Por José María Serrano

 

Me cuenta mi padre que allá por 1976, en los albores de la democracia, se abrieron en Pozoblanco los sindicatos. Él fue a afiliarse a la UGT, el sindicato que había que hacer fuerte para la defensa de los intereses de los trabajadores, y que además concordaba con su ideología de izquierdas simpatizante con el PSOE.

Abría la UGT su oficina en el nº 15 de la Ronda de los Muñoces, casa cuya fachada todavía tiene algo del aire de aquella época, y refuerza mi padre el hecho de que conforme recorría las estancias y veía a las personas que estaban allí de encargadas para tomar los datos de los nuevos afiliados, un sentimiento de chasco iba invadiéndole a la par que asumía lo que había, hasta que juntándose con otros conocidos, trabajadores como él que iban a lo mismo, saltó entre ellos el comentario de lo que todos parecían tener en mente y que no se podía reprimir: «¿Y estos son los que van a defender nuestros intereses? Pero si son los que peor tratan a los trabajadores».  

Mi padre me dice el nombre y la filiación de esos encargados del sindicato, que no voy a decir, claro está, aparte de que ya no están en este mundo, no es mi interés personalizar, sino resaltar el hecho. De lo que me cuenta mi padre concluyo que aparentemente los terratenientes y potentados del pueblo, sabiendo del reinicio del sindicalismo, pues mandaron allí a sus administradores a encauzar sus inicios, así hasta el día de hoy en que todos sabemos la trayectoria, por lo menos de la UGT y del PSOE.

Cuando me he enterado de algunos de los que andan detrás del Círculo de Podemos en Pozoblanco no he podido evitar sentir un poco lo que debió de sentir mi padre. Unos personajes políticos que han sido la esencia de un partido traidor, no sólo a nivel nacional, en ningún caso pueden ser germen de un partido nuevo con viabilidad, y menos de levantar el proyecto de la única opción ilusionante que hay en este momento en el páramo de valores, político-castuzo que campea por todos los rincones de España.