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	<title>Hoyaldia.com &#124; Actualidad online de la comarca de los pedroches &#187; recto y verso</title>
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	<description>HOYALDIA.COM es un periódico online de la comarca de Los Pedroches</description>
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		<title>Recto y Verso, del papel a la radio</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Aug 2025 07:58:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Julia López]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[ACTUALIDAD]]></category>
		<category><![CDATA[recto y verso]]></category>
		<category><![CDATA[tertulia]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="595" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2025/08/tertulia_rectoyverso.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Tertulia Recto y Verso" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">La columna Recto y Verso llegará en diciembre a su final -así decidido por su autor, Miguel Ángel Pérez Pimentel-, pero mientras ese adiós se hace tangible la columna, que se transformó en libro, pasó ayer martes del papel a la radio a modo de tertulia. Lo hizo en los estudios de Radio Hinojosa SER, con Mari Ángeles Aranda, de la mano del autor de la columna que abrió el debate que queda tras la lectura de sus escritos y que habla de identidad, de lo que significa ser de pueblo, de la crisis de una generación destinada a todo y a la que se frenó en seco, de la diferencia entre nostalgia y memoria, en definitiva, de nosotros.&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Miguel Ángel Pérez ejerció de moderador en una tertulia que contó con Rubén Fernández, Isabel Pozo, Lourdes Luna, Julio Muñoz y Julia López, gente de Los Pedroches que se fue&nbsp;para volver y otros que regresan cuando los compromisos laborales lo permiten. <strong>Las dos caras de una misma moneda. La realidad de la comarca y de tantos otros lugares de nuestra geografía.&nbsp;</strong></p>
<p style="text-align: left;">Las preguntas sobre las que giró la tertulia tenían todas sus referentes en las columnas publicadas en este periódico primero, y en el libro homónimo, después. «Ser de pueblo», «Casa», «Nostalgia», «1984: Neopesimismo», «Agosto» o «Verano» fueron algunas de esas referencias sobre las que giró una conversación en la que <strong>se habló mucho de raíces, de la romantización del pueblo y de lo rural, de la identidad que genera el saberse en sitio conocido, de frustraciones, de presiones sociales y de diferencias generacionales.&nbsp;</strong></p>
<p style="text-align: left;">Luego, cuando la tertulia se trasladó a las calles en feria de Hinojosa, hubo quien echó en falta haber hablado de la merma de servicios públicos, de la situación del agua, es decir, del día a día de nuestros pueblos. Pero Recto y Verso es otra cosa, es un pequeño respiro, otra mirada a esas otras cosas que también marcan el día a día de Los Pedroches.</p>
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		<title>Recto y verso &#124; Regreso al futuro</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Dec 2024 09:42:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Pérez Pimentel]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>
		<category><![CDATA[recto y verso]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="800" height="450" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2024/12/coche.jpeg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="coche" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Llega un momento en el paso que todos tenemos por este planeta en el que te das cuenta de que algunas cosas parecen sencillas pero que en realidad son extraodinariamente complicadas para cualquiera de nosotros, esto es: para el común de los mortales. Y tienen el punto exacto de verdad. Y la verdad es que no es otra cosa que vivir. Pero es que a veces <em>te&nbsp;</em>viven. Te hacen la vida. Digo: vida fácil como los coches de los 90: pocos cables y mecánica básica. Vida de novios adolescentes con 15 años. La felicidad. No se puede estar triste en un Golf GTI, es ciencia; como la gravedad o el cambio climático.