1973. Ese fue el año en el que nuestro compañero Pablo Castro entró a formar parte del equipo que puso en marcha La Voz de Los Pedroches, la sexta emisora en FM de España y la primera municipal. Cuarenta y un año después, al locutor radiofónico le ha llegado el momento de la jubilación, aunque seguirá con la información deportiva que desde años conduce en Radio Guía de Villanueva del Duque para «matar el gusanillo». Tiene para escribir un libro para contar todos los entresijos que ha vivido mientras contaba lo que sucedía para otros. La historia de Pablo Castro está llena de luces y de sombras, reconoce que «he cometido errores», pero defiende ante todo su «honestidad». Esta es la historia de parte de la historia viva de la radio y voz de Los Pedroches que contamos porque hay reconocimientos que merece la pena darlos en vida. 

Pablo Castro comenzó a trabajar en la radio en 1973 en una Voz de Los Pedroches que poco o nada tenía que ver con las emisoras actuales. Lo hizo en calidad de auxiliar de programación y recuerda que tuvo que hacer un examen para trabajar y después estar tres años sin cobrar hasta que «la emisora comenzó a autofinanciarse». A dos años de que la dictadura llegara a su fin tras la muerte de Franco, la de aquella era un radio que nada tiene que ver con la de ahora, una radio «de formación pero sobre todo de diversión donde nos lo pasábamos muy bien». Un grupo que capitaneaba Ángel Rodríguez y del que Pablo Castro formó parte junto a Isabel Jordán, Domingo Urbano, Toñi Cámara o Bartolomé Rodríguez. «Hacíamos la radio de aquella época que estaba muy controlada por el gobierno porque todo había que mandarlo grabado al gobierno civil», explica Castro. «Los temas políticos apenas se tocaban. Empecé haciendo programas musicales, entre ellos el Transistor que fue uno de los que más aceptación tuvo y aún recuerdo el primer tema dedicado en el 74 que fue dedicado a los cuatro chicos de la linterna, unos aceituneros que estaban en la sierra», apunta.

Pablo Castro durante la retransmisión de un partido de un partido para Radio Guía

Pablo Castro durante la retransmisión de un partido para Radio Guía

Relata Pablo Castro que la radio fue creciendo y con ella «nosotros profesionalmente». Aquella radio empezó a sorprender porque parecía extraño que Pozoblanco tuviera una radio municipal y tomaron delantera las retransmisiones deportivas. Ángel Rodríguez, la cabeza de aquel equipo, se jubiló y su lugar fue ocupado por Pablo Castro e Isabel Jordán, son momentos en los que el locutor empieza a tomar determinaciones y a darle su particular visión a la emisora. Se formó otro equipo donde estuvieron Javier Moreno, Francisco Javier López, Florencio Herruzo, Pepi Carrillo, María Jesús López, Javier Iglesias y Carmen López y que «originó una profunda transformación». Desde allí, Pablo Castro vivió el cambio que estaba produciéndose en Pozoblanco y vivió detrás del micrófono o del control momentos como la inauguración del Hospital Comarcal, el CAMF o la visita del Rey«.

Ya entonces empieza a decantarse por su pasión por el deporte y, sobre todo, por el fútbol. «Entiendo que hay que retransmitir los partidos del Pozoblanco en directo y buscamos la fórmula para conseguirlo», puntualiza. Por aquel entonces las radios utilizaban líneas microfónicas, algo que no se podía permitir la Voz de Los Pedroches a nivel económico, por lo que la solución la encontraron cuando «empezamos a viajar un día antes y buscábamos la fórmula de hacer las conexiones, bien a través del teléfono de algún vecino cercano al campo de fútbol o enganchando a los cables de telefónica subiéndonos a los postes como sucedió en Ubrique, pero al final se llevaban a efectos las retransmisiones». 

Al «cuarto oscuro»

Eran ya años en los que Pozoblanco, al igual que el resto de España, vivía en democracia y con su llegada «se empezó a complicar la vida del responsable porque todos los partidos políticos querían ciertos privilegios informativos para poder estar siempre en la palestra, aunque desde el Ayuntamiento se frenaba mucho la información política y desde el sillón de la alcaldía se indicaba que tenían que tener conocimiento de las personas que iban a hablar». La censura es tan marcada que durante una retransmisión en directo de un partido de balonmano, el concejal de turno le obliga a parar la retransmisión por las presiones ejercidas por la directiva del club.

