiento vital. La tierra y el medio ambiente no son causantes de las debacles de las que nos quejamos. Somos nosotros los únicos culpables y responsables de que exista tal proliferación de fuegos que, como vemos anualmente, no son pitas esporádicas de fiestas con pavesas divertidas. Son drásticas situaciones del medio ambiente, del campo, de la tierra, del clima y de nuestra existencia. Seamos sensatos.</p>
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		<title>Cines de verano o el sueño de una noche de verano</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/cines-de-verano-o-el-sueno-de-una-noche-de-verano/</link>
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		<pubDate>Sun, 16 Aug 2026 05:30:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Aperador]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Ya avanzada la canícula y debido a las constantes noticias que tenemos desde hace unos meses de la polémica por el cierre de los ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="480" height="270" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/08/cinemoderno.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Cine Moderno de Pozoblanco" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Ya avanzada la canícula y debido a las constantes noticias que tenemos desde hace unos meses de la polémica por el cierre de los cines de verano de Córdoba, situados en pleno casco histórico, me he acordado de nuestro cine de verano en Pozoblanco, el Cine Moderno.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Siempre me hizo sonreír el nombre porque, al menos en el largo tiempo que asistí a sus sesiones, finales de los 70, los 80, los 90 y una corta parte del nuevo milenio, sus instalaciones eran del todo menos “modernas”<strong>. Pero no por ello dejaba de ser entrañable,</strong> sobre todo porque era la única forma de ver cine en nuestro pueblo durante el largo y tórrido estío y porque además, como en todos los cines de verano, era un lugar ideal para socializar y pasar una noche al fresco y con los amigos.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Se puede decir que, al igual que el antiguo y desaparecido cine San Juan, muchos momentos de mi vida y de un alto porcentaje de pozoalbenses no se entienden sin las películas que allí se proyectaban. <strong>Desde las que veíamos en nuestra infancia y primera adolescencia, las que denominábamos de pistoleros con esos inmensos paisajes rodados en cinemascope</strong>, a las de “chinos” –nos tragábamos todas las sagas de Bruce Lee-, los péplum de romanos, mis favoritas, desde historias de la Biblia a las de guerra con los siempre chicos listos de los USA salvando al mundo, las de ciencia ficción, las románticas que nunca soporté…</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Crecimos y cambiaron las modas y nuestros gustos, como es normal. Por un tiempo, sobre todo a raíz de la famosa <em>Tiburón</em>, se pusieron de moda las películas sobre animales peligrosos: <em>Piraña</em>, <em>Tarántula</em>… De pronto multitud de animales se convirtieron en “asesinos” (avispas, hormigas,&nbsp; serpientes…) y nosotros disfrutábamos con nuestros refrescos y bolsas de pipas viendo cómo sembraban el pánico entre los americanos, porque todo en aquel tiempo sucedía en <em>yankilandia</em>.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Volvimos a crecer y empezamos a ser más selectivos a la hora de escoger las &nbsp;películas y también a tener conciencia política. Aunque, por lo general, los largometrajes que se proyectaban en el cine de verano solían ser más livianos, allí recuerdo ver a comienzos de los 80 <em>¡Arriba Hazaña!</em>, <em>La vaquilla</em> o <em>¡Biba la banda!</em> (sic), &nbsp;filmes dónde &nbsp;se abordaba el tema de la Guerra Civil en forma de comedia. Los refrescos pasaron a ser cervezas y las pipas, cigarrillos.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Lo que no cambiaba, o eso nos parecía a nosotros eran las salamanquesas, cada año más gordas del atracón de mosquitos que se pegaban correteando arriba y abajo por la blanca pantalla. O las sillas de chapa, que te dejaban el culo a rayas. Eso sí no llegabas tarde un día de mucho público y te tocaba coger una de las sillas de eneas que, decíamos en broma, tenían chinches de la época en que Manolo Escobar aún no había perdido el carro. O las estrellas fugaces que veías en aquel cielo mucho más limpio que ahora, o incluso los relámpagos y los truenos que oías a lo lejos de alguna tormenta que amenazaba con finalizar por lo tremendo con la proyección cinematográfica. Tampoco podía faltar la <em>‘rebequita’</em> porque de noche, ya a finales de agosto, aunque no lo crean las nuevas generaciones, refrescaba.