Por Pedro(s) López, de la Asociación Guadamatilla

 

Parque: En una población, espacio que se dedica a praderas, jardines y arbolado, con ornamentos diversos, para el esparcimiento de sus habitantes.

 

Es común, al abrir las redes sociales, encontrar una foto en la que una calzada con una arboleda imponente es comparada con otra libre de vegetación. En dicha comparativa aparece un termómetro, en el que se aprecia una clara diferencia de temperatura entre la calzada protegida por la arboleda (más baja) y la que no lo está (más alta). Quizás sea, como viene siendo habitual en las redes sociales, algo que se le da a compartir sin más, algo que se comparte para querer aparentar una cierta sintonía con los movimientos ecologistas.

Como demostración «científica a favor de los árboles» no es muy convincente, pues el mismo efecto tendría la sombra proyectada por una pared, un toldo o una sombrilla. Como argumento sencillo a favor de las arboledas por supuesto que es válida, pues éstas, además de la sombra, proporcionan otros beneficios adicionales, que los toldos no prestan.

Una experiencia mejor (que vendría a echar por tierra la moda impuesta de los «parques limpios», en los que dominan una estética, a veces minimalista, en la que el solado es protagonista y los árboles son meramente testimoniales), sería comparar la diferencia de temperatura existente entre una zona asfaltada o solada y un área que mantenga la superficie natural. La diferencia de temperatura es notable; si a ello se le añade la sombra proporcionada por una arboleda (que no por toldos), el argumento es todavía más categórico, tanto a favor de los árboles como de las superficies naturales.

Es muy conocido el efecto llamado isla de calor, que se da, fundamentalmente, en grandes ciudades. De forma muy simple y breve, este efecto consiste en que las temperaturas en el centro de las ciudades son más altas que hacia la periferia, debido a que por la noche el asfalto devuelve el calor acumulado durante el día (como hacen los acumuladores térmicos usados para calefacción). A ello hay que sumar el calor emitido por motores, actividad doméstica, aparatos de refrigeración y calefacción, etc. Para tratar de paliar este problema (que crea, en determinadas condiciones atmosféricas, graves problemas de contaminación) se fomenta la creación de grandes espacios verdes y de tejados con vegetación para que rompan este efecto. El efecto isla de calor es directamente proporcional al tamaño de la ciudad, por lo que en ciudades pequeñas o en pueblos es considerablemente menor, pero sí existe esa elevación de las temperaturas en el casco urbano respecto a la periferia.

Por desgracia, y especialmente en los últimos años, en Pozoblanco (aunque en otras localidades el fenómeno también se repite) se está observando una preocupante reducción del estrato arbóreo en nuestros parques (sí, esa arboleda que, además de ser una fuente de O2, de reducción de CO2 y de proporcionar humedad por la evapotranspiración, también nos da sombra, reduce considerablemente la temperatura, proporciona vistas agradables, etc.), para ser sustituida, en el mejor de los casos, por árboles de pequeño porte o diversos tipos de palmeras, que, por regla general, no proporcionan sombra. La reducción significativa de la superficie arbolada respecto de la no arbolada en los parques, viene siendo acusada en los últimos años; sólo hay que fijarse en las fotos de satélite de hace unos años, y compararlas con las actuales: Pozoblanco se está convirtiendo en un municipio que parece acogido a un movimiento #Freearboles.

En el Ayuntamiento se lleva un tiempo trabajando en los arreglos de jardines, lo cual es algo totalmente necesario. Pero, quizás, se está produciendo en dirección contraria a lo que se predica y a las tendencias actuales en cuestión de jardinería (jardín: terreno donde se cultivan plantas con fines ornamentales; jardinería: arte y oficio del jardinero) al sembrar o tapizar de césped buena parte de las zonas verdes, sin aumentar por ello la superficie arbolada (al menos de árboles de buen porte que proporcionen sombra a buena parte del parque). Además, es preocupante que cada vez que se remodela una calle, avenida o parque con árboles, estos sean total o casi totalmente eliminados. Véase el siguiente enlace: http://guadamatilla.blogspot.com/2011/08/cambiara-pozoblanco-el-escudo-de-la.html.

