“La humanidad lleva miles de años de retraso debido al qué dirán.”

Hilario Ángel Calero

 

Al despertar una mañana, tras un sueño intranquilo me encontré en mi cama convertido en un monstruoso híbrido de ejecutivo estresado y picapiedra-neanderthalensis. Sudando angustiado: había sufrido una pesadilla espantosa.

En un principio, supuse confiado que, al abandonar la cama volvería a ser como me sabía o me imaginaba y que el monstruo iba a desaparecer espantado, mientras estiraba mis brazos desperezándome. Antes de abrir los ojos experimenté un extraño desasosiego motivado por un desagradable olor a sudor y a piel mal curtida. Palpé mis brazos y no hallé ni rastro del pijama y sí, una pelambrera y un tejido extraños: Ahí comenzó el terror. 

Mientras, con la luz apagada y solo el tacto, asumía las novedades que iba descubriendo, recordé que la tarde anterior me había tropezado con una Hilariada que se me quedó dentro, dando vueltas: “La humanidad lleva miles de años de retraso debido al qué dirán.” La frasecita, cocinada a fuego lento durante mi sueño, había producido…

Encendí la luz con determinación, decidido a plantar cara a lo que quiera que fuese que me había ocurrido. Salté de la cama y quedé espantado ante el  espejo: Un individuo muy parecido a mí… Yo mismo, pero con barbas asilvestradas, el cabello, no desgreñado, una simbiosis de mugre de variadas procedencias con pelos como cerdas, que jamás conocieron la existencia del peine y, coronando mi cabeza, un hueso que despedía un olor nauseabundo y servía de amuleto y recogedor para el cabello. El resto del cuerpo, como una plasmación cutre del doctor Jekyll y míster Hyde, se dividía de arriba abajo en dos mitades opuestas. La parte izquierda reproducía a un tipo primitivo ataviado con piel de leopardo y la mitad derecha era algo parecido a un estresado ejecutivo con cartera de colegial. 

Lo más terrible estaba por llegar: intenté desprenderme a toda prisa de aquellas ropas groseras y absurdas y comprendí que no se trataba de una vestimenta de quita y pon: Formaban parte de mí. Constituían mi propia piel. Inútil, tratar de quitármelas de encima sin arrancar dolorosamente girones de mí mismo… Me senté al borde de la cama, abatido por mi terrible apariencia. Durante la noche, me había encarnado en un tipo ridículo que en una de sus mitades se afanaba por ser un hombre moderno y de prestigio y, en lucha con ella, la otra mitad tiraba de mí hacia el Pleistoceno medio, preso de un miedo atroz a evolucionar. Pendiente y mediatizado por lo que dirían los demás, cada vez que decidiera dar un paso hacia el futuro.

Ahora me atrevo a escribirlo: Lloré desconsolado y decidí quitarme la vida antes de mostrarme así. Caminé por la habitación ideando la mejor manera de marcharme de este mundo sin armar demasiado ruido y, en uno de mis pases por la ventana, acerté a ver algo que me dejó helado: Un individuo idéntico a mí corría a ocultarse en un portal, mientras algunos como él murmuraban a su paso. Luego vi otro y otro y otro más… Todas las personas que alcancé a divisar desde mi atalaya poseían las dos mitades que he descrito y el hueso en la cabeza… Pensé que me estaba volviendo loco y acabé convencido de asistir a una kafkiana y monstruosa mutación del género humano.

Me quedé allí mirando, estupefacto, en lo que nos habíamos convertido. Ignoro si el tiempo transcurrido fueron unos segundos o varios siglos… y, sin darme cuenta, abrí la ventana y comencé a gritar: ¡Ignoradlos! ¡No concedáis importancia al poder de sus palabras! ¡La humanidad lleva miles de años de retraso debido al qué dirán! No podía parar de repetirlo y repetírmelo: ¡La humanidad lleva miles de años de retraso debido al qué dirán!…

Y ocurrió: Mientras agitaba las manos comenzaron a caer al suelo trozos de piel de leopardo y de piel de ejecutivo y el hueso y la mugre,… Volvía a ser ¿El de siempre? 

Satisfecho de un sueño breve, pero reparador, me dirigí al baño para darme una ducha –con el agua justa y necesaria- y olvidé, un día más, mirarme al espejo. 

 

4. LA HUMANIDAD LLEVA AÑOS DE RETRASO-2