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">No importaba que la película fuera un pestiño, que a veces lo era, si habías escogido sentarte en una mesa algo apartado de las filas de sillas, –servicio que se añadió en los últimos años- podías entablar una animada tertulia con tus compañeros de pandilla. Era una forma estupenda de socializar y echar la noche en aquellos largos veranos. Tuve la suerte incluso de poder ir alguna que otra vez con el mayor de mis hijos ya que el cine estuvo abierto hasta el año 2002. Recuerdo la primera película con él y con sus amigos de tres y cuatro años: <em>La edad del hielo</em> y la dificultad de mantenerlos a todos en silencio y sentados, eso sí los ojos como platos mirando la gran pantalla.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Podría contar multitud de anécdotas a lo largo de tantos años, de cientos de películas. Me quedo con una. Sería el verano de 1993 o cercano. Era el último día de la programación de ese año. El grupo de amigos y amigas que entonces nos juntábamos no teníamos claro que hacer esa noche. -¡Vamos al cine!-, dijo alguien. -¿Qué ponen?-, dijo otro. &#8211; No sé, pero echamos el rato- respondería algún otro. Nos sentamos en una de las mesas y dio comienzo la proyección. El cine estaba prácticamente vacío. Pasaron algunos minutos y no se oían nada. Será así al principio, pensábamos. De repente se paró la proyección y vimos como uno de los empleados del cine se dirigía con un altavoz en cada mano hacia la pantalla. Cómo era el último día se ve que se les olvidó colocarlos o los retiraron antes de tiempo. Risas generalizadas.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">La película resultó ser una italiana, <em>Mediterráneo</em>, que luego nos enteramos fue Premio Oscar a la mejor película extranjera en 1992. Un peliculón, un alegato antibelicista que transcurre en una isla griega durante la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Como antes he apuntado, en 2002 cerraron el cine. <strong>Estaba en&nbsp; un lugar muy apetecible urbanísticamente y pensamos que se convertiría pronto en un bloque de pisos</strong>, pero no, su lugar lo ocupa ahora un aparcamiento público. Los coches invadieron para siempre un lugar que estuvo ocupado por los sueños de miles de personas que pasaron allí momentos únicos de su vida.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Desde entonces no he ido a ningún cine de verano en otra ciudad. Lo más parecido ha sido cuando han puesto algún largometraje en la plaza de toros algún que otro verano. El cine Moderno murió sin hacer ruido, nadie lo lloró, aunque seamos muchos los que lo echamos de menos.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">En nuestra capital, en Córdoba, los pocos –creo que cinco- que quedan tienen más de cien años, llegando a haber más de una treintena por los diferentes barrios. Allí sí se ha creado una plataforma para que sean declarados Bien de Interés Cultural por la Junta de Andalucía y los adquiera el Ayuntamiento para su gestión.<strong> Están haciendo un estudio antropológico de lo que han sido y son los cines de verano para una ciudad y es que en verdad son como la sangre que corre por las venas de una sociedad cada vez más aislada en si misma, en sus pisos-torres de espaldas al otro</strong>. En la era de Neflix todo queda en casa y vemos películas y series hasta en el móvil. ¿Dónde quedó la socialización, el compartir unas horas con los amigos, con los vecinos? ¿Dónde quedó el compartir unas risas o unos llantos con los héroes de las pantallas? ¿Dónde quedó el aplaudir al final de la película si esta nos ha gustado o han ganado los “buenos”? Nos hemos vuelto tan descreídos que ya no nos creemos nada, ni a nosotros mismos.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Quizá todo esto forme parte de una sociedad que ya no existe, aunque me resisto a creerlo. En Córdoba la sociedad civil, o una parte de esta, ha despertado y ha creado una plataforma que está teniendo una gran repercusión &nbsp;para reivindicar sus cines de verano. Se está volviendo a proyectar cine en las plazas como la Fuenseca o la Magdalena. Los vecinos del casco antiguo se están movilizando. Quizá no todo esté perdido. Aquí, aunque&nbsp; no nos guste mucho “señalarnos” podíamos pedir que vuelva la pantalla grande a la plaza de toros, por ejemplo, lugar que a lo largo de la historia ha sido escenario de proyecciones.<strong> O crear -¿por qué no?- al igual que hay una Noche de la Cultura, una Noche del Cine</strong> y proyectar películas en alguna plaza del casco histórico de Pozoblanco. Películas mudas estilo <em>Metrópoli</em>, <em>El acorazado Potemkin</em>, <em>El gabinete del doctor Caligari</em>… joyas que en gran parte nuestros jóvenes desconocen. También cortos de nuestros jóvenes creativos, que tenemos muchos en Los Pedroches. En fin, una cultura viva y en la calle, participativa.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">En una sociedad que va, para mí, demasiado rápido y predica el individualismo y la insolidaridad, igual es tiempo de poner de moda lo tranquilo, lo sosegado, lo participativo, lo comunitario. <strong>Y los cines de verano eran todo eso y mucho más.</strong></p>
