CREAF, COVAP y el Grupo de Desarrollo Rural Los Pedroches (GDR), dentro del proyecto Monalisa, han llevado a cabo una siembra de mil bellotas divididas en 90 puntos en una finca ubicada en la comarca de Los Pedroches con el objetivo de reforestar encinas y mantener el legado de la dehesa andaluza en el futuro. Las semillas se han colocado en el interior de dos tipos de dispositivos que garantizan un suministro de agua durante los primeros meses, cuando la plántula todavía es muy frágil; y también se ha establecido un control donde se han plantado semillas sin dispositivo que proporcione agua.
Uno de los sistemas que se han utilizado se conoce como Cocoon, una tecnología desarrollada por LandLifeCompany. El dispositivo está fabricado con cartón biodegradable e incorpora una mecha que conduce lentamente el agua hacia la semilla, y es capaz de retenerla por un período de entre 2 y 3 meses.
La segunda tecnología, bautizada como Tinatree y desarrollada por COVAP, está elaborada con arcilla y funciona como un pequeño aljibe subterráneo. Cuando llueve, el sistema almacena agua y la libera gradualmente por capilaridad, ayudando a mantener la humedad y la temperatura del suelo durante aproximadamente 60 días, tiempo suficiente para que se establezca la planta. Con el tiempo, la pieza cerámica termina fragmentándose y se integra en el suelo.
«Durante los próximos tres años compararemos los dos dispositivos con el control, y también entre ellos, para averiguar cuál de los dos es más beneficioso para el contexto de Los Pedroches, midiendo el éxito en la germinación y enraizamiento, el crecimiento y el estado fisiológico de las plantas, entre otros parámetros de interés», explica Vicenç Carabassa, investigador del CREAF y miembro del proyecto.
Cubiertas vegetales y collares GPS para las vacas
Más allá de la actuación en Los Pedroches, el proyecto MONALISA desarrolla otros cinco casos de estudio en distintos territorios mediterráneos especialmente vulnerables a la desertificación, incluidas regiones de Turquía, Palestina, Creta e Italia.
En cada zona, el proyecto evalúa distintas soluciones basadas en la naturaleza adaptadas a las características locales. Entre ellas destacan las prácticas de agricultura de conservación, como las cubiertas vegetales, que ayudan a retener mejor la humedad; o la rotación de cultivos. También se estudia el uso de fertilizantes orgánicos elaborados a partir de compost o estiércol para reducir la contaminación y favorecer la fertilidad del suelo; y la gestión ganadera enfocada a reducir el sobrepastoreo.
En el caso de Córdoba, el equipo también trabaja en mejorar la gestión del ganado y de los olivares. Para ello, se han colocado collares GPS en ganado vacuno que permiten monitorizar sus movimientos e identificar las zonas de pastoreo más frecuentes. «Combinando esta información con imágenes satelitales, elaboramos mapas para ayudar a los ganaderos a planificar rotaciones más sostenibles y reducir la presión sobre las áreas más sensibles de la dehesa», explica Ester Prat, también investigadora en el CREAF.
La iniciativa finaliza en 2028 y cuenta con veintitrés entidades socias. Con todas estas medidas se busca adaptar las regiones más vulnerables a la degradación del suelo, y replicar aquellas soluciones que funcionen mejor.



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