Pablo Castro es retirado entonces de la dirección de la emisora, aunque sigue ejerciendo durante algún tiempo su trabajo con normalidad hasta que comienzan los años más duros cuando un día «me llama el concejal de cultura y me dice que a partir de ese momento no voy a hacer información de ningún tipo ante los micrófonos porque soy capaz de ponerlos verdes». El locutor se tiene que resignar y sigue formando parte de una plantilla, la del Ayuntamiento, que le obliga a cumplir un horario que no realiza en su habitual puesto de trabajo sino en diferentes departamentos como la biblioteca, informática, el almacén o la recepción «sin hacer absolutamente nada». Son los años que Pablo Castro siempre relata y describe como los del «cuarto oscuro», relativo a la continua derivación a diferentes espacios del Consistorio.

Paralelamente, Pablo Castro, aunque resignado a esa situación porque «mi familia tenía que comer», se agarra a la que considera su profesión y su forma de entender la vida por lo que aprovecha para colaborar en otros medios de comunicación como ABC Córdoba o la radio de Villanueva del Duque «donde siempre me recibieron muy bien». «Pedí explicaciones al entonces alcalde, Antonio Fernández, pero jamás me dio una lógica. Lo pasé muy mal, tanto yo como mi familia, pero siempre peleé por seguir siendo un informador porque creo que lo llevo dentro y eso me hizo superar todas las vicisitudes que se me presentaron». Los reconocimientos que por aquel entonces recibió también le ayudaron a seguir hacia delante según relata ya que fue reconocido con la insignia de oro de la Asociación de la Radio y Televisión de España.

La televisión 

«Después se privatizó la emisora de una forma extraña, puesto que todavía hay personas que no saben que ya no es municipal, bajo la alcaldía de Benito García y puse en aquella época la televisión privada en marcha en sociedad con Miguel Cardador, algo que desde el ayuntamiento se vio con muy malos ojos, incluso mandando a la Policía a la primera grabación para que no se realizara, era un concierto en el Conservatorio. Aludían que la televisión era ilegal, mientras que lo que era es alegal». En su relato, Pablo Castro entiende que el nacimiento de la televisión pública va muy de la mano con el hecho de que parte de la dirección de la privada estuviera en sus manos por lo que «mi socio me propone venderle la televisión al Ayuntamiento y se la vendemos porque la existencia de dos televisiones podría ser inviable». Es entonces cuando «me piden que esté cerca del director, Antonio Arévalo Santos, para ayudar en los primeros pasos de la televisión municipal por mis conocimientos». Una situación que «acepté, aunque no tardaron mucho en mandarme al cuarto oscuro y como tantas otra veces pregunté sin obtener respuesta». 

Pablo Castro en el Municipal de Pozoblanco durante la retransmisión de un partido

Pablo Castro en el Municipal de Pozoblanco durante la retransmisión de un partido

Se le nota a Pablo Castro, a pesar de los años pasados, que hay cosas que no se olvidan y, sobre todo, formas. Esta segunda situación llega cuando «Benito García me dice en un bar y delante de gente que mañana no hago deportes que los hará otro compañero, momento en el que lo pasé realmente mal porque me quedo fuera, aunque sigo agarrándome a otros medios para seguir en contacto con la profesión», explica. La vida profesional, su «refugio profesional» fue desde entonces Radio Guía, desde donde sigue y seguirá informando del deporte de la comarca, aunque antes volvió al lugar de donde había salido por la puerta de atrás realizado un programa de entrevistas, «La Aparcería», en la televisión local de Pozoblanco, algo que «agradeceré toda mi vida».

Pablo Castro se jubila con la «satisfacción de tener un montón de amigos de la Radio y la Televisión en toda España, pero sobre todo en Andalucía», pero con la amarga sensación de que su labor no ha sido lo «suficientemente» reconocido en su Pozoblanco natal donde destaca a Antonio Fernández como la «persona que más daño le ha hecho» a nivel profesional. Para él quedan los numerosos reconocimientos que ha conseguido, las personas que ha conocido, los momentos informativos que ha vivido en primera persona y que otros han conocido gracias a su trabajo.  Es la historia profesional de Pablo Castro, a la que alguien pondrá o realizará matices, pero a la que nadie podrá negarle que está íntimamente ligada con la historia de la radio y el periodismo, no solo de Pozoblanco, sino de la comarca de Los Pedroches.