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		<title>Vestidos de domingo</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Aug 2026 08:33:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Aperador]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="900" height="616" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/08/foto_juan.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Vestidos de domingo" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Confieso que me gustó siempre esa expresión, si bien es verdad que cada persona la asocia a una vivencia propia. En mi infancia esas tres palabras significaban la llegada de la ilusión, del color, después de una semana gris con las consabidas obligaciones escolares. Tan gris como podían ser las semanas de un niño de diez o doce años en el Pozoblanco de los años 70. <strong>Como todos los niños teníamos un mundo entero por descubrir, sobre todo los domingos.</strong></p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Primero, y de manera obligatoria, había que asistir a misa. La misa de doce de los domingos en San Sebastián estaba destinada a que los más pequeños acudiéramos para aprender la fe que practicaban –o no- nuestros padres, abuelos y demás antepasados. La verdadera, la única, la católica, apostólica y romana. No era para nada una tortura y confieso que, de mi vocación lectora, algo he de agradecer a aquellas catequistas que pacientemente nos contaban las truculentas historias del Antiguo Testamento, o las más pedagógicas de la vida de Jesús del Nuevo Testamento.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Antes de la misa estaba la catequesis, a la que acudíamos muchos niños y niñas a pesar de que ya habíamos hecho la Primera Comunión, que entonces se tomaba con solo nueve años. Indefectiblemente, estábamos mucho antes en la puerta de la iglesia de San Sebastián porque había que dar unos pelotazos con nuestros balones de plástico o bien en forma de partidillo, si había niños suficientes, o bien jugar un “rinche”, si estábamos menos. <strong>Las niñas no, claro. Las niñas tenían sus juegos aparte, en este caso o la comba o la “goma”</strong>, a los que nos sumábamos algunas veces también los niños. &nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Había que tener mucho cuidado para no destrozar o manchar la ropa que con gran esmero nos habían puesto nuestras madres, porque se tenía que notar que el domingo era un día especial. Yo iba hecho siempre un pincel. Bien lavado, bien peinado –le gustaba a mi madre ponerme gomina- y bien vestido. De hecho, alguna amiga mía de infancia, adolescencia, juventud y, ahora, edad madura, me lo suele recordar y me llama “pijo” con carácter retroactivo. Si alguien me conoce sabe que, desde que dejé la adolescencia, suelo llevar un “torpe aliño indumentario”.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Después de misa, junto con los amigos de la pandilla, que entonces eran generalmente los vecinos de calle, salíamos de “paseo”. Y es que en realidad eso era lo que hacíamos, pasear.<strong> Bajábamos la calle la Feria y nos llegábamos al quiosco del Bernardino, en la calle Real, para comprar los típicos regalices</strong> –trastos los llamábamos nosotros-, litines, pipas o algún que otro caramelo. Los que tenían más poder adquisitivo –siempre hubo clases- se llegaban hasta la confitería de El Chairo y se compraban un ‘negrito’, mientras el “proletariado infantil” mirábamos con envidia con ojos como platos y salivando más que el perro de Paulov.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">También frecuentábamos el quiosco del Farrago en la calle El Toro, entonces Avenida de José Antonio, o el del Manolito en la Avenida Villanueva de Córdoba donde, si habíamos ahorrado algo, podíamos comprarnos un tebeo del Capitán Trueno o de los repeinados ‘Roberto Alcázar y Pedrín’. Un&nbsp; garbeo por el paseo Marcos Redondo, entonces con mucha más vegetación y frondosidad &nbsp;que ahora o hasta la Cruz de la Unidad, con también mucho más verde, y para casa para comer en familia.