Camping Municipal

Camping Municipal

La eliminación o reducción de la cobertura arbolada se basa en los múltiples y supuestos inconvenientes de los árboles: las hojas, cuando se caen, o sus frutos y semillas ensucian el pavimento; las aves que los utilizan como posaderos o dormideros molestan a nuestros sufridos oídos urbanitas y ensucian con sus deyecciones; levantan aceras y pavimentos con las raíces (cuando no penetran cual pérfidas serpientes en los encañes, hasta las casas); las ramas (o el árbol completo) se pueden caer y dañar vehículos y personas; tardan mucho en crecer (más que la duración de una o dos legislaturas); producen alergias; pueden ser complicados de mantener; molestan a determinados vecinos o negocios; están enfermos o viejos (es cierto que hay que reponer los que pueden presentar un peligro por viejos o enfermos); etc. Muchos de estos inconvenientes son meras justificaciones (no argumentaciones sólidas), que no contrarrestan las ventajas que aportan. 

Parece que los árboles no gozan de popularidad. Puede que la impopularidad con la que cuentan los árboles en Pozoblanco venga derivada de las malas decisiones y mantenimiento que hemos arrastrado durante mucho tiempo en nuestro municipio. Quizás se esté a tiempo de rectificar, pero viendo los derroteros y las decisiones que se han tomado en la remodelación de las zonas verdes, la arboleda, como tal, no parece que tenga cabida. Pero esto no se traduce sólo dentro del casco urbano, es algo que se está extendiendo en las zonas aledañas de los caminos públicos, e incluso en las zonas públicas que son responsabilidad de nuestro Consistorio (véase la imagen del camping municipal adjunta en este artículo).

No hace mucho se daba como noticia la plantación de 50 árboles en Pozoblanco dentro del llamado Plan Verde, y en ella se exponía que las especies a plantar eran autóctonas. Bien está la cifra de 50 nuevos árboles, pero por sí sola no significa nada. En España en el año 2020 hubo 339.206 nacimientos (buena cifra), con lo que la población debería haber aumentado en esa cantidad; pero la pena es que hubo 492.930 fallecimientos. No sólo importa la cantidad de árboles plantados, sino, también, la de los que se han perdido o cortado; además, no sólo interesa la cantidad, sino también la «calidad». No es de recibo que te depositen en tu cuenta corriente 50 billetes de 5 euros y que te quiten 50 billetes de 20 euros; no hay equivalencia entre cortar olmos y sembrar olivos o árboles del amor. Las cifras, como las estadísticas, son datos objetivos que se manejan subjetivamente.

Con lo de las especies autóctonas de la noticia ha debido ocurrir un error, pues de las especies (mejor, géneros, pues no se concretaba la especie) anunciadas, sólo una (el almez) es autóctona, otra (el Cercis) es del ámbito mediterráneo y el resto son de América, África y Oceanía (si bien muy usadas en jardinería). Así que más bien pareció un brindis al sol.

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Carteles que pueden leerse en zonas con jardines de Pozoblanco

Se están sustituyendo los árboles de buen porte, los que pueden dar sombra con un adecuado mantenimiento, por los pequeños, por los puramente ornamentales (cuando no por simples parterres de flores o pequeños arbustos). Todos los tipos de parques tienen cabida en un pueblo o ciudad y todos tienen una función que cumplir, qué duda cabe. Pero tratar de uniformizar todos los parques creemos que no tiene sentido. En pequeños rincones, en pequeñas placitas, tal vez un simple arbolito o un arbusto con un banco o un adorno bastan; cumple una función estética y hasta relajante. Pero convertir los grandes parques en enormes superficies pavimentadas o soladas, con retazos de vegetación y parques infantiles y de actividades, nos parece un despropósito. En ellos se pueden combinar varias tipologías, qué duda cabe, pero teniendo en cuenta nuestro clima, que hace que en verano (cuando más se sale) se busque la sombra, pensamos que deberían dominar las arboledas que proporcionen sombra, bien diseñadas y orientadas, con bancos adecuadamente repartidos; se debería optar por la superficie natural (de tierra, vamos) frente al cemento o la piedra, por lo explicado anteriormente. A este respecto es necesario traer a colación las palabras de un concejal, que justificaba el abundante uso del granito en los parques, porque éste era seña de identidad de Los Pedroches: vaya, si esto es razón para su uso y abuso, los parques deberían estar repletos de encinas.

