«Lo mismo se oye hablar maravillas de la ganadería extensiva desde el poder (legislativo y ejecutivo), que se observa cómo se la arruina desde los parlamentos y los despachos»
Los pastos, la dehesa y la ganadería extensiva, que han ocupado tradicionalmente cerca del 60% del territorio nacional, y que constituyen el trípode medioambiental más importante que España aporta a la Unión Europea para cumplir con los Acuerdos de París (firmados en el 2015 por 195 naciones), se encuentran actualmente en una situación DEPRIMENTE, debido a las pérdidas económicas que le embargan, al acoso legislativo que padecen y a la asfixia burocrático-administrativa a la que están sometidos.
Esta situación, que comienza con nuestra entrada en la CEE y se agudiza con la aplicación en España de las sucesivas reformas de la PAC, alcanza su punto álgido en la reforma del año 2013, con la introducción del Pago Básico Compensatorio y la creación ficticia por España de las 50 Regiones de la PAC, que tenían la opaca finalidad de hacer un reparto interesado e injusto de las Ayudas Básicas que llegan desde Bruselas para proteger por igual tanto a los agricultores como a los ganaderos de extensivo, pero que finalmente España terminó perjudicando gravemente a los Pastos (que son los peor tratados de toda Europa, llegando a recibir tres veces menos Ayudas Básicas que los ganaderos de extensivo del resto de los países europeos).
En este contexto llegamos al día de hoy con el 70% de los Pastos de España (alrededor de 13 millones de hectáreas) abandonados (fuera de la PAC), y con el agravante añadido de que el 30% de los Pastos restantes, que sí tienen derechos y están recibiendo las Ayudas de la PAC (unos 6 millones de hectáreas) son ninguneados económicamente (recibiendo un 60% menos por hectárea que sus compañeros los agricultores), además de ser engañados administrativamente con el Coeficiente de Subvencionalidad de Pastos (anterior CAP) que les descuenta el terreno que hay debajo de los árboles, porque dicen los burócratas que allí no hay comida para los animales (¿dónde caen entonces las bellotas, algarrobas, aceitunas,… y demás frutos del arbolado?).
Con este erróneo planteamiento y otras malévolas artimañas administrativas, se ha creado en España una situación de anormalidad con la PAC que choca frontalmente con toda clase de sentido común, ya que un país como el nuestro, en el que hay más superficie de pastoreo para el ganado (superior al 50%) que tierra que se pueda dedicar al cultivo (35% del territorio nacional), se haya terminado por abandonar desde la PAC la parte más extensa del territorio (pastoreable), provocando la desaparición del ganado del campo, el abandono de la tierra y la despoblación de las zonas rurales, mientras que se está favoreciendo incomprensiblemente la aparición del fuego y todos los desastres que ello lleva consigo.
¿No hay nadie en la Administración que piense en la importancia económica, social y cultural que tienen los Pastos y la Ganadería Extensiva en España? ¿No hay nadie que eche cuentas de la diferencia económica abismal que hay entre lo que cuesta mantener una oveja (bombera) en el campo durante todo un año y lo que cuesta el fuego de una hectárea de terreno abandonada? ¿Hay alguien que piense que alrededor de 20 millones de hectáreas de pastos en España pueden mantenerse y conservarse medioambientalmente sin el pastoreo del ganado?
Pedimos a nuestros dirigentes que recapaciten sobre esta anormalidad estructural administrativa y dediquen el tiempo y esfuerzo necesario para reconducir esta situación de auténtico colapso en el sector primario español. No podemos continuar con el abandono de nuestros Pastos, sin aprovechar racionalmente estos frágiles suelos y con una pérdida acuciante del censo ganadero extensivo de nuestro país (15 millones de ovejas en las últimas décadas).
¿Nadie es consciente de que somos el país más montañoso de toda la Unión Europea, el que tiene mayor extensión de Pastos (alrededor de 20 millones de hectáreas), el que ha de proteger la mayor cantidad de espacios naturales protegidos de Europa (22 millones de hectáreas), el que posee mayor cantidad de razas autóctonas (más de 180) y el que acapara un mayor acervo cultural ganadero extensivo (Mesta) de toda la Unión Europea? Nos dio mucha pena leer hace unos días en la prensa especializada que España renunciaba a 60.000 millones de euros (el 37% de los Fondos Europeos Next Generation) por falta de capacidad para cumplir con Bruselas los compromisos adquiridos en el año 2021 (64 planes estructurales para mejorar el trabajo y la vida de los españoles); y PENSAMOS a continuación que ha sido la oportunidad más grande perdida por España en los momentos actuales para haber presentado un “Plan Nacional de Recuperación de los Pastos y la Ganadería Extensiva” en las zonas más marginales y desfavorecidas de nuestro país, que afecta nada menos que casi al 80% del territorio nacional, que está ocupado por una escasa población (12% de la nacional) envejecida y sin relevo generacional, que ha practicado tradicionalmente la Ganadería Extensiva a lo largo de siglos, porque sus suelos (sierras y pastos) no sirven para ser cultivados.
Hubiese sido la solución ideal para mantener productivos unos suelos improductivos y abandonados (más de 13 millones de hectáreas), eliminar riesgos de incendios (400.000 hectáreas ardidas en 2025) y otros desastres naturales (DANAs y borrascas) que causan dolor, destrucción y significativas pérdidas humanas y materiales, además de parar la despoblación galopante del campo y abrir una puerta de esperanza para muchos migrantes de los que recibimos sin un horizonte claro. La ganadería extensiva, los pastos y la dehesa van indisolublemente unidos en España. No hay posibilidad de salvar a uno solo de ellos separado de los demás. No hay Dehesa sin Pastos y sin ganado y no hay ganadería extensiva sin pastos.
Francisco Casero-Rodríguez
Presidente Fundación Savia por el Compromiso y los Valores



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