&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Poco tiempo después crecimos. Dejamos de ir a misa. Aprendimos a engañar a nuestras familias, sobre todo a la tía de un amigo que siempre nos preguntaba qué cura había dado la homilía –para saber si habíamos ido o no a misa-. Pero nosotros ya nos lo intuíamos y mirábamos al comienzo de la misma, antes de irnos al Polideportivo Municipal -entonces recientemente inaugurado- a ver algún partidillo o a pegar pelotazos. De la catequesis nunca más se supo, aunque incluso fui el eventual presidente de una asociación que hicimos denominada ‘La juventud de la catequesis’ en la parroquia de San Sebastián. Dejé de asistir el día en que comenzaron a interesarme más las piernas de la catequista -solo un puñado de años mayor que yo- que las explicaciones que intentaba darnos sobre la&nbsp; Biblia y la doctrina cristiana.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Pasé de repente de la niñez a la juventud, como tantos otros, abandonando la religión. Ya no me lavaría ni vestiría mi madre, ni utilizaría la gomina, ni aparecería por la iglesia, salvo puntuales eventualidades. <strong>El mundo se abría para un yo adolescente, con todo su misterio e incertidumbres y yo iba a enfrentarme a él</strong>, pero ya nunca más con esa sensación de estar vestido de domingo.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;"><a href="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/08/foto_juan-completa.jpg"><img class="aligncenter wp-image-96050 size-large" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/08/foto_juan-completa-684x1024.jpg" alt="foto_juan-completa" width="684" height="1024"></a></p>
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		<title>Polvo de estrellas futboleras</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Jul 2026 07:25:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="675" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/07/mundial-copa1.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="La selección española celebrando el Mundial conseguido en Estados Unidos" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">El fulgor de las estrellas muchas veces nos obnubila.&nbsp;Muy especialmente en el firmamento del fútbol, donde vivimos de forma álgida los encumbramientos de astros, que no dejan de ser humanos. Cada Mundial vuelve a recordarnos una verdad que el entusiasmo, la publicidad y el ruido mediático se empeñan en ocultar: el fútbol es un deporte colectivo. Sin embargo, con demasiada frecuencia se nos presenta como una sucesión de héroes individuales capaces de decidir, por sí solos, el destino de selecciones enteras. Construimos mitologías alrededor de nombres como <strong>Lamine Yamal, Lionel Messi, Kylian Mbappé, Halaand o Bellingham,</strong> futbolistas extraordinarios, sin duda, cuyo talento merece admiración y reconocimiento. Pero entre la admiración y la idolatría existe una distancia que conviene no perder de vista.</p>
<p style="text-align: left;">En este Mundial <strong>hemos visto caer torres que parecían inexpugnables.</strong> Selecciones históricas, acostumbradas a ocupar el pedestal del fútbol internacional, han comprobado una vez más que la camiseta no gana partidos y que el prestigio acumulado durante décadas no garantiza el éxito presente. Brasil, Francia, Alemania y otras grandes potencias han conocido, como tantas veces ocurre en el deporte, el sabor amargo de la eliminación. Y esa es, precisamente, una de las grandezas del fútbol: nadie tiene asegurada la victoria.</p>
<p style="text-align: left;">Resulta llamativo comprobar cómo, en ocasiones, el relato periodístico convierte a determinadas figuras en el eje absoluto de sus equipos. Se juega para ellas, se interpreta cada acción en función de estos superhombres y se transmite la sensación de que el campeonato entero gira alrededor de sus botas. Cuando triunfan, parecen elevarse por encima del resto; cuando fracasan, se buscan explicaciones imposibles para no cuestionar el mito. La realidad, sin embargo, suele ser bastante más sencilla. <strong>Las estrellas también fallan</strong>. Los grandes figurones yerran penaltis decisivos, atraviesan momentos de escasa inspiración, se ven anuladas por el planteamiento del rival o simplemente tienen un mal día. Son magníficos futbolistas, pero siguen siendo personas. El exceso de expectativas termina convirtiéndose muchas veces en una pesada carga para ellos, empequeñeciendo al mismo tiempo el mérito de sus compañeros, cuyo trabajo silencioso hace posible que el talento individual pueda florecer.</p>
<p style="text-align: left;">Entiendo que el verdadero espectáculo del fútbol nace del esfuerzo compartido, del conjunto entero, de la solidaridad defensiva, del sacrificio de quien corre sin balón, de la inteligencia táctica, de la estrategia bien ejecutada y del convencimiento colectivo (¡Ojalá!) de que un equipo siempre puede superar a otro con mayor presupuesto o mayor número de figuras. Ahí reside la emoción que mantiene vivo este deporte y que permite que se puedan desafiar a los gigantes sin complejos. No se trata de restar importancia a quienes poseen un talento excepcional. Sería injusto. Su calidad inclina muchas veces la balanza y explica por qué los grandes clubes invierten cifras multimillonarias en incorporarlos. Son artistas del balón y constituyen un espectáculo por sí mismos; pero tampoco conviene convertirlos en semidioses cuya sola presencia parece garantizar los títulos. La historia del fútbol demuestra exactamente lo contrario.</p>