Como decíamos antes, otro punto de incongruencia con lo que se predica es el repentino amor por el césped. Pequeños parquecillos o rincones han sido remodelados (en muchos casos les hacía falta) y en ellos se han eliminado las plantas que había y se han plantado coquetos y costosos olivos ornamentales y cubierto la superficie con césped. Es indudable que una superficie cubierta de hierba verde, estéticamente es más bonita, relajante y fresca que una de simple tierra. Pero hay que barajar los pros y los contras del uso del césped: un inconveniente es su mantenimiento, otro es que no suele soportar el tránsito por él (esto se ha solucionado muy satisfactoriamente colocando unos carteles en las zonas sembradas o tapizadas en los que se lee: Zona ajardinada. Prohibido pisar bajo sanción) y el más palpable es que su mantenimiento consume ingentes cantidades de agua (además, si los riegos se programan mal, el consumo-derroche se multiplica considerablemente), y más si la plantación se lleva a cabo en los meses de verano. Actualmente hay otras plantas que pueden sustituir con ventajas al césped (menor consumo de agua, fundamentalmente), pero, en cualquier caso, prácticamente ninguna resiste un tránsito continuo sobre ellas, con lo que el disfrute pleno del parque queda restringido. Tal vez lo de Pozoblanco Verde vaya por el césped. Véase el enlace http://guadamatilla.blogspot.com/2013/02/segunda-opinion-de-un-humilde-jardinero.html

Nos gustaría saber qué piensan nuestros agricultores y ganaderos, que llevan años padeciendo la cada vez más acusada sequía. Que, además, llevan largo tiempo esperando esa canalización del agua del embalse de La Colada, para que llegue a sus explotaciones y las ayude a superar la larga espera, hasta que la lluvia riegue nuestros campos y llene nuestros embalses. Qué deben pensar de los miles y miles de litros que se gastan en regar esos preciosos jardines. También me gustaría conocer la opinión de los vecinos, entre los que me incluyo, que hemos acogido en los tejados de nuestras viviendas a toda aquella avifauna que, eliminadas sus zonas de dormidero, han buscado en las partes altas de nuestras casas su nueva zona de dormidero y cría. Con los, más que evidentes, destrozos y suciedades, que ello trae consigo.

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Corte de árboles en la remodelación de la zona de los pisos sindicales

En definitiva, abogamos por unos parques arbolados, con sombras (no provenientes de toldos), con un mantenimiento adecuado, con zonas de distinta tipología intercaladas, por el predominio de la superficie natural frente al cemento o piedra, por la correcta elección de las especies a plantar, por la eliminación del césped por su elevado consumo de agua, porque cuando se remodele un parque esto no suponga la eliminación de la totalidad (o casi) de la vegetación original (véase el parque de «los Pisos Sindicales»). 

Es más, nos atrevemos a sugerir que los parques se conviertan también en zonas educativas. A principios de la década de los noventa del siglo pasado, la Asociación Guadamatilla colocó carteles con los nombres de los distintos árboles del Paseo Marcos Redondo; hace unos años en el jardín del IES Los Pedroches se colocaron en los árboles siluetas de distintos tipos de aves que lo frecuentan, junto con cajas nido. Son iniciativas poco costosas y, creemos, atractivas.

 

Este escrito fue publicado en el número 51 de la revista “La Alacena” de la asociación Piedra y Cal.