&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">No es miedo lo del mundo de los cobardes: es estupidez. Y la cosa en ese planeta fluye como esos que están a punto de cumplir cincuenta tacos y en 1999 se gastaron dos millones de pesetas, que no tenían, en un Seat Ibiza TDI <em>restyling</em> que luego les supo a poco cuando salió el León FR.&nbsp; Vida de cobarde – la madre que los parió – . De cobarde sin paciencia. De cobarde con prisas. O quizás sin saber. O saberse. Llegaron demasiado pronto. Y algunos siguen allí con la misma paciencia que hace 25 años, es decir, sin ella. Divorcios cantados: no se esperaron al Seat León amarillo. La vida como las revistas hay que leerla y saber un poco. Informarse.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Yo que soy muy cateto para todo o para casi todo; tengo algo en lo que me recreo: el cuido de mis coches. Y en mancharte las manos hay una parte verdad igual que en gastar tu tiempo en comprar un regalo barato, pero el adecuado y exacto, para tu mujer. En estos años que me han traido hasta la cuarentena los he tratado como si fueran un traje de sastrería, aunque me los haya comprado de segunda mano. De ahí lo cateto: absoluta dejaded y desprecio por el coche nuevo de concesionario. Viejo pero límpio y a medida. Cualquiera que haya tenido un coche con cierta picardía con más de 15 años me entiende. Y si no lo entidiendes eres un aburrido de cojones con una pantalla táctil y etiqueta ECO. Sin acritud; pero muerte al Dacia Sandero.&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Todo esto no es de lo que quería hablar hoy o quizá sí o casi. Esto es: quería hablar de la ilusión del parecer y del éxito como futuro. Porque para parecer no hay nada mejor que comprarse un BMW con las llantas más grandes que tu ego para pensar que has alcanzado el éxito. O peor y lo digo siempre: el éxito hoy es un <em>Suv; </em>y eso no puede ser.&nbsp; Aparentar con la utilidad que nunca vas a usar.&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">El coche es uno de los lugares, después de las cocinas, donde más se quiere y donde más de hace el amor. Entiendo que te excites con esa persona que va tu lado mientras conduces, y pone, a tu pesar, los pies en el salpicadero mientras baja la ventanilla y todo se llena del olor inconfundible de la carretera en verano. El verano de vuestras vidas y del que nunca habéis salido 10 años después de aquel primer peaje en Portugal. <em>Obrigado</em> si te ha gustado. La Raya y Badajoz. Y el agosto en Mérida, Rocío.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Arsenio me dijo el otro día que me esperara hasta enero para revisar mi coche otra vez. Lo quiero demasiado para protestarle. Y lleva razón o suele llevar razón. Tenemos mucha prisa para no hacer nada o llegar a sitios comunes. No puede ser. Hay que relajar todo esto y saber que el calor que resulta de la espera y la paciencia es lo más parecido a vivir. Como cuando esperabas cada semana a ver el capítulo de tu serie favorita de los miércoles y luego comentabas la jugada con los tuyos en lugar de pegarte un emocionante atracón de 6 capítulos y poner un tuit a las 2 de la mañana un lunes. Lo que yo te diga aunque me taches de nostálgico: mecánica básica y gasolina.&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Los coches de los 90 eran otra cosa: motores muy largos con turbo para pocos caballos y cajas de cambios de 5 marchas con embrages duros y una tercera que no se acababa en la puta vida. Todo era más fácil y divertido aunque la carretera fuera más estrecha. Ya sabes: vida sin centralitas ni <em>ad blue </em>donde lo más azul era un radio casete <em>Blaupunkt</em>. Y si no lo sabes esta no es tu columna hoy. Y últimamente se me cae; pero me da igual. Es 1999. Y la foto es para ponerle un piso o irte a Málaga a bajar las Pedrizas antes del peaje o, quizás, regresar al futuro. Es decir: regresar a aquel futuro.</p>
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		<title>Recto y Verso: Historias de Verano &#124; Todo empieza en septiembre</title>
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		<pubDate>Sun, 17 Sep 2023 08:02:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Pérez Pimentel]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>