<p style="text-align: left;">El firmamento está lleno de estrellas. Algunas brillan con una intensidad extraordinaria; otras comienzan a apagarse mientras nuevas luces aparecen en el horizonte. También existe el polvo de estrellas, ese rastro luminoso que permanece cuando el resplandor inicial ha perdido fuerza. Así ocurre en el fútbol. Las generaciones se suceden, los ídolos cambian y los nombres que ayer parecían eternos terminan cediendo el protagonismo a otros de nuevo cuño. <strong>Quizá la mejor medicina sea la moderación. Ni el elogio desmedido ni la condena precipitada.</strong> Ni la vanagloria tras una victoria ni la frustración absoluta después de una derrota. El fútbol, como la vida, está hecho de ciclos, de incertidumbres y de constantes renovaciones. La belleza de este deporte consiste precisamente en que siempre deja espacio para la sorpresa.</p>
<p style="text-align: left;">En un tiempo dominado por el dinero, los intereses comerciales y la poderosa influencia de los medios de comunicación, conviene recordar que ninguna estrella, por brillante que sea, juega sola (así lo decía Di Stefano: <em>yo nunca jugué solo</em>). El balón sigue perteneciendo al equipo, y el equipo, cuando funciona como con auténtica marcha coral, es capaz de eclipsar incluso al astro más resplandeciente. España lo ha hecho. A fin de cuentas, también en el universo del fútbol el brillo más intenso acaba encontrando su medida. Hasta las estrellas más admiradas, después de iluminar generaciones enteras, terminan formando parte de ese inmenso y fascinante polvo de estrellas futboleras que deja la historia.</p>
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		<title>La justicia y sus administradores</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Jul 2026 07:34:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Pedro Dueñas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="600" height="398" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2021/03/justicia.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="justicia" /></p><p>&nbsp;</p>
<p class="Standard" style="text-align: left;">El jurista romano del siglo III&nbsp; Gneo Domicio Annio Ulpiano, conocido como “Ulpiano”, hizo una definición de la justicia no como misión sino como&nbsp; administración:<em><strong> «E</strong></em><b><i>sa continua y perpetua voluntad de dar a cada cual lo que le corresponde».</i></b>&nbsp;En su ejercicio práctico esa función está atribuida a los tribunales de justicia; se trata de un concepto de justicia material, pero por encima de ese concepto está la verdadera justicia como valor sublime que debe presidir permanentemente ese ejercicio profesional que hoy, está en manos de jueces y magistrados en su mayor parte condicionados por la presión social y más aún de carácter político que es el poder que al fin y al cabo los sitúa en su lugar y les condiciona su proyección profesional.</p>
<p class="Standard" style="text-align: left;">Joaquín Bosch (magistrado en activo y ex-portavoz de Jueces y Juezas para la Democracia) en un magnífico libro en colaboración con el periodista Ignacio Escolar,<b>&nbsp;<em>El Secuestro de la Justicia</em>,</b>&nbsp;afirma que en una escalada sin precedentes, las injerencias políticas son muy visibles, se encuentran en la cúpula judicial y son especialmente peligrosas en los casos de corrupción. Es una evidencia por su trascendencia social y conocimiento generalizado del interés de los partidos políticos en situar a magistrados de sus ideologías al frente de los órganos de gobierno de jueces y tribunales y desde la cúpula controlar el sistema judicial amparando a aquellos jueces que comulguen con sus ideales políticos y separar de la instrucción de determinadas causas penales a aquellos otros que libres de ideales o contrarios a su ideología pudieran hacer uso de su libertad para dictar sentencias justas sobre todo en el terreno de la corrupción.</p>
<p class="Standard" style="text-align: left;">Esta realidad social, que cada día más va calando en la opinión pública,&nbsp; genera una desolación por el desamparo real en que se encuentran los ciudadanos tan manida y negada por los representantes de los distintos partidos políticos hoy los de la oposición y ayer los que estuvieron en el poder, y &nbsp;solo exige de una pregunta para afirmar que las cosas están ocurriendo en un ámbito de irregularidades que por intereses propios son negadas tanto por los que les favorece la situación como por parte de la judicatura: <b>¿por qué&nbsp; los grupos políticos parlamentarios son reacios a&nbsp; la obligada renovación de los miembros del Consejo General del Poder Judicial, y luchan por poner en el sillón del trono a los suyos?</b></p>
