El equipo de gobierno del Ayuntamiento de Pozoblanco siempre gana en los plenos, en parte, porque juega con otras cartas. Es una partida desigual. Podríamos aludir a su solvente mayoría absoluta para justificar algunos comportamientos, pero la democracia y la participación también se pueden entender de otra forma. Me explico. Si en un debate el reparto de tiempo es tan desigual como el que se ve en los plenos del Consistorio pozoalbense, las interrupciones solo son castigadas de una parte y cualquier roce se eleva a la categoría de descalificación, el debate nace viciado. Y ahí radica parte de la victoria del equipo de gobierno. No es una postura que nazca sobre la marcha, es un método de entender y hacer política que se ha ido consolidando con el tiempo. Y le funciona.
Pongamos ejemplos. El salón de plenos ha sido históricamente espacio de reivindicaciones; durante los últimos años esa bandera la ha cogido la plataforma de mayores que pleno sí y pleno también solicita la construcción de la prometida residencia municipal. Hay mecanismos, si las protestas alteran el orden, para desalojar a quienes puedan causar esos hechos, pero es preferible parar y señalar que se impide la retransmisión «con garantías». ¿La diferencia? Que echar a personas que pacíficamente acuden a reivindicar algo que consideran justo rompería el decálogo del victimario y los papeles se cambiarían. Otro ejemplo. Si uno de los portavoces de la oposición interrumpe suele ser una falta de respeto, pero si lo hace el alcalde es por matizar. Una misma partida con reglas muy diferentes. No merece la pena, por lo absurdo, entrar en las continuas referencias a las sonrisas catalogadas también como faltas de respeto y que, por cierto, aparecen en todas las bancadas.
La democracia puede entenderse de muchas maneras, pero la participación es parte innegociable e indiscutible de la misma. Dar esa participación entra dentro de los parámetros que uno entiende por democracia. Pongamos otro ejemplo. En Diputación, mandando el PP, la intervención en cualquier punto plenario estará limitado a un máximo de 3 minutos por portavoz; en el caso de las mociones a 5 minutos en el primer turno y a 3 minutos en el segundo, mientras que el apartado de ruegos y preguntas se realiza sin límite de tiempo. No se pueden ajustar los tiempos para unos y para otros no o aludir a la relevancia e importancia de los temas tratados o de los argumentos expuestos para tomar la palabra porque eso introduce elementos subjetivos que alejan los parámetros de justicia, básica en una democracia.
Ateniéndonos a ese principio, se habló de proyectos para Pozoblanco en la sesión plenaria, todos ellos de futuro y con una inversión total de 4,5 millones de euros. Mención, aparte, el capítulo de subvenciones repartidas con total arbitrariedad; pasen y pidan. Pero volviendo a los proyectos, dos posturas, el convencimiento de unos y la incredulidad de otros. Lo bueno de esto es que aquí sí hay algo que da y quita razones, el tiempo, porque el paso del mismo determinará qué proyectos de esos son los que se llevan hacia delante y cuáles son producto de la entrada en periodo electoral y vuelven a incorporarse en futuros presupuestos o modificaciones de crédito. En definitiva, la política se ha convertido en una mera cuestión de fe aunque para la fecha clave poco importen las acciones y mucho el relato.



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