		<category><![CDATA[recto y verso]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1000" height="770" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2023/09/ventana.jpeg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="ventana" /></p><p>&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400;">El verano, como yo lo entiendo, es un epílogo del comienzo; es decir: la letra final de algo que está a punto de empezar: un prólogo que se escribe al final y que, además, normalmente no escribes tú. Y no es regalado lo que digo aquí: hace poco menos de veinte días Sofía lo escribió para todas y todos y dijo:</p>
<p style="font-weight: 400;"><em>“En mi pueblo la feria dura 7 días. Y la pena cuando se acaba dura un mes entero. Empieza septiembre y hasta luego verano. Se van forasteros y perdemos habitantes. Porque los chavales se marchan a estudiar y muchos ya no regresamos. De vez en cuando volvemos, pero ya no regresamos. No nos paramos a echar raíces. Porque no queremos o porque no nos dejan. Porque queremos subir alto y aquello es un valle raso. Y la idea de subir alto con aire progresista que se tiene con 18 años donde uno se piensa que se va a comer el mundo y al final el mundo se [lo] come a uno no cabe en el mundo rural. No quieren que coja”.</em></p>
<p style="font-weight: 400;">Joder. No se puede tener más razón y no puedo estar más en desacuerdo. Y hoy vamos a jugar fuerte. Como fuerte es la caída cada año el día entero o el mes entero después de la Feria. Después de la Feria de tu vida que son todas las ferias hasta los 40. Me queda una. Y a Sofía más de una: es puta envidia.</p>
<p style="font-weight: 400;">Por ser sincero: <a href="http://www.hoyaldia.com/recto-y-verso-historias-de-verano-su-ultimo-primer-beso/">la Vespino era blanca</a> y las <a href="http://www.hoyaldia.com/recto-y-verso-historias-de-verano-el-encuentro/">luces que vi aquel día eran verdes</a>. Todo pasa y nada pasa a la vez: los veranos son un respiro en la memoria; y quizás no es en tu memoria. Pero claro, septiembre es el comienzo de todo aún con las estrecheces de un agosto donde te has gastado lo que no debías y el alquiler o la hipoteca se te hacen largos. Aún así, el verano, como vivir, no es imprescindible: es necesario. Que es otra cosa o quizás es la única cosa. O la única cosa que vale la pena. Por esto Sofía lleva razón y por esto mismo yo no estoy de acuerdo porque cada uno cuenta la Feria como le va.</p>
<p style="font-weight: 400;">Septiembre es el tiempo lento y tranquilo en el que descubres todo lo que tienes que hacer después de un mes sin trabajar. En verano nadie te tapa las vergüenzas. Ni tú mismo o tú misma. Y es el verdadero comienzo y más largo que una feria porque dura todo el año.</p>
<p style="font-weight: 400;">Tengo frente a mí una copia de la serie <em>Suspiros de sal</em>. Un cuadro que se llama <em>Muchacha en la ventana</em> que Dalí pintó hace 98 años y que mi abuela María replicó en torno a 1990 y me parece lo más parecido a septiembre que hay en el mundo: una joven asomada a una ventana frente a una costa que atisba a lo lejos un velero mientras la brisa mueve las ondas de su pelo y los visillos de la propia ventana: empezar.</p>
<p style="font-weight: 400;">Hace años dije en este mismo periódico: “En la vida siempre hay certezas. Lo he dicho más arriba. Septiembre no tiene ni una. Ni una sola”. Me desdigo: es mentira. Todo empieza en septiembre y la certeza que tiene es la vida por delante. Tu nuevo amor, el colegio de tus hijos, un trabajo que te gusta, la candela que encenderás en octubre y una agenda entera por escribir y, quizás, tu último primer beso.</p>
<p style="font-weight: 400;">Y por todo esto no estoy de acuerdo con Sofía aunque lleve toda la razón del mundo; sobre todo si tienes 18 años y sobre todo si tienes 40 años o casi 40 años: porque en septiembre vuelves a tener la oportunidad de comerte el mundo. Y lo vas a hacer. Y lo vais a hacer: porque todo empieza al final de verano: porque todo empieza en septiembre.</p>
<p style="font-weight: 400;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400;">A una pluma por llegar. A Sofía.</p>
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		<title>Recto y Verso: Historias de Verano &#124; El encuentro</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Aug 2023 08:22:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Pérez Pimentel]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