<p class="Standard" style="text-align: left;">Dice Jean-Jacques&nbsp;Rousseau, en el Contrato Social, que «<em>p</em><i>orque el fin que persigue todo sistema legislativo es la libertad y la igualdad» </i>y esa exigida igualdad en la aplicación de la ley pondría a los poderosos en el mismo escenario con el resto de ciudadanos y así se verían privados de los privilegios de hacer y deshacer con total impunidad aquello que les resulte favorable a sus intereses políticos, económicos y sociales, a cuyo servicio intelectual se encentra la cúpula del poder judicial</p>
<p class="Standard" style="text-align: left;">Si como dice la frase bíblica atribuida a Jesús de Nazaret, en el caso de la mujer adúltera, «<b><i>aquellos de ustedes que estén libres de pecado mortal que tiren la primera piedra». </i></b>Yo, no estoy exento de culpabilidad por mi contribución a la causa de la mala Administración de Justicia, en la que ingresé el día 19 de enero de 1969 y me retiré en jubilación voluntaria en julio del año 2014. Toda una vida durante la que he tenido suficientes vivencias como para plasmarlas en un largo relato con la seguridad que hoy, ante el desprestigio de la propia judicatura que se lame sus propias heridas, no corro el peligro de decir que la justicia es un cachondeo, «es una vergüenza», pero no hoy, lo ha sido siempre, la diferencia es que antes se guardaba el secreto bajo la amenaza de esos señores togados que se creen tocados por la mano divina, seres vulgares, vengativos, irresponsables y fuera de la realidad social.</p>
<p class="Standard" style="text-align: left;">Desde el oscurantismo en que secularmente se ha desenvuelto la Administración de Justicia, reviste mucha dificultad el probar las afirmaciones que se hagan, no por ello perderán virtualidad y verdad conocida por gran parte de los colaboradores de la administración de Justicia (Personal funcionarial, abogados, procuradores, criminólogos, forenses, etc) pero la preservación de sus intereses profesionales y materiales les impiden manifestar o contribuir a demostrar las afirmaciones que hacen en ” petit comité”, con lo cual vaya también su parte como responsables por omisión.</p>
<p class="Standard" style="text-align: left;">Son dignos de reconocimiento público, aunque solo fuere por el pesar que se les ha infligido, algunos jueces que quizás con algo de exceso de celo, han sido expulsados por su osadía marcando diferencia con el resto amancebado, a quienes la historia próxima les dará la razón devolviéndoles su prestigio y su reconocimiento público, aunque dudo que quieran volver a formar parte de este ejército pretoriano que cumple a raja tabla las órdenes o insinuaciones de sus jerarcas.</p>
<p class="Standard" style="text-align: left;">Les sorprenderá si les digo que celebro lo que está ocurriendo. Como dijo el apóstol Juan <strong>«</strong><b><i>la verdad os hará libres»</i></b>&nbsp;y en los últimos tiempos gracias al arrojo y valentía de algunos políticos que han accedido al gobierno, esas verdades ocultas están aflorando al conocimiento de los ciudadanos, de los que dogmáticamente se dice que son los manantiales del poder, un poder que les ha sido usurpado precisamente por los obligados a garantizar el derecho individual y colectivo de los ciudadanos soberanos de la desilusión y el desencanto.</p>
<p class="Standard" style="text-align: left;">Ser juez hoy día no es un honor, ser un buen juez es un riesgo peligroso.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Prioridades</title>
		<link>https://www.hoyaldia.com/prioridades/</link>
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		<pubDate>Wed, 08 Jul 2026 08:33:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Julia López]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; La prioridad, la nacional, se ha colado en el debate político desde hace unos meses, también en la Andalucía de la moderación; &#160;para sorpresa ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="772" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2026/07/pleno_junio.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Imagen del pleno de mes de junio" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">La prioridad, la nacional, se ha colado en el debate político desde hace unos meses, también en la Andalucía de la moderación; &nbsp;para sorpresa de nadie. Una de las prioridades de los políticos es pactar con quien sea necesario para acceder al lugar más soñado y ahí los principios se cambian si es necesario. A la derecha y a la izquierda. Pero una que no tiene ínfulas de analizar una realidad a la que no se dedica se atañe a lo comarcal. Estos días eso me pregunto, ¿qué prioridades tienen los gestores de nuestros ayuntamientos? <strong>Y qué prioridades tenemos los medios de comunicación.&nbsp;</strong></p>
