LOS TIEMPOS MARCAN, ahora también, transformaciones profundas en la música. En las formas de hacer y difundir, nos referimos. Por su puesto y esencialmente en los géneros, en tecnología y escaparate, recepción, etc. Las divas de mayor notoriedad en el mundo están haciendo virar actualmente sus conciertos con notas sustantivas, y ello obedece a muchas razones, desde lo más prosaico a lo motivaciones sofisticadas de marketing.

Hoy día asistimos de forma explosiva a dos ejemplos de alta alcurnia musical a nivel internacional, como son Shakira y Celine Dion, que ejemplifican a la perfección por donde marchan los conciertos en directo. Nos referimos a las denominadas residencias permanente de las artistas de relumbrón mundial en determinadas ciudades. La diva colombiana de Barranquilla saca pecho en Madrid, durante doce conciertos en septiembre y octubre (durante cuatro fines de semana consecutivos los días 18, 19, 20, 25, 26 y 27 de septiembre; 2, 3, 4, 9, 10 y 11 de octubre) consolidando su gira de las mujeres ya no lloran (World Tour). La escenificación del Macondo Park (escenario de Iberdrola Music) se erige como el gigantesco emporio musical y empresarial que remueve los formatos de las giras tradicionales.

En el mismo sentido hablamos de La residencia de Céline Dion en el Paris La Défense Arena, que consta de un total de 26 conciertos repartidos a lo largo de varias semanas (que comenzó el 12 de septiembre). Se trata, como decimos, de novedosos enfoques musicales que encumbran —mucho más de lo que están— a estas estrellas que abren horizontes a nuevas formulaciones de encumbramiento y recepción musical.

Queda ya viejuno y alicorto el recorrido por capitales (aunque sean las más grandes) buscando el relumbrón de la fama sin límite. Ahora ellas se erigen como diosas en gigantescas plataformas a las que hay que acudir ex proceso, en masa y con graves dificultades para encontrar sitio. Tal es la demanda de espectáculos, que mueven al día más allá del orden de 60.000 espectadores y actuaciones sobrecogedoras.

Ya no ruedan ellas alrededor del mundo haciendo girar la bola de la música, sino que es el mundo el que tienen que moverse en torno a
ellas como auténticos iconos del universo. La fórmula de la Residencia tiene, claro está, beneficios a espuertas. Porque la artista remueve a los países enteros (España y Francia) hacia estos epicentros que no son únicamente de música, sino emporios empresariales de gigantescas proporciones en tamaño y negocio. Madrid y París se ven obligadas a definir colosales redes de acceso, y eventos variados, hacia los espectáculos mastodónticos, como si fueran —porque realmente lo son— mandatarios mundiales del más alto nivel. Se revolucionan masas ingentes de visitantes que hacen temblar a la capital, pero muy especialmente los resortes de difusión musical y de toda índole de información.

Las divas no precisan siquiera ser explosivas con su marketing particular, pues los medios públicos de información le hacen el oficio diariamente con programas específicos e informativos diarios, porque son foco de atención durante semanas y meses. Las divas hacen caja, pero quizás sea lo de menos, porque lo más significativo de las residencias está en la consolidación de iconos de la música incontestables con los que difícilmente se puede competir. Efectivamente son artistas de relumbrón, que cantan y actúan sin parangón en el mundo, pero de esta manera cierran el círculo a los magnates de la música, a los más grandes, que empiezan a mover ficha par realizar sus residencias con los resortes de sus casas discográficas, sus poderes en el espectro de la música y la aquiescencia de las mejores capitales del mundo para darle cobertura.

En fin, una nueva etapa de la difusión musical está en marcha. Las residencias de los más grandes artísticas abre brecha con futuribles de dimensiones incalculables, asistencias gigantescas y promociones inconmensurables. Son claramente movimientos culturales y sociales de alta ingeniería —porque hay que ver como movilizan— y pirotecnia del marketing, acoplados perfectamente a este mundo de la tecnología donde todos tenemos al alcance, paradójicamente, cualquier canción. Pero verlas en persona…, entre la multitud del país, tiene más calado para analizar.