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		<category><![CDATA[recto y verso]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Yo llevaba en el pueblo el tiempo suficiente para haberme una organizado una vida perfecta o casi perfecta. Llegué el primer año de instituto ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="794" src="https://www.hoyaldia.com/wp-content/uploads/2023/08/trigo-verano.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="" /></p><p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Yo llevaba en el pueblo el tiempo suficiente para haberme una organizado una vida perfecta o casi perfecta. Llegué el primer año de instituto y aunque en aquellos pueblos pequeños ser la nueva del instituto provoca reacciones, miradas y más de un comentario normalmente inconveniente; sobre todo cuando como yo tienes la piel fina y blanca como una hoja de papel. Eres transparente me decían. Con todo me adapté relativamente rápido.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Después del instituto estudié Formación Profesional en el pueblo del al lado al que iba y venía todos los días en el autobús. Mucho madrugar, pero estaba bien. Tenía las tardes libres para entrar y salir de mi casa sin mucho problema que me complicara. Los veranos eran increíbles: piscina, salir de bares y el campo de algunas amigas donde el tiempo pasaba lento y se disfrutaba. Vida de descubrir la vida. Sencillo e intenso a la vez.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Pasados los años y en una de estas conocí a mi marido. Era un tipo guapo e interesante. Bien afeitado. Su familia me quiso incluso después de que aquello ocurriera. Íbamos a las bodas y a las comuniones de sus familiares, a algún bautizo también. A mí, todo aquello me resultaba curioso y simplemente lo observaba; y también tomaba notas. Vida fácil de gente normal en el planeta tierra.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Nuestro amor rebosaba entre días de trabajo y fines de semana de arroces y barbacoas con los amigos de Luis, mi marido. Un día de aquellos en los que vivíamos felices e ignorantes de todo lo que podía pasar, pasó. Yo quería tener un hijo, sin embargo, Luis no podía; y no se lo dije a nadie. Pero me escucharon. Aquella noche de febrero en plena candelaria en el porche de aquel chalet escuché el llanto de un niño. El mundo se calló encima de mí y no tuve más remedio que hacer del miedo valentía y caminar entre el campo recién sembrado, aún a trompicones; y lo vi. Estaba arrecido de frío y lloraba de soledad. Me tiré a él como un perro de caza a su presa. Jamás, nunca, nadie tuvo más miedo que yo aquella noche.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Mientras lo cogía en mis brazos y lo arropaba con la chaqueta que me quité, las luces que giraban alrededor del niño, en medio de aquel trigal, parecían bajar hacía dónde él y yo estábamos. Me asombraron al no esperarlas ya y aunque las temía porque sabía que podía ser mi regreso estaba tranquila. Tras la luz se hizo la oscuridad. El encuentro terminó y yo me quedé con el que ya para siempre sería mi hijo. Mi hijo.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Pasaron meses después de aquello y aunque a las autoridades les costó comprender que aquel niño apareció solo en un trigal, nunca les conté nada de las luces, conseguí hacerlo mío porque era mío. Poco tiempo después las luces volvieron cerca de la casa donde Luís y yo, vivíamos con el niño, Manuel. Levitó brevemente en su habitación justo donde aquel haz de luz rojizo entraba por la ventana. Yo me asomé, protectora, por aquella ventana y miré al lugar natural donde nacía aquella luz. Era verano, era agosto y las lágrimas de San Lorenzo caían por doquier, aquel día más que nunca.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: left;">Tras mirar fijamente al fin o quizás fuera al principio de aquella luz colorada oí en mi cabeza lo que tanto tiempo deseaba haber oído: “sigue aquí, puedes quedarte; nosotros iremos a la siguiente estrella”. Entonces fue cuando cogí a Manuel y lo apreté contra mi pecho mientras su cabeza se recostaba en mi hombro y pensé por primera vez que nunca querría dejar de respirar ese olor tan extraño que tienen los humanos.</p>
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