<p style="text-align: left;">Digo esto porque se ha hablado muy poco de la cantidad de dinero -más de 8 millones de euros- que van a llegar a la comarca de Los Pedroches en forma de ayudas por el tren de borrascas.&nbsp;<strong>Siempre nos han dicho que las comparaciones son odiosas, pero son, como los vaivenes de la vida, inevitables.</strong> Es curioso que de esos 8 millones el municipio de mayor población, es decir, Pozoblanco vaya a recibir la friolera de cero euros y aquí la prioridad de los responsables políticos de este desaguisado ha sido la confusión. Primero mezclando ayudas de diferentes administraciones, para justificar que algo se ha recibido, luego responsabilizando a errores de la convocatoria, curiosamente inexistentes para otros ayuntamientos y, posteriormente, con un aluvión de anuncios en forma de conciertos, planes que se limitan a cambios de alumbrado y asfaltado y cuestiones que no pueden tapar la realidad.&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Y esa&nbsp;realidad es que la prioridad para un municipio como <strong>Añora</strong> es haber trabajado para conseguir más de 3 millones de euros, mientras que municipios como<strong> Villanueva de Córdoba y El Viso</strong> superan con creces el millón de euros. Mientras tanto, Dos Torres sigue con la construcción de su nueva residencia de mayores -también con fondos de otras administraciones- y Pozoblanco ha visto <strong>la enésima prórroga</strong> a la única obra que mantiene fuera de lo normal, la cubierta del Club Hípico. Eso, entre anuncios de reformas de calles, muchas de ellas con fondos procedentes del Programa PFEA, presentaciones del nuevo polígono, planes de asfaltado que se caen porque las licitaciones se quedan desiertas, una piscina que promete convertirse en una atracción sin igual pero que no llega y estudio, mucho estudio.&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">La prioridad, da la sensación, que es el marketing, el ocio, no dejar atrás lo estrictamente obligatorio y a marchar. Y nada de ello es incompatible, pero cuando una de las partes falla las lagunas se hacen más evidentes. Pero no pasa nada porque seguimos dándonos baños de masas en las clausuras de los lunes saludables, de las actividades del Activa, en los campamentos deportivos y en las galas de teatro. Fotografías para seguir engrosando el álbum. Al fin y al cabo eso basta y cumple con el objetivo.&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Igualdad</strong></p>
<p style="text-align: left;">Tampoco es una prioridad para este gobierno cumplir con los principios de igualdad que se le presumen a la Administración. La concejala <strong>Anastasia Calero</strong>, de esto también se ha hablado poco porque los medios tenemos otras prioridades, ha vuelto de su baja de maternidad y se ha encontrado con dos situaciones. La primera es la de haber estado días trabajando sin delegaciones; la segunda verse despojada de algunas de sus responsabilidades tras incorporarse. No ha sido una prioridad explicar esos cambios como lo fueron en otras ocasiones, <a href="https://pozoblanco.es/el-alcalde-de-pozoblanco-anuncia-una-reorganizacion-de-su-equipo-de-gobierno/" target="_blank">véase el cese de Gerardo Arévalo</a>, <a href="https://pozoblanco.es/el-ayuntamiento-de-pozoblanco-reestructura-el-equipo-de-gobierno-para-afrontar-los-importantes-retos-de-la-segunda-mitad-del-mandato/" target="_blank">la entrada de Manuel Fernández como concejal de Personal </a>o la propia marcha de Calero por su baja de maternidad. Ante los nuevos cambios, silencio.&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">¿Por qué? Porque aquí la prioridad es que nadie hable de una nueva pérdida de confianza del primer edil, <strong>Santiago Cabello</strong>, con otro de sus concejales. Se puede callar ante la evidencia, pero negarla es otra cuestión. En los prolegómenos del último pleno no hubo dudas, pero ahí no había cámaras. Otra pérdida de confianza más y van ya&#8230; algunas. ¿En lo que derivará? Pues el tiempo lo dirá. Mientras tanto, silencio, porque esa es otra prioridad, que nada negativo salga ante una gestión que <strong>por algunas aristas, en mi humilde opinión, hace aguas.&nbsp;</strong></p>
