Las etiquetas son consustanciales al ser humano en su relación con la sociedad. De hecho son imprescindibles para manejarnos con el resto de nuestros semejantes y para que nuestro cerebro se desenvuelva con normalidad. Son construcciones sociales utilizadas para clasificar identidades y comportamientos de grupos, reflejando normas de poder y, a menudo, estereotipos o desviaciones de los estándares sociales, deshumanizando al que se las aplicamos al etiquetar negativamente. Todos y todas las utilizamos, tanto positivas como negativas.

Y precisamente de esas etiquetas “negativas” quiero hablar hoy. Uno puede ser etiquetado de infinitas maneras. Pongo un ejemplo de mí mismo. Yo puedo ser catalogado de padre, de gordito, de pozoalbense, de historiador, de bético… También de estudiante de Antropología, de irónico, de amante de la cerveza, de republicano, de ateo… de comunista. Y aquí quería llegar. El problema es cuando una etiqueta con las que indefectiblemente nos catalogan, se impone al resto y no deja que se valoren o tengan en cuenta las demás cualidades o su falta de ellas.

Estoy bastante harto, sobre todo desde que tengo redes sociales, pero también antes de que estas marcasen tan indeleblemente nuestras vidas, de ser etiquetado solo de «comunista» o «de Izquierda Unida». Me adornan otras muchas virtudes y no menos defectos. Y no es que me moleste, al contrario, el que pretenda decírmelo como insulto pincha en hueso. Muy orgulloso estoy de profesar esta ideología, a diferencias de otra gente a la que yo etiqueto a la ligera –sí, yo también lo hago- como fachas o de ultraderecha.

No veo yo que a nadie, al menos de mi entorno -y os puedo asegurar que tengo amigos o conocidos en (casi) todo el espectro político- a los que se les descalifique tanto de antemano o se les califique peyorativamente cuando inician cualquier discusión como a los que nos consideramos comunistas. Bien es verdad que últimamente también los socialistas, sobre todos los seguidores de Pedro Sánchez, tienen el cielo ganado

¿Tienen esas otras opciones ideológicas más derecho que la mía a la hora de prejuzgar positiva o negativamente a una persona? ¿Es que solo se puede ser de centro derecha liberal para pintar algo sin que te lleves un pescozón por opinar? O peor aún, ¿hay que no alinearse políticamente, decir aquello de «yo no soy de derechas ni de izquierdas» o «yo no me meto en política»? Ya sabemos de qué pie cojean quienes opinan así. Si no opinas de política otros lo harán por ti, que es, en el fondo, lo que quieren.

Incluso, los juicios a priori, pueden tacharme, como alguna vez lo han hecho, de “come curas”. Nada más lejano. Soy ateo por convicción pero la religión cristiana católica ha marcado y marca, lo quiera o no, parte de mi vida. De hecho diría incluso que tengo una sólida base cristiana, aunque para mí sea mitología, más aburrida que la griega y romana, pero que también tiene lo suyo.

Tampoco soy un anticlerical quema iglesias por mucho que  despotrique contra algunos obispos ultras. Al contrario, me encanta el arte sacro -y mucho- y me pirro por los archivos, sean eclesiásticos o civiles y no precisamente para  calentarme. Eso sí, puedo comprender el odio visceral que la clase trabajadora le hemos tenido a la Iglesia en ciertas etapas de la historia de España. Lógico, en la mayoría de las veces ésta ha estado –y sigue estando- con el poder, defendiendo a los ricos y los privilegios de éstos. Precisamente todo lo contrario de lo que Jesucristo –supuestamente- predicó en el Evangelio.

Es curioso pero incluso entre gente que debiera conocerme más, el sambenito de radical izquierdista cuela y sigue patente. Yo no me he puesto nunca una camiseta de la selección española de fútbol, como no me he puesto la de Brasil ni la de  Alemania. Mi «españolidad» no da para tanto, lo cual no es óbice para que se las haya comprado a mis hijos, también poco futboleros, cuando eran pequeños.

A pesar de esas etiquetas, yo, como el resto de seres humanos, tenemos nuestras opiniones distintas a las del grupo en el que somos etiquetados. Como dijo el filósofo aquel: yo soy yo y mis circunstancias. Vayamos con otro ejemplo. Últimamente se viene a calificar de Neandertales  a aquellos que consideramos toscos, anticuados, bastos. Nada más lejos porque esa especie, de la que conservamos parte en nuestro ADN, no eran para nada unos garrulos: enterraban a sus muertos, pintaban en las cuevas, tallaban huesos y cuernos o se hacían tatuajes y adornos corporales… No sabemos todavía si, por ejemplo, los Neandertales tenían ideología o no. Aunque yo apuesto a qué sí. Y a buen seguro que también serían etiquetados. No sería lo mismo uno de estos familiares extintos que repartiera la carne de la caza que se había conseguido en la última expedición, que el que iba a esconderse para atiborrarse de la misma sin darle ni un bocado a nadie. No sería lo mismo aquel neandertal que cuidase de su familiar enfermo, que aquel que lo dejase abandonado a su suerte. Como no es igual aquel que se preocupa por el otro, sea inmigrante o “pata negra” nacional, a esos que piensan que la gente de distinto tono de piel es inferior y no tiene ningún derecho a pisar el suelo de esta “su” patria.

A lo que vamos, en demasiadas ocasiones todos utilizamos las etiquetas para calificar negativamente a una persona enmarcándola en un estereotipo del que luego cuesta salir. Desde que llegaron las redes sociales todos opinamos de todo y claro así todos conocemos la opinión de los otros sobre cualquier cosa, por más nimia y banal que  sea la cuestión, lo que, a priori, ya nos distancia si esta no concuerda con la nuestra.

Siguiendo con lo de las etiquetas que tanto gustan, muchas veces me han preguntado si creo que Jesucristo (tópico típico, típico tópico) fue el primer comunista. Obviando lo de presentismo histórico que tiene dicha pregunta (evidentemente el  comunismo como doctrina política aún no había nacido), siempre respondo lo mismo: «yo no sé si Jesús era o no comunista, lo que sí sé, viendo sus supuestos hechos –no tengo claro que existiera realmente-, es lo que no era: de derechas y ultraliberal».