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		<title>El gran salto</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Jul 2026 06:59:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Andrés Molinero Merchán]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; La sabia naturaleza nos da siempre lecciones.&#160;Desde lo más próximo y doméstico de nuestra particular biología, a lo más emocional de otros seres de ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="675" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2025/11/nido.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Nido en la Cruz de la Unidad" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">La sabia naturaleza nos da siempre lecciones.&nbsp;Desde lo más próximo y doméstico de nuestra particular biología, a lo más emocional de otros seres de nuestro entorno en los que apenas reparamos. El gran salto de las cigüeñas me parece un espectáculo conmovedor. Cada día, desde hace semanas, contemplo el nido que corona la Cruz de la Unidad de Pozoblanco (y de otros del contorno). Sobre este elevado y emblemático lugar de la ciudad, tres jóvenes cigüeñas vienen creciendo en vida, casi darnos cuenta, a pesar del volumen <em>in crecendo</em>. Donde antes solo había pequeños polluelos indefensos, hoy se enaltecen tres aves casi adultas que baten las alas con insistencia, ensayando una y otra vez un gesto que no responde al capricho, sino al instinto más perfecto. La naturaleza nunca improvisa. Todo tiene su tiempo, su orden y sentido. Ahora aprenden con aleteos precarios e inconsistentes, pero dentro de muy pocos días llegará el instante decisivo. Desde el borde del nido, muy bien calibrado en no pocas jornadas, una cría abrirá las alas y se lanzará al vacío. A nosotros nos parecerá un salto lleno de incertidumbre; para la cigüeña será, sencillamente, el momento para el que lleva preparándose desde que vino al mundo. Durante unos segundos perderá altura, encontrará el aire bajo sus alas y comenzará a volar. Con el saber infinito del instinto en sus alas. Ese será su gran salto. El que la separa definitivamente de la infancia y la introduce en la vida. Quizá por eso nos emociona tanto contemplarlo. Ese salto que todos hemos tenido que dar alguna vez en la vida, sobrepasando el vértigo del abandono del hogar, de nuestro primer refugio conocido, para descubrir que la auténtica existencia solo avanza cuando nos atrevemos a desplegar las alas.</p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Las cigüeñas nos enseñan mucho más de lo que imaginamos. Nos muestran el valor de la paciencia mientras construyen, rama a rama, un nido que utilizarán durante años. Nos definen con mucha precisión el compromiso de unos padres que comparten la incubación, buscan alimento sin descanso y protegen a sus crías hasta que estas pueden valerse por sí mismas. Nos enseñan también que educar consiste precisamente en preparar para la independencia. Los padres seguirán acompañando a sus hijos durante algunos días después del primer vuelo, pero llegará un momento en que las jóvenes crías emprenderán su propio camino. No volverán a ocupar el nido donde nacieron. Pasarán varios años antes de formar una familia y buscarán un lugar donde levantar su propia casa. Mientras tanto, serán viajeros del cielo, seguirán un rumbo que nadie les ha explicado y que, sin embargo, conocen con una precisión admirable. Tal vez ahí resida una de las mayores lecciones de la naturaleza: todo fluye sin estridencias. Los acontecimientos más trascendentales ocurren casi en silencio. La vida cambia de etapa mientras nosotros pasamos deprisa por la calle, consultamos el móvil o pensando en las preocupaciones del día. Sin embargo, sobre nuestras cabezas, la naturaleza continúa escribiendo su historia con una serenidad que conmueve. </span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Las cigüeñas forman parte del paisaje sentimental de Pozoblanco. Han acompañado la vida de varias generaciones y, de alguna manera, también forman parte de nuestra memoria. Resultan un hito en nuestro calendario vital. Cada primavera regresan los adultos al viejo nido, como quien vuelve al hogar después de un largo viaje, reanudando un ciclo que parece eterno. Nuestra mirada parece escrutadora, pero quizá sean ellas quienes nos recuerdan, año tras año, que la vida siempre camina en procesos de renovación. En estos tiempos en los que medimos con el impass una pantalla, conviene detenerse unos minutos y levantar la vista. Basta observar los nidos de las aves para comprender que las auténticas esencias siguen estando muy cerca de nosotros. Solo necesitan que les prestemos atención. El gran salto de esas tres jóvenes cigüeñas será mucho más que el comienzo de un vuelo. Es sin duda una hermosa metáfora de la vida, de la confianza, de la libertad y&nbsp; la esperanza. Y quizá también una invitación para que nosotros, al menos por un instante, aprendamos de nuevo a mirar.</span></p>
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